Lucena

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Contenido

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Bandera de Lucena Escudo de Lucena
Término municipal
Municipio de Lucena
Código postal 14900
Coordenadas
 - Latitud:
 - Longitud:

37°24' N
4º29' 0
Superficie 351 km²
Altitud 487 m
Población (2005) 39.783 hab.
Gentilicio Lucentino/a
Ríos Río Lucena
Alcalde José Luis Bergillos (PSOE)
Comarca Subbética
Partido Judicial Lucena
Pirámide de población
Grupos quinquenales.
Cohortes plantilla h.png Cohortes plantilla m.png
Fuente INE, censo 2001.



Geografía

- Ubicación: situado en la comarca de la Subbética, zona medridional de la provincia, en el límite con Málaga.

- Vías de acceso: A-45, N-331, A-318, A-331, CP-019, CP-157, CP-218 y CO-751

- Clima:

- Flora y fauna:

Población

- Pedanías:

Arroyuelos Barracón Campo de Arás Castrill Rubio Dehesa del Cañaveral
Jarales Jauja Martín González Navas de Mingo Rubio Navas del Selpillar
Los Piedros Los Santos Las Vegas - Anjarón

- Centros educativos:

C.D.P. Bambi C.D.P. El Canguro C.D.P. La Purísima C.D.P. Santa Rosa de Lima
C.D.P.E.E. San Jorge C.E.I.P. Antonio Machado C.E.I.P. Barahona de Soto C.E.I.P. El Prado
C.E.I.P. Los Santos C.E.I.P. Ntra. Sra. de Araceli C.E.I.P. Ntra. Sra. del Carmen C.E.I.P. San José de Calasanz
C.E.I.P. Virgen del Valle C.E.M. Lucena C.E.PR. Lucena C.P.M. Lucena
E.M.M.D. Lucena I.E.S. Boabdil I.E.S. Clara de Campoamor I.E.S. Juan de Aréjula
I.E.S. Marqués de Comares I.E.S. Miguel de Cervantes R.E. Miguel Álvarez de Sotomayor

- Medios de comunicación

- Datos poblacionales

Economía

A nivel industrial, Lucena es uno de los principales nucleos a nivel provincial y autonómico de la industria mobiliaria con muchas empresas distribuidas en varios polígonos industriales. Es el primer centro productor nacional de sector del frio industrial.

Historia

El 15 de septiembre de 1810 las tropas francesas se apoderan rápidamente de la localidad sin resistencia de la población..

- Heráldica:

- Lugareños ilustres

Cultura

- Tradiciones:

- Gastronomía:

- Productos Típicos:

  • La Perula
  • El Velón de Lucena

Turismo

Monumentos y lugares de interés:

- Hostelería:

Fiestas locales:

Direcciones de Internet

Fuentes bibliográficas

Galería

El contenido de este artículo incorpora material de una entrada de la Enciclopedia Libre Universal, publicada en castellano bajo la licencia GFDL.


Lucena / La vida se remansa ante San Mateo en Rincones de Córdoba con encanto[1]

La Plaza Nueva de Lucena es un espacioso rectángulo que discurre entre la fachada amarillenta de la parroquia de San Mateo y la fachada blanca del Ayuntamiento nuevo, dos hileras de arcos superpuestos, en cuyas ventanas de cristal se refleja la iglesia mayor, entablándose así, a través del tiempo, el diálogo entre dos edificios separados por cuatro siglos. El pasado y el presente se anudan en una plaza hermosa e intemporal.

La joya de la plaza es la parroquia mayor. Ahora por mayo registra un incesante goteo de devotos, que acuden a postrarse ante la Virgen de Araceli, de visita anual bajo rojo dosel arropado por flores. Resplandece la imagen vestida de blanco ante el soberbio retablo renacentista de Jerónimo Hernández y Juan Bautista Vázquez el Viejo, que narra como un cómic de madera policromada los episodios más sobresalientes de la vida de Jesús, desde la Anunciación a la Resurrección. Es hermoso el templo gótico y renacentista construido a lo largo del siglo XVI por iniciativa del primer marqués de Comares, Diego Fernández de Córdoba, con sus tres naves de proporciones catedralicias cuya austera grandeza tanto contrasta con la abigarrada decoración barroca de la capilla del Sagrario, construcción de mediados del siglo XVIII trazada por Pedro Antonio de Castro en la que intervinieron los mejores artistas del momento. Blancas yeserías barrocas sobre fondos azules y rojos, habitadas por innumerables angelitos policromados, revisten un espacio abrumador para los ojos, que no saben donde detenerse.

Al exterior, la portada del templo tiene disposición de arco triunfal y recuerda la del palacio cordobés de los Páez de Castillejo, lo que permite relacionarla con Hernán Ruiz II. Es un placer estético recrearse en la contemplación de su arco de medio punto flanqueado por sendos pares de columnas acanaladas, rematadas por pequeños frontones, y entre ellos un nicho decorado con casetones, que acoge la escultura del titular. A la izquierda se eleva la discreta torre, mientras que a la derecha se impone el rotundo tambor del Sagrario, con su cubierta de tejas vidriadas.

Ajenas a la grandeza artística del templo, unas pequeñas lucentinas saltan a la comba ante los dorados sillares mientras un grupo de niños rodean el surtidor dispuestos a saciar su sed. A medida que avanza la tarde, la esbelta torre del reloj proyecta desde el costado del Ayuntamiento su larga sombra diagonal sobre la plaza, que se va llenando paulatinamente de gentes que la viven, la pasean o simplemente la cruzan.

En los lados laterales de la plaza, como asistiendo a la muda conversación que mantienen parroquia y ayuntamiento, se alinean los disciplinados edificios de cuatro alturas, antiguos y modernos, en cuyos bajos florece el comercio. En la vertiente situada a la derecha del ayuntamiento se suceden tres joyerías, signo de pujanza económica, y también abre sus puertas el Palacio Erisana, pomposo nombre del viejo cine, mientras que en la izquierda predominan los bares, que con el buen tiempo sacan el negocio a la plaza y extienden sus veladores bajo una alargada marquesina, que van poblando las gentes con sus cervezas rubias y sus copas de helado.

Plaza Nueva es un topónimo contradictorio, pues según los eruditos locales se formó en 1618, tras el derribo de la casa de Hernán Delgadillo, y se acerca a su cuarto centenario, así que es más vieja que nueva. Ya estaba allí la parroquia, aunque no su capilla del Sagrario. Lo más nuevo de la plaza es el Ayuntamiento, terminado a principios de los ochenta y proyectado por el arquitecto lucentino Manuel Roldán, que respetó la torre del reloj erigida en 1928. Es una torre blanca y esbelta –“como sacada de un dibujo italiano”, dice el cronista Francisco López Salamanca–, que le gana en altura a su vecina de San Mateo.

No pueden faltar en plaza tan acogedora los naranjos, que flanquean sus costados y dan sombra a los viejos bancos de piedra con respaldo de hierro, que las gentes ocupan al atardecer para ver la vida pasar. Tiene la vida en esta plaza un tempo bien distinto al que rige la febril actividad de la ciudad floreciente, como si en ella buscasen los lucentinos serenar el espíritu y complacerse en la contemplación de un paisaje urbano asociado también a las grandes celebraciones, entre las que destaca la llegada anual, el primer domingo de mayo, de la Virgen de Araceli, ocasión en que Lucena resplandece cual “velón de mil corazones”, como dice el himno de la Patrona.


Referencia

  1. MÁRQUEZ, F.S.. Rincones de Córdoba con encanto. 2003. Diario Córdoba

Lucena / Altar del cielo en Rincones de Córdoba con encanto[1]

Un viajero con tantos caminos recorridos como Camilo José Cela se sintió fascinado por la espléndida vista que regala la sierra de Aras cuando pasó por aquí en su Primer viaje andaluz: “El vagabundo, antes de entrar en Lucena, prefirió verla (...) subido al santuario de Araceli, la atalaya de uno de los más amplios y bellos paisajes españoles. El vagabundo, desde su alto mirador, se sintió poderoso como nunca y también vagamente feliz”. Y es que, como añade finalmente, “el andar por los caminos brinda, de vez en vez, gozos que no podrían comprarse con dinero”.

Asegura Cela que desde tan alto mirador “se otean treinta pueblos de las provincias de Córdoba, Granada, Jaén, Málaga y Sevilla”. Pero don Camilo exageró un poco, pues el antiguo santero Juan García Villalba me aseguró hace años que eran catorce los pueblos visibles desde tan privilegiada altura. Puede el viajero contarlos si encuentra limpia la atmósfera y salir de dudas; una tarde de julio no es posible hacerlo porque el calor enturbia el paisaje y diluye los más lejanos. Pero la vista es siempre espléndida, una verdadera lección de geografía física, y el viajero se siente en el corazón de Andalucía.

Si se dirige la mirada al sur, los olivares puntean de un verde ceniciento los campos ajedrezados surcados por caminillos. Serpentea el arroyo de Martín González, que dio nombre a la batalla en la que, en 1483, Diego Fernández de Córdoba, futuro marqués de Comares, apresó a Boabdil, el Rey Chico. Junto al merendero que se extiende en el flanco sur de la cima, una inscripción en piedra colocada en 1983 así lo conmemora: “Lucena en el V centenario de la batalla del Martín González y prisión de Boabdil”. Más allá, Rute extiende su blancura el pie de la agreste sierra del mismo nombre, tristemente agredida, ay, por un reciente incendio.

Si la mirada se desplaza hacia levante, se vislumbra Cabra protegida por su macizo, en cuyo punto más alto, el Picacho, blanquea el santuario de la Virgen de la Sierra. En el horizonte las Subbéticas se van difuminando a medida que se alejan para adentrarse en provincias limítrofes, tras colmar de agrestes paisajes la comarca de Priego. Si el viajero mira ahora al norte verá ahí abajo la cercana Lucena acurrucada tras un monte, mientras los olivos vuelve a poblar el ondulado paisaje campiñés, que enseguida confraternizará con los viñedos.

A medida que remite el calor vespertino aumenta el goteo de autos que sube al santuario; lo primero que hacen las familias al descender de los vehículos es asomarse al balcón meridional, el que brinda la mejor vista, y una vez colmados los ojos de paisaje entran a ver a la Virgen de Araceli (Ara coeli, altar del cielo), madona italiana traída de Roma en 1562 por Luis Fernández de Córdoba.

La puerta lateral del santuario, por la que se accede habitualmente, parece la de una casa señorial, con su dintel de rosado mármol. En la antesala del templo muestran las vitrinas multitud de recuerdos devocionales, y junto a ellas, una pequeña puerta comunica con la iglesia. Nada más traspasarla, el viajero se siente envuelto por el aroma embriagador que desprenden los ramos de flores apiñados ante el altar, sobre todo si ha habido boda recientemente. Su olor indescifrable –azucenas, gladiolos, nardos, crisantemos, claveles, margaritas...– predispone a sumergirse en la mística magia que infunde tan recoleto templo, erigido en 1603 y más tarde revestido de desbordante barroquismo, con sus tres naves de blancas arquerías sustentadas por columnas de mármol rojo; con su íntimo crucero de churriguerescas yeserías policromadas, en cuyas cardinas y hojarasca naufragan los angelitos; con su dorado retablo en cuyo camarín resplandece la arcaica y delicada belleza de la Virgen de Araceli, hoy de verde y oro, colmada de joyas...

Muchos detalles escapan a estos apuntes impresionistas. Pero no debe silenciarse que en el brazo izquierdo del crucero reluce el retablo barroco de San José tras la ejemplar restauración costeada por Oleícola El Tejar, que por algo lleva el sobrenombre de “Nuestra Señora de Araceli”, y el mismo camino sigue el retablo gemelo de Santa Bárbara. Brilla el santuario como un sol, y algo tendrá que ver con ello Francisco López Salamanca, hermano mayor, historiador de arte y cronista de la ciudad.

Pedro Fernández, esposo de la santera Carmen García, a la que ayuda en la custodia del lugar, nunca olvidará el ajetreo que en esta beatífica soledad sembraron durante tres días las huestes de Pedro Almodóvar cuando subieron a rodar la boda de la película Hable con ella, que ha dado a conocer el santuario en todo el mundo; pero no hay mal que por bien no venga, y Araceli, santuario de película, es así partícipe de un Oscar.

Referencia

  1. MÁRQUEZ, F.S.. Rincones de Córdoba con encanto. 2003. Diario Córdoba

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