Frasquito "El Mal Jecho"

De Cordobapedia
Saltar a: navegación, buscar
Franquito "El Mal Jecho" y su esposa Antoñita
Frasquito “El Mal Jecho”


Era un conocido tipejo bromista que frecuentaba las tabernas de la zona de Pescadería en las primeras décadas del siglo XX. Vivía en la típica Plaza Alhóndiga. Franquito era un buenazo de cuerpo menudito que tenía como oficio el ser de peón de albañil, trabajo que por aquella época se ganaba dos pesetas, éste daba menos golpes que la “matraca” y a consecuencia de ello sostenía frecuente trifulcas con su mujer Antonita (una Agustina de Aragón) que estaba “cosiita”, según su frase, de hacer “espensas y sacar legías”, siendo ella el verdadero sostén de la casa.

Pues bien, entre sus muchas anécdotas se comenta la ocurrida entre este personaje y su mujer Antoñita. Tras una prolongada “pará”, Franquito trabajó un día y al llegar a su casa por la noche colocó sobre la cómoda el jornal de dos pesetas, no hay que decir que aquella noche reinó entre el matrimonio un buena armonía

A la mañana siguiente Antoñita fue muy temprano a hacer la compra para doña Paquieta, una vecina de la calle inmediata, y venía haciendo cábalas hacia su casa acerca de lo que había “sisao” a la señora y con las dos pesetas que había llevado Frasquito como jornal.

La fogosa mujer se sintió morir cuando al pasar la mano sobre la cómoda observó que las monedas no estaban allí y rápidamente sospechó que su marido se había llevado el dinero para “jinchase” de vino, como en otras ocasiones, con la consecuente falta a su trabajo.

Desaforada y descompuesta, se dirigió a la taberna de Morales, establecimiento de la calle Pescadería, donde en efecto se hallaba “Franquito” tomando un “mediante”, ella le increpó como una “faraona”, reclamándole las dos pesetas que le había “birlao”, aunque Franquito juraba y perjuraba no tenerlas.

El escándalo fue mayúsculo en la taberna y en la calle, pero aún fue mayor en su domicilio cuando ambos vieron que la monedas no aparecían por parte alguna. “Franquito” creía volverse loco y estaba fuera de sí, esgrimió una navaja con la que estuvo a punto de acometer a la forzuda Antoñita que con las mangas remangadas y con una maza en mano también se preparaba para la batalla.

La intervención de los vecinos evitó una gran tragedia, de forma, que “Franquito” sucumbió ante el ataque del acorazado, con la desgracia que aquella noche ambos contendientes la pasaron canuta por hacer ayuno forzoso a consecuencias de no tener intendencia.

En todo este “estado de guerra”, apareció su perrita de agua llamada “Diamela” que había estado ausente en tan feroz contienda. El animal iba de uno a otro de sus amos moviendo el rabo y haciendo cabriolas como si tratara de reconciliarlos. En uno de los saltos “Diamela” se detuvo tomando una postura natural y después de un pequeño esfuerzo, cayó al suelo debajo de sus diminutos apéndices la moneda de dos pesetas que el animal se las había tragado por la mañana y que pudo ser motivo de una gran tragedia. “El Mal Jecho” le brillaron los ojos de alegría a la vez que exclamaba.

-¡Ver escandalosa de los demonios cómo yo no había “birlao” las “pelas”!, ha sido esta perra ladrona la que hoy nos ha “dao” el disgusto y estoy seguro que lo mismo habrá hecho otras veces, cuando ha “faltao” el dinero. Contestó Antoñita socarronamente: -¡Oye!, “pue” que tengas razón. Por si acaso mírale “to” los días a “Diamela” el “chomi...”. A lo mejor en vez de perra tenemos la Casa de Moneda…. A lo que contestó “Frasquito”: - “Más vale que te lo laves tú y te lo pongas fresquito”.

Franquito “El Mal Jecho” continuó con sus bromas, "trompas" y sus paros forzados por las mismas, y Antoñita con su haciendas, lejías y sisamientos estaba en espera de que la perrita “Diamela” llegara a hacer la “gallinita de los huevos de oro”.

Principales editores del artículo

Valora este artículo

2.5/5 (4 votos)