Real Posada y Fonda de La Carlota

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Durante el reinado de Carlos III, siguiendo los dictados de modernización y renovación propios de la Ilustración, se fundan en el sur peninsular las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena y Andalucía, entre ellas La Carlota, para colonizar territorios antes despoblados, potenciar la explotación agraria, proteger el camino real que conectaba Madrid con Cádiz y, sobre todo, para poner en marcha una experiencia de sociedad modelo con miras a su exportación al resto de la monarquía.

Dentro de una trama urbana y un caserío uniformes destacan algunas construcciones singulares, caso de la Real Posada, que posee notables valores arquitectónicos y etnológicos y constituye un valioso ejemplo dentro de la tipología de edificios destinados al hospedaje.

Descripción

El edificio de la Real Posada y Fonda de La Carlota, en el que se adoptan soluciones compositivas neoclásicas en conjunción con elementos de tradición barroca, fue concebido para el servicio de viajeros y comerciantes, así como para dar albergue a los animales necesarios para la carga y transporte de mercancías.

En consecuencia, es una construcción de gran amplitud, racionalmente organizada y funcional aunque con prestancia y calidad de ejecución como requería una fundación real en uno de los núcleos de colonización que pretendía ser modelo para la creación de una sociedad agraria generadora de renovación y avance económico.

Se erigió en dos fases constructivas. El ala izquierda, desde la portada de la fachada principal, se inició a finales de 1768 y se concluyó‘en la primavera de 1769, y su uso era de fonda; a fines del siglo XVIII se sumó‘ el ala derecha (que nunca se destinó a posada, sino a almacén de granos en la primera planta y a viviendas en los bajos), cuyos patios se dedicaron a estabulación y almacenaje.

Ambas zonas se fusionan y armonizan, a pesar de su distinta distribución interior y las variantes formales del exterior, conformando un gran conjunto de planta rectangular, originariamente exento.
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Exteriormente se nos ofrece una fábrica de ladrillo visto, de dos plantas de altura, con vanos rectangulares en la baja, balcones con arcos en la alta y cornisa con apoyo de ménsulas bajo el tejado.

En el centro de la fachada principal, la portada es un cuerpo de mayor elevación, que se abre, en la planta baja, por un gran arco carpanel con la rosca ligeramente rehundida flanqueado por pilastras con baquetones. Un entablamento con friso liso y cornisa con filete denticulado, realizado en el siglo XX a imitación de la cornisa de esta misma portada, sirve de apoyo a la planta alta donde se sitúa un balcón.

Traspasada la portada principal se abre un patio alargado que conecta con la portada trasera, ˆésta de sencillo arquitrabe de fábrica de ladrillo, con ventana superior originariamente abocinada y rematada en arco rebajado.

Interiormente, en el ala izquierda se distinguen los espacios destinados a fonda, que se distribuyen en torno a un patio cuadrangular, de los destinados a estabulación y almacenamiento, con doble patio y una gran nave con un eje intermedio formado por una secuencia de arcos de medio punto que descansan sobre pilares. En el ala derecha, enmarcan un patio cuadrangular de grandes dimensiones, tres naves, todas ellas con ejes intermedios de arcos sobre pilares, que se disponen en paralelo a la fachada principal, lateral y trasera.

Los cambios de uso han introducido modificaciones en la distribución interior.

Historia

La Real Posada, al igual que los restantes edificios públicos coloniales de La Carlota, fue construida por la Real Hacienda y, por tanto, era propiedad del Estado. En 1835, cuando se produjo la supresión definitiva del régimen foral en las Nuevas Poblaciones, el gobierno liberal se negó a incluirlo entre los escasos bienes que cedió como propios al Ayuntamiento de La Carlota, encargándose directamente de su gestión. Puesta en marcha la desamortización de Madoz, el inmueble fue incluido como bien desamortizable en 1855.

Lápida de la tumba de Manuel Bernier.

Tras dos subastas fallidas, fue finalmente vendido a Manuel Bernier Luque en 1881. Tras su muerte, acaecida en 1904, fue dividido entre sus herederos; iniciándose una serie de divisiones y ventas que sólo culminó cuando hace unos años el Ayuntamiento de La Carlota adquirió la Real Posada y Fonda (es decir, el ala izquierda). Inmediatamente, se puso en marcha su restauración, muy compleja y costosa tanto por el mal estado del edificio como por sus grandes dimensiones; con objeto de destinarlo a ser sede, entre otros, de la Biblioteca Pública Municipal, de la Casa de la Cultura, de la Oficina Municipal de Turismo y de la escuela de adultos 'Fernando de Quintanilla' (S.E.P. La Carlota). En principio, se prevee su apertura para 2010.

En la literatura

Desde poco después de su finalización, la Real Posada y Fonda de La Carlota fue receptora de los elogios de no pocos de los viajeros que en las décadas siguientes se alojaron en ella. Veamos algunos ejemplos. Richard Twiss indicaba, en 1773, que era “la mejor que [había] encontrado a lo largo del camino por España”; Jean-François Peyron decía, hacia 1777, que en ella se estaba “bastante limpiamente servido y bien alojado”; Charles Rochfort Scott, en los años veinte del siglo XIX, sostenía que esta posada “no desacreditaría al mismo Innsbruck”; y Caroline Elizabeth Wilde Cushing afirmaba, en 1830, que el edificio era “grande y espacioso; y [que estaba] llevado de mejor modo que cualquier otra casa pública de esta parte del país”.

Localización

Referencias

Este artículo incorpora material del Decreto 125/2001, de 29 de mayo por el que se declara como Bien de Interés Cultural con la categoría de Monumento la Real Posada de La Carlota (Córdoba), publicado en BOJA nº82 de 19 de julio de 2001, que se encuentra en dominio público.

Adolfo Hamer Flores, La Carlota en los relatos de viajeros y escritores de los siglos XVIII y XIX, Madrid, Bubok Publishing, 2009. http://www.bubok.com/libros/6006/La-Carlota-en-los-relatos-de-viajeros-y-escritores-de-los-siglos-XVIII-y-XIX

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