Cagalejos

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“Cagalejos”

Era el apodo con el que se conocía en Córdoba a un perturbado que se ofuscaba en forrar su cuerpo con papeles encontrados en la calle. Dicho mote provenía de la anécdota que se menciona más abajo. Vivía en la plaza de la Trinidad en una casa vecinal donde fue hogar de Luis de Góngora y Argote.

Este hombre acumulaba papeles en mangas y perniles, que cerraba con cintas o guitas para asegurar su embolsado con cuatro dobleces, sumando rebosantes cantidades, igualmente presentes en los bolsillos repletos.

También los archivaba en la gorra de visera semejante a un cojín, llenándola completamente con lo mismo material.

En invierno usaba un gabán, cosido por las mangas y ceñido con cinturón, que le permitía embolsar pecho y espalda.

Este personaje, convertido en popular de la primera mitad del siglo XX, solía permanecer por el entorno de la Puerta de Gallegos, salvo cuando se alejaba con las consiguientes riñas de su madre, vendedora humilde de flores y ramitas de laurel de aquella zona, que no cesaba en su necesaria vigilancia.

En las andanzas de Cajalejos se comentaba la siguiente anécdota:

Cuando terminaba al mediodía de estorbar a su madre en el mercadillo de la Puerta de Gallegos, se dirigía al Campo de la Merced encaminándose por el camino del Brillante a la Huerta San Rafael, también llamada del Machaco al ser su propietario el torero Rafael González Madrid "Machaquito". Pues bien, este hombre se introducía en el olivar buscando un olivo que le viera bien para buscar un periódico, de su numerosa colección, que le sirviera como aseo persona en su necesidad fisiológica. Hecho esta selección, se bajaba los pantalones y hacia sus necesidad a pleno aire y pulmón, y cuando estaba en la faena, salían uno chavales que lo observaban escondidos, lanzándole una andanada de piedras sin ánimo de hacerle daño, a la vez que le gritaban Cagalejos, vete más lejos. El pobre corría subiéndose los pantalones perdiéndose entre el bosque de olivos buscado un lugar más seguro con objeto de terminar de poner el resto de la pella.
Con posterioridad perduró en Córdoba el dicho de:
'¡Anda que te pareces a Cagalejos!'
Aplicado a quien en su vestir improcedentemente exhibía algún papel, pañuelo o simple desaliño o abultamiento en la camisa, o quizar por sus faenas en la Huerta del Machaco.

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