Convento de Santa Marta

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El convento de Santa Marta, perteneciente a la rama femenina de la orden jerónima, fue fundado en el año 1462.

Situado en la Calle Santa Marta su templo corresponde al estilo Reyes Católicos característico por su planta cuadrangular de una sola nave cubierta por bóvedas de crucería, destacando el retablo mayor realizado en el año 1582.

Llamada también iglesia del Cinamomo, por un árbol de igual nombre que hay cerca de ella, el convento surgió a partir de un beaterío del siglo XV estableciéndose la casa llamada Corral de los Cárdenas, a la que posteriormente se añadió la Casa del Agua, un palacio mudéjar perteneciente a Doña María Carrillo (siglo XV-XVI).

El inmueble, compuesto por 5 patios principales y 4 menores, pertenece al obispado de Córdoba.


Descripción

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Su interior cuenta con un bello arco angrelado, decorado ricamente por ambos lados. El arco permite el acceso al claustro desde la galería, del siglo XV. Conserva tres pequeñas imágenes marianas de estética hispano-flamenca, fechadas en el siglo XV. Cuenta con un retablo mayor, obra del escultor Andrés Ocampo y el pintor Baltasar del Águila, de finales del siglo XVI. El techo de la iglesia está formado por bóvedas de crucería. Todo el complejo se cierra con un muro ciego de altura mínima.

A comienzos del siglo XVI se terminó la iglesia, que posee una magnífica portada que constituye un ejemplo del denominado gótico humanista, realizada por el maestro arquitecto Hernán Ruiz I (el Viejo) en 1505.


Descripción histórica

El convento de Santa Marta en Paseos por Córdoba

El convento de Santa Marta, de la orden de San Jerónimo, principió por un beaterio titulado de Cárdenas, por haberlo fundado Catalina López de Morales, viuda de Juan Pérez de Cárdenas, la que al efecto cedió la casa en que vivía. Entre las beatas hubo algunas parientas muy cercanas del obispo de Córdoba, entonces don Fernando González Deza, y de don Diego Fernández de Córdoba, alcaide de los Donceles. Éstas fueron de las primeras monjas de aquella casa, cuya fundación principió en 1459, si bien no se realizó por completo hasta 1468, que lo erigió fray Pedro de Córdoba, general de los Jerónimos, con bula de Paulo II, de 16 de septiembre de 1464, a ruego de Catalina Torquemada y otras beatas, a lo que contribuyó mucho fray Vasco, fundador del convento de Valparaíso, del que en su lugar nos ocuparemos. El prior del monasterio de San Bartolomé de Lupiana le formó las constituciones o reglas en el año 1471.

El edificio es muy capaz y hermoso. Tiene la huerta en distinta manzana, comunicándose por un arco, especie de túnel, por bajo del nombrado callejón de Santa Marta. El exterior nada de particular ofrece. Pero entrando en un patio que embellecen algunos naranjos y limoneros se encuentra a la izquierda una arcada de bastante gusto, paso a la portería, y al frente vemos la portada de la iglesia, una de las obras más bellas de Córdoba y que por cierto debía despojarse de las mil capas de cal con que está embadurnada. En ella se revela el arte cristiano del siglo XV, con toda la gala de sus cenefas, calados, conopios, agujas y frondarios; está, pues, adornada con todos los caprichos que distinguen la decoración gótica del estilo terciario, y flanqueada de dos elegantes estribos que rematan en agujas prismáticas y pinículas. Tiene sobre el dintel de su puerta un arco apuntado de varias molduras, con ancha y hermosa cenefa de hojas y animales, y sobre dicho arco, un conopio, y bajo el tope de éste, encaramados, dos gimios, que parece van a saltar sobre el que los contempla.

El interior de la iglesia revela el mismo orden, si bien con menos adorno. El altar mayor está muy sujeto a las reglas de arquitectura y tiene varios lienzos y esculturas; es uno de los pocos que aún restan del siglo XV, cuya época del buen gusto se revela en este lindo templo.

En el presbiterio hay dos retablos parecidos a dos grandes urnas; cada uno tiene un lienzo muy mediano, representando el de la epístola a Nuestra Señora de las Angustias, y el del evangelio la visita que el Salvador hizo a las hermanas Marta y María, pintado en 1729 por el racionero don Juan de la Cruz Molina. Casi enfrente de la puerta hay otro con un gran cuadro de San Jerónimo con traje de cardenal, lo que juzgamos impropio, y cerca del coro otro altar con Santa Paula.

En todo el convento hay algunas pinturas de mérito, y aun en el presbiterio una con la resurrección de Lázaro. En este convento está depositada por la Comisión de Monumentos una magnífica escultura de tamaño natural que representa a San Jerónimo haciendo penitencia, obra de Wedver, procedente del ya citado monasterio de Valparaíso.

Este edificio es de patronato de los marqueses de Guadalcázar por el condado de Arenales, y en su iglesia tienen enterramiento los condes de Cabra, desde el primero que lo fue, don Diego Fernández de Córdoba, sepultado allí con su mujer doña María Carrillo. También lo tienen los marqueses de la Puebla de los Infantes como descendientes de los primeros.

Posee este convento un buen caudal de agua, que nace al pie del muro divisorio de la ciudad alta de la baja, o sea, la Almedina y la Ajerquía, en el sitio que llamaban los Portalejos o Portalillo, frente a la bajada para la Fuenseca o calle de Juan Rufo, poeta cordobés del siglo XVII a quien no sabemos por qué le suprimen el apellido Gutiérrez que llevó en primer lugar. Fue jurado de Córdoba y autor de dos obras justamente celebradas; éstas son La Austriada y Los sesenta apotecmas, que tanto nombre le dieron.


Localización

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