Juan de Santiago

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Al padre jesuita Juan de Santiago nacido en Écija el 15 de agosto de 1689 y fallecido en Córdoba el 25 de diciembre de 1762 se deben casi todos los monumentos o triunfos dedicados a San Rafael existentes en diversos sitios de esta ciudad.

Datos biográficos en Paseos por Córdoba

Nació en Écija dándose a conocer desde sus primeros años por su amor al estudio y por la práctica de las más raras virtudes, tanto, que llegó a ser conocido por el "Niño de la razón".

Ya en edad competente entró a estudiar en el colegio de Jesuítas de Sevilla, donde estuvo hasta ordenarse, y por último, vino al de Córdoba, donde por espacio de más de cuarenta años fue un modelo de santidad, en cuyo concepto lo tuvieron y amaron los cordobeses. En su vida, que corre impresa y hemos leído en la Biblioteca provincial, no sólo se hacen grandes elogios de sus virtudes, don para el púlpito y santidad, sino que hasta se le atribuyen muchos y notables milagros. Entre ellos se cuenta que un día de mucha lluvia estaba una ciega probando cómo podría pasar el arroyo de la calle del Paraíso para entrar en la iglesia, y que viéndola el padre Santiago le alargó la mano diciéndola: "Pase, hermana, y mire bien dónde pone los pies para no mojarse", a lo que contestó aquella infeliz: "Ya lo veo, ya lo veo; esto es un milagro del Padre, pues he recobrado la vista".

El padre Juan de Santiago llegó a ser el amparo de todos los cordobeses; a todos acudía con sus consejos y sus limosnas, que siempre tenía en abundancia, por la confianza que en él hacían cuantos podían socorrer a sus semejantes.

En 1762 falleció aquel virtuosísimo sacerdote. La noticia cundió por toda la ciudad, y cuál sería el cariño que se le profesaba y la admiración de sus virtudes que fue inmenso el gentío que acudió, y hasta el Ayuntamiento reclamó la conservación en su archivo, donde la hemos visto, de una de las tres llaves con que se cerró el ataúd, formado doble, o sea de plomo y madera; podrida ésta quedó el primero, y por cierto, que en una de las reformas hechas en el presbiterio la encontraron unos albañiles, haciéndolas pedazos, creyendo que era un hallazgo para ellos de lucro, lográndose a tiempo evitar que la acabaran de romper.

Conservamos un folleto con la descripción de las solemnísimas honras que se celebraron al año de la muerte del venerable padre maestro Juan de Santiago, seguida del sermón que en las mismas pronunció el escritor licenciado don José López de Baena, prebendado de la Santa Iglesia Catedral. Según aquél, delante del altar mayor se elevaba un magnífico catafalco de tres cuerpos cubiertos de paños negros con adornos blancos, en que se veían algunos trofeos alusivos y algunas composiciones poéticas, que como otras repartidas en cartelones por toda la iglesia eran obras de los escritores cordobeses a la memoria de la persona a quien iban dedicados aquellos sufragios. Multitud de luces, que estuvieron encendidas hasta la tarde que se consumieron y toda la capilla de la Catedral dieron mayor realce a estas exequias, a que asistieron el Cabildo eclesiástico, el Ayuntamiento, la nobleza y un numeroso pueblo, que con el mayor recogimiento oyó misa, celebrada por el obispo señor Barcia, y el sermón antes citado.

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