Juan de Urbina (comandante civil)

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Juan de Urbina, comandante civil de Fuente Palmera (1786-1794)

El fallecimiento del contador José Gamero Carrillo el 9 de diciembre de 1786 hizo que se nombrase a Joaquín Cadiou, que entonces actuaba como comandante de La Luisiana, pero que era el individuo con mejor preparación en materia contable en las nuevas colonias, para cubrir dicha vacante en la Contaduría de La Carlota. De este modo, se hizo necesario también el nombramiento de un nuevo comandante para esa población; y el elegido fue Bernardo Vicente de Oviedo, que dejó la dirección de Fuente Palmera para pasar a La Luisiana tras recibir del intendente Ondeano una orden en este sentido fechada en 20 de diciembre.

En consecuencia, también en Fuente Palmera fue necesario designar otro comandante. Por haber servido alguna vez en ella y, sobre todo, por las recomendaciones de su suegro Antonio Cerón, que entonces ocupaba el cargo de subdelegado de las Nuevas Poblaciones de Andalucía, Ondeano nombró interinamente al sevillano Juan de Urbina con el sueldo anual de 500 ducados. Un nombramiento que, tras la preceptiva solicitud de informes sobre sus méritos, fue confirmado por el gobierno el 23 de febrero de 1787.

Ahora bien, muy pronto se pudo comprobar lo desafortunada que fue esta decisión. Según denunciaría el alcalde mayor de La Carlota, Urbina y su suegro comerciaron, a escondidas, en 1788 con el grano del pósito de Fuente Palmera. Al parecer, lo vendieron a más de cincuenta reales la fanega, reponiéndolo en tiempo de cosecha comprándolo a sólo treinta y seis; quedándose ellos con la ganancia. Este proceder se vio facilitado por el hecho de que el pósito de la colonia tuviera sólo dos llaves, una en poder del comandante Urbina y otra en manos del escribano, amigo suyo; pero es que, además, cuando este último se ausentaba, las dos llaves pasaban a poder del primero. Asimismo, dos años después el comandante participó en el encubrimiento de un asesinato, que él hizo pasar por muerte accidental.

Pero lo que más escándalo provocaría fue el hecho de que viviera separado de su mujer y amancebado con una colona casada, hasta el punto de que incluso se había llegado a despedir a un religioso que desempeñaba su ministerio en la colonia por atreverse a denunciar esta conducta. Esa colona era, al parecer, Francisca García, mujer de Lorenzo Guisado; hijo de Francisco Guisado, que sería alcalde pedáneo de Fuente Palmera en esos años y buen amigo del comandante.

Tal vez pueda sorprender que Urbina y Cerón mantuvieran una excelente relación a pesar de que el primero estaba separado de la hija del segundo, pero debe tenerse en cuenta que este último tampoco vivía con la suya (que residía en Écija), sino amancebado con otra colona de La Carlota.

Ondeano, a pesar de todas las acusaciones y quejas que recibió, trató de mantener a Urbina en su empleo, pero la difusión de toda esta información hasta alcanzar altas instancias eclesiásticas y gubernamentales lo forzaría a reconsiderar su postura. Así pues, no tuvo más remedio que comunicar el 6 de diciembre de 1793 a la secretaría de Hacienda que había decidido separar a Juan de Urbina de su cargo “con motivo de su conducta poco arreglada” y por temer que pudiera estar dándose una malversación de los caudales públicos.

No obstante, también para ello mostraría un trato especialmente benevolente. Para evitar murmuraciones, según indica el propio intendente, más preocupado que Urbina –que con su proceder no había provocado otra cosa que murmuraciones y comentarios durante sus años de gobierno- por no dañar más su imagen pública, procedería a disimular públicamente esta separación concediéndole en enero del año siguiente un permiso de cuatro meses para que pudiera ir a Sevilla. Ni que decir tiene que pocas semanas después un nuevo comandante, Fernando Ximénez de Alba, gobernaba la colonia.

Fuente: Adolfo HAMER, "Los comandantes civiles. Juan de Urbina (1786-1794)", El Colonial. Periódico Mensual Independiente, Abril de 2011, p. 8. D.L.: 65-2010.

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