Martín de Roa

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Según se recoge en Paseos por Córdoba de Teodomiro Ramírez de Arellano, el padre Martín de Roa nació en Córdoba en 1563, de noble familia.

Datos biográficos

Se educó en las aulas de la Compañía de Jesús, y el trato con unos maestros tan sabios y edificantes le inspiró afición a este instituto, por lo que movido de la vocación más verdadera concibió un ardiente deseo de abrazarlo. Apenas tenía quince años cuando propuso su intento al padre Pedro Bernal, provincial de Andalucía, el cual lo admitió con muy buena voluntad y lo envió al noviciado de Montilla, donde el padre Francisco Vázquez, rector de aquella casa, lo recibió como una bella flor encerrada en su capullo, pero que con el tiempo había de desplegar la hermosura y fragancia de su ingenio y sus virtudes, con general admiración.

En aquel taller de santidad y sabiduría se perfeccionó en las letras humanas y aprendió las divinas con su acostumbrada aplicación y demostrando que su grande ingenio no era menos apto para las disciplinas severas que para las amenas. La orden premió su mérito con la profesión del cuarto voto, que hizo en el colegio de Córdoba, en manos del padre Cristóbal Méndez en 23 de julio de 1594. Y aunque este grado era una prueba de la capacidad del padre Roa para regentar las cátedras de Filosofía y Teología, no obstante, considerando la utilidad que resultaría a la juventud de tener un maestro tan sabio y de tan irreprensibles costumbres, lo dedicaron en Córdoba por espacio de dieciséis años continuos a la enseñanza de la Retórica, de que fue excelente profesor, lo que hizo con general aplauso y sacando aventajados discípulos. Fue después en el mismo colegio de Córdoba catedrático de Escritura, y en tan delicioso estudio para un alma piadosa y contemplativa se ocupaba el padre Roa cuando, atendiendo la orden a sus relevantes prendas de bondad, prudencia y afable trato, lo nombró en 1603 rector del colegio de Jerez de la Frontera, y después de los de Écija, San Hermenegildo de Sevilla, Málaga y Córdoba. En todos estos gobiernos logró los más sazonados frutos de su sabia dirección y de su prudencia.

Desde su primer rectorado de Jerez hasta su muerte asistió a once congregaciones provinciales, en que se portó siempre con la mayor imparcialidad y observó la más justificada conducta. En seis fue elegido primer secretario por su profundo conocimiento de la lengua latina y la elegancia de su estilo, y en la decimoséptima, de 1611, fue nombrado procurador para ir a Roma. Allí brilló grandemente su sabiduría y adquirió nuevo caudal de erudición, examinando los insignes monumentos que encierra aquella antigua capital del mundo.

Fue vicepropósito de la casa profesa de Sevilla, y viceprovincial asimismo de Andalucía, según afirma la Biblioteca de escritores de la Compañía de Jesús, y obtuvo otros muchos cargos en su vida, que desempeñó cumplidamente, trazando una larga senda sembrada de flores, de virtudes, de sabiduría y de heroicas acciones.

Con motivo de haber tomado posesión del obispado de Córdoba el ilustrísimo señor don Francisco Reinoso y Baeza en 1597, fue elegido para arengar a este prelado, y a este fin compuso una oración gratulatoria muy docta y adornada con todas las galas de la elocuencia.

En 1627, en la cuarta junta de superintendentes, fue nombrado por único del colegio en Nuestra Señora de la Asunción de aquella ciudad, que estaba a cargo de los padres de la Compañía, lo que logró el primero el padre Roa y después muy pocos. En 1628 celebró magníficamente la beatificación de los tres mártires del Japón, y a este triunfo de su devoción unió el de su paciencia y fortaleza, pues con estas virtudes consiguió victorias de una injusta persecución que padeció el colegio por aquel tiempo.

Por su don para gobernar y por sus eruditas obras mereció general aprecio y las alabanzas de los sabios, y el nombre del padre Roa se oía con veneración en todo el orbe literario. A su devota pluma deben mucho las nobles ciudades de Jerez, Málaga y Écija, cuyas antiguas glorias sacó a luz y las ilustró historiando la vida de sus santos. Pero acaso le debe más su patria porque probó con eficaces razones y grande erudición su principado en Andalucía durante la dominación romana, la antigüedad y autoridad de los mártires y del breviario cordobés, y reuniendo selectísimas noticias escribió las actas de sus santos, obra que acaso es la corona de sus sabios y elocuentes escritos.

Las muy notables obras con que tejió la tela de su larga vida le merecieron una dichosa muerte en el colegio de Montilla en 5 de abril de 1637, a los 74 años de edad. Así que se divulgó en la ciudad su fallecimiento concurrió en confuso tropel el pueblo y la nobleza a venerarle en los términos que a la fe humana lo permite la religión, besándole los pies, las manos y los vestidos y procurando conseguir por reliquia alguna parte de su ropa o alhaja que le hubiese pertenecido.

Al alto concepto de las virtudes del padre Roa que tales demostraciones indicaban correspondió la pompa funeral de su entierro. Contra la común observancia de la Compañía de Jesús se llevó descubierto el cadáver por la calle, desde la portería del colegio hasta la puerta de la iglesia, y se le puso en la mano una palma elevada que publicaba la victoria que había conseguido el difunto, por conservar como conservó siempre intacta y sin mancilla la joya de la virginidad. Honraron el funeral con su asistencia las religiones de San Agustín y San Francisco, y aumentó el lucimiento del acto la de los excelentísimos marqueses de Priego, señores del Estado de Aguilar, que asistieron a las exequias con toda su familia.

El padre maestro fray Fernando de Torquemada, trinitario calzado que conoció al padre Roa, dice que era "tan docto como santo, cuya virtud fué bien conocida do quiera que estuvo, para cuya prueba pudiera traer los dichos de los Sres. Obispos y personas graves de esta tierra, y cosas singulares que le pasaron, así en la oración como fuera de ella, que tienen escritas en su religion y yo he visto algunas en el manuscrito del Lic. Salvador Jarava".

Fue muy apreciado este docto jesuita de todos los hombres sabios de su tiempo, que le tributaron muchos elogios, entre los cuales se cuenta el maestro Gil González Devila, el doctor Bernardo José Alderete, el licenciado Luis Muñoz, el licenciado Rodrigo Caro y don Tomás Tamayo de Vargas.

El padre Martín de Roa no sólo poseyó con perfección las lenguas latina, griega y hebrea sino que tiene también la gloria de ser reputado por uno de los más eminentes hablistas castellanos, y así dice don Nicolás Antonio en el artículo que le consagra en su biblioteca: "vulgaris maximé linguae puritotis at que elegantiae nómine in paucis qui hoc regnum tenent numerandus".

Obras

  • De accentu et recta in latinis hebraeis graecis et barbaris pronunciatione. Cordubae 1859. Sub nomine Ludov. Petri Francesii.
  • Singularium locurum ac rerun libri V in quibus cum ex sacris tum ex humanis literis multa ex gentium, hebraeorum que moribus explicantur. Córdoba 1600, en cuarto; Lugduni, 1604, en octavo.
  • De die natali sacro et profano. A esta obra añadió: Singularium. locor. liber VI.
  • Singularium scripturae volumen Lugduni, 1634.
  • Oratio panegirica ad dominum Franciscum de Reinoso Episcopum Cordubensem.
  • In Abacuc prophetam et in psalmum secundum comentarium.
  • Officia sanctorum eclesiae Cordubensis a sede appostolica approbata.
  • De Cordubae in Hispania Betica principiatu liber unus ad P. P. Q. C. Item de antiquitate et auctoritate sanctorum martyr. Cordubensium ac de breviario Cordubensi liber alter ad eclesiae Cordubensis senatum. Lugduni, 1617.

Dejó escritos para la prensa los dos opúsculos que siguen: Supplementum breviarii hispalensis, e Hymni et poemata.

  • Vida y maravillosas virtudes de Doña Sancha Carrillo. Sevilla, 1615, en cuarto.
  • Vida de Doña Ana Ponce de León, Condesa de Feria, monja en Santa Clara de Mantilla. Sevilla, 1615; Córdoba, 1604.
  • Flos sanctorum, fiestas y Santos naturales de la ciudad de Córdoba, algunos de Toledo, Granada, Jeréz, Ecija, Guadix y otras ciudades y lugares de Andalucía, Castilla y Portugal. Sevilla, 1615, en cuarto mayor.
  • Santos Honorios, Eutiquio, Estéban, patronos de Jeréz de la Frontera; nombre, sitio, antigüedad de la ciudad, valor de sus ciudadanos. Sevilla, 1617.
  • Ecija y sus Santos, antigüedad eclesiástica y seglar. 1629,cuarto.
  • De las antigüedades y excelencias de Córdoba,1627, en cuarto.
  • Antiguo principado de Córdova en la España Ulterior o andaluz. Traducido del latino, y acrecentado en otras calidades eclesiásticas y seglares por su autor. Córdoba, 1636, en cuarto.
  • De la antigüedad, uso y veneración de los Santos, imágenes y reliquias, 1613.
  • Del estado de las almas en el Purgatorio. Sevilla, 1619 y 1620. Barcelona, 1621. Se tradujo al latín, francés e italiano.
  • Del estado de los bienaventurados en el cielo, de los niños en el limbo, de los condenados en el infierno, y de este mundo después del día del juicio universal. Sevilla, 1624. Barcelona, 1631.
  • Oficios y beneficios del Ángel de nuestra Guarda. Córdoba, 1622.
  • Antiguo monasterio de San Cristóbal de la ciudad de Córdoba, ilustrado.
  • Discurso sobre la antigua Ilipa.
  • Vida de Santa Francisca Romana, traducido del italiano, 1615.
  • La instrucción y regla del bienaventurado San Leandro, Arzobispo de Sevilla, de su hermana Santa Florentina. Sevilla, 1629.
  • Historia de la Compañía de Jesus de la provincia de Andalucía. Manuscrito de que se encontraba parte en el colegio de Granada y parte en el de Córdoba.
  • Se le atribuye al padre Martín de Roa la vida del hermano Francisco Moscoso, de la Compañía de Jesús, natural de Badajoz.

Se le atribuyen asimismo:

  • Los procedimientos de la ciudad de Córdoba y fidelidad guardada al Emperador Cárlos V, Rey de España, en el tiempo de las Comunidades. Salió con el nombre de don Andrés de Morales, veinticuatro de Córdoba.
  • Málaga; su fundación, su antigüedad eclesiástica y seglar, sus Santos Ciriaco y Paula, mártires. San Luis, Obispo, sus patronos. 1622, en cuarto.

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