Al-Andalus

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Se conoce como al-Ándalus (en árabe الأندلس) al territorio de la Península Ibérica bajo poder musulmán durante la Edad Media - (711 - 1492).

Al-Ándalus no debe confundirse con la Andalucía actual, ya que la extensión de al-Ándalus fue muy variable en el transcurso del tiempo, llegando a abarcar casi toda la península, excepción hecha de las provincias de Almería, Málaga y Granada, y algunos territorios limítrofes que formaron el llamado Reino de Granada. "Sólo durante unos pocos siglos" su silueta podría confundirse con la de Andalucía. Algunos historiadores argumentan, además, que "la influencia musulmana" en la Andalucía actual no es tan amplia como recogen determinadas visiones foráneas (herederas de los prejuicios de algunos viajeros románticos) y prácticamente se reduce a ciertos elementos en la gastronomía, costumbres o pronunciación, aparte de los monumentos. Aunque la ciencia demográfica aplicada a la historia y arqueología andaluza lo desmiente, para algunos "seguramente queden más descendientes de andalusí en Valencia o en Murcia que en la propia Andalucía", a los que se denominaba como tagarins.

Para otros historiadores, en cambio, al-Ándalus y Andalucía son la misma línea de identidad, salvada la distancia histórica, cultural, religiosa, etc., no sólo por el nombre, sino por la geografía y la historia de este extenso período histórico, forjada básicamente en sus tierras, e irradiando desde ellas su influencia y dominación sobre gran parte de la Península Ibérica como así atestigua la arqueología, y la evolución de sus influencias. La numismática de la primera época identifica al-Andalus con Hispania a través de numerosas monedas encontradas en Andalucía, en la que los dos términos aparecen acuñados, como ambivalentes e idénticos. El Califato de Córdoba se fundamentó de manera natural y administrativa, sobre la última capital de la Bética hispanorromana, Corduba, y todo su entramado territorial. La Mezquita de Córdoba representa, en la historia del Arte Andaluz y universal, el eslabón perdido entre la cristiandad mediterránea occidental antigua, el arrianismo sincrético premusulmán, el Islam y el catolicismo del pasado moderno andaluz.

Etimología

No se conoce con precisión el origen de la palabra al-Ándalus, para algunos autores proviene de los vándalos: bandalus, otros la relacionan con la lengua tamazight de los bereberes: anna = río, lus = tierra cultivada, para otros proviene del germano: land = tierra, lus = de sorteo, lo que encajaría con el reparto histórico a las tribus germánicas de los dominios del extinto Imperio Romano de Occidente. Andalucía proviene del término arabizado: "al-Andalusíya", con su sufijo activo y femenino, o sea al-Ándalus por antonomasia. El problema de estas controversias es que están incardinadas en conflictos históricos, políticos y religiosos del pasado, lo que da lugar a distintas interpretaciones históricas.

Historia

La conquista

Entre los años 711 y 716, los musulmanes ocuparon gran parte de la Península Ibérica, excepción hecha de las zonas montañosas cántabras y pirenáicas. Pese a que la conquista contara con algunos episodios violentos, en términos generales, se llevó a cabo de una forma pacífica y sin que encontrara grandes resistencias. Por ejemplo, el establecimiento de los árabes en tierras levantinas, que empezó con el pacto de Abd al-Aziz ibn Mussa con Teodomiro, un representante del gobierno del rey visigodo de Toledo que cambiaba tierra por privilegios, de forma y manera que no hubo invasión, propiamente dicha, los árabes se fueron instalando en esas tierras de manera paulatina sin que se registrara batalla alguna.

La entrada de los musulmanes en la península se produce, concretamente, con el desembarco en Gibraltar (Yebel Tarik), el 27 de abril de 711, de Táriq Ibn Ziyad lugarteniente del Gobernador de Tánger Musa ibn Nusair, que lidera un ejército de 9.000 hombres. Poco después, el 19 de julio, los visigodos fueron derrotados y su rey, Roderico murió en la Batalla de Guadalete. La ocupación de la Península se lleva a cabo en cinco años.

Emirato de Córdoba

En el año 756 Abderramán I llega a Córdoba y establece una dinastía que gobernará Al-Andalus hasta 1031. El 773 Abderramán I establece el emirato de Córdoba independizándose política y administrativamente del Islam, aunque mantuvo, con el mismo, una unidad espiritual y moral. Pese a todo, el verdadero organizador del emirato independiente fue Abderramán II, que delegó los poderes en manos de los visires. La islamización fue muy rápida, el número de mozárabes (cristianos en territorio musulmán) se redujo considerablemente.

En el año 912, asciende al trono Abderramán III cuando ya la decadencia política del emirato era un hecho. Intentando acabar con las sublevaciones y conflictos, se proclama califa en 929 dando paso al califato de Córdoba.

Califato de Córdoba

En el año 929, Abderramán III establece el Califato de Córdoba, declarando la independencia religiosa del califato abasida, de Bagdad. Esta proclamación del califato contenía un propósito doble: por un lado, en el interior: los Omeyas querían consolidar su posición; por otro, en el exterior: consolidar las rutas marítimas para el comercio en la Mediterránea, garantizando las relaciones económicas con Bizancio y asegurando la subadministración del oro.

Tras la ocupación de Melilla en 927, a mediados del siglo X, los omeyas controlaban el triángulo formado por Argelia, Siyimasa y el océano Atlántico. El poder del califato se extendía, asimismo, hacia el norte y en el 950 el Sacro Imperio Romano-Germánico intercambiaba embajadores con Córdoba.

Esta es la etapa política de mayor esplendor, en la península Ibérica, de la presencia islámica, aunque la misma durará poco tiempo ya que, en la práctica, su apogeo acaba en el 1010. Oficialmente, el califato continuó existiendo hasta el 1031, año en el que el califato fue abolido dando paso a la fragmentación del estado omeya que se transformó en diversos reinos conocidos como reinos de Taifas.

Estos reinos aparecieron como consecuencia de la fitna o guerra civil provocada por la posesión del trono entre los partidarios del último califa legítimo, Hisham II, y los sucesores de su primer ministro o hayb: Almanzor. En el trasfondo de todas estas luchas existían, también, los agobiantes problemas de la presión fiscal, necesaria para financiar los costos de las batallas bélicas. La división se reprodujo en diversas ocasiones dando lugar a la creación de otras taifas.

Las sucesivas invasiones provenientes desde el norte de África, como la de los almorávides (1090- 1102), las de los almohades (11451146) y las de los benimerines (1224) produjeron un debilitamiento progresivo de los reinos lo que provocó que, a mediados del siglo XIII, el al-Ándalus quedará reducido al reino nazarí de Granada.

La reconquista

Entre los años 718 y 1230, se forman los principales núcleos cristianos en la península en los reinos de Castilla, Portugal, Navarra y la Corona de Aragón.

En el siglo XIII, los cristianos logran un gran avance al producirse la expansión aragonesa por el Mediterráneo así como la unión de Castilla con León.

La Reconquista finaliza en 1492 con la toma de Granada por los Reyes Católicos que la anexionarón a la Corona del Reino Castellano. En este mismo año se produce la expulsión de los judíos de España, y el descubrimiento de América.

Reino nazarí de Granada

En el año 1238, entra en Granada Mohamed-ben-Nazar (o Nasr) conocido, asimismo, como Al-Ahmar el Rojo. Es el creador de la dinastía Nazarí (que tuvo 20 sultanes granadinos) y fue el fundador del Reino de Granada que, si bien al principio, confraternizó con los reyes castellanos, tuvo que convertirse, pasado el tiempo, en tributario de los mismos a fin de mantener su independencia.

El último rey de la dinastía nazarí fue Boabdil (Abu 'Abd Allāh), derrotado en 1492 por los Reyes Católicos.

Arte

Arte emiral y califal

Desde el punto de vista artístico, el emirato andalusí emplea un estilo que no difiere en demasía del resto del Califato Omeya. Es decir, la adecuación de fórmulas y elementos de las culturas que les habían precedido, en este caso del mundo romano y visigodo. En ningún momento se produce una repetición literal de motivos y formas; al contrario, su inteligente incorporación y asimilación se traduce en una verdadera eclosión creadora, originándose el momento cúspide del arte califal. En él se funden elementos de la tradición local hispano-romano-visigótica con los elementos orientales, tanto bizantino, como omeya o abasida.

Los edificios artísticos se centran, desde el primer momento, en torno a su capital Córdoba, en la que se construyó una mezquita congregacional destinada a convertirse en el monumento más importante del occidente islámico. Destacan, entre otras, las obras llevadas a cabo durante el reinado de Abderramán II, corte que acogió a numerosos artistas, modas y costumbres orientales; impulsó, entre otras, las construcciones del Alcázar de Mérida así como la del alminar de la iglesia de San Juan en Córdoba e hizo mejorar sus murallas y las de Sevilla. El califa Abderramán III, siguiendo la tradición oriental, (según la cual cada monarca, como signo de prestigio, debía poseer su propia residencia palaciega), decidió fundar la ciudad aúlica de Medina Azahara (Medina al-Zahra).

En el resto del territorio peninsular también es patente el florecimiento artístico impulsado por el califato. Entre los de carácter religioso figuran las mezquitas, medersas o madrazas y mausoleos. En la ciudad de Toledo todavía se perciben restos de su fortificación, así como algunos vestigios que definen su alcazaba, medina, arrabales y entorno. De entre ellas destaca la pequeña mezquita del Cristo de la Luz o de Bab al-Mardum. Y obras tan significativas como la rábida de Guardamar del Segura (Alicante), el Castillo de Gormaz (Soria) o la Ciudad de Vascos (Toledo).

El refinamiento imperante en la corte califal propició la creación de toda clase de objetos decorativos que, bajo el patrocinio real, se tradujeron en las más variadas expresiones artísticas. Mención especial merecen los trabajos en ivori, entre los que se encuentran todo tipo de objetos de uso cotidiano minuciosamente tallados: botes de marfil y arquetas destinadas a guardar joyas, ungüentos y perfumes; almireces, pebeteros, ataifores, jarras y jofainas de cerámica vidriada etc. En el Museo Arqueológico Nacional, pueden contemplarse el bote de Zamora destinado a la mujer de al-Hakam II y la arqueta de Leyre, que dan buena muestra de ello.

Los monarcas, igual que en Bagdad y El Cairo, crean su propia fábrica de tejidos o bandas, lo que da lugar al principio de la historia de la producción de tejidos en seda bordada en el Al-Ándalus. Los motivos vegetales y figurativos geometrizados se inscriben en medallones que forman bandas tal y como aparecen en el velo o almejí de Hisham II que, a modo de turbante, le cubría la cabeza y le colgaba hasta los brazos.

Asimismo existían los talleres en los que se trabajaba el bronce, tallado con figuras que representaban leones y ciervos con el cuerpo cubierto de círculos tangentes evocando tejidos y que se utilizaban como surtidores en las fuentes. Su paralelismo formal y estilístico con piezas de los fatimis han conducido a la controversia acerca de la legitimidad de algunas de estas piezas.

La cerámica cuenta con tipos de producción conocida como "verde y manganés". Su decoración a base de motivos epigráficos, geométricos y una destacada presencia de motivos figurativos se consiguen mediante la aplicación del óxido de cobre (verde) y óxido de manganeso (morado).

Arte almorávide

Las obras realizadas durante el reinado del monarca Yusuf ibn Tasufin, evidenciaban, todavía, la austeridad y falta de ornamentación impuestas por su fervor religioso. Rigurosidad que no mantuvo su hijo Alí ibn Yusuf que, deslumbrado por el refinamiento cortesano de las taifas andalusíes, patrocinó la construcción de varios edificios decorados con los más bellos elementos.

El soporte preferido es el pilar, en sustitución de la columna. Adoptan el arco de herradura y lobulado, a los que añaden arcos de herradura o túmidos, lobulados trebolados, mixtilíneos y lambrequines formados, éstos últimos, por pequeñas curvas, ángulos rectos y claves pinjantes. En relación al desarrollo de los arcos aplican, desde el salmer, un motivo en "S" denominado serpentiforme, ya utilizado anteriormente en la Aljafería de Zaragoza. El sistema de tejados preferido es a dos aguas, construyen techos de madera y alcanzan un gran desarrollo en el arte mudéjar, a la vez que realizan extraordinarias cubiertas cupuladas. Unas, representadas por la cúpula del mihrab de la mezquita de Tremecén, seguirán el modelo cordobés: arcos entrecruzados que dejan la clave libre si bien, en este caso, arrancan de trompas angulares de muqarnas y utilizan unos complementos de estuco calado decorados con exuberantes motivos florales. A partir de esta obra, en la que se documenta la introducción en el Zagreb de la muqarna o mocárabe, aparecen otros tipos de cúpulas denominadas de muqarnas, como la que puede verse en la mezquita de Qarawiyin en Fez.

Los trabajos artísticos continuaron vinculados a las tradiciones anteriores. El taller textil de Almería alcanzó su cénit realizando los famosos attabi. Estos tejidos se caracterizan por la utilización de colores más suaves con toques de oro formando círculos dobles, tangentes o enlazados, dispuestos en filas, en cuyo interior se bordan parejas de animales. La similitud con los tejidos sicilianos permite que se confundan ambos talleres. Un problema similar se plantean los ivoris, que contienen inscripciones ambiguas que no acaban de aclarar a cuál de los dos talleres pertenecen. La cerámica, por su parte, continúa desarrollando la técnica de "cuerda seca parcial" o "total" dependiendo de que la decoración cubra toda la superficie o parte de ella. Al mismo tiempo aparecen dos nuevas técnicas aplicadas a la cerámica no vidriada: el esgrafiado y el estampillado, que se generalizarán en la época almohade.

Arte Almohade

El retorno a la austeridad más extrema condujo, incluso de forma más rápida que en el caso de sus predecesores, los almorávides, a uno de los momentos artísticos de mayor esplendor (ver arte almorávide), de manera particular en lo que atañe a la arquitectura. El arte almohade continuó la estela almorávide consolidando y profundizando en sus tipologías y motivos ornamentales. Construían con los mismos materiales: azulejos, yeso, argamasa y madera. Y mantuvieron, como soporte, los pilares y los arcos utilizados en el período anterior.

Sus mezquitas siguieron el modelo de la mezquita de Tremecén, con naves perpendiculares al muro de la gibla. En ellas se potenció un esquema en "I" mediante la utilización de cúpulas que son de muqarnes en la mezquita de Tinmal y en la de Qutubiyya]] de Marruecos. Se caracterizan por su planta cuadrada y su altura compuesta por dos torres, una de ellas alberga otra y, entre ambas, discurre una escalera o rampa, como en el caso de la Giralda de Sevilla. La torre interior está formada por estancias abovedadas y superpuestas que tendrán su repercusión posterior en las construcciones de otras torres-campanario mudéjares, especialmente en las edificadas en Aragón.

La arquitectura palaciega introduce los patios cruzados que ya habían hecho su aparición en Medina al-Zahra, pero que es, en estos momentos, cuando adquieren su mayor protagonismo. Su mejor testimonio se halla representado en el Alcázar de Sevilla, en el que se ha conservado el patio de la casa de Contratación y otro, actualmente subterráneo, conocido como el Jardín Cruzado o Baños de doña María Padilla. Este esquema será aplicado, asimismo, en los patios nazarís y mudéjares. Otra novedad aparece en el Patio del Yeso del Alcázar de Sevilla, y tendrá una gran repercusión. Consiste en la colocación de pequeñas aberturas o ventanas cubiertas con celosías de estuco que dan acceso a una estancia y que permiten, de este modo, su iluminación y ventilación.

La arquitectura militar experimenta un enriquecimiento tipológico y se perfecciona su eficacia defensiva que tendrá gran trascendencia, incluso para el ámbito cristiano. Aparecen complejas puertas con recodos a fin de que los atacantes, al avanzar, dejen uno de sus flancos al descubierto; torres poligonales para desviar el ángulo de tiro; torres albarranas separadas del recinto amurallado pero unidas a él por la parte superior mediante un arco lo cual permite aumentar su eficacia defensiva respecto a una torre normal; muros reforzados que discurren perpendiculares al recinto amurallado con objeto de proteger una toma de agua, una puerta, o evitar el cerco completo; barbacanas o antemuros y parapetos almenados.

En el terreno decorativo aplicaron un repertorio caracterizado por la sobriedad, el orden y el racionalismo, lo que se traduce en la aparición de motivos amplios que dejan espacios libres en los que triunfan los entrelazados geométricos, las formas vegetales lisas y lo más novedoso: la sebqa. Otra decoración arquitectónica que aparece en este alminar y en la mezquita de Qutubiyya, es la cerámica, en la que se aplica la técnica del alicatado; es decir piezas recortadas que, combinadas entre sí, componen un motivo decorativo. En otras ocasiones estas manifestaciones artísticas unen el carácter ornamental con el funcional.

Las obras de arte de esta época están peor representadas a causa de la confusión existente entre los diferentes períodos artísticos. Es lo que ocurre, por ejemplo, con los tejidos, que no se distinguen fácilmente de los mudéjares: acusan una práctica ausencia de motivos figurativos en tanto que aumenta la decoración geométrica y epigráfica a base de la repetición insistente de palabras árabes como "bendición" y "felicidad". En cuanto elementos metálicos, destacan los aguamaniles que representan figuras de animales decoradas con incisiones vegetales cinceladas.

El arte nazarí es un estilo surgido en la época tardía del al-Ándalus en el reino nazarí de Granada. Los dos paradigmas del mismo lo constituyen los palacios de la Alhambra y el Generalife. La arquitectura militar desarrolla los mismos sistemas generados en la época anterior, dotándola de una mayor complejidad. La arquitectura palaciega emplea dos tipos de organización de patios: uno el patio monoaxial, patio de los Arrayanes o de la Alberca, y otro, el patio cruzado, patio de los Leones. Las estancias vinculadas a ellos responden, nuevamente, a dos tipologías: una alargada en cuyos extremos están las alcobas, y otra cuadrada rodeada por las habitaciones, por ejemplo, la Sala de la Barca y la Sala de las Dos Hermanas. Los escasos vestigios de arquitectura religiosa permiten pensar en mezquitas que siguen el modelo almohade, con naves perpendiculares al muro de la qibla. Quizá la única novedad destacable provenga del hecho de la utilización de columnas de mármol cuando el edificio es de cierta relevancia.

En cuanto al repertorio ornamental utilizan una profusión decorativa que enmascara la pobreza de los materiales, emplean desde zócalos alicatados y yeserías de estuco, a decoración pintada como la que se conserva en la bóveda de la Sala de los Reyes. Es característica la columna de fuste cilíndrico y el capitel de dos cuerpos, uno cilíndrico decorado con bandas y otro cúbico con ataurique. Los arcos preferidos son los de medio punto peraltado y angrelados. Las techumbres de madera alternan con bovédas mocárabes realizadas con estuco como los de la Sala de las Dos Hermanas o la de los Abencerrajes. Asimismo, a los motivos ornamentales habituales (geométricos, vegatales y epigráficos), se une el escudo nazarí que será generalizado por Mohamed V.

En las artes suntuarias destacan las cerámicas de reflejos metálicos y los tejidos de seda a los que pueden añadirse los bronces, las taraceas y las armas. La cerámica de lujo, conocida como de "reflejo metálico" o "losa dorada" se caracteriza por someter, la última cocción, a fuego muy bajo "de oxígeno" y menor temperatura. Con este procedimiento la mezcla de sulfuro de oro y cobre empleada en la decoración llega a la oxidación reduciendo el brillo metalizado. Era frecuente, también, añadir óxido de cobalto con lo que se conseguían unos tonos azules y dorados. Los tejidos se caracterizaban por su intenso colorido así como por los motivos, idénticos a los empleados en la decoración arquitectónica.

El arte mudéjar tuvo lugar entre el siglo XII al siglo XVI, y fue un fenómeno autóctono y exclusivamente hispánico, realizado por los mudéjares y moriscos. Básicamente, es un estilo para cristianos pero que incorpora influencias elementos o materiales de estilo hispano-musulmán.

En este arte influyó la situación fronteriza en continuo movimiento. El estilo europeo iba penetrando en la península y, progresivamente, condicionaba el mudéjar. La posterior conquista del al-Ándalus conlleva un mudéjar más joven y con influencias directas de la arquitectura tradicional. El alarife u obrero, utilizaba materiales simples como azulejos, yeso, escayola, mampostería, madera etc., como materia prima básica para crear una obra cargada de imaginación. Por su situación de vencido, el alarife, pasa a convertirse en mano de obra barata y se ve obligado a construir lo que le ordenen: iglesias, sinagogas, fortificaciones, palacios…

En el arte mudéjar destacan tres escuelas diferentes:

  • Leones y Castellano: los más antiguos, con grandes influencias del arte románico. Sus edificios de ladrillo ofrecen una decoración con arcos ciegos de medio punto, juegos de recuadros reformados y frisos con dientes de sierra.
  • Aragón: Con una personalidad muy característica, sorprende el colorido que recibe el uso de azulejos de manises en los exteriores y los innumerables recursos que extraen de éstos.
  • Andalucía: En Córdoba se mantiene el uso de la piedra, en tanto que, en Sevilla, predomina el azulejo, las formas almohades y la construcción de mausoleos.

Ciencia

Mientras que el resto de Europa permanecía en la Edad Obscura del conocimiento, al-Ándalus florecía. La ciudad de Córdoba era uno de los centros culturales más importantes del Imperio Islámico clásico, el otro fue Bagdad.

Gracias al uso del papel, que permitía copias económicas, la biblioteca de al-Hakam II en Córdoba (una de las 70 en la ciudad), contenía 400.000 volúmenes, entre ellos, los tesoros de la antigüedad greco-latina y aportaciones originales de pensadores musulmanes como, por ejemplo, Averroes, Ibn Jaldún, Ibn Gabirol, Abenalsid, Abenalarif, Abraham ben Meir ibn Ezra, Maimónides, Abenarabi.


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