Leyenda de la calle Mancera

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...hay una calle sin salida, que ha por nombre Mancera, apodo de un operario del campo. Según una tablilla colocada en 1559 entre los milagros u ofrendas colgados en el pórtico del Santuario de Nuestra Señora de la Fuensanta, aquel trabajador se puso a arar sus tierras en el día de aquella imagen, acción criticada por un compañero, a quien contestó que nada tenía él que ver con eso para no cuidar de sus intereses; palabras castigadas providencialmente, pues se le quedó la mano pegada a la mancera, sin poderse desasir de ella por más esfuerzos que empleaba. Con esto conoció su falta y, corriendo al santuario, se arrodilló ante la Virgen, rogándole tuviese compasión de él, que no sabía lo que había dicho. Con eso logró verse libre de la mancera, que dejó allí en memoria del suceso, y con su mano señalada en la madera. Esto se cundió y la gente se fijaba en él, poniéndole el apodo de Mancera, que luego pasó a ser nombre de su calle.[1]

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Referencias

  1. RAMÍREZ DE ARELLANO, T. Paseos por Córdoba. Disponible en Internet

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