Taberna Los Califas

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Taberna Los Califas


Esta taberna situada en la calle Deanes nº9, en pleno barrio de la Judería, aparte de sus fiestas flamencas que eran su principal atractivo para locales y forasteros, se funda hacía finales de los años cuarenta la Peña Los Califas; la componían gente provenientes del barrio de la Judería y de otros lugares de Córdoba. La animaban personajes como Manuel Soriano "El Campanero". Sus socios derrochaban castizismo y alegría a raudales, causando admiración de cuantos los visitaban. Presidían en su local los retratos de los "Califas del Toreo": "Lagartijo", "Guerrita y "Manolete". Encontrándose la Peña en una taberna de gran reclamo, era motivo más que suficiente para que turistas, artistas del teatro, del cine o toreros la visitaran; se podía comprobar los nombre de los visitantes al quedar reflejadas sus firmas en el libro de honor.


Recuerdos de la taberna [1]

Esta taberna, fundada por Cuesta, el dueño del Horno de las Pavas en la calle Deanes, en el pleno corazón de la Judería, pasó después a Rafael Cabello Minguitos, que la convirtió en restaurant y sala de fiestas flamaneca nocturnas.
Allí se congregaban todos los artistas flamencos famosos de aquel tiempo. Cantaores, guitarristas, bailaores y bailaoras de gran relieve, entre éstos, Finito, El Lápiz, El Niño de la Magdalena, y otros.... los tocaores Emilio Arango, Rafael El Gitano, tio del Lápiz.
En el baile, Ana Carrillo, La Tomata, Diego de Bronce, que en la actualidad está actuando con gran éxito en Méjico, El Piojo, Lamparilla, Pilarín del Oro, hermana de Finito, y de comparsa y maestro de ceremonias, Fernando el Gitano alias Tinico cara Pato, que hacía el son de la bulería con el regato del batón y como estaba muy torpe de los pies, movía las manos para el baile como la mejor artista, tanto es así, que el propio Federico García Lorca, que lo vio acturar le hizo un magnífico canto a las manos del Tinico.
Todos estos eran los protagonistas de las fiestas que se formaban hasta la madrugada en estos lugares; por lo que el negocio marchaba bien; eran los días de esplendor de aquel barrio, lleno de bares y tabernas, en todas sus calles y callejas lucían todas las noches, como un ascua de la fiesta flamenca.
Por allí nos encontrábamos, los noctámbulos poéticos, Ricardo Molina, Juan Bernier y otros amantes de la bohemia pintoresca que nos ofrecía el ambiente. Pasó el tiempo, el barrio fue maleándose con el gamberrismo y otras cosas. Hasta que poco a poco fue apagándose, El último superviviente fue Minguitos con su califato, otros aguantaron menos.
Sólo quedan en el barrio La Una y la taberna La Mezquita.

Referencias

  1. "Memorias Tabernarias". Manuel Carreño Fuentes en Diario de Córdoba. 25 de noviembre de 1990

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