Taberna Los Mosquitos (Plaza de San Ignacio de Loyola)

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Taberna Los Mosquitos (ver otros términos)

Estuvo situada esta taberna en la plaza de San Ignacio de Loyola antes plaza del Ángel, cuyo lugar era frecuentado por los empleados de Hacienda, industriales y labradores adinerados; donde se departía una agradable conversación por la tranquilidad reinante. Sus patas y vinos eran de excelente calidad.


Ubicación de la Taberna "Los Mosquitos"

Recuerdos de la taberna [1]

En la Plaza del Ángel, hoy San Ignacio de Loyola, estaba situado este bar de los “Los Mosquitos”.La plaza recibió este nombre de Ángel cuando se inauguró el monumento a San Rafael el 27 de octubre de 1824, obra del escultor Miguel Verdiguer, y que un siglo después, 1924, fue trasladada a la plaza del Potro, donde actualmente se encuentra. Allí, frente a la iglesia de San Hipólito estaba, pues, esta taberna de don José Sierra Masueles, en aquel entonces representante de la casa Domecq en Córdoba. Era un local amplio y agradable, y de situación céntrica. En el patio había un parra tan crecida que el ramaje y el fruto se extendían en la azotea.
Allí acudían reuniones, tanto por la calidad de sus vinos y aperitivos, como por la tranquilidad que allí se ambientaba. Estas reuniones atraían a labradores e industriales pudientes, consumidores de calidad y muy rentables para el negocio. También acudían, por su proximidad , los empleados de Hacienda y otros organismos por allí ubicados, y mucho personal correcto y simpático que hacía agradable la estancia en el local. El dueño colocó allí de mozo llamado Curro el Hueso, alias al que hacía honor, pues era hombre poco agradable y de carácter avinagrado, pero muy formal y además sabía con quiénes trataba, para que no se les derramase el vinagre. A los borrachos pasajeros de mostrador, no les dejaba entrar ni pisar los escalones de la puerta.
Allí frecuentaban muchos de Arcos de la frontera. Entre ellos, El Tordo y El Colorao. Este Colorao era famoso por su ingenio y gracia espontánea; había sido en los carnavales de Cádiz , con Perico Berruguín, uno de los mejores charanguistas con su celebre comparsa.
Por cierto que contaba don José una anécdota ocurrida en Madrid con Rafael Gómez, El Gallo, y el Colorao. Era un mes de enero, y El Colorao, como de costumbre , había planeado el campamento de la busca diaria, con otros paisanos, vagos contemplativos como él, en la Puerta del Sol, en la acera de gobernación, es decir en el kilómetro 0.Dio la casualidad que el torero pasaba por allí con otros amigos. Al verlo, El Gallo le dijo: Adios, Vives, -que así se apellidaba el Colorao-,y continuó: Vives, de milagro. Pues hacía un frío intenso y tenía el traje de verano. El torero, que estaba entonces en su mejor época y se divertía con las ocurrencias de este hombre, lo llevó a su sastre de la calle el Príncipe y encargó que le hicieran un traje de buen paño para el invierno. Así fue, pero a la salida El Colorao le pidió dos duros para invitar a sus amigos que lo acompañaban detrás, en espera de coger algún mendrugo. El diestro, por oírlos, le dijo: ¿Hombre, encima que te regalo un traje, me pides dos duros?. El otro le contesto: Mira, Rafael, yo lo que puedo hacer es decirle al sastre que no me haga el chaleco. Pero, ¡Por Dios, dámelos para aliviar a ésos!.
Esta cosas y otras muchas contaba don José para distraer a su clientela. Después cerró Los Mosquitos y puso un bodegón en la calle Obispo Fitero. Murió...como nos pasará a todos. Que descanse en paz..

Referencias

  1. "Memorias Tabernarias". Manuel Carreño Fuentes en Diario de Córdoba. 21 de agosto de 1988

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