José Saló

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José Saló y Junquet (Barcelona, 24 de noviembre de 1810 - Córdoba, 1877), pintor de la mitad del siglo XIX de Córdoba, fue además director de la Escuela de Bellas Artes.

Según Ramírez de Arellano [1]

El expresado señor Saló, ha reunido en su casa, durante el espacio de cuarenta años, una buena galería de pinturas y esculturas de artistas notables, tanto nacionales como extranjeros, contando entre estos a Rúbens, Bombermans, Basan, Guido Reino y otros, y entre los primeros a Murillo, Antolines, Valdés Leal, Alfaro, Castillo y algunos más que no recordamos. En las esculturas las hay muy buenas atendida la dificultad de poder adquirir hoy los objetos curiosos por haber desaparecido muchos de entre nosotros, pasando a enriquecer los museos extranjeros; sin embargo, hemos tenido el gusto de ver moldes de mérito como son los de los bajos relieves que para los púlpitos de la Catedral ejecutó Verdiguier, y el de la estatua de la Fé que hizo para uno de aquellos. El modelo en la ya citada Sta. Iglesia. Otro modelo de Valdés Leal que representa a San Gerónimo, hecho en barro con la misma maestría que lo podía hacer en pintura. Son dignos de mención otros modelitos de santos, ejecutados también en barro, con mucha gracia, por Agustín Rodríguez, sin que en ellos se revele su mucha edad ni sus acerbos y continuos padecimientos, pues estas esculturitas las hacía para socorrerse, imposibilitado de pintar, lo que hizo muy bien, siendo acaso el mejor imitador de Antonio del Castillo. Asímismo vimos una mano vaciada, que según una inscripción es la del dicho pintor y escultor Agustín Rodriguez.
Tiene el Sr. Saló otras muchas esculturitas ejecutadas en cera con colorido, y otros objetos no menos curiosos y apreciablles. Una de las cosas más preciosas que allí vimos y que en nuestro concepto, debería figurar en un museo, es una colección de apuntes originales de célebres pintores antiguos, en los que hay del Españoleto, Reinoso, Murillo, Valdés, Fr. Juan del Santísimo Sacramento y Castillos, llamándonos extraordinariamente la atención el apunte de Velázquez para su famoso cuadro de las Lanzas. Allí tuvimos ocasión de ver algunos objetos arqueológicos de mucha importancia, como capiteles árabes del mejor gusto, inscripciones de igual clase en diferentes cosas, lápidas y una maceta o tiesto para flores, también árabe, único en su clase que hemos logrado ver. El Sr. Saló se ocupa de arreglar locales a propósito para su conservación, y en formar un catálogo, con lo que aumentará su importancia.


Necrológica de José Saló

EL estimable artista á quien en la semana anterior ha arrebatado improvisa muerte al afecto de su familia, y á la enseñanza de la juventud en el Instituto de esta Capital, con pavorosa rapidez y con circunstancias lamentables, no desmerece el recuerdo que la amistad le consagre como homenaje póstumo, apenas cerrada la losa de su sepulcro. D. José Saló y Junquet, hijo de D. Jaime y D.a Micaela, nació en Barcelona en 24 de noviembre de 1810. Sus principios rudimentales en la Pintura debiólos al modesto pero no vulgar pintor de Lucena D. Francisco López (*).
Hubo de ser por los años de 1822 y 1823 cuando el honrado padre del D. José, Físico castrense ó cirujano militar, vino á residir y paró en la mencionada población, donde posteriormente desempeñó una plaza de facultativo titular. El joven Saló trasladóse en 1827 á Barcelona, con un tio suyo llamado D. Jaime Sanromá. Era éste un inteligente profesor de música, y escolanet deMonserrat. Bajo sus auspicios Saló aprendió música y el manejo del vlolín, y á la vez que adquirió con su aptitud y tesón más que mediana destreza y gusto en el uso de aquel instrumento, pudo inscribirse como alumno en la Escuela ó Academia de Bellas Artes que en la capital del Principado sostenía con eficaz protección el Consulado del comercio. Logró allí por maestros en la clase del modelo de yeso y natural al estatuario D. Damián Campeñv y en pintura á D. Salvador Mayol. Ganó diversos premios en estas enseñanzas, y uno especial, con gratificación aneja, en la clase de flores naturales. Figuraban entonces entre sus condiscípulos algunos artistas de posterior y no injusta celebridad, bajo diversos aspectos, como D. Peregrín Clavé, director más tarde de la Academia de Méjico; D. Narciso Anglada y D. Javier Parcerisa, editor de la obra de Recuerdos y Bellezas de España, en cooperación de insignes escritores, cuales son Cuadrado, Pí Margall, Madrazo (D. Pedro), y tal vez algún otro. Conmemoraba, no hace muchos días, á algunas de esas celebridades de la escuela barcelonesa el excelente periódico La Ilustración Española y Americana. Cuadra á nuestro propósito anotar que allí no bajó del nivel de aquellos alumnos por su idoneidad y laboriosa aplicación nuestro Saló, cuyas promesas hubiesen podido realizar otras condiciones de carácter y fortuna. No disfrutaba de sobrada holgura su familia, cuando trasladada á Priego llegó á Córdoba el D. José.
Coincidió su venida con cierta restauración escénica, que tras largo período de privación teatral reanimó nuestro coliseo, y con algunos notables cantantes españoles é italianos dió á conocer las principales obras líricas de Rossini y Mercadante. En ia orquesta proporcionóse á Saló un lugar como violinista, y con él un auxilio para fijarse y vivir en esta población, que le hubo también de conocer y apreciar en reuniones filarmónicas de caracter privado. Por entonces hizo su estreno en la pintura escenográfica con un telón de casa pobre, en que se veía algún gracioso accidente. Fueron aquellas circunstancias ocasión de que comenzase á ejercitarse, en solicitud de medios y recursos para vivir, en su noble arte pictórico. Campeaba solo en nuestra Ciudad en su provechoso cultivo el Sr. D. Diego Monroy y Aguilera, artista de imaginación, suavidad y gracia, á quien también la soledad profesional de su tiempo, su estancamiento y lejanía de otros centros de estudio y competencia fueron parte á limitar los vuelos de su Hombradía y la ambición de sus pinceles. Aún no venido al mundo ó vulgarizado el daguerrotipo ni la fotografía, era únicamente la miniatura el lucrativo ramo del arte que á ser-vicio de la galantería y del amor de las familias podía ofrecer el trasunto de la fisonomía de muertos y ausentes, fijando la de los que habían renunciado al escrúpulo ó pudor, harto común entonces de retratarse. Bien se ve cuánto tal medio era menos pronto, barato y accesible.
Dedicado Saló á la miniatura, adquirió y ofreció respectivamente buenas condiciones de economía, acierto y facilidad; á tal punto, que en 1840 pasaban de seiscientos los retratos de este género ejecutados por él. Ni á tales obras hubo de limitarse exclusivamente, puesto que pintó en lienzo un cuadro simbólico de la Farmacia, para la oficina de 'Don Francisco de Paula Furriel, por indicación del respetable fray Muñoz Capilla, en sus primeros tiempos; y en 1831 el retrato del benéfico y rico comerciante D. José Parólelo, de pasmosa semejanza, que fué para el autor base de buena reputación y aliciente de otros trabajos. Con posterioridad son numerosos los retratos de tamaño natural que se le deben. Nos será permitido citar, por su exactísimo parecido, el de D. Rafael Mariano Pavón, título de gratitud afecto para el que esto escribe, como autor el artista de una segunda vida para aquel á quien debemos la nuestra. Plácenos compartir la delicadeza de este sentimiento por una analogía de origen con el culto director del Conservador, periódico de esta Ciudad.
También recordaremos, por la calidad y significación personal, los retratos de los señores Obispos Trevilla y Tarancón; el del referido escritor P. Maestro Muñoz, bien que hecho de memoria; el del insigne naturalista don Fernando Amor, el de D. Luis Ramírez de las Casas-Deza, uno del Sr. Marqués de Cabriñana, con otros para la Galería de cordobeses célebres que trató de reunir el mismo ilustrado Marqués; los de los señores ex-Ministro y general Armero, y del Dr. D. Mariano Esquivel, para un salón del Colegio de Nuestra Señora ele la Asunción ó Instituto provincial, y por último, varios de la distinguida familia del Sr. D. Rafael Cabrera.
Recordamos, además, algunos pequeños para varias cruces parroquiales, de las de manga, en esta Capital; uno grande de Animas para la Iglesia parroquial de Adamuz; otro de tamaño natural representando á Nuestra Señora en su Concepción virginal, para la Sra. Condesa de Villanueva; un niño dormido, que posee D. Francisco Milla y Beltrán; una Santa Cecilia, presentada en la Ex-posición del Casino de Córdoba en 1868; uno de la fábula de Júpiter y Leda; un San Rafael y un San Pedro, para una señora de Montoro; una belleza con máscara y como aprestada á un baile, y últimamente dos niños, ó sea un Salvador y un San Juan con muy bonitas cabezas, feliz imitación de Castillo. Su grande ejercicio en la miniatura, en la cual fué discípulo de D. Adriano Ferrant, perteneciente á una familia de artistas, con una celebridad vinculada cual la de los franceses Vernet, y enriquecido aquél y muy reputado en América; la influencia de los hábitos y procedimiento de esta especialidad pictórica, el decirse vulgarmente en Córdoba que Saló podía competir con Monroy ventajosamente en la reproducción fisionómica de los retratos, mas no en la dulzura 3r pulidez del pincel, hicieron al primero atento á la nimia conclusión dé sus obras, y más detenido y tímido que desembarazado y audaz en la ejecución de ellas.
Á más de ser dominantes en los días de su aprendizaje ejemplos distintos otras máximas de menor libertad y franqueza vigorosa, su alejamiento de otras Escuelas, Museos y Exposiciones, pues sólo las producciones de Cano (D. Eduardo) de otros insignes contemporáneos le revelaron amplios luminosos horizontes en su postrer período, debió de contribuir á su procedimiento estilo el propio carácter: elemento predominante á que hay que achacar las más veces el rumbo de conducta y aún las penas galardón de la que llamamos suerte ciega. El carácter ó genialidad de nuestro pintor catalán, injerto 3?" aclimatado en el suelo andaluz, no de los que al soplo de la emulación se crecen elevan, sino más bien de los que se encojen concentran, haciéndole retraído, y más caviloso 3^ hosco que amante del ruido de los centros sociales y dado á los aplausos y encumbramiento de la propia persona por el halago del periódico el mimo de la tertulia ó del amigo, no es extraño que contribuyese á esterilizar sus facultades, tratándose de composiciones y estudios originales é importantes.
Y con todo, en sus carteras la huella de su lápiz indicó más de una vez pensamientos serios y joviales, que habrían podido traducirse en buenas composiciones y proyectos de cuadros de historia, mitológicos ó de costumbres, entre los que contaremos el de la exhibición de las Cabezas de los Siete Infantes de Laya, que mereció la aprobación, con algunos consejos, del ilustre autor del MOYO Expósito, explotador, con los recursos de su poderosa fantasía, de esa tradición legendaria y trágica enlazada con nuestra historia local. Las maniobras de restauración para la conservación de cuadros antiguos hallaron en él la prolijidad, la paciencia, el concienzudo detenimiento que las mismas exigen, unidas al temor de profanar con suplantaciones y retoques osados la huella primitiva del genio y el estudio, consagrada por el respeto y el tiempo.
La Escultura merecióle también cultivo y atención, cual lo demuestran diversas y pequeñas estatuas ó imágenes de santos, y la cabeza de un sacerdote griego, modelada en barro, que obtuvo el premio de una Trinitaria de oro en la Exposición celebrada en el Círculo de la Amistad, á la vez que los juegos florales iniciados en la Academia de Córdoba en Mayo de 1872. Por último, al que dudase del amor que sentía por el arte de su profesión, podría mostrársele la multitud de curiosos objetos de escultura, de li-bros especiales, de estampas, de lienzos, tablas y cobres de pintores del país y otros extraños, y los objetos de antigüedades de filigrana y mármol y no pocos dibujos, apuntes y bocetos, entre los cuales los tenía de Castillo, Sarabía, Alfaro, Palomino, Ribera y otros.
En la cátedra de diseño, en el Colegio Instituto sucedió á Diego Monroy, y en la comisión de monumentos. Fué el primer director de la Escuela de Bellas Artes que hoy sostiene la provincia, y vocal de la comisión expresada, donde evacuó trabajos especiales, revalidándose su antiguo nombramiento en ella con el carácter de Académico correspondiente de la Real de San Fernando de Madrid. Un cuadro suyo fué el primer trabajo artístico ofrecido á la Academia de Ciencias, Letras y Ar-tes de esta ciudad. Deudores somos asimismo á D. Joaquín Hernández de Tejada, su amigo un tiempo, y al apreciable fotógrafo D. José García Córdoba, de fidelísimos retratos que perpetuarán el recuerdo de su fisonomía. Amante de la caza y de las flores y de la Foto-grafía, en que también se ensayó, sobrio y sencillo, sin herir á nadie con la inmodestia, pero rece-loso y sensible aun á las que tenía con cuestionable fundamento por pretensiones de la agena, los accidentes de la vida, las decepciones que pudieron agriarle, no desmienten ni rebajan el fondo de su probidad y sensatez.
Murió de una apoplegía fulminante, y casi á las mismas horas y el mismo día que el célebre Mr. Thiers en París. Sorprendióle el mortal accidente en la casa del Sr. D. Bartolomé Maza, su amigo, á quien había ido á ver en la tarde del 3 del actual septiembre de 1877. Su permanencia y trabajos en esta Ciudad, eslabonan para la historia parcial del Arte en ella, los que, prescindiendo del vestigio transitorio y breve de otros artistas, parten de Palomino en el siglo anterior, continúan con Cruz Jimena, To-rrado y Agustín Grande, y se enlazan con las obras de Monroy, padre, á principios del siglo xix, y con las de su hijo en la primer mitad del mismo período.
La Escuela actual de Bellas Artes, que ha instalado nueva era para su porvenir, con la ayuda de más difundido gusto en nuestra provincia, de más activa enseñanza y de condiciones favorables de cultura y protección, promete ensalzar á mayor altura, con honra de los artistas predecesores, el nombre de los que hoy pisan la florida senda donde cogieron tantos lauros los Céspedes, Yaldés Leal y Castillos, y cuya gloria envidiaba constantemente el pintor modesto y afectuoso amigo cuya pérdida reciente deploramos.


Referencias

  1. RAMÍREZ DE ARELLANO, TEODOMIRO. Paseos por Córdoba. Barrio de la Magdalena

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