Miguel del Moral

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Miguel del Moral
MIGUEL DEL MORAL.jpg

Pintor

Nacimiento: 17 de abril de 1917
Córdoba
Fallecimiento: 29 de abril de 1998
Córdoba

Contexto histórico

Décadas: 1940 - 1950 - 1960 - 1970 - 1980 - 1990

Nacido en Córdoba el 17 de abril de 1917. Vinculado al grupo Cántico. Se le ha llamado "el Zurbarán cordobés".

Datos biográficos

Se reveló tras la Guerra Civil como uno de los primeros pintores y dibujantes andaluces, caracterizándole la fuerza de la escuela cordobesa del XVII en el trazo, la elegancia pictórica y, sobre todo, el oficio y la maestría de la citada escuela. Es importante en su formación el contacto con el grupo intelectual y poético que fundaría la revista "Cántico" en 1947, grupo signado por un humanismo universalista y un sentido de depuración cultural, presente ya en la Córdoba de Céspedes, en el siglo XVI.

Como los pintores cordobeses renacentistas y barrocos, la faceta humanista le sirve al artista para ir más allá de la pintura y cultivar un arte total, con trabajos en dibujo, escultura, cerámica y decoración. Estas creaciones están tamizadas por el aire de Córdoba del cuarenta, en la que se conservaba una visión casi florentina del paisaje urbano que había sido retratado ya, románticamente, por los grandes dibujantes ingleses y franceses, poetizando su ruina. Del Moral, por exigencias de vida, se traslada a Madrid y con un grupo de los mejores dibujantes españoles (Goñi, Liébana, Sáenz, Pena y Mampaso) colabora en aquella primera apertura a los escritores y artistas que fueron ·El Español", "La Estafeta Literaria", y "Fantasía". La estancia en Madrid le sirve al pintor para ganarse la vida, pero también para completar su formación en el Círculo de Bellas Artes y en los grandes museos, continuando así los estudios comenzados en la Escuela de Artes de Córdoba creada por el pintor Romero Barros (padre de Romero de Torres) y el escultor Mateo Inurria. En la auténtica "Escuela del Prado" estudia la gran muestra pictórica del XV italiano y las geniales figuras de Velázquez, Zurbarán y Goya, donde encuentra las raíces del impresionismo francés. También en Madrid frecuenta la amistad del pintor Vázquez Díaz, del que recoge, como antes de Zurbarán, el amor a los simple y escueto -contrapuesto a su atávico barroquismo andaluz- con detalles de naturalezas muertas que acompañan muchas veces en sus óleos a la figura humana. El pintor recibe en 1951 el primer premio del Círculo de Bellas Artes de Madrid y el primer premio de la Exposición de Arte Taurino Hispano Americana. Retorna a su ciudad natal y celebra en ella su primera exposición (1949), que le acredita como el primer pintor de Córdoba y uno de los primeros de España. Del barroquismo de los "San Rafael" pasa a la contención, inspirada por Vázquez Díaz, de su gran cuadro sobre el torero "Manolete". en esta línea última colabora como dibujante en la revista "Cántico", con interpretaciones poético-estéticas de gran estilo. Durante 1952 reside en París; la visión directa de la gran pintura impresionista deja honda huella en su retina. Nuevamente en Córdoba (1953), presenta una ámplia exposición que por la variedad temática, el oficio y la búsqueda de la belleza, aunada a la nostalgia poética, constituye en conjunto una exaltación de la figura humana. En 1954 recibe el primer premio de la Diputación Provincial de Córdoba, con el óleo titulado "Teólogos", en el que está el influjo de un Zurbarán modernizado junto con la presencia adolescente. Miguel es un pintor que no sigue las modas de los "ismos", sino su propia creación y pensamiento estético, que aporta, en la consecución de la obra de arte, la dosis del clasicismo y formas expresivas convenientes a su pensamiento.

En 1955 viaja por Italia, Austria, Yugoslavia y Hungría. Pictóricamente es Italia la que le impresiona, sobre todo Venecia, el Massaccio y el encanto de los mosáicos de Rávena. La inyección de Renacimiento es clara en sus cuadros murales, que tienen toda la suntuosidad y la belleza de los cortejos Mediceos.

Aparte de estas creaciones cultiva, en la década de los sesenta, una pintura con una gama predominantemente en blanco, en la que la belleza de la figura está sobre la simplicidad de los detalles de la naturaleza muerta, lo que da lugar a una atmósfera vista, de ensueño y contundencia formal. Todos estos cuadros, hoy en colecciones particulares, son una delicia de composición y contenida belleza. Tras esta época, el pintor se despliega en creaciones de media figura que, técnicamente, no tiene rival. Son creaciones al pastel y sobre todo al óleo, con figuras juveniles (masculinas y femeninas) ennoblecidas con la misma admiración estética que en el Renacimiento sirvió a sus pintores para retratar, en abstracto la belleza del hombre. En su última exposición (Córdoba, Galería Studio, 1975) la cualidad de los cuadros, más enriquecida de color, representa el momento álgido de perfección técnica, independiente de muchas modas e incluso engaños pictóricos del ambiente de esta época. La modernidad de Miguel del Moral es simplemente crear obras de arte sin calificativos.

El 7 de diciembre de 1988 el Ateneo de Córdoba le rindió homenaje y le hizo entrega de la Fiambrera de Plata.

Falleció en Córdoba el 29 de abril de 1998.

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