Niceto Alcalá-Zamora y Torres

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'Niceto Alcalá-Zamora'
Alcalá Zamora.jpg

Presidente de la Segunda República Española

Nacimiento: 6 de julio de 1877
Priego de Córdoba
Fallecimiento: 18 de febrero
Buenos Aires
Destacado: Abogado y político español, primer Presidente de la Segunda República Española.

Contexto histórico

Décadas: 1900 - 1910 - 1920 - 1930

Niceto Alcalá-Zamora y Torres, abogado y político español, primer Presidente de la Segunda República Española. Nació en Priego de Córdoba el 6 de julio de 1877 y fallece en Buenos Aires (Argentina) el 18 de febrero de 1949).

Primeros años

Criado en Priego en su casa familiar, brillante alumno del Instituto Aguilar y Eslava de Cabra y Derecho por la Universidad de Granada, doctorándose a los 23 años. Gozó como jurista de gran prestigio, iniciando su carrera política desde muy joven dentro del Partido Liberal de Romanones. Fue diputado por La Carolina en 1905 y 1907 y Subsecretario de Gobernación. Más tarde pasó al sector demócrata dirigido por Manuel García Prieto, en cuyo gobierno fue Ministro de Fomento (1917) y de la Guerra (1922). Fue también representante de España en la Sociedad de Naciones.

Desplazado por el golpe de Estado de 1923, se hizo opositor declarado de la dictadura del general Miguel Primo de Rivera combatiéndola ardorosamente. Abandonó el campo monárquico y se declaró republicano. El 13 de abril de 1930 pronunció un violento discurso en el teatro Apolo de Valencia en el que retiró su apoyo y confianza a la monarquía y propugnó una república conservadora, burguesa,-y católica- apoyada en las clases medias y en los intelectuales. Alcalá- Zamora llegaría a ser uno de los organizadores del movimiento revolucionario de 1930, por lo que fue encarcelado.

El gobierno provisional

Junto con Miguel Maura, representó al republicanismo conservador en el Pacto de San Sebastián. De ese pacto surgió un comité ejecutivo encargado de dirigir la acción republicana en España. Alcalá-Zamora fue elegido su presidente. Era, de hecho, el antecedente del gobierno provisional. A raíz de los sucesos de Jaca en 1930, parte del comité, y entre ellos Alcalá-Zamora, fueron detenidos por el Gobierno. El juicio público, celebrado en marzo de 1931, les condenó a seis meses y un día que fueron sustituidos por libertad condicional.

Tras conocer los resultados de las elecciones municipales del 12 de abril, el rey Alfonso XIII abandonó sus poderes en el comité revolucionario y huyó. Éste se convirtió en el gobierno provisional, siempre presidido por Alcalá-Zamora. Él y Maura garantizaban la presencia de la vivaz burguesía conservadora en el gobierno y la continuidad política dentro de un régimen distinto. Este gobierno proclamó la II República el 14 de abril de 1931.

Nacimiento de la II Republica

El 15 de abril el gobierno hizo público un programa de actuación basado en los acuerdos de San Sebastián. Fue anunciada una reforma agraria, libertad de cultos y creencias, respeto a la propiedad privada, responsabilidades a los colaboradores de la dictadura, aumento gradual de las libertades individuales y sindicales, etc.

Apenas accedió al poder, el gobierno tuvo que enfrentarse a la proclamación de la república catalana y a los sucesos anticlericales del mes de mayo. También hubo muchas dificultades con las organizaciones anarquistas que negaron su colaboración con la nueva república.

El gobierno se fue inclinando hacia un republicanismo más de izquierdas representado en la figura de Manuel Azaña, postura que claramente se reflejó en la redacción de la Constitución. La cuestión clerical enfrentó de nuevo a republicanos conservadores e izquierdistas, socialistas y radicales, y finalmente Alcalá-Zamora y Maura abandonaron el gobierno el 14 de octubre de 1931.

Temiendo que Alcalá-Zamora emprendiera una campaña revisionista y de desprestigio contra la república, socialistas y azañistas convinieron en ofrecerle la presidencia de la República, cargo para el cual fue elegido candidato único el 2 de diciembre. Juró el cargo el 11 de diciembre de 1931.

Primer presidente de la II República

Hombre autoritario y convencido de su misión, desde el primer momento trató de intervenir en los asuntos del gobierno. Por esta razón, quedó apartado del papel que le correspondía, es decir, compensar el jacobinismo de su primer ministro Manuel Azaña.

La idea del presidente era incorporar a la dirección de España a las nuevas fuerzas surgidas después de la Restauración y contenidas por los últimos Borbones. Esta apertura debía de hacerse desde arriba, suprimiendo todo lo que impidiera este paso y estableciendo las premisas esenciales de un nuevo orden por la vía pacífica y parlamenteria. El 14 de abril de 1931 pareció darle la razón, pero a partir de mayo los distintos sucesos indicaron que la realidad no correspondía a sus sueños.

Los problemas con Azaña

No es de extrañar que el presidente se llevara fríamente con su gobierno. Esta situación quedó al descubierto cuando Azaña- que tampoco era una persona muy cordial, ni condescendiente, sus Diarios delatan todo esto- le presentó para su ratificación la ley de Congregaciones - ley de secularización de la enseñanza - y la ley del Tribunal de Garantías Constitucionales, que completaban la Constitución de 1931. Alcalá-Zamora se resistió al máximo a firmar ambas leyes, pero no se atrevió a vetarlas. La situación se hizo tan tensa que incluso la oposición acusó al presidente de morosidad.

Poco después, con ocasión de un reajuste de gobierno, las diferencias volvieron surgir y Azaña dimitió con su gabinete. Tras varias consultas fallidas. Alcalá-Zamora volvió a nombrar primer ministro a Azaña (12 de junio), hecho que decepcionó a los conservadores convencidos de que el presidente era un simple muñeco en manos de la izquierda sola.

Este tercer gabinete Azaña no consiguió la confianza de las Cortes y en septiembre dimitió. Alcalá Zamora disolvió las Cortes constituyentes y encargó al radical Martínez Barrio la celebración de nuevas elecciones el (8 de octubre de 1933).

El bienio radical-cedista

Las derechas ganaron ampliamente las elecciones del 29 de noviembre de 1933. El radical Alejandro Lerroux formó gobierno por encargo del presidente y con la anuencia de la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA), dirigida por Gil Robles. Alcalá-Zamora se llevó muy mal con los radicales y sobre todo con la CEDA, cuyas simpatías monárquicas temía. Por esta razón buscó siempre soluciones de compromiso, como el confuso gobierno del débil republicano valencianista Samper, que no gustaron a nadie.

En octubre tuvo que volver a recurrir a Lerroux que formó gobierno con tres ministros de la CEDA,-pero no su líder, Gil Robles- pero la revuelta de la Generalitat el 6 de octubre de 1934 en Barcelona, la revolución de Asturias, su indecisión y el escándalo del "estraperlo" impidieron una acción de gobierno coherente.

Por otra parte, Alcalá -Zamora utilizó todos sus recursos para apartar la CEDA del poder hasta que la crisis de gobierno de 9 de noviembre de 1935 le ofreció esta oportunidad. Nombró primer ministro a su amigo Portela Valladares, que presidió un interregno entre noviembre de 1935 y febrero de 1936. Su intención era crear una fuerza de centro, más bien posibilista, entre la derecha radical-cedista y la izquierda social azañista.

La caída

Por abrumadora mayoría ganó las elecciones el Frente Popular . Si esto era una derrota para la derecha, también lo era para Alcalá-Zamora y sus aspiraciones. Azaña fue encargado de formar gobierno.

Muy pronto empezaron los socialistas una campaña contra Alcalá-Zamora, al que no perdonaban su actitud de junio y septiembre de 1933. Se abrió un debate en las Cortes sobre la inconstitucionalidad de la última disolución de las Cortes, y finalmente por 238 votos a favor y 5 en contra el presidente fue destituido. Éste en principio se resistió, pero abandonado por todos tuvo que admitir el cese el 7 de abril de 1936. Le sustituyó Manuel Azaña el 11 de mayo de 1936.

Últimos años

El inicio de la Guerra Civil le sorprendió en un viaje por Escandinavia concretamente en Islandia. Decidió no regresar a España cuando se enteró, según cuenta en sus memorias, reescritas durante el exilio, de que milicianos del gobierno del Frente Popular habían entrado ilegalmente en su domicilio, robándole sus pertenencias, y saqueado asimismo su caja de seguridad en el banco Crédit Lyonnais en Madrid, llevándose el manuscrito de sus memorias. Fijó su residencia en Francia donde le sorprendió la Segunda Guerra Mundial.

Después de múltiples penalidades, debido a la ocupación alemana y a la actitud colaboracionista del gobierno de Vichy, salió de Francia y tras un penosa y auténtica odisea de un interminable viaje de 441 días en barco llegó Buenos Aires (Argentina ) en enero de 1942. En su exilio en la capital argentina desarrolló una importantísima labor como ensayista y conferenciante, donde vivió de su trabajo intelectual. Más que vivir, malvivió.

No quiso volver a España durante el régimen franquista aunque, al parecer, se le hizo algún ofrecimiento ya que un hijo suyo estaba casado con una hija del general Queipo de Llano, uno de los protagonistas del alzamiento.

Hasta poco antes de su muerte, hizo gala de su gran oratoria en las tribunas de centros culturales e incluso en los teatros, a cuyos escenarios se le sacaba en silla de ruedas, desde su invalidez. Allí se enardecía y transfiguraba en su contacto con el público, que esperaba expectante su discurso lleno de erudición poco común, memoria prodigiosa y gracejo andaluz.

Jurista siempre interesado por los americanos, publicó en 1944, un magnifico tratado, titulado "Nuevas reflexiones sobre las Leyes de Indias", que tuvo una gran acogida en las universidades americanas. Su labor como ensayista fue verdaderamente transcendental en su exilio argentino.

Su cadáver fue repatriado a España en 1979 de una forma absolutamente privada, pues el Gobierno de Adolfo Suárez encontraba dificultades en rendir a sus restos los honores debidos a un Jefe de Estado, siendo enterrado en el Cementerio de la Almudena de Madrid.

Muy recientemente, se han encontrado en Valencia los originales de sus Memorias políticas, un documento de primerísima mano para conocer otra visión de la España de aquel periodo.

Bibiografía

  • J. Tomás Villarroya. La destitución de Alcalá-Zamora. Valencia,1988.
  • J.L. Casas Sánchez . Niceto Alcalá-Zamora. Priego de Córdoba, 1987.
  • C. Zaragoza. El Presidente. Barcelona, 1987.

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Obras de Alcalá Zamora

  • El regionalismo y los problemas de Cataluña, 1916.
  • El expediente Picasso, 1923.
  • La unidad del Estado y la diversidad de sus legislaciones civiles, 1924.
  • Discursos escogidos políticos y parlamentarios de Emilio Castelar, 1943.
  • Nuevas reflexiones sobre las Leyes de Indias", 1944.
  • Lo que puede ser y lo que no puede ser, 1945.
  • La oratoria española, 1946.
  • Memorias, más una amplia serie de ensayos jurídicos o puramente literarios.

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