Taberna Chaleco

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La Taberna Chaleco o Taberna Casa Chaleco, se encontraba en la actual calle Campo de San Antón próxima al cementerio de San Rafael. Era muy visitada por personal del cercano Matadero Municipal.

Era costumbre cordobesa entrar a la vuelta de un sepelio en Casa Chaleco, pues sino, ocurría el dicho:

Entra a Casa el Chaleco
y bebe un medio de vino, sino,
el tuyo viene de camino.

O este otro.

El que va un entierro
y no bebe vino
lleva el mismo camino.


Recuerdos de la taberna [1]

Fernando era su nombre propio. El apellido no lo recuerdo, ni creo que lo supe nunca. Estaba y está, pues continúa su hijo con ella, frente al matadero, al terminar la Ronda de Andújar, y próxima al cementerio de San Rafael, en la mano izquierda.
Allí, de madrugada, acudían los empelados del matadero, “a matar el gusanillo” con sus clásicas copas de aguardiente y otros que iban a sus distintos trabajos. Estas copas de destilación barata, las llamaba albañileras y una copa de buena cubicación valía la módica cantidad de quince céntimos de (peseta).
Cuentan que allí iban con alguna frecuencia los célebres y últimos bandidos del romanticismo llamados por los alías de Pernales y el Niño Gloria. A este último lo mataron en un cortijo próximo a Villafranca de las Agujas, pues este pueblo se dedicaba, aparte de sus labores agrícolas, a la fabricación de éstas; pues ya Cervantes en su inmenso Quijote, habla de los “Agujeros de la Posada del Potro” entre los pícaros que mantearon a Sancho.
Y después de la muerte del Niño Gloria, Pernales continúo frecuentándola hasta su marcha a México, donde en una pelea con otro bravucón encontró la muerte.
Chaleco padre era un virtuoso en el toque de la guitarra, en el estilo flamenco, y tengo referencias que su hijo continuó esta tradición.
Acudían también muchos aficionados a la tauromaquia, a torear las vaquillas de los corrales del Matadero. Cuentan que uno de estos aficionados que llegó al apogeo de la fama en este arte, fue Rafael González Madrid "Machaquito". Otros no pasaron de las bufonadas nocturnas como José Bejarano Martínez "Pepe Olla","California", "El Chica"; y "Lata Montes".
En esta taberna había gracia amistad y compañerismo..
Los finales de los entierros, como era paso obligado al funeral, al regreso acudían allí. Y he aquí una anécdota ocurrida allí de sentimiento de un doliente: Volvía del entierro de su madre: Rafael Pietro Aguayo. Conocido por el apodo de “Guerrita el chico”, que había intentado ser torero, pero se quedó en Don Tancredo.
Después del funeral llegaron a Casa Chaleco: Iban cinco amigos y él. Guerrita el Chico pidió cinco medios blancos y uno negro. Los amigos extrañados le preguntaron: -Hombre, Rafael, nosotros blanco y tú negro
Y él contestó:-¡Vamos a ver quién es el que está aquí de luto!.Yo, que acabo de enterrar a mi madre.
Este es un caso de la gravedad humorística en ciertas mentalidades.

Referencias

  1. "Memorias Tabernarias". Manuel Carreño Fuentes en Diario de Córdoba. 1989

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