Taberna El Bracero

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Taberna El Bracero

La taberna el Bracero frente a la iglesia de San Pedro era todo un referente sobre el juego de los naípes o de la lotería -hoy Bingo-, que junto a Casa Adriano en la calle Barroso, La Paloma en calle Cárcamo, El Paso en la Electro Mecánicas o los Romerillos en el Campo de la Verdad, hacían que se reunieran todos aquellos que le gustaba el juego de azar.

En esta del Bracero se jugaba desde las nueve de la noche hasta las tres de la madrugada, iban gentes de todos los barrios; el cartón se pagaba a veinticinco céntimos y las posturas de naipes a cinco duros, la casa recibía un pequeño tanto por ciento de lo jugado. Como el juego estaba prohibido, la Guardía Civil hacia visitas por estos lugares pero siempre había un avisador que ponía en alerta a los participantes, de forma, que todos se iban al mostrador a beber vino y con ello mejoraban el mal trato.


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Recuerdos de la taberna [1]

Una de las muchas tabernas desaparecidas de nuestra ciudad, estaba en la calle del Poyo, haciendo esquina a San Pedro, era taberna pequeñita, acogedora con mucha solera cordobesa.
Tenía un pequeño saloncillo para los jugadores de naípes y dominó, este era su mayor ambiente. El dueño y mozo era Rafael Moya, natural de Belmez.
Era una taberna de mucho agrado, una clientela, a pesar de que la mayoría eran jugadores, muy correcta, comedida y de mucha paz y tranquilidad.
Se vivía ambiente muy cordobés y sus vinos eran buenos y sus modestas tapas sabrosas. La tranquilidad del barrio, con su majestuosa parroquia, completaban el lugar ideal.
"Maero" era el grupier, él ponía la banca o timba; unas veces perdían unos y ganaban otros, pero el que perdía hoy ganaba mañana y así transcurría el tiempo sin incordios. Además no se jugaban grandes cantidades, cinco duros era la postura más fuerte. Jamás hubo pelea ni bronca alguna. Los años iban pasando así con su clientela habitual y pasajera.
Algunas veces amenizaba la velada con su llegada "El Loro", sacristán de la parroquia, que lo mismo cantaba en una misa, que en un entierro o en la taberna, con su potente voz, cantaba fragmentos de aquella opera de un tal Arrieta, llamada "Marina", sobre todo el fragemnto que decía:
Si Dios hubiera hecho de vino el mar, yo me volvería pato, para nadar.
El tiempo fue pasando, Rafael Moya murió y "El Bracero" se apagó. Estos recuerdos tienen el sentimiento de aquellos que hemos vivido estos ambientes, que siempre se añoran.


Referencias

  1. "Memorias Tabernarias". Manuel Carreño Fuentes en Diario de Córdoba. 14 de enero de 1990

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