Antonio Machín

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Antonio Machín
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Cantante

Nacimiento: 11 febrero 1903
Sagua la Grande (Cuba)
Fallecimiento: 4 de agosto 1977
Madrid

Contexto histórico

Décadas: 1930 - 1940 - 1950 - 1960 - 1970

Antonio Machín, nombre artístico de Antonio Lugo Machín, nacido en Sagua la Grande (Cuba), el 11 de febrero de 1903, hijo de emigrante gallego y negra cubana. Fallece en Madrid el 4 de agosto de 1977.

Cantante de boleros, intérprete de reconocido prestigio en el ámbito hispanohablante, famoso por sus canciones con temas como El manisero, Dos gardenias, Angelitos negros, Toda una vida, Madrecita del alma querida...

Inició la carrera artística en su Cuba natal desde donde despega con la orquesta de Don Aspiazu siendo el primer artista negro que cantó en el Casino Nacional de La Habana, el lugar de ocio más exclusivo de la capital, frecuentado por la burguesía más exquisita.

A partir de 1930 viviría en el extranjero y no volvió a la isla hasta 1958.

En abril de 1930 Antonio Machín llega a Nueva York, integrando la orquesta de Don Aspiazu donde estuvo cuatro años, formando parte de otras muchas agrupaciones y dirigiendo la Orquesta y el Cuarteto Machín.

A pesar de su presencia constante en los escenarios neoyorquinos, en donde era famoso desde que popularizó «El Manisero» de Moisés Simons y donde grabó una enorme cantidad de discos a lo largo de la primera mitad de la década del treinta, se marchó a Europa en 1936.


"Dos gardenias"

Estuvo brevemente en Londres y luego llegó a París, ciudad en la que la presencia de la música cubana era muy fuerte desde finales de los años veinte. Formó una agrupación llamada Antonio Machín y su Orquesta, con Moisés Simons al piano, con la que grabó ese mismo año de 1936 y también con la Orquesta de Eduardo Castellanos con la que estuvo de gira por el norte de Europa.

Machín llegó a España en 1939, país natal de su padre, donde vivió hasta su fallecimiento en 1977. Al parecer, su venida a España estuvo relacionada con el estallido de la Segunda Guerra Mundial. Se casó en 1943, con María de los Ángeles Rodríguez, en Sevilla donde residió durante muchos años. Estuvo vinculado a la Hermandad del Santísimo Cristo de la Fundación y Nuestra Señora de los Ángeles, más conocida como la Hermandad de "los Negritos".

El cubano fue muy bien acogido en una España monolítica y poco acostumbrada a la diversidad de razas, donde se convirtió en un mito marcando la moda musical con sus boleros, su estilo tan personal de cantarlos y con su voz. Algunos estudiosos califican sus canciones como "un auténtico psicoanálisis".

Adaptado absolutamente a nuestro país, con más sesenta discos grabados, vivió su consagración artística sintiéndose: :"El más cubano de los españoles y el más español de los cubanos".

Sus canciones pasaron a ser parte de la memoria sentimental de varias generaciones a través de la radio, el único medio existente para dar a conocer la música de aquellos tiempos, salvo para los privilegiados que podían asistir a actuaciones en directo.

Con la llegada de la televisión se convirtió en un rostro frecuente en los programas musicales de aquella televisión en blanco y negro.Solía actuar acompañado por unas pequeñas maracas

En Córdoba

Los cordobeses de la posguerra pudieron gozar del privilegio de ver y oír a Machín en persona.

La clientela del singular Bolero disfrutó las actuaciones del popular cubano que ofreció sus interpretaciones, a lo largo de casi cuatro años, en las noches musicales de aquel añorado local de la calle San Álvaro.

Según el periodista Manuel Medina González, el “mago de los boleros”, al que le unió una buena amistad:

Casi puso residencia fija en esta ciudad. En Córdoba, sintiéndose integrado, permaneció durante tres o cuatro años y aquí creó dos de sus más sugestivas canciones: Angelitos Negros y Dos gardenias.

Lucas León también habló sobre Machín:

Toda una vida nos acompañó su música. Y dos inexistentes gardenias nos sirvieron para hacer despertar y sentir el amor. Fuimos maniseros y angelitos negros, y en el cielo, siempre nos esperaron los cariñitos adorados.
Una música amable, tierna y dulzona, que creció en la esencia de aquel tiempo. La ternura fue un refugio obligado para sobrevivir y aquellos seres endurecidos por su entorno, se reblandecían cuando a través de cualquier aparato de radio imaginaban un mundo de muñequitas lindas, de cabellos de oro y labios de marfil, o compartían el racionamiento con una dulce queja sobre los pintores, que, pintando con amor, nunca pintaban angelitos negros.

Los descansos de las películas del cine de verano fueron testigos, entre avisos y timbres, de las cruces clavadas en el monte del olvido, mientras una envoltura de maracas ponía mas cerca del ambigú –y del Caribe- a cada estrella del cielo estival.

Aquella fue una voz unida a un tiempo en el que se hizo obligatorio soñar. Soñar con ayuda de la radio, cuando los “los vecinos” cantaban al teléfono, y en las azoteas- luna y pájaros- , quizá por primera vez, alguien probaba la miel de un beso, siempre furtivo...
Machín endulzó una época mojigata y estrecha. Su música hizo coleccionar besos, robados a una moral de sacristía, dictada por gobernantes y censores, mientras una generación de supervivientes quemaba en mesas camillas las aladas rosas de su juventud.

Toda una vida.
Lucas Leon – Libro 5'

Fuente

El contenido de este artículo incorpora material de una entrada de Wikipedia, publicada en castellano bajo la licencia GFDL.

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