Domingo Badía y Leblich

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Domingo Badía y Leblich
DomingoBadia.jpg
Nacimiento: 1766
Barcelona
Fallecimiento: 1818
Damasco
Destacado: Prefecto de Córdoba

Contexto histórico

Décadas: 1800 - 1810

Domingo Badía Leblich, geógrafo y viajero, nacido en Barcelona en 1766 y que muere en Damasco en 1818. Fue prefecto de la ciudad de Córdoba.

Infancia y juventud

Hijo de Pedro Badía y Catherine Leblich, natural de Wavre (Bélgica). Tuvo una hermana llamada Gregoria María del Carmen, esposa de Antonio del Rosal y Henríquez de Luna.

En 1778 se trasladó a Cuevas de Almanzora (Almería) a causa del nombramiento de su padre como contador de guerra y tesorero del partido judicial de Vera. Allí comenzó a interesarse por el mundo musulmán. En 1791 se casó con María Luisa Burruezo y Campoy y tuvo una hija llamada María de la Asunción.

Llegada a Córdoba (1792-1795)

En 1792 se mudó, junto con su esposa Mariquita, a Córdoba para desempeñar su empleo como administrador de rentas de tabaco. Una vez situado en la ciudad y tal y como resume Patricia Almarcegui recogido de sus manuscritos, en Córdoba se dedicó durante su estancia al estudio de las observaciones meteorológicas realizadas mientras paseaba al sureste de la ciudad, la memoria sobre la navegación aérea, el problema sobre la coagulación de la mezcla del aceite y el agua, las observaciones físicas sobre el vacío de la máquina neumática, la propuesta para fabricar una olla que economizase carbón y leña, la fórmula matemática necesaria para la ascensión del globo aerostático y una propuesta de mejora en la medidas de las observaciones meteorológicas. Todas estas investigaciones culminaron en un proyecto en el que había invertido más de tres años y significó, posiblemente, la empresa más compleja que había realizado hasta el momento: la construcción de un globo aerostático

Tras cursar petición el Consejo de Castilla, se le concede en mayo de 1795. El 19 de mayo de 1795 se comienza a construir un tablao en el campo de la Merced, "El Guadalupe" nombre que se le dio al globo. Sin embargo, los continuos temporales que tuvieron lugar en esos días, imposibilitaron su vuelo. Este hecho unido a la solicitud de su padre de la revocación del permiso hizo que el experimento quedara en un enorme fracaso.[1].

No pudiéndose ejecutar estas operaciones sino a la vista del Público, que quisiera que todo saliese a medida de su deseo, y cual se figura que debería ser para su diversión, ha acudido constantemente a presenciarlas, dándoles el nombre de Pruebas, y esperando indubitablemente en cada una ver el Globo por los Aires, sin bastar mis anteriores deposiciones de que no conspiraba a este objeto, y que sólo por causalidad pudiera suceder.
Como han visto las varias averías que han ocurrido (aunque independientes de lo esencial de la cosa) y últimamente vieron el Globo hinchado por dos veces sin subir; la mayor parte creyéndose con instrucción y derecho para dar su voto en una cosa que es tan absolutamente ajena de su conocimiento, fallaron: El Globo no puede subir, siendo lo más gracioso que hasta las Niñas remilgadas quería substituir al Abanico, la Regla y el Compás, para dar su decisión en el asunto.

En el año 1794 cursó su petición de nombramiento como socio corresponsal de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Murcia[2]

Acuciado por las deudas y posiblemente por el ambiente social, que llegó a popularizar una copla satírica sobre su fracaso[3], abandona la ciudad en el año 1795 dejando encargado a su amigo su colección de libros.

Invocación a Pegaso

De tu gracia necesito
Pues con alas te contemplo;
Así quisieras prestarlas
A un amigo, para un vuelo
Después de aquella tragedia
y de el sacrificio horrendo
ejecutado en el globo
por el aeronauta diestro,
se trató de reunir
la cabeza con el cuerpo,
porque sin piés ni cabeza,
es malditísimo cuento.
Por medio de un corbatín
se le ha soldado aquel cuello
con que quedó mas galán
que Adonis y Geninedlso.
Ni el paseo, y se fuesen
a meter en un polvero
bien inmediato a la guifa,
no lejos del matadero,
lindando con el Salitre,
y rozando con los cuernos.
¿No es corta venganza esta,
que un globo y un forastero,
han de arrastrar a la grey
más preciosa de este cuerpo?
A don globo le pusieron un braguero
conque quedó remediado
por entonces su degüello.
El autor de esta tramoya
añagaza o embeleco
atribuyó la desgracia
a contratiempo del tiempo
y emplazó para otra prueba sus amigos y sus deudos
¿No fue tú lo que ofreciste
a el rectísimo Concejo
elevarte con un globo
para hacer experimentos
en región bien ignorada?
Fue tanta la concurrencia
de damas y caballeros,
que por lo hermosos y bizarro
era Tántalo el deseo,
Nos fuimos hacia el taller
donde está encerrado aquello
y ha siendo hora, claro
descubrimos en su centro
con la gaita algo empinada,
un promontorio de lienzo,
que me ha pareció, muy propia,
un tienda de pinero.
Luego, nuestro gran Badía
y sus otros compañeros
dispusieron que la barca
se dirigiese a otro puerto.
Vio que...
... el hierro se salía,
al globo por el cerebro,
y que a todos parecía
una chimenea de lienzo.
Estábamos divertidos
cuando oímos ¡yo fallezco!
salir llamas, ¡en, que susto!
que quería llegar al cielo.
Y después,
en un punto baptizaron,
aquel morazo o tudesco,
y pusieron el taller
que parecía el mar negro.
Habiendo cesado el daño
causado por el incendio,
con treinta varas de gante
le iban a echar un remiendo.
En haciéndose otra prueba
mas despacio nos veremos.

Domingo Badía en la Corte. Viajes de Ali Bey (1797-1809)

Después de su estancia en Córdoba marcha brevemente a Sanlúcar de Barrameda y posteriormente a Sevilla, aunque se conoce su llegada a la Corte en el año 1797.

En el año 1798 y como consecuencia de cómo su familia política había actuado como fiador para su aventura con el globo, intenta ceder su puesto en Puerto Real como

Últimamente viendo arruinados a mis infelices padres políticos por esta causa (pues eran mis fiadores) he solicitado pase a ellos mi empleo para que puedan alimentarse aquellos desdichados ocho individuos que hoy día están encerrados en un cuarto comiendo escasamente de la limosna que hace un amigo mío cuya caridad no podrá extenderse a muchos días (...) La sola demora en este asunto debe acarrear las mas funestas consecuencias, estando aquellos desdichados en la situación mas horrible, quebrantada su salud, especialmente los niños, siendo su único alimento un infeliz pan de maíz»

En el año 1803, por encargo de Manuel Godoy (primer ministro de Carlos IV), emprendió un largo viaje por territorios musulmanes, haciéndolo camuflado como príncipe sirio musulmán descendiente de los abasíes, educado en Europa y bajo el nombre de Alí Bey el-Abbasí. Sus viajes lo llevaron a Marruecos, Argelia, Libia y diversas regiones del Imperio otomano (Egipto, Arabia, Siria, Turquía y Grecia), visitando regiones en las que nunca antes había estado un occidental, e incluso la isla griega de Patmos, donde San Juan escribió el Apocalipsis. Este viaje lo hizo como espía a sueldo de Godoy, con el fin de ganarse la confianza de Mulay Sulaymán y convencerle de que aceptase a España como protector contra sus enemigos y, de no lograrlo, contactar con los enemigos y empujarlos a una guerra civil para que luego España los invadiese.

En 1808, tras haber tenido una conversación con Carlos IV y animado por el rey destronado, el 10 de mayo se presentó a Napoleón Bonaparte para ofrecerle sus servicios. Este, tras desconfiar al comienzo, lo envió junto con una carta de recomendación a su hermano Joseph, que ocupaba el trono de España como José I.

En 1809 fue designado prefecto-alcalde- de Segovia, y el 5 de abril de 1810 es nombrado prefecto de la ciudad de Córdoba por José I, ostentando este cargo por espacio de 15 meses hasta el 14 de julio de 1811.

Alcalde de Córdoba (Abril 1810 - Julio 1811)

El 5 de abril de 1810 fue nombrado alcalde de Córdoba por José I, donde introdujo el cultivo del algodón, la remolacha y la patata. Autorizó la creación de la Real Academia de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes de Córdoba. Ostentó este cargo por espacio de 15 meses, hasta el 14 de julio de 1811.

Fue un decidido afrancesado que llevó a cabo políticas modernas para la ciudad entre las que destacan: la construcción de tres cementerios (Cementerio de la Salud, Cementerio de San Rafael y otro en San Cayetano; la inauguración de los Jardines de la Agricultura el día 1 de marzo de 1811, el trazado del primer plano de Córdoba, el llamado Plano de los Franceses, realizado por el polaco barón de Karwinsky) en el año 1811.

Estableció asímismo el servicio municipal de recogida de basuras permanente o nuevas disposiciones municipales para mantener la limpieza de la ciudad entre las que destacaban la obligación de los vecinos de barrer y regar las aceras de las casas dos veces al día o a pagar este servicio así como enterrar a los animales muertos lejos del casco urbano y a una determinada profundidad.[4]

Exilio en Francia y muerte por envenenamiento (1812-1818)

Hacia 1812-1813, tras la derrota de Napoleón en España y la caída de José Bonaparte, se exilió en Francia.

En 1814 se publicó en dos volúmenes en Francia su obra Voyages d'Ali Bey en Afrique et en Asie, en la que recogía sus viajes por el mundo árabe entre 1803 y 1807, y que pronto se difundió por toda Europa, con ediciones en Inglaterra y Alemania.

En 1818, tras cambiar su antiguo nombre por el de Ĥãŷŷ 'Ali Abu 'Uțmãn se dirigió a Damasco. Salió de París con el nombre de Alí-Othman pero fue descubierto por los servicios secretos británicos, que lo envenenaron en Damasco. Invitado a comer por un bajá a sueldo de los británicos, tomó su última taza de café.

Hombre de una amplia cultura, dejó escrita la narración de sus viajes mencionada más arriba, con magníficos dibujos y traducida como Viajes en Marruecos, Trípoli, Chipre, Arabia, Siria y Turquía, en la que junto con descripciones pormenorizadas de las ciudades que visitó, plasmó sus observaciones sobre geografía, botánica, zoología, entomología, geología y meteorología. Uno de los episodios más destacados de su viaje es la peregrinación a La Meca, siendo probablemente el primer español no musulmán en pisar estas regiones y en entrar en el santuario de la Kaaba. El primer europeo, no musulmán, que entró en La Meca fue el italiano Ludovico de Verthema en 1503, y unos pocos años más tarde entraría en ese sagrado lugar el portugués Pedro da Covilhã. Pero a Domingo Badía se le debe la primera fijación de la posición geográfica y los dibujos de los templos, como reconoció el explorador inglés Richard Francis Burton.

Sus viajes fueron leídos en toda Europa y promovieron la curiosidad por la cultura islámica. Lo admiraron, aunque con ciertas reticencias, Francis Burton, quien realizó una proeza semejante, y Alexander von Humboldt.

Una calle de Barcelona ha sido nombrada calle Ali Bei en su memoria.


Murió en Damasco, en 1818, al parecer envenenado.


Predecesor:
Agustín Guajardo Fajardo
Alcalde de Córdoba
1810 - 1811
Sucesor:
Manuel Becerril


Referencias

  1. La biblioteca de Ali Bey. ALMARCEGUI P. Disponible en Internet
  2. https://www.regmurcia.com/servlet/s.Sl?METHOD=DETALLE&sit=c,373,m,139,serv,Carmesi&id=4827&d=a Disponible en Internet
  3. Diario de Córdoba de comercio, industria, administración, noticias y avisos: Año XXXIV Número 10049 - 1883 septiembre 15
  4. Córdoba durante la dominación napoleónica. Autor Histoconocer. Artículo incluído en la web Mundohistoria.org. Accedido el 10 de septiembre de 2010

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