Hermano Bonifacio

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Bonifacio Bonillo Fernández
Bonifacio I.jpg

Religioso

Nacimiento: 14 de mayo de 1899
Cañaveruelas (Cuenca)
Fallecimiento: 11 de septiembre de 1978
Córdoba
Destacado: Popular limosnero de la Orden de San Juan de Dios, gracias a él se construyó el actual Hospital de San Juan de Dios en Córdoba

Contexto histórico

Décadas: 1930 - 1940 - 1950 - 1960 - 1970

Bonifacio Bonillo Fernández, religioso de la Orden de San Juan de Dios, nacido el 14 de mayo en 1899 en Cañaveruelas (Cuenca) y fallecido en Córdoba el 11 de septiembre de 1978. Postulante infatigable, colaboró en gran medida a la construcción del Hospital de San Juan de Dios de Córdoba.


En Córdoba

Nació en Cañaveruelas, en el corazón de la Alcarria (Cuenca), ingresó como postulante y novicio en 1924 en los Hermanos de San Juan de Dios, al tomar los hábitos ejerció en Madrid y Bilbao (1926-1929) como «limosnero». Llegó a Córdoba el 12 de agosto de 1935, para ejercer el mismo cometido de «limosnero», encomendado por sus Hermanos de San Juan de Dios. Fue conocido popularmente por su labor como postulante para los niños acogidos en el Hogar y Clínica San Rafael, actual Hospital de San Juan de Dios, consiguiendo no sólo obtener dinero para la construcción, sino que abarató los costes del mismo.

Se le veía sentado en la puerta del Círculo Mercantil o el bar Savarín esperando la llegada de algún rico industrial o labrador para pegarle el “sablazo". La túnica que llevaba era negra tirando a parda y su sombrero descolorido de cura, ambos los portaba con dignidad, dado que eran para él una forma de demostrar su pobreza, ya que “no necesitaba nada para él”. Siempre le acompañaba una cartera de mano para el papeleo o para guardar las limosnas. Llamaba la atención su semblante bonachón y su porte semejante al del buen Papa Juan XXIII. El rostro lo tenía curtido por los soles de la Campiña a cuyos cortijos iba con un Land Rover a pedir limosna en especie.

Era la bondad y la modestia personalizada. Tuvo un gran amor a todos, sin distinción de clases sociales, ni personas. Se entregó en cuerpo y alma de una forma total por la causa de los niños enfermos, pues no puso fronteras para nadie, dado que era un hombre universal. Llevó a efecto como buen discípulo el mensaje de sus dos grandes maestros Jesús de Nazaret y su hermano San Juan de Dios. Su gran virtud fue ser amable y cariñoso con todos, demostrando su amor hacia sus semejantes pero especialmente a los niños enfermos y pobres.

En el año 1972 se le concede la Cruz de Beneficencia por su meritoria labor en pro de la infancia.

Fallece en Córdoba el 11 de septiembre de 1978 estando enterrado en el Panteón de sus Hermanos de San Juan de Dios en el Cementerio de San Rafael.

En su recuerdo, el Ayuntamiento de Córdoba le dedicó una calle. También en Fernán Núñez existe una calle en su honor.

Tico Medina lo llamó “El sablazo de Dios”; la gente del pueblo “Fray Garbanzo”; el que fuera vicario de la diócesis Juan Jurado Ruiz al morir lo calificó de “Roble abatido”; el Sindicato de Comisiones Obreras lo bautizó como “Obrero de su fe en el amor a los desvalidos”; Francisco Solano Márquez Cruz lo nombró de "Excelentísimo Limosnero".

Testimonios y Anécdotas

En la Guía Secreta de Córdoba se retrata así al Hermano Bonifacio:

Bonifacio Bonillo Fernández, más conocido como el Hermano Bonifacio, a secas, es un alcarreño que lleva aquí cuarenta años pidiendo para sus niños del Hogar y Clínica de San Rafael. Se parece a Juan XXIII. Viste parduzco hábito y sus sandalias han pisado en verano o invierno todos los cortijos de la provincia. Se levanta con las claras y aborda a los señoritos en el Mercantil o en las cafeterías del centro (Ivory, Savarín...).

—Ya no tengo que abrir la boca. Me dan sin pedir.

Luego a lo mejor coge su "Land Rover" y se va a los cortijos a recoger limosnas en especies: trigo, garbanzos, animales, lo que buenamente caiga. "Hay días que recojo tres o cuatro mil kilos de trigo." Lo lleva al silo más próximo, que para eso tiene su cartilla en regla, y lo convierte en pesetas. En Cañero le pusieron Fray Garbanzo y Tico Medina lo bautizó como "el sablazo de Dios". El se siente mendigo y le da risa llamarle excelentísimo señor, título que le corresponde por la Cruz de Beneficencia que le impuso el gobernador en 1972.

Francisco Solano Márquez, Guía Secreta de Córdoba, página 213

Su biógrafo Juan Muñoz Cascos decía de él:

Se mostraba incansable en su diario peregrinar por las calles de Córdoba. Casas, oficinas, bares y comercios son visitados con asiduidad. También prácticamente todos los pueblos de la provincia. Incluso hablaba con los proveedores y no solamente consigue aplazar las fechas de pago, sino que también logra abaratar los precios

El apodo de "Fray Garbanzo", según cuenta su biógrafo le provenía de la siguiente anécdota, ocurrida al principio de la Guerra Civil:

Salía de un cortijo con una monja; ella llevaba un cordero, mientras a él le habían dado un saco de garbanzos. En la puerta, encontraron a un grupo de individuos armados -milicianos- que se comieron el cordero, le quitaron los garbanzos, los ataron a unas mulas y los humillaron. Bonifacio reconoció al padre de uno de "sus niños". —Si esto me lo hubieran hecho cuando su hijo se encontraba allí, se habría muerto de hambre; la oveja que os acabáis de comer y los garbanzos se los quitaban a los pobres niños enfermos—. Se hizo el silencio y el hombre ordenó: —Dadle el saco de garbanzos a Fray Garbanzo—.

Se cuenta que al visitar a una señora para pedirle limosna para su obra, le preguntó:

¿Cómo reuniría tanto dinero?, a lo que él contestó: Hermana, la Providencia nunca falla

Reseña histórica de la Orden de San Juan, [1], página 5

Abordó a Manuel Benítez Pérez "El Cordobés", tras un éxito taurino, con estos versos:

Paisanos del Cordobés
de Manolete y el Guerra
a ver si sois generosos
y me soltáis bien las perras


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