Fernán Núñez

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Bandera de Fernán Núñez.jpg Escudo de Fernán Núñez (Córdoba).svg.png
Bandera de Fernán Núñez Escudo de Fernán Núñez
Término municipal
Municipio de Fernán Núñez
Código postal 14520
Coordenadas
 - Latitud:
 - Longitud:

37°40' N
04º43' 0
Superficie 30 km²
Altitud 322 m
Población (2016) 9 712 hab.
Gentilicio Fernannuñense
Ríos Arroyo Ventogil
Alcalde Francisca Elena Ruiz Bueno (IU)
Comarca Campiña Sur
Partido Judicial Montilla
Pirámide de población
Grupos quinquenales.
Cohortes plantilla h.png Cohortes plantilla m.png
Fuente INE, censo 2001.

Geografía

- Ubicación: término municipal que se encuentra en la Campiña Sur, localizada en la depresión del Guadalquivir, es uno de los más pequeños de la provincia y limita con los de Córdoba, Montemayor y La Rambla.

- Vías de acceso: A-45 y N-331

- Clima: Mediterráneo Continental, caracterizado por inviernos fríos y veranos calurosos. Las temperaturas presentan una gran oscilación que va desde los 0º (incluso temperaturas bajo cero) en invierno a más de 40º en verano. Fernán Núñez se encuentra en la zona más calurosa de España. Respecto a precipitaciones, la media anual es de unos 400 mm., generalmente predominan los periodos secos.

- Flora y fauna: relieve suave, de onduladas lomas y suelo muy fértil, dedicado mayoritariamente a la agricultura dejando escasos parajes arbolados, cabe destacar la zona comprendida entre el paraje de "La Estacá" y la fuente de "El Pozuelo". "Las Huertas del Duque", son la única zona de regadío de la localidad, dedicada al cultivo de frutas y hortalizas.

Población

- Centros educativos: ver categoría Centros de educación de Fernán Núñez

- Medios de comunicación

- Datos poblacionales

Economía

La principal actividad económica es el cultivo de cereales, en particular trigo, girasol y olivar, como es común en la zona de la campiña cordobesa. El sector de la construcción también es muy importante, así como los procesos afines, destacando el sector del metal.

Historia

Prehistoria

Las muestras de asentamientos humanos en el término municipal de Fernán Núñez datan del Paleolítico inferior. Se han encontrado útiles de piedra pertenecientes a esa época en las inmediaciones del arroyo Ventogil. En su mayoría son cantos golpeados utilizados como herramientas cortantes aunque también se han encontrado hachas y otras piezas de elaboración más compleja.

Edad Antigua

Durante la época romana la zona donde hoy se asienta la localidad perteneció al territorio de la antigua ciudad íbero - romana de Ulia. Éste fue un asentamiento que abarcó un amplio territorio entre los términos municipales de Fernán Núñez y Montemayor. Se han encontrado importantes restos arqueológicos de villae romanas, en zonas como Valdeconejos o Mudapelo. Esto denota una importante posición social de algunos de los pobladores de Ulia. Restos de mosaicos, ánforas o estatuas hallados en esas zonas, demuestran un gran nivel de romanización de estas tierras, llegando incluso a acuñar moneda. Se sabe, además, que Ulía tomó parte en las guerras contra Pompeyo apoyando a Julio César hasta la derrota final del bando Pompeyano en la batalla de Munda (Montilla).

Edad Media

Durante el periodo musulmán, este territorio pertenecía a la cora cordobesa. Aún hoy se conservan, aunque en muy mal estado, restos de algunas torres defensivas como la torre de Aben Cáez o la torre de la Atalaya.

En la época de la reconquista los territorios fueron tomados por las tropas del rey Fernando III, en el año 1240. Uno de sus capitanes, Fernán Núñez de Témez, se apoderó de una de las torres defensivas musulmanas (torre de Aben Hana), dándole su nombre. Los restos de esta torre, que a la postre daría también su nombre al pueblo, están integrados en el Palacio ducal y aún hoy son visibles.

El primer asentamiento cristiano se situó, sin embargo, en torno a la torre de Aben Cález, en las inmediaciones de la actual ermita del calvario. Allí se levantó una iglesia parroquial. Pero la zona no ofrecía suficiente protección ante las esporádicas incursiones musulmanas. D. Diego Gutiérrez de los Ríos y García de Aguayo, en 1385, consiguió el permiso para trasladar la parroquia a un lugar más seguro, bajo el amparo del recién construido castillo de Fernán Núñez. Ésta fortificación absorbió en su estructura a la conquistada torre de Fernán Núñez. La nueva parroquia se construyó anexa al castillo formando el núcleo del nuevo asentamiento.

Edad Moderna

La casa de Fernán Núñez participó activamente en la conquista del Reino de Granada, así como en otras campañas militares, aportando tropas. Esto propició que los señores de la villa gozaran de importantes posiciones dentro de la vida pública española.

Durante los siglos XVI y XVII Fernán Núñez continuó creciendo. Poco a poco la pequeña aldea se convirtió en una villa próspera y trabajadora.

En 1662 D. Francisco Gutiérrez de los Ríos fue el iniciador de una serie de políticas sociales muy beneficiosas para la villa.

Durante el siglo XVIII tuvieron continuación las políticas benefactoras iniciadas por Francisco de los Ríos. Su nieto, D. Carlos José Gutiérrez de los Ríos, impregnado del espíritu de la Ilustración fue el protagonista de las mismas. El terremoto de 1755 le obligó a reconstruir la maltrecha iglesia y, debido al lamentable estado del castillo, construyó el Palacio Ducal.

Tanto Carlos José Gutiérrez de los Ríos como su hijo D. Carlos Gutiérrez de los Ríos, ocuparon cargos importantes como embajadores en varias ciudades europeas. Carlos intervino activamente en la política de la época, llegando a participar en las negociaciones del Congreso de Viena. Habiéndose ganado los favores del rey Fernando VII, fue nombrado I Duque de Fernán Núñez. A pesar de ello fue el último en ostentar la jurisdicción señorial de la localidad.

Edad Contemporánea

Durante el siglo XIX en Fernán Núñez se suceden las revueltas de los campesinos, descontentos por las prácticas que dificultaban el arrendamiento de la tierra . Ya en el siglo XX comienza a articularse en la localidad un movimiento obrero de tendencia anarquista, sucediéndose numerosas huelgas. El advenimiento de la II República Española es recibido con un aplastante triunfo del Frente Popular. En ésta época se intenta llevar a cabo una reforma agraria, con el objeto de conseguir tierras de cultivo para arrendar a los campesinos. Esta situación provocó la huida de los grandes propietarios.

Durante la guerra civil española Fernán Núñez, pese a su decidida resistencia, cayó rápidamente en manos del bando nacional.

Al igual que en el resto de Andalucía, durante la dictadura de Franco, Fernán Núñez vivió una fuerte emigración. Dentro de nuestro país el destino más importante fue Cataluña aunque además se registraron un gran número de desplazamientos a Madrid, País Vasco y la zona de Levante español, y fuera de nuestras fronteras los países de Alemania, Francia, Suiza, Bélgica o Luxemburgo se convirtieron en destinos habituales para muchos y muchas fernannuñenses que querían encontrar unas mejores condiciones de vida.

- Heráldica:

- Lugareños ilustres

Cultura

- Tradiciones:

  • Pintar ramos: es una tradición que acontece durante la madrugada que va del Domingo de Ramos. Consiste en pintar a la "querida" un mensaje de amor adornado con flores o algún dibujo bonito. A esto se conoce como pintar un ramo. Esto se hace en la puerta de su casa, en el suelo. También se suele cantar una serenata y la homenajeada ofrece un bocado (magdalenas, roscos, anís, etc).

- Gastronomía:

- Productos Típicos:

- Curiosidades

  • El perro Moro
  • Chistes de Fernán Núñez
  • Paseo del Duque de Fernán Núñez en los Jardines del Retiro de Madrid: allí se encuentra la única estatua del mundo dedicada al diablo.

Turismo

Monumentos y lugares de interés

- Hostelería:

Fiestas locales

Direcciones de Internet

Galería

Vídeo de Fernán Núñez en Youtube


El contenido de este artículo incorpora material de una entrada de la Enciclopedia Libre Universal, publicada en castellano bajo la licencia GFDL.


Fernán Núñez en Rincones de Córdoba con encanto[1]

La ruta de los encantos de Fernán Núñez arranca del paseo de Santa Marina, pasa por la iglesia parroquial del mismo nombre, desemboca en la incomparable plaza de Armas y se prolonga hasta el Llano de las Fuentes.

El mayor encanto del céntrico paseo reside en el triunfo dieciochesco de Santa Marina, la patrona de la villa, que desde la esquina más concurrida mira a la calle de Ramón y Cajal, como indicando al viajero la dirección de la ruta monumental. La vigilante estatua de la santa gallega se agiganta en su blanca columna, sustentada sobre un sólido pedestal de granito, protegido por una verja con farolas en las esquinas. Graciosos angelillos dialogan con las palomas sobre la cornisa del pedestal. Una ancha escalinata salva el desnivel entre la espaciosa plaza y la inmediata calle de San Sebastián.

Como señala Santa Marina desde su podio, hay que bajar por Ramón y Cajal –a la que se asoman casinos y confiterías, abundantes en Fernán Núñez– hasta la iglesia parroquial de la misma advocación, que, abanicada por palmeras, preside una placita recoleta. La sólida torre, a la que los mensulones que rematan el primer cuerpo le dan aspecto de fortaleza, contrasta con la sencilla fachada blanca, en la que se inscribe la puerta bajo un arco ciego de ladrillo. “Prohibido jugar a la pelota bajo sanción”, advierte junto a la torre un rótulo municipal, lo que preserva a tan encantadora placita de usos impropios que alteren su recogimiento. Ni torre ni fachada anticipan el gran templo barroco con planta de cruz latina que se extiende al otro lado, obra dieciochesca de los reputados maestros Teodosio Sánchez de Rueda y Tomás Jerónimo de Pedrajas, que los especialistas comparan con la sacristía de la Cartuja de Granada. Deslumbra la parroquia en sus proporciones y en la profusa decoración de yeserías realzada por la acertada iluminación.

A la vera de la parroquia, bajo el camarín de Jesús Nazareno, se abre un arco, cuya “sombra es como un beso / en las horas de la siesta”, como cantara Emilio José, hijo del pueblo. En el centro del arco, bajo blancas bóvedas de arista, una ventana ciega protegida con rejas muestra un azulejo con la efigie del Nazareno.

Junto a la puerta del evangelio, una lápida perpetúa el soneto que dedicara a su pueblo Cristóbal Romero Real, “el gañán poeta”, que vivió entre 1880 y 1962: “Villa ducal, donde la diosa Ceres / derrama sus tesoros más preciados, / tus hijos son robustos y esforzados, / son bellas y gentiles tus mujeres”, reza la primera estrofa.

La inmediata calle Cronista Alfonso Zurita baja por fin a la plaza de Armas, cuya homogénea arquitectura neoclásica, revestida de blanco y rojo almagra, transportaría al siglo de la Ilustración de no ser, ay, por los automóviles, que degradan a impropio aparcamiento un espacio tan singular. Sobreponiéndose a la anacrónica presencia de los coches, el viajero se sentirá trasladado a finales del siglo XVIII, cuando el conde de Fernán-Núñez, Carlos José Gutiérrez de los Ríos, proyectó y construyó el Palacio Ducal, que se dice inspirado en la embajada de España en Lisboa, de la que era titular en aquel tiempo.

Flanqueada por dos torres cubiertas, la fachada del palacio ocupa la vertiente frontal de la plaza, destacando la portada de piedra, que el profesor Rivas Carmona considera “muy berninesca y clasicista”, con su arco de medio punto escoltado por columnas con capiteles jónicos que soportan el balcón abalaustrado, rematado por frontón partido con el escudo ducal. Toda la arquitectura del perímetro acompaña al palacio, formando un conjunto de gran belleza y armonía, en el que también destacan las antiguas caballerizas y las casas consistoriales. El palacio, propiedad del municipio, recobró el color a raíz de una restauración parcial que reparó sus cubiertas, pero necesita nuevas aportaciones económicas, por favor, que permitan ultimar su recuperación y dedicarlo a equipamiento cultural. A la fachada lateral que mira a la calle Manuel Falcó, Duque de Fernán Núñez, se asoma la roja espadaña de la capilla palaciega, dedicada a Santa Escolástica.

Epílogo de este agradable paseo por los encantos de la villa son los jóvenes jardines del Llano de las Fuentes, antiguo descampado transformado en ameno vergel, en el que pervive la fuente de los Caños Dorados, fechada en 1777. Como detalle anecdótico, cerca de ella tiene dedicado un sencillo monumento El Moro, conocido como “el perro de los entierros”, que, mientras vivió, acompañó a los difuntos.

Referencia

  1. MÁRQUEZ, F.S.. Rincones de Córdoba con encanto. 2003. Diario Córdoba

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