Siglo XIII

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Iglesia de Santa Marina

El siglo XIII se caracterizó por la conquista de Córdoba en el año 1236 por parte de las tropas de Fernando III de Castilla y el progresivo asentamiento del nuevo gobierno castellano mediante el establecimiento de diferentes instituciones, reparto de tierras y propiedades, establecimiento de fundaciones religiosas, así como los cambios culturales del nuevo tiempo.

Toma de la Axerquía

Durante la primeras semanas de 1236 las tropas castellanas se acercan a Córdoba y en un golpe de mano consiguen hacerse con la Axerquía, a esas alturas escasamente poblada. En efecto, su abandono facilitó el asalto, que contó con la aquiescencia de Alvar Pérez de Castro y la dirección de Pedro Ruiz Tafur y Domingo Muñoz el Adalid. Los musulmanes se refugiaron en la Medina y pidieron socorro a Ibn Hud, mientras que los castellanos hacían lo propio solicitando ayuda tanto a Alvar Pérez de Castro como a Fernando III. El rey, en contra de la opinión de sus asesores, decide emprender la marcha, pero fueron muy escasas las tropas que reclutó. Llega a Córdoba el 7 de febrero de 1236, donde se reunió con los caballeros cristianos que ya estaban allí, pero que seguían estando faltos de víveres debido a las lluvias e inundaciones propias de una estación que no era precisamente la más propicia para este tipo de operaciones militares. Ibn Hud, sin embargo, contaba con un gran ejército que incluía a los caballeros cristianos de Lorenzo Suárez, exiliado por orden del rey castellano. En lugar de atacar decidió enviarlo para asegurarse de que la situación de los castellanos era tan precaria como parecía, pues era lo contrario a la táctica empleada por Fernando III hasta entonces. Pero el monarca cristiano se reconcilia con su vasallo, quien a su regreso al campamento musulmán convence a Ibn Hud de que acudiese a Valencia sin presentar batalla. La marcha de su caudillo y la llegada de nuevas tropas cristianas conseguirán que los musulmanes cordobeses acaben rindiéndose el 29 de junio de 1236, poniendo como única condición que les permitieran abandonar la ciudad con los bienes muebles que pudieran reunir.

Almogávares

Entre las tropas cristianas que asaltan la Axerquía destacan los nombres de los dos almogáraves, Benito de Baños y Alvar Colodro, que dará nombre a esa puerta de la ciudad. Al propio Alvar Pérez de Castro se le puede considerar igualmente un almogárave, pues había estado al servicio del rey de Granada en contra de los cristianos antes de reconciliarse con Fernando III. Su hijo, también Alvar Pérez de Castro, acabaría siendo adelantado mayor de la Frontera.[1]

Conquista definitiva

Artículo principal: Conquista de Córdoba

Parece que Fernando III y Lorenzo Suárez idearon una estratagema para engañar al caudillo musulmán, consistente en encender muchas hogueras durante la noche para hacer ver que disponían de un ejército mayor de lo que en realidad era.[2] Hubo una primera tentativa de rendición justo después de que Ibn Hud dejase Córdoba, pero los musulmanes al constatar que las tropas de Fernando III no tenían avituallamiento y que las milicias de los concejos de León se marchaban porque ya habían cumplido los tres meses de campaña, se echaron para atrás. Fernando III hubo de firmar una alianza con el rey de Jaén, Muhammad Ibn al-Ahmar, para conseguir, en un segundo intento, la rendición de la ciudad.

Fuero

El Fuero de Córdoba y las capitulaciones firmadas con Fernando III suponían el abandono total de la urbe de los vencidos a cambio de que conservaran sus vidas, la libertad y todos los bienes muebles que pudieran llevar consigo. Este fue el proceso que tuvo lugar en Córdoba a partir de 1236 y que tuvo tres fases: conquista, repartimiento y repoblación. Aunque la Córdoba que pasó a manos castellanas ya no era la gran urbe del califato, sino que se había ido deteriorando progresivamente desde el siglo X hasta el XII. A pesar de su declive, Córdoba se enmarca dentro de las grandes urbes hispanomusulmanas que se incorporaron a Castilla por medio de las armas, gracias a su pujanza militar y dada la crisis del gobierno almohade. La primera en incorporarse fue Toledo, ganada en 1085, y por ello constituye el modelo por el cual se colonizaron las ciudades del sur, cuya estructura social e institucional se trasplantó a las mismas gracias a la expansión de su fuero.[3] Antes de la toma definitiva, Córdoba ya había sido amenazada en el siglo XI por Alfonso VII de Castilla en lo que podríamos considerar un antecedente de la conquista. No obstante, lo que permitió a Fernando III tomar gran parte de Andalucía occidental fue la descomposición en todos los órdenes del imperio almohade y los reinos andalusíes. Las tensiones políticas entre los partidarios del caudillo Ibn Hud y las clases humildes de Córdoba, principales contribuyentes, desencadenaron la rebelión que facilitaría la toma.[4]

Collaciones administrativas

En Córdoba, se conoce con el nombre de Iglesias fernandinas a aquellos templos cristianos que fueron mandados erigir por Fernando III tras la conquista de la ciudad. También se les ha llamado iglesias de reconquista. La misión de cada una de estas iglesias era doble. Por una parte, la de ser centros espirituales de la ciudad, funcionando como iglesias, y por otra, ser los centros administrativos de la ciudad de Córdoba, siendo cada una de las iglesias, cabeceras de los barrios o collaciones en los cuales se dividía la ciudad desde la Edad Media y hasta el siglo XX. Se separaron entre las iglesias de la Villa y las iglesias de la Axerquía.

Iglesias fernandinas en la Villa

Iglesias fernandinas en la Axerquía


Establecimiento de fundaciones masculinas

Las primeras fundaciones masculinas efectuadas en Córdoba fueron las siguientes: el Convento de San Pablo, de la Orden de predicadores; el Convento de la Trinidad, de los padres trinitarios; el Convento de San Pedro el Real, de padres franciscanos; el Convento de Santa Eulalia, de mercedarios; el Convento de San Agustín, de agustinos, y el Convento del Espíritu Santo, de la Orden Sancti Spiritus.

Los hermanos Téllez de Meneses

Los hermanos Téllez de Meneses fueron los primeros alcaides de Córdoba en el siglo XIII, según el historiador Rafael Fernández González.[5] Siguiendo su artículo:
LOS TÉLLEZ DE MENESES.
Muchas familias que durante la baja Edad Media colaboraron con los reyes cristianos a la Reconquista, consiguieron como premio, nobleza, riquezas y un cargo en la Corte. En el estudio de estos apellidos, los genealogistas pusieron todo su empeño en proporcionarles sangre real, o nobleza más antigua de la que en realidad les correspondían, apartándose algunas veces de la verdad histórica, bien con aporte de documentación de dudosa autenticidad o atribución de una leyenda épica aprovechando la sinonimia de nombres. Lope de Vega compuso dos comedias, primera y segunda parte de una Dialogia, "Los Tellos de Meneses" y "Valor, fortuna y lealtad de los Tellos de Meneses", que según Menéndez y Pelayo "constituyen un gran poema histórico, los anales de una familia montañesa", en que Lope se complace en oponer la nobleza campesina a la cortesana. La acción de la comedia se coloca en el reinado de Ordoño I de León, y el fondo del argumento lo constituye una leyenda genealógica, consignada seguramente en algún libro de linajes, con muy poco o nada de verdad histórica. El primer caballero de este apellido del que hay una memoria cierta y documentada, fue Tel Pérez de Meneses, que en unión de su esposa doña Gontroda cambiaron con la Orden de Calatrava en 1181 el castillo de Malagón y sus términos por las villas de Meneses, Villanueva, San Román y otras. Fueron hijos de este matrimonio Suer Téllez de Meneses, cuyos descendientes radicaron después en Sevilla, y Alfonso Téllez de Meneses. Don Alfonso Téllez de Meneses, fue señor de Ampudia, como así consta confirmando un privilegio de 1195, y también de Alburquerque, desde donde guerreaba cruelmente a los moros, y lo asevera el breve de Inocencio III, en el que manda al Maestre y Comendadores de la Orden de Santiago, ayuden a este caballero contra los infieles, pues en ocasiones tanto él como su hueste tuvieron dificultades de mantenimiento. Colaboró eficazmente en las operaciones del año 1211 y en unión de Rodrigo Rodríguez mandaron una hueste que reforzada con algunos toledanos, sitiaron la torre de Guadalerzas, la batieron con máquinas y tomaron al asalto. En la batalla de las Navas de Tolosa intervino con sus fuerzas a las órdenes de Alfonso VIII de Castilla. Don Alfonso Téllez de Meneses contrajo matrimonio con doña Elvira Ruiz Girón, de la que tuvo cuatro hijos: Tello Alfonso; Alfonso Téllez de Meneses, llamado el de Córdoba; Doña Mayor, que casó con Ruy Gómez, el conde de Trastámara; Doña Teresa, mujer de Men González de Sousa. Fallecida su esposa contrae segundo matrimonio con doña Teresa Sánchez, hija del rey don Sancho de Portugal, cuyos hijos fueron: Juan Alfonso Tello, que casó con Leonor Gomes Girón y fueron los padres de Rodrigo y Gonzalo Yáñez de Meneses; Alfonso Téllez, que casó con Berenguela Lorenzo; Doña María y Martín Alfonso de Meneses, que murió sin descendencia. Esta numerosa prole y sus ventajosos matrimonios, fue tronco de importantes casas nobles. Don Alfonso Téllez, en la fiesta de San Fabián del año 1222, suscribe un curioso documento en el que manifiesta, había realizado innumerables excesos en guerra contra cristianos, dañando iglesias y ofendiendo a Dios, y que para extender la fe cristiana y recuperar la gracia de Jesucristo acababa de poblar los castillos de Dos Hermanas, Cadenilla, Mala Moneda y Muro, en la frontera de los sarracenos, de los que hace donación a don Rodrigo el Arzobispo de Toledo, insistiendo los había poblado para conseguir el perdón de sus pecados. Esta cesión no fue gratuita como parece indica este documento, pues por escritura otorgada en Huete el 7 de octubre de 1226 y convalidada por Fernando III, afirma don Alfonso Téllez que recibió del Arzobispo ocho mil maravedís y quinientos cahices de trigo, precio convenido por la venta de las anteriores fortalezas. Otro personaje de relieve en la Corte con gran posición social y económica, debido al cargo de mayordomo mayor que desempeñó con doña Leonor esposa de Alfonso VIII, doña Berenguela y Fernando III fue Garci Fernández, que en unión de su segunda mujer Mayor Arias fundan el Monasterio Cisterciense de Villamayor de los Montes (Burgos). Le une una buena amistad con don Alfonso Téllez, que continuarán sus hijos, y en 1223 renuncian tres de ellos, Tello, Teresa y Mayor Alfonso en favor de Garci Fernández sus derechos al Monasterio. Al año siguiente Fernando III decide romper las treguas con Abd Allah Aladel, previa celebración de una curia en Murio, en la que participó Alfonso Téllez y otros caballeros, todos ellos leales y fieles a la Corona. El año 1225, don Alvar Pérez de Castro, que estaba desnaturado de Castilla, rompió la amistad de los moros y se hizo vasallo del rey don Fernando, quien en prueba de confianza y apreciando su valía y conocimiento de las cuestiones musulmanas, le encomendó la tenencia de las plazas de Martos y Andújar, las cuales defendió después con toda fidelidad, siendo don Tello Alfonso el hijo mayor de don Alfonso Téllez, uno de los caballeros que comenzaba sus acciones guerreras al lado de su tío don Alvar. El año 1226 Alfonso Téllez y su mujer Teresa Sánchez fundan en Toledo el Hospital de Talavera, ceremonia a la que asisten los hijos de su buen amigo el mayordomo mayor Garci Fernández, Fernán García y Alfonso García. Don Alvar Pérez que había marchado a Castilla con el fin de traer provisiones a la frontera, dejó a don Tello Alfonso encargado de la defensa de Martos, quien desde esta plaza realizaba acciones ofensivas sobre las musulmanas próximas y de un modo especial en la zona de Baeza. El rey Abulola aprovechando una de estas ausencias, y en acción de represalia, se dirigió con su ejército a Martos, formalizando el cerco de la villa. Esta plaza estaba poco fortificada y con escasas fuerzas, encontrándose en él la condesa esposa de Alvar Pérez. Al regresar D. Tello con la hueste, se percató del apuro de los defensores y cargando sobre los islamitas abrió brecha en el cerco a costa de sensibles bajas y se hace cargo del mando de la defensa. Como el enemigo no cesaba de hostilizar, replegó sus fuerzas a la villa abandonando la peña, y envió emisarios a Baeza, comunicando el apuro en que estaban. Primero llegó un refuerzo de 70 caballeros de Baeza con Gonzalo Yáñez, y enterado Fernando III del aprieto en que estaban, mandó desde Guadalajara a don Alvar Pérez con Alfonso Téllez y el maestre de Calatrava, que reagrupan todas las fuerzas y se apoderan de la peña. Abulola con la llegada de estos refuerzos y la noticia de que Fernando III venía por la Calzada con más fuerzas, considera inútil continuar el cerco y ordena el repliegue de su ejército. Hay una curiosa leyenda que relata Argote, con título de "La Batalla de Arjona de cien Cristianos y cien Moros siendo Caudillo don Tello Alfonso de Meneses", que dice así: "Estando don Tello Alfonso de Meneses (hijo de Alfonso Téllez el Viejo, Señor de Alburquerque y de doña Teresa Ruyz Girón) por frontero en el Obispado de Jaén, como escrive el Conde don Pedro, uvo desafío de cien Cavalleros Moros contra cien Cristianos los más escogidos de la frontera. Y fue de conformidad señalado el campo junto a Arjona. Eran de la parte de los Cristianos Tello Alfonso, y de la parte de los Moros los hijos de Escalola, que eran los mejores Cavalleros que entre los Moros avía. Los quales viniendo ricamente adereçados, y armados de Permultes de Lorigas, de Bragaletes, de langas, espadas, magas y puñales juntándose a la batalla se combatieron todo un día aviendo muerto todos los cavallos de una y otra parte, y rompido todas sus langas. Y después que les faltaron las armas, se combatieron con la brafoneras. Y fueron tan fuertes los unos y los otros, que en todo el día no se pudieron vencer, hasta que los departió la noche aviendo ganado los Cristianos una braga del campo o poca mas, y se partieron como buenos Cavalleros". Pocos años después, en el 1230 fallece don Alfonso Téllez el viejo y es enterrado en el Monasterio de Palazuelos (Valladolid), que había fundado en la última década del siglo XII, como consta en la inscripción funeraria de su sepultura. Todas estas operaciones militares unidas a la gran habilidad política del rey castellano, que explota al máximo las rencillas del pueblo árabe y la descomposición del reino almohade, conduce a la ocupación de un conjunto de fortalezas que jalonan el camino y bloquean la entrada al rico valle del Guadalquivir. A finales del ario 1235 una partida de almogávares, en un feliz golpe de mano y con ayuda interior, logra penetrar en la Axerquía cordobesa, barrio Oriental de la ciudad, del que todavía se conservan dispersos algunos lienzos de la muralla de tapiería de su cerca. Conocido por don Alvar Pérez el feliz éxito del golpe y el apuro en que se encontraban los escasos contingentes almogávares, acudió con D. Ordoño Álvarez y todas las fuerzas fronterizas de que pudieron disponer. Fernando que se encontraba en Benavente, consciente de la importancia de esta operación, y oído el parecer de sus consejeros, que le objetan dificultades, decide acudir personalmente a Córdoba, y por el camino más recto para no perder un solo día emprende la marcha, dando vista a la ciudad el 7 de febrero de 1236, no llegando a un centenar los caballeros de su séquito, encontrándose entre ellos Tello Alfonso y Alfonso Téllez, los dos hijos mayores de don Alfonso Téllez el Viejo. Rendida la ciudad, al atardecer del día 29 de Junio de 1236 hace Fernando III la entrada triunfante en ella, no tardando en ocuparse de su repoblación y la distribución de bienes y prebendas a todos aquellos que colaboraron directa o indirectamente a la conquista. Según la Crónica latina "El señor rey colocó al frente de todos los que quedaban en la ciudad a Tello Alfonso, con el cual quedó su hermano, Alfonso Téllez, ambos jóvenes, esforzados en la lucha, preparados a morir o a defender la ciudad. Dispuesto así esto, el señor rey con sus barones regresó a Toledo junto a su madre y allí fue recibido con mucho honor y gran alegría".



Repartimientos

Hacia 1236 el rey castellano hace un primer repartimiento de las nuevas tierras del Reino de Córdoba, que se conquistó en varias fases. En una primera fase se dominó parte del norte del río Cuzna, parte en disputa desde entonces. En una segunda fase se ocupó la ciudad de Córdoba y sus ruedos, seguida por la rendición de gran parte de la Sierra. La tercera fase ocurrió durante trece meses de los años 1240-1241, período en el que Fernando III estuvo en Córdoba dirigiendo las operaciones político-militares que concluyeron con la ocupación de la Campiña cordobesa. Por carta dada en Burgos a 1 de febrero de 1237 sabemos que Fernando III concede a don Gonzalo Ibáñez Palomeque, obispo de Cuenca, a don Tello Alfonso y a Alfonso Téllez y sus sucesores, cuatro ruedas de aceñas en el río Guadalquivir, que son sobre las aceñas de don Alvar Pérez y sobre las de Pedro Ruiz, en las cuales ya tenía Alfonso Téllez una rueda. Con condición de que no puedan edificar más aceñas, porque si se pueden hacer, las hará el rey. Las cuatro ruedas las distribuye, una al obispo de Cuenca, dos a don Tello y una a su hermano Alfonso Téllez. En el año 1239 concede el rey a don Lope de Fitero, obispo electo de Córdoba, la rueda de aceña que anteriormente había donado al obispo de Cuenca.

Por Carta de 12 de noviembre de 1238, concede el rey a Lope de Fitero, obispo electo de Córdoba, y al Cabildo Catedral el diezmo del almojarifazgo, dos hornos, dos aceñas, que fueron de Ordoño Álvarez, quinientas aranzadas de viñas, cien aranzadas de huerta y la tercera parte de su olivar. Esta donación fue la más importante que hizo el rey después de conquistada la ciudad a una Iglesia que atendía de un modo precario a cuanto necesitaba su grey, contando como partida principal de ingresos con las primicias y los diezmos de unos campos carentes de la mano de obra islamita. A don Alvar Pérez de Castro, Adelantado Mayor de la Frontera, le preocupaba la precaria situación no sólo de las fuerzas que guarnecían plazas y fortalezas sino también de la población civil que acudía a repoblar el nuevo territorio. En tres ocasiones fue personalmente a la Corte para informar al rey y solicitar recursos, que le fueron concedidos. La tercera vez fue en el verano de 1239 y, después de entrevistarse con Fernando III en Aillon, regresa seguidamente. Según la Crónica "cal mandara el rey que se non partiese de Córdova nin se alongasse ende mucho, et que gela guardase muy bien; puesto que ca como quier que Tel Alfonso y estava et quel dexara y el rey quando la tomó, don Alvaro avie el poder de la tenença et el la tenie por el rey desde la primera otra vez quel allá el rey enbiara, et por el fazien en todos los otros logares asy commo por el cuerpo del Rey". Don Alvar falleció en este regreso a su paso por Orgaz. Don Tello Alfonso debió fallecer antes que su tío el Adelantado, pues el último privilegio de los estudiados que confirma es el de 25 de enero de 1237, y con fecha posterior no se encuentran documentos de donaciones o heredamientos a su nombre, como se hicieron repetidamente a los conquistadores de la ciudad. Del Gobierno Militar de Córdoba, con la denominación de alcaide, se hace cargo don Alfonso Téllez, que el 7 de Julio de 1238 aparece por primera vez confirmando privilegios y ocupa en éstos el lugar dejado vacante por su hermano. Fernando III regresa a Córdoba en los primeros meses del año 1240. Tras las victorias en la campiña cordobesa, el rey se dedica a la organización político-militar de este nuevo Reino añadido a su Corona, y la distribución de inmuebles y tierras a todas aquéllas personas que colaboraron a la conquista, así como a la repoblación con cristianos de aquellos territorios y lugares que fueron abandonados por sus moradores y por carta de 20 de Febrero de 1241, otorga a Alfonso Téllez treinta aranzadas de viña en el pago de Córdoba la vieja, cuatro aranzadas de huerta al lado de la de don Pedro Ponce y tres junto a la de Rodrigo Gómez, un horno cerca de las casas que ya tiene en Córdoba, y heredad para doce yugos de bueyes ario y vez en la torre que le dicen diezma ayuza, donde ya había heredado a otros caballeros y a su vez otorga a Melendo Peláez heredad para cuatro yugos de bueyes ario y vez en esta misma torre, "et esto todo vos do a vos Alfonso téllez et a vos Melend peláez que lo ayades siempre por juro de heredat vos et vuestros fijos et vuestras fijas, et quantos vernan despues de vos de vuestra generación para fazer dello lo que quisieredes dar et vender et cambiar, et enpennar o otra cosa et qual quisieredes". Organizado el repartimiento del territorio cordobés y otorgadas las primeras cartas de propiedad marcha el rey a Toledo, donde el 8 de abril de 1241 concede el Fuero a Córdoba, figurando entre los cofirmantes Alfonso Téllez y su vecino Pedro Ponce. Las disposiciones del Fuero que regulan la organización judicial y administrativa de la ciudad, conceden ventajosas condiciones arancelarias a sus pobladores, restringe la ausencia de ellos así como la enajenación de heredamientos, recalcando que "ningún cordobés, ni varón ni hembra, pueda dar o vender su heredad a ninguna Orden, excepto si quisiera dar o vender la susodicha a la Iglesia de Santa María, porque es silla de la ciudad. Y la Orden que tomare aquella heredad, dada o comprada piérdala; y el que la hubiere vendido, pierda los maravedís, y recíbanlos sus consanguíneos más próximos".

Sancho del Alcázar

Hacia 1265, muerto Alfonso Téllez, le sucede Sancho del Alcázar. El reino castellano está ahora gobernado por el rey Alfonso X, que proyecta su gobierno sobre nuevos mimbres: diplomacia, estabilidad, convivencia. Hasta 1284, año de su muerte, Castilla asienta las bases de futuros proyectos. La Guerra Civil castellana vendrá un poco más tarde.

Sistema notarial

La implantación del notariado y de un sistema documental en la ciudad de Córdoba supuso un punto de inflexión en la consolidación del dominio castellano. No se constata el uso del signo notarial en Córdoba antes de 1281 y los autores documentales se intitulaban escribanos públicos en muy escasas ocasiones antes de esa fecha. Sin embargo, a partir de este momento los documentos van a ir suscritos por dos escribanos públicos de la ciudad en calidad de testigos y un tercero que realiza o manda realizar el documento y lo signa, como prescriben las Partidas del rey Alfonso X de Castilla. En efecto, a partir de 1281 el íncipit ira siempre en romance y no en latín, como se hacía previamente, y se consigna la data tópica que aparecía en muy escasas ocasiones en fechas precedentes. Como prescriben las Partidas, a partir de esta fecha el formulario de compraventa incorpora una nueva cláusula obligada que no aparecía anteriormente.[6] Los primeros notarios cordobeses fueron clérigos. La persona más destacada a este respecto es Per Abad, presbítero de la Iglesia de San Lorenzo, que realiza como autor material tres compraventas y testifica en otras dos entre 1242 y 1247. Su hermano, Domingo Abad, fue autor material de dos compraventas y testificó en dos ocasiones, entre 1243 y 1252. De todas formas, la importancia de los religiosos se comprueba en su función de testigos.

Referencias

  1. J.M. Escobar Camacho, «De la Córdoba islámica a la cristiana…», p. 77.
  2. J.M. Escobar Camacho, «De la Córdoba islámica a la cristiana…», p. 78.
  3. El fuero de Toledo es en realidad el resultado de las sucesivas refundiciones de fueros, privilegios y exenciones concedidas primero a diferentes grupos étnicos (castellanos, mozárabes y francos) y posteriormente a todos ellos como conjunto. La última refundición la llevará a cabo Fernando III en 1222 cuando confirme a la ciudad de Toledo el fuero que le otorgó Alfonso VIII. Esta será la que se expanda por Andalucía y Murcia en las distintas versiones que son los fueros de Córdoba, Jaén y Sevilla. Como derecho subsidiario era de aplicación el Fuero Juzgo. (M. A. Chamocho Cantudo, «Fuero de Toledo y privilegios…», pp. 65-70).
  4. Notariado público en Córdoba. Sus orígenes (1242-1300), por Carmen Guerrero Congregado. Tesis doctoral. Universidad de Sevilla, 2023.
  5. Los Hermanos Téllez de Meneses primeros alcaides de Córdoba en el siglo XIII, en el BRAC, número 92, 1972, págs. 93-126.
  6. Relacionada con el formulario contenido en el título XVIII de la Tercera Partida de Alfonso X. En efecto, el sistema documental que quiso implantar el rey sabio se basaba en varias leyes y títulos de los códigos alfonsíes: Fuero Real 1. 8. (De los escrivanos públicos) y 2. 9. (De las cartas y traslados), Espéculo 4. 12. (De los escrivanos) y Partidas 3. 19. (De los escrivanos) y 3. 18. (De las escrituras).

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