Iglesia de San Nicolás de la Ajerquía

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San Nicolás de la Ajarquía.jpg

Una de las siete Iglesias fernandinas de la Axerquía, sólo queda de ella, una de las puertas de entrada en el Paseo de la Ribera. Cuando esta iglesia fue abandonada por su estado ruinoso, todos los enseres y la propia parroquia fueron trasladados a la Iglesia de San Francisco. Estuvo situada paralela al Paseo de la Ribera, formando ángulo con Consolación. Su nombre procede de su localización, la ya citada Axerquía, para diferenciarla de la otra iglesia de San Nicolás, situada en la Villa.

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Descripción del templo según Paseos por Córdoba

Detalle de San Nicolás, en plano Guesdon (Siglo XIX)
Iglesia de san Nicolás, en plano de van der Wyngaerde (1567)
La capilla mayor tuvo un retablo, construido en 1495, el que destruyeron en 1726 para sustituirlo con el actual, de escaso mérito y del mal gusto reinante en aquella época. Ocupa el centro un tabernáculo de plata muy lindo, rodeado de ráfagas de espejos, y a los lados las imágenes de San Nicolás y San Eulogio, titulares de la parroquia. En el suelo y lado de la epístola se ve el epitafio del licenciado Andrés de Oliver y Salmerón, rector 37 años de aquélla, y el cual falleció en 1650.
Al extremo superior de la nave de la epístola hay una pequeña capilla que sirve de sagrario, y en su altar se venera a Nuestra Señora de las Huertas -que tuvo hermandad con limpieza de sangre, refundida hoy en la del Santísimo-, y a los lados San José y San Rafael. En uno de los costados se ve un gran cuadro con la Concepción, obra de Sarabia, la que hasta hace pocos años estuvo en una especie de retablo, aun cerrado con puertas, detrás del altar mayor, o sea en lo que aún dicen plazuela del Rector. Fuera de la expresada capilla existe un altar con una buena Dolorosa, de vestir, que en unión de Jesús Crucificado tenían la hermandad que decían de Nuestra Señora de Loreto, y en él se lee lo siguiente: Este retablo y frontal se hizo siendo hermano mayor D. Diego de Góngora. Año de 1718.
A seguida encontramos el altar de Ánimas, también con hermandad; tiene un gran cuadro de escaso mérito, pero muy raro en su composición alegórica, que llama la atención de cuantos lo miran. A un lado se conserva una tableta de las que se cuelgan en la puerta los días que se saca ánima, y la cual citamos porque en su parte superior tiene una preciosa pintura que representa las Ánimas. Los cofrades tenían enterramiento en un hueco al extremo de la iglesia, donde encontramos, en lienzo, un San Juan Bautista y el Salvador, bastante buenos. La Hermandad de Ánimas la fundó en 1649 Juan Jacinto de Góngora, que yace ante aquel altar.
Al pasarnos al opuesto lado vemos en los machones del arco de la capilla mayor dos bonitos cuadros con la Virgen y San José, obras al parecer de don Francisco Agustín Grande. Al extremo de la nave del evangelio, y sirviendo de paso entre la sacristía y el altar mayor, encontramos una capilla con un retablo de mal gusto donde se venera a Nuestra Señora del Rosario, San José y Santa Lucía; las dos primeras efigies tienen hermandad muy antigua, trasladada de la iglesia de los Mártires cuando se cerró al culto, sin que sepamos por qué se trajo a esta parroquia en lugar de hacerlo a la de Santiago, a que pertenecía. Dicha capilla se llamaba antes de Santa Lucía, la cual tuvo hermandad, trasladada desde un hospital que estaba en la calle de Mucho Trigo, como allí diremos, y cuya principal misión era dar sepultura y costear entierro a los que morían por sentencias judiciales.
Sigue el altar de Jesús del Huerto, el que está dentro de una gran urna. Dícese que es obra de don Alonso Gómez, y que el pie que tiene descubierto lo hizo en competencia con otros escultores. Pero a nosotros nos parece más antiguo -o al menos habría otro en su lugar, pues en el frontal dice que se erigió aquel altar por el mismo señor Góngora- que el de los Dolores, en 1708, en cuyo año aún no había nacido aquel notable escultor.
Entre el dicho altar y la puerta hay otro, de la hermandad del Loreto, en que se ve un Crucifijo de gran tamaño, con frontal de piedra. En él se lee la siguiente inscripción: Este retablo y frontal es de la Cofradía de Nuestra Señora del Loreto. Se hizo año de 1727.
A los pies de la nave está la capilla del Bautismo, que es la que hubo en la parroquia de Omnium Sanctorum, y en las paredes inmediatas dos cuadros, uno con las Ánimas, que sería el que antes tendría la hermandad, y otro con San Juan bautizando a Cristo.
En el exterior de esta iglesia y mirando a la calle de Consolación se pusieron dos azulejos señalando a dónde llegó el río en 1 de enero de 1784 y 26 de diciembre de 1821, de los cuales sólo ha quedado uno.
La sacristía de esta parroquia es de medianas dimensiones y en ella encontramos algunos cuadros de mérito, mereciendo particular mención uno con Dalila cortando el cabello a Sansón, cuyo autor desconocemos, y otro de Antonio del Castillo, que representa a Jesús muerto. Cuenta esta iglesia con muy buenas alhajas de plata y una reliquia muy apreciable de San Eulogio.
En el coro, que está a los pies de la nave del centro, hizo gran daño una centella que cayó entre once y doce de la mañana del día 10 de septiembre de 1810.
El archivo es poco curioso, aparte de algunas notas de las crecientes del río puestas en los márgenes de los libros, los que principian, en 1557 los de bautismos, en 1586 los de matrimonios y en 1596 los de defunciones.

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