José Álvarez Cubero

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José Álvarez Cubero
Alvarez Cubero.jpg
Nacimiento: 23 abril 1768
Priego de Córdoba
Fallecimiento: 26 noviembre 1827
Madrid
Destacado: Considerado el mejor escultor de nuestro periodo neoclásico

José Álvarez Cubero (Priego de Córdoba, 23 de abril de 1768 - Madrid, 26 de noviembre de 1827) fue un escultor español que realizó una gran parte de su carrera en París y Roma.

Biografía

Nacido en Priego de Córdoba en 1768, fue hijo de Domingo Álvarez, tallador de piedra. Estos humildes orígenes propiciaron que desde muy niño estuviera familiarizado con el trabajo en mármol. Su aprendizaje artístico comenzó en Granada y en Córdoba con Antonio Maria Monroy y después con el escultor de origen francés Miguel de Verdiguier. Gracias a la protección del obispo Antonio Caballero y Góngora, Álvarez Cubero se trasladó a Madrid. Tenía como objeto ingresar en la Academia de San Fernando. Al conseguir el primer premio de la primera clase en 1799 con sus relieves del Traslado de los restos de San Isidoro a León y la irritación de Manasés contra Isaías, logró también el derecho a una pensión de 12.000 reales anuales para trasladarse a París y Roma.

El 28 de septiembre fue registrado como alumno en la École des Beaux-Arts y más tarde, aunque se desconoce la fecha precisa, integrado en el equipo del taller del artista Jacques-Louis David.

Gracias a su relación con el embajador de España en la capital gala, quien era un gran admirador de José Nicolás de Azara, Álvarez Cubero estableció relaciones con el escultor neoclásico francés Augustin Pajou en cuya mansión de la calle Fromenteau, cerca del museo del Louvre, estableció su residencia.

Álvarez Cubero se integró en la vida parisina y participó en diferentes concursos. En 1804 contrajo matrimonio con Isabel Bouquel y Wanreggem con quien tuvo tres hijos: José Álvarez Bouquel (París, 1805 - Burgos, 1830, escultor), Annibal (Roma, 1810 - Madrid, 1870, arquitecto) y Carlota (Roma, 1824 - Madrid, 1843).

En París, Alvarez Cubero completó su formación en las clases de Claude Dejoux. Su interés anatómico se revela en que visitaba las salas de disección del Colegio de Medicina. En París realizó la estatua de Ganimedes, con la que fue premiado y distinguido en 1804, recibiendo una medalla de oro de 500 francos de manos del propio Napoleón. En 1805 Contrjo matrimonio con Isabel de Bouquel, y con ella se trasladaría a Roma.

En Roma, Alvarez Cubero conoció a Canova, Un escultor que influiría decisivamente en su obra. Las producciones de Alvarez Cubero en la Capital italiana adquirieron rápidamente fama, por lo que empezaron a surgir desavenencias entre los dos artistas. Éstas se difuminarían gracias a un acontecimiento de matices políticos en la vida de Alvarez Cubero. A partir de los hechos del Dos de Mayo de 1808, el escultor español no quería reconocer el poder de napoleónico, lo que provocó su aprisionamiento en el castillo de Sant´Angelo. Su mujer y sus dos hijas se encontraron entonces abandonadas. Gracia a la interveción de Canova, Álvarez Cubero fue liberado, no sin verse obligado a colaborar con el poder francés para subsistir. De este modo, llevó a cabo cuatro relieves para el dormitorio del emperador en el Palacio Quirinal. En esta serie, titulada Ensueños de la Antiguedad se teñía la figura del emperador de un espiritu clásico.

Cuando finalizó la contienda, Álvarez Cubero realizó la obra más sobresaliente de su carrera, La defensa de Zaragoza, con la que conseguiría la admiración de sus contemporáneos. El mismísimo emperador de Austria, el prÍncipe de Metternich y otros altos cargos políticos visitarían su taller para conocer la obra, que había causado tanta grata sorpresa.

La defensa de Zaragoza constituye un punto álgido en su carrera. Los galardones se suceden a partir de entonces: consigue ser académico de la Academia de San Lucas, de Carrara, de Nápoles, de Amberes y del Instituto de Francia. En noviembre de 1819 ingresaría en la Academia de San Fernando, y sería teniente director a partir de 1826. De ahí su decisión de regresar a Madrid en 1826, aunque murió al año siguiente.

Su posicionamiento político con respecto a la ocupación francesa propició que Fernando VII le concediera una medalla que le honraba como prisionero civil. En 1816 sería escultor de cámara del monarca y en 1823 alcanzaría el cargo de primer escultor. Cuando murió, se ordenó esculpir su efigie para que permaneciera en la fachada del Museo del Prado.

El conjunto de su obra tiene resabios clasicistas, incluso cuando elabora retratos de la corte.

Ese aliento clásico se respira en los retratos de María Luisa de Parma, María Isabel de Braganza, la marquesa de Ariza, el duque Carlos Miguel, el compositor Rossini, Fernando Vii, Carlos IV, el infante Carlos María Isidro, Cea Bermúdez, Esteban de Ágreda, Francisco de Paula de Borbón y muchos otros personajes destacables del momento.

Entre sus creaciones más interesantes dentro de los temas extraídos de la antiguedad clásica se encuentran el exquisito Apolino del Museo del Prado, Hércules luchando contra el león (la obra por la que ingresó en la Academia de San Fernando), Joven con cisne, el Amor dormido y otras.

Álvarez Cubero fue considerado el mejor escultor de nuestro periodo neoclásico. Anuque su nombre no se halla a la altura de la importancia internacional de Canova o de Thorvaldsen, existe una gran distancia de calidad de Alvarez Cubero con respecto al resto de artistas de su época. Murió en 1827.

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