Obispo Juan Alfonso de Alburquerque

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Juan Alfonso de Alburquerque Berión (nacido en Águilas, Murcia, el 18 de enero de 1797) fue nombrado Obispo de Córdoba el 25 de septiembre de 1857 tras haber ejercido unos cinco años como obispo de Ávila. Permanecería en este puesto hasta su muerte, el 13 de marzo de 1874.

Biografía

Fue ordenado sacerdote en 1821, por lo que en el momento en que fue ordenado obispo, llevaba más de treinta años de carrera eclesial en la diócesis de Cartagena. Fallecido Gregorio Sánchez y Jiménez, obispo de Ávila, el 27 de septiembre de 1852, es sustituido por Juan Alfonso Albuquerque Berión el 23 de junio de 1854. Tras pasar tres años en la diócesis de Ávila, el 25 de septiembre de 1857 es nombrado obispo de Córdoba. Para la silla vacante de Ávila es nombrado el dominico Fray Fernando Blanco y Lorenzo, OP (21 de diciembre de 1857 - 17 de septiembre de 1875), más tarde arzobispo de Valladolid.

En 1858 Albuquerque funda el Boletín Eclesiástico, que acerca a la Diócesis de Córdoba a las ideas de la Iglesia romana tras unos años de tensión entre ambas instituciones. Ese mismo año, en una visita a Pedro Abad anima a los ciudadanos de esta localidad a refundar la hermandad del Corpus Christi, y en 1863 da su aprobación a la creación de la hermandad de Nuestra Señora de Linares.

Revolución de 1868

Poco antes de la revuelta liberal, el obispo enfermó. Ni qué decir al recibir las noticias sobre la Batalla de Alcolea. No se reestableció hasta pasados los sucesos revolucionarios, en octubre de 1868.

El 27 de octubre de 1868 el Gobernador Civil nombrado por el gobierno provisional del general Serrano, le remitió el Decreto ministerial de 29 de julio de 1837 por el que se disponía que los monasterios, conventos, colegios y congregaciones de ambos sexos fundados desde 1837, con edificios, bienes y rentas quedaban suprimidos y pasaban a ser de propiedad del Estado. Los religiosos podrían elegir una nueva orden donde ingresar.

El obispo publicó varios escritos en los que denunciaba el acoso del Gobierno a la Iglesia Católica, pero debió ceder al Gobernador 4 conventos de la capital para alojar a las tropas que llegaron en enero de 1869. Los conventos fueron: las Dueñas, Santa Clara, la Concepción y Jesús Crucificado. Los cordobeses asistieron atónitos al traslado de religiosas y enseres, a lo que se sumó la exhumación de los restos mortales que quedaban en los patios de los conventos. Desde el 27 de noviembre de 1868 las oficinas de Hacienda pasaron al exconvento de Jesús Crucificado, en la calle Buen Pastor.[1]

Por suerte para la diócesis, poco a poco se fue deshaciendo el caos perpetrado por los mal llamados "progresistas" a causa de la Revolución de Septiembre de 1868 y el malhadado Sexenio Revolucionario, que de "democrático"-como algunos ignorantes se empeñan en pregonar desde sus inmerecidas cátedras- no tuvo absolutamente nada. Así, murió en 1874, cuando el denominado "Poder Ejecutivo de la República" preparaba el camino para la Restauración, aun en la figura del puigmoltejo y enfermizo Alfonso XII.

Se encuentra sepultado en la Capilla de la Concepción de Salizanes o del Santísimo Sacramento de la Mezquita Catedral de Córdoba.

Fue caballero Gran Cruz de Isabel la Católica.


Predecesor:
Manuel Joaquín Tarancón y Morón
Obispo de Córdoba
1857-1874
Sucesor:
Fray Zeferino González


Referencias

  1. NAVAS LUQUE, José: La revolución de 1868 en Córdoba capital. Córdoba, Ateneo de Córdoba, 2001. ISBN 84-88175-31-0.

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