María la Talegona

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María la Talegona
Talegona II.jpg
Nacimiento: 11 de agosto de 1909
Córdoba
Fallecimiento: 11 de febrero de 1991
Córdoba
Destacado: Famosa saetera

Contexto histórico

Décadas: 1920 - 1930 - 1940 - 1950 - 1960 - 1970 - 1980 - 1990

María Zamorano Ruiz

María la Talegona vino al mundo en Córdoba, el 11 de agosto de 1909, y traía grabado en su garganta el difícil arte de la interpretación de la saeta. Arte y apodo que heredó de su madre, Rafaela Ruiz "La Talegona", aunque ya venía el apodo de su abuela.

Datos biográficos

María fue la cuarta de seis hermanos, los demás todos varones, de los cuales sólo uno cantaba y ella decía de él que lo hacía como los propios ángeles, pero él nunca se atrevió a cantar en público. A la propia María tampoco le seducía en un principio la idea de subirse a un escenario, pero fue su madre, conociendo la joya que su hija tenía en la garganta y cuando ésta contaba tan sólo 14 años, la que la apuntó a un concurso de saetas. Y la tuvo que llevar casi a la fuerza, dada la gran timidez de la niña, que obtuvo el primer premio consistente en 25 pesetas. Desde entonces muchos serían los primeros premios conseguidos por María La Talegona. Aunque los concursos no eran del agrado de ella, muchas veces participaba para aportar a su familia, de condición humilde, un dinero extra que siempre les venía bien. Ella misma fue limpiadora de los cines de la empresa Cabrera de Córdoba, entre otros el cine Iris, Palacio del Cine e Isabel la Católica.

En 1965, animada por un compañero, se presenta al IV Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba y consigue el premio "Cayetano Muriel" (Fandangos de Huelva, Lucena y Verdiales). A raiz de su triunfo vino a buscarla al cine donde trabajaba un matrimonio suizo, la mujer bailaora y él pìanista, los cuales tenían su propia compañía en la que deseaban que cantara La Talegona en una representación teatral de La Celestina. María dejó su trabajo de limpiadora de cines y se marchó con ellos a Barcelona en cuya Compañía actuó durante seis años recorriendo Suiza, Holanda y Alemania con tal éxito que llenaban los teatros. Muchos españoles residentes en el extranjero la esperaban a la salida del teatro donde actuaba para agasajarla con regalos y ramos de flores y pedirle autógrafos, por lo que tuvo que aprender a escribir su nombre.

A su regreso a Córdoba representó La Celestina en el Alcázar de los Reyes Cristianos. Se compró una casa en la calle Candelaria, cerca de las afamadas Bodegas Campos, lugar al que acudía cada vez que la llamaban para actuar en alguna fiesta. Tiempo después volvería a trabajar, de limpiadora, en la misma empresa de cines hasta que se jubiló.

María La Talegona permaneció toda su vida soltera, pero su vida estuvo repleta del cariño de su familia y amistades y de cuantos la conocían. Persona singular, sencilla cariñosa, humilde y humana que con su cante por saetas supo adentrarse en el corazón de cuantos la escuchaban. Su buena amiga Concepción Castro Muñoz, autora de letras flamencas, le proporcionó muchas de las saetas que La Talegona cantó. Murió en su ciudad el 11 de febrero de 1991.

Testimonios

  • Para María Zamorano su vida era la Semana Santa. Era un torrente de voz y sentimientos, pues rezaba cantando y llorando, era tal la fuerza vital que expresaba que repercutía en su cuerpo entero, suponiéndole subidas la tensión que mediante el sangrado nasal se reconfortaba nuevamente, así exponía este acontecimiento:
-"Cuando voy a cantar me sube la tensión y se me viene a la cabeza, porque como mucho y me da el mareo. Pero cuando me sale la sangre por la nariz se me quita todo y me sale como un corro. Así... como un grifo abierto. Me pongo algo para taparlo y ya estoy bien para cantar como los mismos angeles".

Su cante por saetas era para ella como un éxtasis espiritual, y comentó en alguna ocasión que la Virgen le había sonreído:

-"Fue en la calle Claudio Marcelo. Estaba yo en un balcón cantando una saeta y al tirar "p'arriba" con fuerza cerré los ojos y al abrirlos vi cómo la Virgen me sonreía"

Así cantó a su Cristo Esparraguero presintiendo la hora de su muerte:

Cristo mío de mi alma
que cerquita estoy de ti.
Con mi saeta te pido
que a la hora de mi muerte,
estés cerquita de mi.



"Todos los barrios, todos los Cristos y todas las Virgenes de Córdoba, han escuchado la plegaria, la fe a gritos de María la Talegona, que penetraba punzante en el corazón de los que poseen la viva llama cristiana. Muchas veces hemos oido su oración, pero queremos recordar esa saeta a la Virgen de los Dolores, cantada en una ventana de la Plaza de Capuchinos":
Costaleros, costaleros,
llevarla a poquito a poco
y tirar por lo derecho,
que no se le claven más
los puñales en su pecho.
o esta otra
Esas lágrimas preciosas
que te ruedan por la cara
se paran en tus mejillas
¡no hay paño con qué limpiarlas!


-"Ni antes ni después ha habido nada igual. Fue una fuera de serie, única con su voz penetrante» en el cante de saetas; y en lo humano -pues compartí con ella veladas de cante por toda la provincia -«una persona sencilla, trabajadora, una buena mujer», que durante el año permanecía en el anonimato para el gran público, que le hacía recobrar su «apogeo» cada Semana Santa.
Churumbaque guarda en la memoria algunas noches célebres en la plaza del Cristo de Gracia lanzando oraciones al «Esparraguero» que se prolongaban «hasta las cuatro de la madrugada".


  • La escritora Rafaela Sánchez Cano la incluyó en su obra Mujeres de Córdoba (col. Arca del Ateneo, 2004).

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