Plaza de la Agrupación de Cofradías

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Situación
Situada en el extremo sur de la calle Blanco Belmonte, trifurcándose en las calles Conde y Luque, Céspedes y Velázquez Bosco
Barrio
Barrio de la Catedral
Otras denominaciones
Plaza de Benavente
Plaza de los Cortesesno se conoce
Transporte
Parada de bus: no
Parada de taxi: no
Puntos destacados
Escuela Superior de Danza y Arte Dramático ~


La plaza de la Agrupación de Cofradías está situada en el extremo sur de la calle Blanco Belmonte, trifurcándose en las calles Conde y Luque, Céspedes y Velázquez Bosco. Denominada también plaza de Benavente, es un lugar de paso de los visitantes de la Mezquita Catedral hacia el centro de la ciudad y de descanso a la sombra de sus árboles.

La plaza es en realidad un ensanche de Calle Blanco Belmonte, la cual, pese a las alineaciones realizadas en el siglo XIX, es una constante en el urbanismo cordobés. El origen de esta larga vía, que aunaría las calles Jesús y María, Céspedes y la esta plaza, se encuentre posiblemente en época romana, en el kardo máximo que unía el foro con la Puerta del Puente, realizada en época augustea. Así, la plaza junto a las calles mencionadas no serían sino una fosilización del viario romano.


La plaza en Paseos por Córdoba

Vista de la plaza desde la calle Blanco Belmonte. Al fondo, la calle Céspedes, sobre la que se alza la torre de la Catedral

Al final de la calle de Pedregosa encontramos una plaza llamada de los Benaventes o de los Corteses, porque la casa antes dicha fue de los señores de estos apellidos. Nada de particular ofrece este sitio, al que afluyen además de la citada calle la de los Ángeles, Baño y Comedias. En la esquina de la segunda hubo hasta 1841 un cuadro que representaba a la Virgen y formaba frente a la ya historiada calle de Pedregosa. [1]

Enlaces Externos



La antesala de la Catedral en Rincones de Córdoba con encanto [1]

Para los turistas que desde las Tendillas bajan presurosos por la calle Blanco Belmonte al encuentro de la Mezquita, la antigua plaza de Benavente –ahora dedicada a la Agrupación de Cofradías– es un recibidor que regala, como anticipo, la esbelta silueta de la torre catedralicia. Emerge radiante su cuerpo de campanas entre dos preciosos miradores pertenecientes a las casas que inauguran la angosta calle dedicada al pintor renacentista Pablo de Céspedes, y aunque soportan tan dura competencia visual, proclaman la pervivencia de la arquitectura hispanomusulmana, que utilizaba estas torres con vanos de medio punto y tejados a cuatro aguas para “proteger del calor y de la lluvia las zonas nobles de la casa”, como advierte el arquitecto Carlos Luca de Tena. Por la derecha, la calle dedicada a Conde y Luque –ilustre abogado y rector universitario– se dirige al encuentro de la Judería trazando una suave curva. Un grueso fuste con capitel de pencas, embadurnados de ocre, subrayan la esquina.

Aún guarda la placita, suspiro triangular de la antigua calle Pedregosa, hoy Blanco Belmonte, el eco de los pasos de pintores tan recordados como Ángel López-Obrero, que habitó en la aledaña casa número 15; desde su estudio del ático podía tutear a la torre catedralicia. Parece que fue ayer cuando el maestro me confesaba que veía esta plaza “más alegre y viva que nunca, pero, desgraciadamente, llena de coches”, imagen bien distinta a la que recordaba de su niñez, en que era “silenciosa, con poca gente y muchos curas, porque como está próxima a la Catedral, los deanes y los canónigos vivían cerca y estaban continuamente pasando”.

La presencia constante de turistas y estudiantes transforman hoy aquel paisaje humano. Así, en los días apacibles y soleados los turistas pueblan los veladores de los bares adyacentes, tomándose un breve respiro tras la agotadora contemplación de la antigua Mezquita; unos reponen fuerzas con un tentempié y consultan los planos para orientarse en este laberinto, mientras que otros prefieren inmolar su pálida piel al abrazo codicioso del sol.

Un constante ajetreo de estudiantes registran la Escuela Superior de Arte Dramático y el Conservatorio Profesional de Danza "Luis del Río", dos en uno, instaladas en una antigua casa señorial rescatada del olvido y el abandono; como herencia de un pasado que ha sobrevivido a la remodelación, guarda un mosaico romano y la mitad de un recoleto patio claustrado de época barroca. Tras los muros de las casas que cierran tan bella escenografía se intuye el trabajo tenaz y callado de artesanos, artistas, comerciantes; gentes sin cuyo aliento este enclave sería como un decorado inerte. En la casa número 2 Ramón García Romero alumbra con paciencia sus deslumbradores guadamecíes, sugerentes miniaturas de polícromas tonalidades que evocan el antiguo florecimiento de las artes suntuarias.

Para sorprender la plaza de Benavente en todo el esplendor de su arquitectura sin mancillar hay que verla en la dorada tarde del Corpus Christi, en que la autoridad municipal la libera de autos para permitir el paso de la custodia de Arfe y su cortejo, mientras en la docena de naranjos que festonean las aceras maduran sus frutos tras el parto floral del azahar.

Recientemente, el Ayuntamiento ha emprendido obras de remodelación y embellecimiento en tan hermosa antesala de la Catedral; parece que quedará liberada de los vehículos que tanto la maltratan y la afean, y recuperará aquella tranquilidad que echaba de menos el pintor López-Obrero. Si al mismo tiempo recobrase su tradicional nombre, Benavente, la recuperación sería completa.

Referencia

  1. MÁRQUEZ, F.S.. Rincones de Córdoba con encanto. 2003. Diario Córdoba

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