Santa Eufemia

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Bandera de Santa Eufemia Escudo de Santa Eufemia
Término municipal
Municipio de Santa Eufemia
Código postal 14491
Coordenadas
 - Latitud:
 - Longitud:

38°35' N
04º54' 0
Superficie km²
Altitud 559 m
Población (2005) 1.148 hab.
Gentilicio Calabreses
Ríos
Alcalde [[ ]] ([[ ]])
Comarca Los Pedroches
Partido Judicial Pozoblanco
Pirámide de población
Grupos quinquenales.
Cohortes plantilla h.png Cohortes plantilla m.png
Fuente INE, censo 2001.

Geografía

- Ubicación:

- Vías de acceso: N-502, A-3200, CO-9027 y CP-236

- Clima:

- Flora y fauna:

Población

- Centros educativos:

- Centro de exposiciones:

  • Casa de la Cultura

- Medios de comunicación

- Museos locales:

  • Casa Museo

- Datos poblacionales

Economía

Historia

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Cultura

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Rutas de Senderismo:


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Fuentes bibliográficas

Galería

Santa Eufemia en el mundo

Argentina Bandera de Argentina.png

Santa Eufemia Localidad de la provincia de Córdoba


El contenido de este artículo incorpora material de una entrada de la Enciclopedia Libre Universal, publicada en castellano bajo la licencia GFDL.



Santa Eufemia en Rincones de Córdoba con encanto[1]

En el confín septentrional de la provincia, Santa Eufemia se tiende plácidamente sobre una loma, al abrigo de la sierra de su nombre, y en una rocosa cresta perviven los restos del viejo castillo de Miramontes, fortaleza que, según los historiadores, fue erigida en el siglo XIII por el primer señor de Santa Eufemia, Fernando Díaz.

Aquella estratégica fortaleza fue como la llave de la frontera natural entre Andalucía y Castilla, hasta que unos siglos más tarde Fernando el Católico hubo de destruirla para cortar las alas de Gonzalo Mexía, empeñado en apropiarse de las dehesas del entorno para engordar su cabaña. Aquello sucedió en los albores del siglo XVI, y así sigue, convertida desde entonces en una romántica ruina.

Si el viajero decide subir a la cima obtendrá como premio a su esfuerzo la panorámica más completa de los Pedroches, un verdoso mar de dehesas que se difuminan en el horizonte, moteadas por blancos núcleos urbanos. Aquí también podrá el viajero dialogar con la historia, acariciar incluso las desvencijadas piedras de la fortaleza, carcomidas por los musgos y los líquenes, y sentirse dueño del paisaje; un paisaje que en el peñón del Horcón, la mayor altura de la sierra de Santa Eufemia, rompe bruscamente con la planicie de los Pedroches.

Ya en el pueblo, un posible trayecto con encanto engarza la iglesia parroquial, la Puerta de la Villa y las murallas. Nada más entrar en la población por la calle Hospital, sorprende al viajero la arrogante presencia de la parroquia de la Encarnación, cuyos potentes contrafuertes redondeados le dan aspecto de fortaleza; dos de ellos sustentan la torre de ladrillo.

Los especialistas fechan a finales del siglo XV este templo gótico-mudéjar que exteriormente no se parece a ningún otro de la provincia; por dentro, en cambio, responde a un modelo bastante común en la sierra, a base de una nave con arcos transversales y apuntados de ladrillo. Una palmera proyecta su sombra sobre la escalinata de la bella portada de la epístola, lo que aprovecha un grupo de ancianos para entablar su tertulia cotidiana.

Aunque la fachada más llamativa es la del lado de la torre, conviene admirar la de los pies, con su portada de arcos conopiales, e incluso asomarse a la del evangelio, precedida por un jardincillo, en la que se repiten los redondeados contrafuertes. Tan auténtica arquitectura medieval ayuda a imaginar que de un momento a otro puede aparecer sobre su caballo don Gonzalo Mejía tercero, señor de Santa Eufemia, el probable mecenas del templo, que, seis siglos más tarde, sigue proclamando su poder.

La calle Real, trazada con tiralíneas, baja pendiente al encuentro de la plaza Mayor, de paradójico nombre, pues es más bien pequeña. Su encanto reside en el Ayuntamiento y en la Puerta de la Villa. La casa consistorial es un edificio de dos plantas; la baja respira por cinco arcos sustentados por rústicos fustes de granito, mientras que la alta tiene otros tantos balcones recercados de ocre, en los que pintan vivos colores las banderas oficiales.

Bajo la casa consistorial un arco con blancas bóvedas de arista marca el inicio de la calle a la que da nombre, Arco. El callejero de Santa Eufemia ha recuperado los tradicionales nombres populares, que a menudo marcan las pistas más orientadoras para descubrir enclaves de interés, como El Pilar, Entrehuertas, Hospital, Llana, Extramuros, Muralla, Coso y otras.

La Puerta de la Villa, que, como la parroquia, tampoco tiene parangón en la provincia, se abre junto al Ayuntamiento, mostrando recién restaurada su sólida hechura de buenos sillares, que perfilan un arco de herradura rebajado. Como en todos los monumentos de los Pedroches, un rótulo sobre bloque de granito pretende ilustrar al viajero, aunque en este caso se caracterice por su vaguedad: “La Puerta de la Villa refleja el importante pasado guerrero y conquistador del Señoría de Santa Eufemia en el siglo XV por la expansión de sus dominios en el norte de la provincias”. Un panel contiguo despliega, a modo de folleto turístico, los recursos que la villa ofrece al visitante –historia, monumentos, naturaleza, fiestas y gastronomía–, pues contradiciendo al refranero se ha comprendido que el buen paño no se vende en el arca.

A dos pasos de la plaza, sombreado por moreras y aromáticas melias, discurre el ameno paseo creado el pie de la restaurada muralla bajomedieval de la villa. No sabrá aquí el viajero qué admirar más, si los restos de la muralla asentada sobre escarpes rocosos o el vasto y adehesado paisaje de los Pedroches, que se otea desde el mirador que recorre el paseo.

Referencia

  1. MÁRQUEZ, F.S.. Rincones de Córdoba con encanto. 2003. Diario Córdoba

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