Calle Lineros

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Situación
Transcurre paralela al Paseo de la Ribera desde la plaza del Potro y la calle Lucano hasta la calle Carlos Rubio
Barrio
Categoría:Barrio de San Francisco - Ribera
Otras denominaciones
Coronel Cascajono se conoce
Transporte
Parada de bus: no
Parada de taxi: no
Puntos destacados
Bodegas Campos ~


CalleLineros01.jpg

Calle cordobesa que transcurre paralela al Paseo de la Ribera desde la plaza del Potro y la calle Lucano hasta la calle Carlos Rubio. Afluyen a ella las calles Gragea y Candelaria, así como la calleja Bodega.

La calle Lineros se encuentra hoy muy identificada con Bodegas Campos, empresa propietaria de varias casas en la zona, entre ellas un gran solar destinado a parkings de clientes.

Entre sus antiguas denominaciones, se encuentra la del Coronel Cascajo en honor a Ciriaco Cascajo, militar del bando nacional durante la Guerra Civil


La calle Lineros según Paseos por Córdoba

Pocos títulos hay en Córdoba tan justificados como el de esta calle. Casi hasta nuestros días hemos visto ocupadas sus casas por los trabajadores del lino, tanto en su rastrillado como en las demás faenas necesarias, y muchos eran también los almacenes a donde acudían las mujeres al cambio de las libras hiladas por otras en rama, como varias veces hemos anotado. También se ha llamado calle del Caño de Venceguerra, por una alcantarilla que se ve entre las casas números 80 y 82. Su nombre verdadero es el de Vicente Guerra, de quien se dice que cuando la conquista de Córdoba entró en ella con su gente por este sitio, entonces callejón estrecho que, como ahora, sólo servía para dar paso a las aguas de una gran parte de la población y el cual tuvo un hijo llamado Fernando Vicente Guerra, que en 1296 concurrió con otros caballeros a la gloriosa defensa de Baena.
Dicho caño es muy curioso, y en los grandes aguaceros tiene un considerable caudal de aguas, pues confluyen a él, además de los caños al descubierto desde la plaza del Salvador en dos direcciones, del barrio de San Miguel, y de otros puntos muy lejanos, las cloacas o alcantarillas que arrancan desde el Mármol de Bañuelos, Puerta Nueva, Potro y calle de Maese Luis, dando lugar a que con la menor dificultad opuesta a la corriente se inunden todas las casas inmediatas. Además ha sido causa de que en muchas avenidas del río entre por él el agua, llegando veces en que han remado barcos por esta calle. Su construcción interior es rara pues en unos puntos está cubierto, sostenido por dobles arcos, y en otros conserva su primitiva forma de calleja.
Casi frente hay un mesón bastante antiguo, aunque reformado hace poco, y el cual toma el nombre del expresado caño.


Encrucijada Lineros Candelaria en Rincones de Córdoba con encanto [1]

En la esquina con la calle Candelaria perdura el “altar propiedad del Exmo. Ayuntamiento” –como reza la inscripción– dedicado a San Rafael y a los patronos de Córdoba San Acisclo y Santa Victoria, que por intercesión de don Modesto de Lafuente, que a la sazón visitaba la ciudad, quedó indultado de la supresión general de altares callejeros decretada por el gobernador Iznardi en 1841. Es una imagen de otro tiempo que engalana la encrucijada urbana formada por las calles Lineros y Candelaria.

Protegido por un tejaroz, el retablito se organiza en tres calles, separadas por columnas y rematadas por un friso sobre el que campea un frontón triangular; la calle central acoge el lienzo del Arcángel, y las laterales, los de San Acisclo y Santa Victoria, más pequeños, coronados por el símbolo martirial. De los pedestales que soportan las columnillas arrancan cuatro faroles de talle curvilíneo, que parecen trasladados del Cristo de Capuchinos.

En los ángulos superiores del retablo sendas lápidas de mármol blanco reproducen citas del Libro de Tobías: “Buena la oración con el ayuno y mejor la limosna que tener guardados los tesoros”, proclama una, mientras que la otra señala:“Mas los que cometen pecado e iniquidad enemigos son de su alma”. Y rotulado sobre un fondo que imita el mármol rosa, encima del tríptico de santos –San Acisclo, San Rafael y Santa Victoria–, se lee: “Medicina Dei / Baxo la sombra de tus alas protégenos”.

Los viajeros de hoy aprecian como una mera curiosidad cultural esta pervivencia callejera de la antigua piedad popular, pero los viejos vecinos de estos contornos siguen confiriéndole sentido religioso, pues suelen santiguarse cuando pasan por delante del retablo, e incluso detenerse para musitar oraciones, ofrendar lamparillas y pedir ayuda, con la misma devoción que en el interior de un templo.

No se da por enterado de la primera cita bíblica, alusiva al ayuno, el restaurante Bodegas Campos, que, justamente enfrente, despliega su oferta gastronómica. La suma de sus casas, cuidadosamente restauradas y decoradas, integra en sabio equilibrio la vieja bodega –con sus botas llenas de piropos al vino manuscritos por artistas de las letras y el espectáculo–, la taberna, los comedores temáticos, los patios populares, los añejos carteles de ferias y toros, y los elementos decorativos, sabiamente elegidos y combinados, en lo que se percibe la mano y el gusto del artista Tomás Egea Azcona.

Las bocacalles que se asoman a este enclave de la Ajerquía regalan sugerentes perspectivas, que permiten al viajero saborear rincones y enclaves por los que parece no transcurrir el tiempo. Así, en la acera de los pares se abre la calleja de Vinagreros, una barrera sin salida que conserva el tipismo de sus arquitos enmarcando rejas, mientras que en los impares, donde el altar, arranca la calle Candelaria, que se adentra camino de la plaza de las Cañas y de la Corredera, tras dejar en su intermedio la barroca portada de la antigua ermita de su mismo nombre, devoción muy ligada en otro tiempo al barrio.

La calle Lineros ha renovado su pavimento, como todo este eje, recuperado gracias al plan Urban Ribera. Las aceras se ensanchan para dar facilidades al peatón, pero ni aún así cesa el incesante goteo de automóviles, siempre perturbadores. La perspectiva de fachadas muestra un aspecto cuidado, y como testimonio, una vecina saca brillo a las rejas de sus ventanas sin que le pesen sus muchos años. En la modesta casita número 26 vivió el preclaro poeta Ricardo Molina, como recuerda una sencilla placa de azulejo colocada en 1979 por el cantaor Antonio Mairena: “En esta casa creó su más importante obra literaria y flamenca el eximio poeta Ricardo Molina Tenor”. Otro enclave de la Córdoba profunda por el que parece no pasar el tiempo.

Referencia

  1. MÁRQUEZ, F.S.. Rincones de Córdoba con encanto. 2003. Diario Córdoba


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