Convento de Santa Cruz

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Convento de Santa Cruz
Localización Calle Agustín Moreno mapa
Cronología Fundado en el siglo XV, con añadidos posteriores
Promotor/impulsor Pedro de los Ríos y Teresa Zurita
Catalogación Bien de Interés Cultural (2011)
Uso Conventual


El convento de Santa Cruz de Clarisas Franciscanas, es un convento situado en la calle Agustín Moreno en el Barrio de San Pedro. Fue fundado en el siglo XV.

El edificio actual es fruto del añadido sucesivo de nuevos espacios al proyecto original, con el patrocinio de la familia de los Ríos. Como resultado, el convento es un conjunto de casas organizadas en torno a patios.

De ellas, destacan por su gran valor histórico y artístico la iglesia, el claustro principal, la casa mudéjar, la casa de las novicias y la barroca (ambas del siglo XVIII), así como un amplio espacio dedicado a huerto.

Algunos de los elementos decorativos más valiosos son el Retablo de Belén, compuesto por 11 pinturas flamencas y una talla anónima de la Virgen de Belén; y el claustro, que tiene en sus columnas elementos romanos y mudéjares reutilizados, y techos cubiertos con alfarjes del siglo XV.

En 2009, la deficiente situación económica de la comunidad -compuesta por unas 17 hermanas-, llevó a la petición de cierre y la posible venta del inmueble. Para garantizar la salvaguarda del histórico edificio y su patrimonio mueble, la Junta de Andalucía incoó procedimiento para su catalogación como Bien de Interés Cultural. El expediente se resolvió con gran rapidez: con el Decreto 38/2011, de 15 de febrero, el bien quedó inscrito como Bien de Interés Cultural, con la tipología de Monumento, garantizando así que sea cual sea el destino del edficio, se preservará su integridad.


La Madre Abadesa explica las razones para pedir el cierre del convento

Historia

El convento fue fundado en 1464 por Teresa de Zurita, siguiendo los deseos de Pedro de los Ríos, tras su fallecimiento.


Descripción

El convento tiene planta irregular, como resultado del añadido sucesivo de diversas casas, organizadas en torno a patios. Sobresale el edificio principal, estructurado en torno al claustro principal.

El acceso al conjunto se realiza desde la calle Agustín Moreno, donde se sitúa una portada de reducidas dimensiones y composición clasicista, fechada hacia la segunda mitad del siglo XVII, consistente en un vano central de medio punto enmarcado con columnas de fuste estriado elevadas sobre pedestales, rematado por un frontón triangular en cuyo centro se inscribe un escudo y, en las enjutas, los escudos franciscanos de las cinco llagas. Desde aquí se accede a un primer patio o compás, de planta irregular, en el que se integra el pórtico de acceso a la iglesia, formado por una galería de arcos de medio punto sobre columnas pétreas y capiteles decorados con escudos. En este pórtico se abre otra puerta de gran sencillez, con un cancel, que permite el acceso a la iglesia desde uno de los lados de la nave.

La iglesia

La iglesia, respondiendo al modelo tradicional de iglesias conventuales, presenta planta rectangular con una sola nave con cabecera plana y coro a los pies. La nave se divide en tres tramos cubiertos, cada uno de ellos, por bóvedas de crucería apeadas sobre ménsulas, obra del siglo XVII que, probablemente, ocultan una antigua cubierta de madera. En el interior se conserva un interesante zócalo de azulejos con motivos vegetales azules y blancos del siglo XVIII, que recorre el perímetro del templo. Así mismo, cabe destacar la solería, del siglo XVII, formada por piezas vidriadas con temas vegetales y geométricos de colores verdes, blancos y amarillos.

La capilla mayor, con bóveda de arista y un florón central, está separada del resto de la nave mediante un arco toral levemente rebajado con decoración geométrica de yeso. La cabecera, plana, alberga el retablo mayor, construido en dos fases: la parte inferior fechada hacia 1755 de autoría anónima; y la parte superior, de 1781 es obra de Alonso Gómez de Sandoval. El retablo se compone de banco, un solo cuerpo con tres calles separadas por estípites que originan hornacinas para albergar imágenes, y un ático. Dedicado a la glorificación de la Santa Cruz, el retablo está presidido por una talla actual del Resucitado. A ambos lados se ubican las imágenes de San Antonio y San Buenaventura, Santo Domingo y San Francisco, Santa Clara y Santa Elena. Se remata, en el ático, con una Inmaculada del siglo XVIII.

A los pies de la nave se sitúan dos coros, alto y bajo, ambos de planta cuadrada y testero plano. El coro bajo está cubierto por un alfarje de casetones, con tirantes y canes, con los símbolos de los evangelistas tallados en los ángulos. El coro alto presenta igualmente una techumbre plana de madera con tirantes y canes, donde se tallan escudos.

En el muro izquierdo, se ubica un retablo de estípites presidido por la imagen de San Francisco, sobre la cual, en una peana, se encuentra un busto de Santo Domingo. En el ático se inserta el escudo franciscano. Frente a este retablo, en el lado derecho de la nave, se ubica un retablo de composición similar, fechado hacia 1730, que alberga la imagen de un Niño Jesús vestido, de tradición montañesina, sobre una peana con un busto del Padre Eterno, y ático adornado por un relieve alegórico.

Frente a la puerta de acceso, en el lado derecho de la nave, se encuentra el retablo más interesante de toda la iglesia, el conocido como retablo de Belén, compuesto por once cobres flamencos, dispuestos en torno a una caja central, decorada con motivos vegetales pintados y espejos, en la que se sitúa una magnífica talla de la Virgen de Belén, obra anónima del siglo XVIII, relacionada con el círculo del escultor Benito Hita del Castillo. Los cobres representan, siguiendo los modelos de Rubens, imágenes de la vida de Cristo: la Adoración de los pastores, Epifanía, Presentación en el Templo, Bautismo, Multiplicación de panes y peces, Bodas de Caná, Camino del Calvario y Cena en casa de Lázaro, en el primer cuerpo, y la Crucifixión, el Descendimiento y el Santo Entierro, en el ático. Culminando el retablo, un lienzo de mayores dimensiones representa a Cristo orante ante el Padre Eterno.

Un último retablo, situado en el lado derecho de la iglesia, de madera pintada con hornacinas flanqueadas por dobles columnas, alberga una imagen de la Virgen del Mayor Dolor, obra de José de los Ríos Serrano del año 1837.

Esta serie de retablos, junto con un importante número de lienzos e imágenes, reseñadas en el punto seis de este anexo, completan el interesante programa decorativo de la iglesia del convento de Santa Cruz.

Capilla del Sacramento

Paralela a la iglesia, en el lado derecho, comunicada por un torno eucarístico y con acceso desde el claustro principal del convento, se encuentra la capilla del Sacramento, una pequeña sala de planta rectangular, cubierta por un alfarje de tablazón con aspas de mala calidad, desde donde las monjas pueden comulgar sin necesidad de salir de la clausura. En el frontal, se ubica un retablo del siglo XVII dedicado a Jesús Nazareno, cuya representación ocupa la hornacina central, rodeado por las de la Virgen del Refugio, San José con el Niño y cuatro ángeles. El programa decorativo del retablo se completa con una serie de pinturas en las que se representan un Ecce Homo, una Piedad, Cristo crucificado con los dos ladrones, el Camino del Calvario, la Oración en el Huerto y la Sagrada Cena. En la misma capilla, en el muro del Evangelio, se encuentra el retablo de Cristo Resucitado fechado entre 1750-1845. Frente a éste, en el lado de la Epístola, se conserva otro retablo conocido como retablo de la Dolorosa, en el que se insertan las imágenes de la Virgen Dolorosa y la Inmaculada, del siglo XVII.

Dependencias conventuales

Al convento se accede por una portada que presenta un arco conopial enmarcado por un alfiz, que da acceso en recodo, siguiendo la tradición mudéjar, a un patio con dos pisos, el superior con galería abierta. En el centro del patio se conserva un pozo de planta poligonal con azulejos de motivos vegetales.


Avanzando hacia el oeste se adosa una nueva vivienda conocida como la casa del «patio de Triana», compuesto por dos pisos, con galería corrida en dos de sus frentes y volada por un forjado de vigas de madera que apoya sobre pies de fundición. En el centro del patio encontramos un pozo central poligonal con azulejos.

Avanzando hacia el sur, el patio del torno, de planta irregular, presenta en su frontal un soportal con pilares de ladrillo apoyados sobre pedestales de caliza, detrás del cual se encuentra el patio de los purificadores, con galerías porticadas en dos de sus lados, abiertas por arcos de medio punto peraltados de ladrillo y soportados por columnas con capiteles visigodos y árabes. En torno a este, se levanta una de las edificaciones más interesantes del conjunto, la casa mudéjar, un claro ejemplo de la arquitectura doméstica de esa época. Cabe destacar la techumbre, consistente en un forjado de vigas con restos de alfarjes totalmente decorados con motivos pintados de tracería del gótico final.

El claustro y el núcleo principal del convento presentan planta cuadrada con galerías en sus cuatro lados, distribuidos en dos pisos, el primero abierto a través de cuatro arcos de medio punto sobre columnas, algunas de las cuales presentan elementos reutilizados de época romana y mudéjar. Alrededor de este se distribuyen las dependencias conventuales: la galería norte está presidida por la iglesia, la escalera principal y la capilla del Sacramento; la galería este, con fachada hacia el huerto, se completa por una sala de labor en la primera planta, y un dormitorio comunal en la segunda; en la galería sur, se ubica el refectorio, de planta rectangular, desde donde se accede a una capilla barroca dedicada a Nuestra Señora de Belén. Anexo a este cuerpo se disponen la cocina, la bodega y otras dependencias de servicio; la galería oeste sirve de nexo con las demás casas incorporadas al conjunto. Los techos de las galerías se cubren por interesantes alfarjes pintados del siglo XV. En el centro del claustro se conserva una fuente poligonal de mármol rojo de Cabra.

La capilla de Nuestra Señora de Belén, de pequeñas dimensiones, se resuelve por una sola nave con crucero y sacristía, cubierta por bóveda de arista decorada con pinturas y yeserías, y un zócalo de mármol que recorre el perímetro de la nave. En el frontal se ubica el retablo, estructurado en tres calles sobre banco y ático, en el que se inserta un conjunto de pinturas del siglo XVIII en el que se representan a San Pedro, Santa Susana, María Magdalena y la Adoración de los Pastores, en la calle izquierda; un monje, una samaritana, San Isidro y la Negación de San Pedro, en la calle derecha; San José, en el banco; y la imagen de Jesucristo presidiendo el ático, rodeado por las representaciones de San Francisco y San Antonio.

El mirador de la torre campanario presenta planta cuadrada con siete ventanas y una armadura de madera con tres faldones con cuadrales en las esquinas. Sobre el mirador se levanta la espadaña, con una sola campana.


Forman parte del conjunto conventual otras casas, como las denominadas «casa de novicias», «casa barroca» y otras dos de carácter secundario.


La casa de novicias es obra del siglo XVIII, de estilo barroco. Fue construida como lugar de retiro, hacia 1726, para doña Petronila y doña María José Gutiérrez de los Ríos. Consta de dos plantas levantadas en torno a un patio y torre mirador, en el que destaca el interesante programa decorativo a base de placas de tres relieves, que aún conservan parte de la policromía original. La subida a la segunda planta se hace por una escalera que presenta un doble arco de medio punto que arranca de ménsulas de placa y de un estípite central que, pese a ser un elemento característico de los retablos, en este caso particular hace las veces de parteluz.

La casa barroca, fechada también en el siglo XVIII, presenta dos plantas y una fachada abierta hacia el huerto a través de balcones y ventanas. Esta casa conserva una interesante decoración mural en la fachada exterior de la segunda planta. Con colores blanco, ocre, verde y granate se representan pilas, escudos y enmarques de ventanas, a modo de auténticos trampantojos propios del estilo barroco. Este programa decorativo se ha convertido en uno de los pocos ejemplos de pintura aplicada a la arquitectura que se conserva en la ciudad de Córdoba.

Las otras dos casas existentes presentan la misma composición vista en las demás: galerías en torno a un patio central, aunque se encuentran en un lamentable estado de conservación. En una de ellas se conserva un pozo central de caña circular con azulejos.


Fundación del Convento

De Teodomiro Ramírez de Arellano, en Paseos por Córdoba. Barrio de San Pedro. La fundación del convento de Santa Cruz:

Pedro de los Ríos, señor del Morillo y veinticuatro de Córdoba, caballero de los más valientes y diestros en las armas de su época, fue uno de los nueve que en 1434 ayudaron a Suero de Quiñones a sostener el paso de la puente de Orbigo en las célebres fiestas que sostuvo, y cuyo hecho es conocido en la Historia por el Paso honroso. En agradecimiento al buen resultado de esta empresa ofreció fundar un monasterio en su patria. En una de las cláusulas de su testamento dice haber tratado muchas veces con su mujer, doña Teresa Zurita, la fundación del convento, y que si ésta hubiese desistido, él quiere que en su parte se edifique, toda vez que juntos y con gran trabajo la hicieron y carecían de herederos forzosos.

Muerto Pedro de los Ríos, la viuda, animada del mismo pensamiento piadoso, llevó a cabo la fundación en 1464, y bajo la dirección del padre fray Francisco de Miranda, con religiosas llevadas de Santa Clara a los doscientos años justos de haberse instituido este monasterio, suprimido en 1868 e incorporada su comunidad a la de Santa Cruz, a que en su principio dio vida. La doña Teresa le asignó para su renta un juro de 22.000 maravedises que el rey don Enrique le había dado, verificándose esta traslación de dominio con cédula real de los Reyes Católicos don Fernando y doña Isabel, dada en Medina del Campo a 25 de junio de 1477. Otro de 16.000 maravedises, sobre las rentas de las Carnicerías, le donó el comendador Garci Méndez de Sotomayor, por su testamento otorgado ante Diego Fernández de Córdoba, a 2 de septiembre de 1507. Contaba además con otros bienes, entre ellos los que en 12 de diciembre de 1478 le dio doña Catalina de Sotomayor, viuda del alcaide de los Donceles Diego Fernández de Córdoba

Da ingreso a esta santa casa una bonita portada de orden dórico. A seguida hay un extenso patio adornado de cipreses y arbustos. En su lado derecho está la portería con un lindo arco gótico, y al frente hallamos una arcada donde está la puerta de la iglesia con los escudos de los patronos de aquel convento, marqueses de las Escalonias, y delante un cancel que era el de la iglesia de Santa Clara.


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