Francisco Aguilera Amate

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Francisco Aguilera Amate
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Nacimiento: 1926
Lucena
Fallecimiento: 22 de junio de 1989
Córdoba

Contexto histórico

Décadas: 1960 - 1970 - 1980

Francisco Aguilera Amate, pintor, nació en Lucena en 1926[1] y falleció en Córdoba el 22 de junio de 1989.

Participó en todos los movimientos de las vanguardias renovadoras y se alineó en los grupos de lucha contra la dictadura, constituyendo el legado de su pintura el más despiadado aguafuerte de los años de represión. Militante tardío en el Partido Comunista donde no ingresó hasta 1980, ya desde muchos años antes su compromiso con los movimientos culturales le situó en la colaboración con los partidos clandestinos, nucleados en torno al Círculo Cultural Juan XXIII, de Córdoba.

En esta línea de testimonio, Aguilera Amate fue con Francisco Cortijo, el referente de la incorruptibilidad como artista, manteniendo su temática obrerista y revolucionaria de difícil encargo al margen de las instituciones que, por otra parte, le marginaron cuando los partidos de izquierdas asumieron cotas de poder.

De ascendencia judía, que él mantenía como una clandestinidad más en medio de la persecución franquista, su familia conservaba la tradición sefardí de la sinagoga lucentina. Estudió por libre en el Círculo de Bellas Artes de Madrid y se adscribió a los talleres del pintor Carlos Pascual de Lara y del escultor Jorge Oteiza.

En la corriente donde surgieron los grupos renovadores que en forma de "equipos" llevaban al trabajo colectivo el método dialéctico de su formación política, tempranamente, Francisco Aguilera formó collera con el escultor del mismo apellido integrando el Equipo Espacio.

Las exposiciones de Francisco Aguilera son innumerables. Tanto en España como en el extranjero. A pesar de su condición debeladora, sus obras figuran en importantes pinacotecas públicas y privadas, si bien la inmensa mayoría de su producción permanece en manos de su familia, esposa y tres hijos.

Pero eran las campesinas y campesinos andaluces, los interminables surcos de las besanas, poblados de osamentas calcinadas, las "eva-forest-genovesas", sometidas al tercer grado de los interrogatorios, la revolución de los claveles, los obispos panzudos, los curas y los guardias civiles de terciado mauser, la muerte de Grimau.

El fusilamiento de "Grimau", su cuadro de mayores dimensiones, pone de manifiesto la ecléctica confluencia de sus orígenes. Desde los expresionistas, los muralistas mexicanos, especialmente Siqueiros, Orozco y Ribera, pintura bolchevique de obreros y fábricas, y, siempre, la anticipación, como cuando diez años antes del opart, el equipo Espacio hizo las más atrevidas intrusiones por la óptica geométrica.

Miembro cofundador del grupo Espacio de Córdoba, del Salón de Córdoba, del Equipo 57 y del Centro de Estudios de Artes Plásticas.

En 1988 fue nombrado Socio honorífico del Ateneo Casablanca y recibió la Fiambrera de Plata a propuesta del colectivo juvenil Acracia. En los últimos tiempos tenía cierto desafecto hacia el PCE aunque no con sus militantes con los que mantenía una relación afectuosa. Diferentes conflictos con cuadros provinciales del Partido lo llevaron a alejarse de él. Este alejamiento coincidió con una aproximación a posturas libertarias fruto de la relación con artistas jóvenes más cercanos al hippismo que a la obediencia estalinista que exigía el formar parte del partido entonces.

Sobre su posible ascendencia judía[2]

La posible ascendencia judía no se debe a las razones aquí indicadas: el nacimiento en Lucena fue coyuntural pues mi abuelo, su padre, estuvo allí trasladado como gerente, del Teatro Alhambra, durante un período limitado de tiempo.
La ascendencia judía podía estar en su apellido materno, Amate, Amat en el caso de conversos baleares y catalanes. La adopción de verbos latinos por parte de judios conversos era común entre los miembros de esta comunidad ante la presión de la Inquisición. Otra razón que nos aproxima a su posible ascendencia hebrea es que mi abuela, su madre, la portadora del apellido, era almeriense. Se cree que Almeria fue un lugar de refugio pues el alcance de la administración estatal no llegaba a aquellos lares. Almeria, entonce, hablamos del siglo XVI, era un lugar perdido en la península y por ello elegido por muchos conversos para poder mantenerse lejos del terror instaurado por la Iglesia y ejercido por la Inquisición, y para, en algunos casos, poder seguir manteniendo las costumbres y la fe judía.
Respecto al seguimiento de la fe judía por parte de la familia de mi padre no hay noticia. De lo que sí doy fé es de la práctica católica de mis tías, sus hermanas, fieles devotas del catolicismo romano. De misa dominical y de respeto de la Cuaresma cuando llegaba. Respecto al apellido: mi padre era tan hebreo como tantos García, Gutiérrez, Martínez, que pueblan nuestro país. Si hubiera una prueba que pudiera determinar el origen de nuestra ascendencia no habría sorpresa en descubrir como muchos de nuestros ancestros eran fenicios, alemanes mercenarios a las órdenes de los sucesivos Califas y moriscos. Esto y el asunto del apellido es pura mitificación sin base alguna.

Referencias

  1. Hemeroteca de Eladio Osuna. El Correo de Andalucía. 13 mayo de 1973
  2. Aportación de Francisco Rafael Aguilera Portero, hijo menor de Francisco Aguilera Amate

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