Francisco Arévalo García

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Francisco Arévalo García
P. Arévalo.JPG

Poeta y periodista

Nacimiento: 26 de noviembre de 1891
Bujalance
Fallecimiento: 18 de diciembre de 1962
Córdoba

Contexto histórico

Décadas: 1930 - 1940 - 1950 - 1960

Francisco Arévalo García

Biografía

Nace el 26 de noviembre de 1891 en Bujalance (Córdoba), fue periodista y poeta. Con temprana edad se desplaza a la capital junto a su hermano también poeta Antonio Arévalo García.

Mostró desde su juventud gran afición a la literatura. Sus primero trabajos periodísticos lo realizó el Diario de Avisos que se publicaba en los años 1910 a 1914 alcanzando una plaza de redactor. Posteriormente se incorporó al Diario Córdoba donde se dedicó a los trabajos de redacción callejera y crítica teatral, ocupando finalmente la responsabilidad de redactor jefe en el Diario Liberal, órgano del partido “barrosista”. Sus trabajos informativos, crónicas y brillantes versos los firmaba con el pseudónimo de “Favarelo”, en este diario permaneció hasta su desaparición en 1931. Abandona el periodismo y se incorpora como empleado municipal a la Biblioteca Municipal de Córdoba, en cuyo cometido estuvo hasta su jubilación en 1961.

La vocación favorita de Francisco Arévalo llegó a ser la poesía, dado que sus creaciones fueron proliferas. El conjunto de su obra tuvo un juicio crítico favorable por considerar en su tiempo que era un trabajo de elevada categoría. En sus últimos años se dedicó a recopilar y seleccionar las poesías que había publicado en periódicos y revistas, permitiendo esta forma el publicar sus tres últimos libros.

Desde que se fundara la Hoja del Lunes en los años finales de la década de los cuarenta, colaboró semanalmente en la Sección ”Siluetario lirico”, donde plasmó todo lo cordobés con expresiva belleza. Tuvo indudable preferencia por los temas populares e incluso es autor de varias letras para canciones a las puso música el maestro Ramón Medina Ortega.

Paco Arévalo, como se le llamaba coloquialmente, era un poeta de exquisita ternura y de fogosa inspiración, de corte clásico en su estilo, renunciando por disconformidad con las nuevas tendencias que se imponían el su tiempo, se le puede llamar con toda justicia como el último poeta romántico de Córdoba. Su poesía, escrita con claro léxico y en estilo diáfano contó con muchos lectores. Por sus obra poética tuvo el reconocimiento de varios certámenes literarios y alcanzó el ser miembro correspondiente a la Real Academia de Ciencias Bellas Letras y Noble Artes de Córdoba.

Cuantos le conocieron quedaron prendados de su bondad, y todos los que lo trataron fueron amigos suyos; por su sencillez, supo pasar por la vida sin más aspiración que escribir sus sentimientos. Acompañó en un segundo lugar a su hermano Antonio en la castiza y famosa Peña Los Legítimos.

Falleció el 18 de diciembre de 1962 en la calle Horno Veinticuatro nº6 del popular barrio de Santa Marina. Se le cuerda en Córdoba con el nombre de la Calle Poeta Francisco Arévalo.

Obras

  • Ensueño, publicado entre 1915 a 1920.
  • Córdoba, cárcel de amor, 1931.
  • La Driada.
  • El caballero del Diablo.
  • El castillo del conde Laurel, 1959 (Poesía infantil).
  • Piropos a Córdoba, 1960
  • Silos de estrella, 1961

Poesía Póstuma

San Rafael
Custodio de mi Córdoba adorada,
Tú, que su ensueño velas,
no apagues de ese ensueño esas candelas
que alumbran tanta gloria conquistada.
Ya sabes que la quiero
como es notoria admiración del mundo;
sublime reverbero
de las nobles pasiones, en que me hundo,
sintiéndome, feliz, su prisionero.
Pendiente de tus alas
están su pensamiento y su fe viva;
te viste con sus galas,
te reza humilde y te defiende altiva.
Arcángel, cuida de la ciudad bella
y no de mi; porque ella eternamente;
tras tu divina huella,
de vida ha de tener caudal potente;
porque Córdoba magnitud tiene de estrella;
y, yo, ni el fulgor puedo apresar de ella.

Testimonio

Arévalo, aferrado a los modos tradicionales de la poesía, cultiva su huerto con noble y esmerado afán y obtiene esos frutos óptimos, que día tras día nos va dando a conocer en el periódico en la revista y que después, en merecido ascenso, pasa al libro para que podamos mejor aquilatar sus méritos. Pudiéramos decir que el poeta permanece asido con firmeza de roca, pero con suavidad y elegancia de flor, a aquella época romántica, ya casi extinguida, en que la creación poética influía en la sensibilidad humana y un verso era suficiente para conmover los sentimientos de una mujer.

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