Julián Caballero Vacas

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Julián Caballero Vacas
Julian Caballero Vacas.jpg
Nacimiento: 1894
Villanueva de Córdoba
Fallecimiento: 11 de julio de 1947
Actividad: Comprometido político
Destacado: Alcalde de Villanueva de Córdoba

Contexto histórico

Décadas: 1930 - 1940

Julián Caballero Vacas

Nace en 1894 en Villanueva de Córdoba y muere el 11 de julio de 1947 en Umbria de la Huesa, lugar donde las fuerzas franquistas mataron a él y a su partida de guerrilleros

Fundador entre otros del Partido Comunista en Villanueva de Córdoba, fue alcalde de su pueblo con el Frente Popular, hasta finales de la guerra civil.

Al terminar la guerra huyó a la sierra con un grupo de comunistas combativos y se convirtió en un dirigente mítico en toda la zona sur. Era el jefe político general de la 3ª Agrupación Córdoba, resistente antifranquista y defensor de las libertades democráticas y republicanas.

Datos biográficos

Julián Caballero Vacas fue bracero desde la infancia, aprendió a leer y a pensar en los centros obreros, despertó a los valores de la última República y murió peleando por su reinstauración.

Las agitaciones campesinas de primeros del siglo XX corrieron paralelas a su juventud; también la presencia de centros, agrupaciones y federaciones obreras, ricas en propaganda, mítines y textos políticos, que le despertaron al compromiso con la izquierda. Así, durante el Bienio Negro fue encarcelado por la CEDA en 1935, mientras su joven paisana María Josefa la Mojea mantenía las primeras luchas feministas representando a Córdoba en el congreso de Valencia del 37.

Para entonces, Julián había contraído matrimonio civil con Dolores Castillo y era padre de Marina, Alfonsa, Miguel y Ernesto (nacido durante el encarcelamiento). En febrero de 1936, nace la última hija, Dolores, mientras Julián se convierte en el primer alcalde comunista de Villanueva de Córdoba. En julio, con la sublevación, ordena detener a falangistas y miembros de la CEDA, tras un intento de diálogo; pero las calles del pueblo se convierten en campo de batalla y los republicanos terminan dispersos por el entorno.

El 24 de julio, Julián Caballero recupera el sillón de la Alcaldía; Dolores encuentra su casa de alquiler desmantelada y la sublevación sigue cobrándose víctimas. Al llegar los primeros meses del 39, es nombrado comisario político en el frente de Pozoblanco; en abril se queda en la guerrilla, su mujer en la cárcel, los niños con los abuelos casi centenarios y la pequeña Marina deambulando, tres días, hasta que la recogen las monjas de Cristo Rey, junto a su hermana.

En 1940, cuando la mítica entrada de los guerrilleros por el Valle de Arán, llevaba cuatro años en el Maquis: recorriendo cerros, intentado adoctrinar a los campesinos, sin dormir nunca bajo techo, protegido por algunos y traicionado por otros. Los Parrilleros estuvieron integrados un tiempo en su partida. De ese periodo, recordaba Manuela Díaz Cabezas “La Parrillera” cómo su fortaleza física le salvó de las graves heridas sufridas en las ruinas de un cortijo, al ser sorprendidos tomando un cocido. Manuela y la Mojea le curaron al modo de los guerrilleros: aplicándole cataplasmas de hierbas cocidas, en brasas sin llama ni humo que delataran su presencia.

En 1945 es elegido en asamblea, con Dionisio Tellado, jefe de la Tercera Agrupación Guerrillera de Córdoba, con María Josefa como ayudante del Cuartel General, según el organigrama que Moreno Gómez publica en 1987, donde recoge la perfecta estructura de aquel ejército de militantes, divididos en partidas de "unos siete hombres". "Tres guerrillas formaban un batallón -20 hombres-, y tres batallones, una división", relata. En la noche del 10 al 11 de junio de 1947, la 3ª División preparaba en La Huesa de Villaviciosa el encuentro en el que Julián Caballero (52 años) sería abatido a tiros, junto a María Josefa (42 años), y tres compañeros más.

Los hechos de la finca La Huesa quedaron en la memoria de Mateo, entonces un chiquillo, debatiéndose entre las dos aguas posibles: el Maquis y la antiguerrilla;

"…estábamos en la era el cabrero y yo cuando llegaron los civiles disfrazaos de rojos y me pusieron la pistola… Al día siguiente nos llevaron a la choza donde habían matáo a Caballero. Aquéllo estaba tupío de guardias, unos vestíos de rojos y otros de uniforme. Estaba el matrimonio (los dueños de la choza), los cuatro hermanos y una hija joven. Nos ataron primero por las muñecas y luego por los brazos. Íbamos nueve, tós seguíos, el cabrero, los cinco hermanos, el padre, un rojo que habían cogío y yo; a la madre la dejaron allí, porque estaba vieja, y a los muertos los cargaron delante, en bestias".

Coincide la memoria de Mateo con los datos de Moreno Gómez: dos de ellos fueron enterrados en Villaviciosa y un tercero en Pozoblanco; Julián y La Mojea fueron trasladados a Villanueva y expuestos en la plaza en donde -recordaría La Parrillera-. El del Lunar se cebó con el cadáver de aquella mujer que murió peleando y cumplió la última consigna: suicidarse, tras rematar a sus compañeros. Ernesto Caballero, que tenía 12 años, confirma esa versión: vio la herida en el ojo derecho de su padre, el segundo tiro en la frente y el de la sién en ella; también los signos de haber sido golpeado y arrastrado por el campo después de morir. Y vio a las gentes de su pueblo subir al cementerio, guardando una fila tan respetuosa como su silencio; quizá porque como dice Moreno "…Villanueva no había apagado todavía un sentimiento de aprecio por su antiguo alcalde".

Dolores, considerada "madre soltera" y "amancebada" porque su matrimonio era civil, buscó sendas cajas para Julián y Josefa y con ellas fueron echados a la fosa común; y cuando a finales de los sesenta le propusieron rescatarlos y darles "cristiana sepultura", ni quiso ni pudo hacerlo. Sus restos quedaron en el huesario del camposanto, y su memoria se esculpió en un monumento en Villanueva, junto a la de otros soñadores que acariciaron la utopía.

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