Angelita Romero de Torres

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Angelita Romero de Torres

Angelita Romero de Torres (Córdoba, 1881 - 1975). Hija de Rafael Romero Barros y hermana de Julio, Rafael y Enrique Romero de Torres. Miembro de la Real Academia de Córdoba, realizó una notable labor de difusión del trabajo de su hermano Julio, a quien sirvió de modelo en algunos cuadros. Además, colaboró en la gestión del Museo Romero de Torres y en la puesta en marcha del museo Arqueológico de Córdoba.


Biografía

Nace en Córdoba el 8 de marzo de 1881 en una familia compuesta de artistas cuyo padre fue Rafael Romero Barros, por tanto, era la menor de siete hermanos entre los que se encontraban los pintores Rafael Romero de Torres, Julio Romero de Torres y el investigador en arte Enrique Romero de Torres.

Tuvo la inquietud artística familiar procurando vivir el anonimato como consecuencia de su natural sencillez que le hacía ocultar sus propios méritos, pero éstos le fueron reconocidos por la Real Academia al hacer miembro correspondiente de la misma en razón a su labor cultural y artística al dar a conocer las obras se su familia en especial las de su hermano Julio, debido al acervo cultural que tenía de las mismas. Además intervino en la defensa del patrimonio histórico - artístico de Córdoba junto a su hermano Enrique.

Se caracterizó por su gracia espontanea que le hacía ser agradable el trato con todo el mundo, donde se le unía una picaresca sana. Su pinturero peinado, su vestir, y en sus gestos, recordaban a una dama que se hubiera quedado anclada en los años donde triunfo Julio, el más insigne de la familia.

Sirvió de modelo a su hermano Julio en el cuadro Canto al amor que se conserva en el Círculo de la Amistad y en otros cuadros. Colaboró en la custodia junto a su sobrino Rafael Romero de Torres Pellicer del Museo y en la Hemeroteca y Biblioteca Romero de Torres, llegando a ser ayudante en la sombra, y casi a la misma altura, que su hermano Enrique en todo lo concerniente al Patrimonio Artístico de la Ciudad. Igualmente fue colaboradora con Ana María Vicent Zaragoza en el montaje del Museo Arqueológico y Etnológico de Córdoba. Su última intervención en público la realizó en los actos conmemorativos del centenario de la Escuela de Bellas Artes después llamada Escuela de Artes y Oficios "Mateo Inurria" fundada por su padre en el año de 1866.

El 22 de marzo de 1969 se le hizo entrega del Zahira de Oro como tributo de la ciudad a toda una dinastía de artistas.

Falleció en Córdoba el 6 de agosto de 1975, cuyos restos están en el panteón familiar de Julio Romero de Torres en el Cementerio de San Rafael.


Testimonios

«Angelita Romero de Torres era una llama viva del espíritu. Era una exaltación del espíritu de Córdoba hacia las más sublimes rutas del lirismo, de la emoción cordial y afectuosa….Era una mujer fina y delicada… era graciosa y fina. Siempre tenía un elogio para cada persona. La hicimos académica a edad avanzada y recordamos como verdadera revelación su discurso de presentación. Ella estaba entre los adoradores de las glorias de Córdoba. Como ejemplo puedo contar que el día de los Santos llevaba flores a la tumba de los Céspedes. Angelita era una persona digna de adoración de todos los cordobeses.»


  • Se comentaba como anécdota de Angelita lo siguiente:

«De las muchas visitas que frecuentan el Museo de Julio Romero de Torres llegó una joven adolescente, ella pudorosa no quería ver los desnudos pintados por Julio. Angelita inteligentemente comprendió el malestar de aquella jovencita y salió del trance con esta frase: El desnudo visto como arte y no como concupiscencia es lo más sublime que un pintor puede realizar. Así que no te ruborices, pues estás viendo la belleza de una mujer, que es lo mejor que Dios pudo crear.»


  • En una carta al Diario Córdoba con las iniciales J.R.S. comentaba lo siguiente de Angelita:

«Angelita me había mostrado el museo de su hermano, fue pura delicia, el escudriñar con ella todos los rincones, asistí a su siembra de anécdotas, reviví cada una de las pinceladas de Julio, cada una de las historias en la génesis de los cuadros del pintor. Porque para ver de verdad el museo de Julio Romero de Torres era preciso, absolutamente preciso la compañía, insubstituible, inmensa y luminosa de Angelita.»


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