Antonio Zurita Vera

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Antonio Zurita Vera fue agricultor, periodista, y alcalde de Bujalance en dos ocasiones durante el reinado de Alfonso XIII.[1]

Biografía

Agricultor comprometido y periodista. Casado con María Romero, fueron padres de Gaspar, Francisco, Silveria y Ernesto Zurita Romero. Su hija Silveria Zurita Romero se casó en 1918 con el catedrático Juan Carandell Pericay. Su hijo, Gaspar Zurita Romero, dirigente patronal, fue asesinado en Bujalance en 1933 tras una entrevista con el alcalde de la localidad.[2] Francisco Zurita Romero casó con Ascensión Fragero Luque. Por su parte Ernesto Zurita Romero casó con Francisca Gavilán Hijuelos.

Alcalde de Bujalance

Antonio Zurita Vera fue elegido alcalde de Bujalance el 16 de julio de 1918, por dieciséis votos a favor y uno en blanco. Once meses después, el 12 de junio de 1919 presentó su dimisión "para poder dedicarse a sus asuntos particulares".

Bajo la Dictadura de Primo de Rivera, el 11 de enero de 1924 volvió a ser nombrado alcalde de la localidad. Ratificado su nombramiento con la entrada en vigor del nuevo Estatuto Municipal con fecha 8 de marzo de 1924 y la Real Orden del 28 de marzo de ese año. Dimitió nuevamente de su cargo, por discrepancias con José Cruz Conde respecto a cuestiones agrarias y municipales, el 29 de junio de 1926.

Defensa de la agricultura

Su preocupación por el desarrollo de la agricultura le llevó a escribir miles de artículos en periódicos y revistas, cada uno de los cuales era una herida en el cuerpo de la ignorancia oficial estancada en la burocracia. Recio baluarte agrario, defensor a ultranza de la agricultura en general, teniendo como punta de lanza el aceite de oliva, luchó denodadamente en su defensa contra los aranceles que constituían la protección oficial del aceite de semillas. Sabedor de que el olivo representaba la mayor riqueza de Andalucía y una de las mayores de España y que sus productos eran insuperables.

Los agricultores cordobeses, representados por la Cámara Agrícola, quisieron patentizar su aprecio y gratitud hacia el Alcalde de Bujalance, obsequiándole con un banquete, homenajeándole junto al Marqués de Viana y solicitando para él una alta condecoración, entregándole en dicho acto un artístico pergamino en el que expresaban los merecimientos del Sr. Zurita. Dicho homenaje se le tributó en Córdoba el día doce de julio de 1926 (Libros de Actas, sesión del día veintinueve de junio de 1926). En este mismo año los Ayuntamientos de la provincia lanzaron la idea, por la prensa recogida y divulgada, de pedir al Gobierno una alta condecoración para el Sr. Zurita. Como consecuencia de ello, en 1928 recibió la imposición de la Gran Cruz del Mérito Agrícola.

Hacia octubre de 1930, al contrario que la mayor parte de los países europeos, España no contaba ni con un partido agrario, ni con un Ministerio de Agricultura, y el Estado dedicaba menos del 0,50% del presupuesto a la base principal de su economía. Antonio Zurita, arrendatario del Duque de Medinaceli, era primer vicepresidente de la Cámara de Agricultura de Córdoba y director de su revista. Según Jacques Maurice, (El anarquismo andaluz, pág. 129) en sus artículos representaba el punto de vista de un grupo en ascenso, el de los labradores. Este grupo no tenía partido, pero si llegaba el caso, sus organizaciones sociales y profesionales podía cumplir esa función. Posteriormente, antes de la República, el señor Zurita se afilió a la Unión Monárquica, el partido que presidía José Cruz Conde.[3]

Guerra Civil

El golpe de Estado de 1936 y la guerra civil sorprenden a Zurita en Madrid junto a su hija y yerno, que preparaba oposiciones a la cátedra de Veterinaria. Su yerno, debido a sus ideas republicanas, nunca más pudo volver a Cabra. .[4]

Referencias

  1. Visita de Alfonso XIII a Bujalance, por Francisco Martínez Mejías, Cronista Oficial de Bujalance.
  2. Telegramas de protesta por el asesinato de don Gaspar Zurita Romero, en el diario La Voz.
  3. Visita de Alfonso XIII a Bujalance, por Francisco Martínez Mejías, Cronista Oficial de Bujalance.
  4. Esquela de Juan Carandell, en el diario El Defensor de Córdoba, 27 de septiembre de 1938.

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