Fuensantilla

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Se conoce como la Fuensantilla a la zona existente en la zona de final de la avenida de Ollerías, comienzo de la Ronda del Marrubial y el inicio de la avenida de Almogávares. Da nombre a la Glorieta de la Fuensantilla

El nombre le viene dado según cuenta Ramírez de Arellano por ser el sitio donde cuenta la leyenda que acudían los patronos de Córdoba Acisclo y Victoria. Es por ello que el pueblo le dio el nombre de Fuensanta. Sin embargo, el descurbrimiento de la Virgen de esta adovación, hicieron que en un principio pasara a ser nombrada Fuensanta la Vieja y posteriormente Fuensantilla.

La fuente se proveía de las aguas se encauzaban ya desde época romana por el acueducto Aqua Nova Domitiana Augusta procedente de la zona del arroyo Pedroche.


Ubicación de la Fuensantilla


La Fuensantilla por Paseos por Córdoba

Sin alejarnos mucho de la puerta (del Alquerque o Excusada) encontramos el pilar conocido por la Fuensantilla. Se cree por tradición que a otra fuente cerca de aquel sitio iban a llenar sus cántaros los patronos de Córdoba Acisclo y Victoria, quedándole el título de la Fuensanta o fuente santa, que le duró hasta la aparición de la Virgen de esta advocación, en cuya época le añadieron el calificativo de vieja, que después ha degenerado en el diminutivo Fuensantilla. El actual pilar y caño es de 1790; antes existió otro de que hacen mención hasta 1493.

Plano de 1884

En unos manuscritos del venerable don Juan del Pino dice que deseoso de descubrir la primitiva fuente a donde iban por agua los patronos, un día de 1583, acompañado del cronista Ambrosio de Morales y del licenciado Morales, examinaron todo aquel terreno, sin conseguir su deseo. Mas él nunca desistió de aquella idea, y en 1592 se asoció con un vecino del barrio de Santa Marina, muy devoto y protector de la ermita de los Mártires, y juntos volvieron a hacer sus exploraciones. Al efecto llevaron a un trabajador con su azada, y después de apartar el cieno lograron hallar entre el agua la fuente que tanto deseaban; era de barro colorado cocido, ovalada, como de una vara de largo, y en su centro una tercia de ancho por otra de profundidad; su grueso, poco más de dos dedos y con un borde todo alrededor, tan bien empotrada en el material que no lograron moverla. Posterior a estos apuntes ningunos hemos visto sobre el particular, y creemos que con el tiempo acabaría de perderse la fuentecita a que hacen referencia. No vemos justificado ser este punto donde los patronos llenaran sus cantarillos, ni pasa de una piadosa y tradicional creencia.

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