Becerrada homenaje a la Mujer Cordobesa

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Los tendidos llenos de mujeres en la Becerrada
Becerrada homenaje a la Mujer Cordobesa

Historia

Conjuntamente con la creación del Club Guerrita -cuyo promotor fue Rafael Guerra Bejarano "Guerrita"- se promocionó por dicho Club la “becerrada de convite” en honor a la mujer cordobesa, siendo dicho festival único toda España. Su primera celebración fue en 1898 coincidiendo con la Feria de Nuestra Señora de la Salud‎, continuando el evento en dicha fiestas. “El Guerra” fue el principal animador de este simpático festival taurino, que además lo sufragaba en su totalidad.

Lucía “Guerrita” traje corto y sombrero de ala ancha o cordobés. Dicho acto, lo presidía en un palco de una forma ininterrumpida hasta el año 1940. Posteriormente el alcalde de Córdoba Antonio Luna Fernández recogió esta herencia popular, restableciéndola en 1944 y llegando hasta nuestros días.

La “becerras del Club Guerrita” en vida del “Califa” constituyó siempre un homenaje a la mujer cordobesa, pasando al morir en un homenaje al gran torero de Córdoba, sin dejar de ser siempre dicho acto una dedicatoria-homenaje a las mujeres de su tierra.

El tendido de la Plaza de toros de los Tejares -posteriormente también en la Plaza de los Califas- siempre se llenó a tope de mujeres bellas y simpáticas de todas las clases sociales, pero especialmente las provenientes de todos los barrios de Córdoba, que aplaudían con frenesí al “Guerrita”. Él todo varonil y arrogante, devolvía el saludo arrojando flores sobre el tendido.

No estaba permito bajo ningún concepto que los hombres pisaran los tendidos, deforma que, sólo se les admitía entrar en la plaza si iban al callejón de barrea. El mismo “Guerra” sentado en el patio de acceso a la plaza controlaba personalmente la entrada mujeres, dado que solamente los hombres socios del Club estaban autorizados para asistir. Para verificar que se cumplía esta orden el personal de la plaza los acompañaba hasta el callejón. Al respecto se contaba la siguiente anécdota ocurrida el 1927, siendo recogida por Rafael García Velasco.


Había en el Café Chastang un simpático camarero llamado Juan Laguna que por su enorme parecido físico con el genial torero Rafael “El Gallo”, era conocido por el «Divino Calvo». Este hombre, muy simpático y ocurrente, tenía verdadero interés en presenciar la Becerrada del «Club Guerrita» y para lograrlo concibió una idea que supo en práctica y que le dio el resultado apetecido. Perfectamente equipado con su indumentaria de camero, chaquetilla blanca, palomita, etc., se proveyó de una bandeja sobre la que colocó un servicio completo de manzanilla diciendo a uno de los porteros, que había sido llamado a la presidencia con aquella bebida por indisposición del señor presidente, el portero en cuestión le franqueó la entrada sin la menor oposición con los que nuestro hombre consiguió lo que era poco menos que imposible siendo posteriormente muy festejada su ocurrencia.


Otra anécdota contada por Antonio Bejarano Nieto fue la siguiente:


Tan riguroso eran "Guerrita” y su Club sobre la exclusividad del espectáculo para las mujeres, que se cuenta que una vez, cierto famoso actor que actuaba en un teatro de la ciudad en aquellos días de Feria, se vistió de mujer para entrar en la plaza y superar tan rígida vigilancia. Así lo consiguió, pero no tardó en descubrirse el engaño cuando ya conversaba con las compañeras de localidad. El abucheo fue entonces general y el intruso fue puesto inmediatamente de patitas en la calle, no sin antes ser felicitado por la buena actuación teatral.


El Guerra saludando en la Becerrada
Como queda dicho, los hombres debían de permanecer entre barreras pasando grandes apuros

en más de una ocasión, pues cuando menos se lo esperaban, y estando pendientes de la lidia, soltaban otro becerro por el callejón. Es de suponer los sustos y sobresaltos de los allí presente, llegando algunos a tirarse de cabeza al ruedo, para no saber cual era el nuevo peligro que le acechaba. Se formaba un verdadero zafarrancho y algarabía en el tendido que hacía gritar y reír a las de féminas que llenaban la plaza.


Hay un dato curioso. La becerrada siempre fue llamada de "convite", tan sólo una vez se organizó con entrada de pago para los espectadores. Concretamente fue el 18 de mayo del año 1919. El objeto de esta recaudación fue para adquirir fondos destinados a hacer una reforma en el local del Club. Actuaron para aquella ocasión los toreros Antonio de la Haba Torreras "Zurito", Manuel Rodríguez Sánchez "Manolete" (Padre), Enrique Rodríguez Moreno "Manolete II", Francisco Gutiérrez "Serranito de Córdoba"; Antonio Torres Figueroa "Toreri", Enrique Ruiz Martínez "Machaquito II", todos ellos eran la flor y nata de la torería cordebesa de aquel momento.


En esta becerreada intentaban participar todos los chavales que tenía inquietud por el toreo, muchos de ellos no llegaron a nada, otros que lo prometían, como fue el caso de Antonio Rodríguez Salido y José Cañete Torres llamado “Lagartijo”, no pudieron seguir por razones particulares, demostrando ambos que podían llegar a ser figuras del toreo por su estilo y valor. Por último, hay que anotar que algunos subalternos, novillero y mataderos se promocionaron a través de esas becerradas, entre otros, el matador José Luis Torres Roldán.


En Córdoba se mantiene, aún por suerte, y contra todas las adversidades el Homenaje a la Mujer Cordobesa. No es el mismo espectáculo de antaño, pues se han producido con los años desviaciones con respecto de lo que fueron las primigenias becerradas, sobre todo por la falta del Guerra, el protagonista y promotor principal del evento.


Testimonios

De la sección "Postal del Día" con fecha 29 de mayo de 1942 del Diario Córdoba se recoge este comentario sobre la Becerrada en Honor a la Mujer Córdobesa:


La becerrada del Club tenía matices de insospechados coloridos. El circo ofrecía un cuadro maravilloso, de indecible plasticidad, de belleza sugestiva e inolvidable. Era un inmenso abanico policromado que se agitaba, por manos invisibles en aquel mar de tonalidades brillantes, cuya visión de ensueño dejaba una impresión difícil de borrar.
Con Rafael desapareció la becerrada tradicional. La estampa gallarda de viejo lidiador, ocupando el palco presidencial, era el complemento de la Feria, de aquella fiesta sin par, desbordante de gracia y colorido. La becerrada del Club, que en vida del "Califa" constituía un homenaje a la mujer cordobesa, hoy debería convertirse también en homenaje cordial del pueblo a la memoria de quien tanta gloria dio a la fiesta nacional.

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