Felipe IV

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Felipe IV (Valladolid, 8 de abril de 1605 - Madrid, 17 de septiembre de 1665), llamado el Grande o el Rey Planeta, fue rey de España desde el 31 de marzo de 1621 hasta su muerte. Su reinado de 44 años y 170 días fue el más largo de la casa de Habsburgo y el segundo de la historia española, superado solo por Felipe V.

Durante la primera etapa de su reinado, compartió la responsabilidad de los asuntos de Estado con don Gaspar de Guzmán, Conde-Duque de Olivares, quien realizó una enérgica política exterior que buscaba mantener la hegemonía española en Europa. Tras la caída de Olivares, se encargó personalmente de los asuntos de gobierno, ayudado por cortesanos muy influyentes, como Luis Méndez de Haro, sobrino de Olivares, y el duque de Medina de las Torres. Los exitosos primeros años de su reinado auguraron la restauración de la preeminencia universal de los Habsburgo, pero la guerra constante de la Europa protestante y la católica Francia contra España condujeron al declive y ruina de la Monarquía Hispánica, que hubo de ceder hegemonía en Europa a la pujante Francia de Luis XIV, así como reconocer la independencia de Portugal y las Provincias Unidas.

Visita de Felipe IV a Córdoba[1]

En 22 de febrero de 1624 entró también por la Puerta Nueva el rey Felipe IV, en un carruaje y acompañado de su hermano el infante don Carlos. Venían a los estribos el duque del Infantado, el conde de Olivares, el almirante de Castilla y el marqués del Carpio, y seguían el cardenal Zapata, el nuncio de Su Santidad, el patriarca y otros títulos y grandes que venían de corte. Siguieron por San Pedro a la Corredera, Espartería, Libreros, Feria, al Palacio Episcopal, donde el rey, el infante y Olivares tenían preparado su hospedaje, a pesar de no haber avisado el día de su llegada.
Al momento se cundió por la ciudad la noticia de su venida, y el corregidor, los veinticuatros y los jurados acudieron a cumplimentarle y a la vez disculparse por no haber salido a recibirle por la falta de aviso, contestándoles hacerlo así porque no quería que sus pueblos se sacrificasen con inútiles gastos para los obsequios de costumbre.
A las diez de la mañana del siguiente día pasó el Cabildo eclesiástico a besarle la mano, invitándole a la vez a que visitase la Catedral; ofreciolo así para la tarde, y cumpliendo su palabra entró por la Puerta del Perdón, donde lo recibió el Cabildo con todo el clero de Córdoba y el cardenal Zapata, que le dio el agua bendita. Sin detenerse más entró en la iglesia, pasando al altar mayor por las puertezuelas del coro, orando el tiempo que se cantó el Te Deum y se hicieron las ceremonias en el ritual prevenidas, llegando en esto la noche, que le impidió ver lo demás de aquel singular templo.
El día 24 visitó el convento de San Pablo y colegio de Jesuitas, y cuando regresaba se encontró el viático para un enfermo, dejando enseguida el carruaje al sacerdote, al que acompañó a pie con un cirio hasta la Catedral. Entonces la visitó, enterándose de todo; contempló los sepulcros de Fernando IV el Emplazado y Alfonso XI, que aún estaban allí, y salió por la puerta llamada del Deán. El día 25 fue al convento de San Jerónimo, el 26 asistió a una función de quince toros, que se celebró en la Corredera, obsequio de la ciudad, y el 27 a las seis de la mañana emprendió su marcha para Sevilla.

Referencia

  1. RAMÍREZ DE ARELLANO, TEODOMIRO. Barrio de la Magdalena. Paseos por Córdoba

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