Miguelito del Río Muñoz

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Miguelito del Río

Miguelito del Río Muñoz

Biografía

Nace en Córdoba el 17 de noviembre de año 1906 y muere el 10 de enero de 1952. Se distingue por su popularidad en la década de los 30 y 40. Fue una persona de un humor fino y agradable que llegaba a las gentes haciéndoles reír de una forma desencajada. Su peculiaridad era imitar a personajes entre otros al Cateto Andaluz o El político de la Reforma Agraria.

Su profesión era agente de ventas de la famosas bodegas “Benavides Burgos" o "Anís la Paloma". Esto le permitía estar en los ambientes más diversos de la ciudad especialmente en aquellos que por su producto daban pie a la euforia.

Su casticismo lo alternaba y compartía con otros clásicos cordobeses del aquellos momentos entre los que se encontraba el Duque de la Mezquita y el Marqués del Cucharón por medio de la Peña Los 99. Al ser Miguelito del Río miembro de la Comisión de Festejos de dicha Peña, desarrollaba dando gracia a todos los eventos que organizaron, tanto en las romerías de Santo Domingo y Linares como el la inolvidable Feria del año 1936.


Actuó de forma singular en la locución por radio de algún partido de fútbol o una corrida de toros desde Madrid, donde actuaba Manolete. Estas retrasmisiones estaban impregnadas de un estilo propio, con un vocabulario plenamente cordobés, lleno gracia y salero que hacían al público pasar un rato sumamente divertido. El Marqués del Cucharón al oírlo dijo: -Mi compadre Miguelito del Río es genial, capaz de radiar una "riña de gallos", y si me apuran retrasmitir un "entierro", y seguro que se levanta el "muerto bailando sevillanas", convirtiendo el duelo en una romería. O esta silimar: Miguelito tenía tanta gracia como para parar a un coche funerario y levantar al muerto riéndose .


La mejor forma de entender su humor es describir algún rasgo de sus monólogos, diálogos y discursos.

  • Miguelito, en dúo con el Marqués del Cucharón montaron un número donde se desarrollaba un diálogo entre un ficticio Marqués y un Cateto Andaluz. Se exponen a continuación un fragmento de este humotístico diálogo.


Marqués: -Me he enterado que tu menester es vender vinos.
Cateto Andaluz: -“Pa” eso estamos, señor Marqués.
Marqués: -Pues para vender vinos, hay que saberlos saborear como Baco.
Cateto Andaluz: - Yo no sé quién ese tío Baco, pero catarlo se me da bien. Mire, cuando voy por la calle dicen: va más “ tumbaó “que un borracho. ¡ A mí me dicen eso!, que soy más “estirao” que una veleta, siendo el representante de “Benavides” el mejor fabricante de “biberones” ( vino embotellado ) llenos de sabrosos caldos.
Marqués: -¿Y cómo te comportas en las ventas?, pues de ahí depende tu éxito.
Cateto Andaluz: - Señor Marqués, como a de ser: con estilo, elegancia, salero, mucha alegría y dando mucha fiesta, pues “pa estos biberones "hay que estar calentitos y dispuestos a catarlos y después saberlos "mear".
No como algunos marchantes de mi pueblo, que ofrecen el "biberón" con una cara de malange y malasombra que parecen estar ofreciendo en lugar de vino aceite resino y así no lo "mean" sino que lo echan por el canal "trasero".
Marqués: - Que te vaya bien en tus negocios.
Cateto Andaluz: –Y a usted señor Marqués, que Dios le dé "salu" y me compre muchos "biberones" que yo sé que los “mea” bien.


  • Con su interpretación humorística del personaje 'El político de la Reforma Agraria', decía palabras como estas en boca de un ministro que se defía de la siguiente forma: -No soy "entelectual", no tengo "tétulos" ninguno, ni siquiera el "der manchiderato" . O esta otra -"Pa" llevar a cabo en parte la reforma de la contrarreforma agraria, que sin esta reforma no sería posible hacer la reforma de la próxima contrarreforma. Y con estas ideas tan peregrinas continuaba el ministro: -"J´así" debe solucionarse la reforma agraria; es necesario "arrempujar" al mar más "j´adentro "pa j´asi" ganar más tierras de cultivo. Y esta otra: -Hay que emplear los jardines y macetas como terreno "j´ortícola"; con los miles de macetas que hay en los patios de Córdoba se podría "j´obtener tonelás" de tomates, pimientos, rábanos, patatas, cebollas, ajos y tantísimos productos necesarios "pa" la cocina. Después de dar alabanza y euforia por lo que suponía las mejoras de la reforma, el político terminaba su discurso popularísimo y chispeante con la siguiente frase: –lo tuyo es mío y lo mío no es tuyo.


Estos personajes como Miguelito del Río fueron las esencias de la alegría cultural de Andalucía.

El estilo cordobés y peñístico de Miguelito lo heredaron sus hijos:Sole, Rafael,Juan del Río Flores y Manuel del Río Flores .

Testimonios

Miguelito del Río que tenía más gracia que todos los homorístas juntos.
"Recordemos en estos días al Duque de la Mezquita, al Marqués del Cucharón, a Miguelito del Río paradigmas romeros y peñisticos, de quienes aprendieron los entusiastas hombres de las peñas de hoy."


Miguelito del Río fue un hombre de carácter alegre y expansivo, hechos para animar a los amigos. Sabía y contaba chistes de todo jaez, pero su especialidad consistía en imitar las charlas y discursos de los personajes más conocidos de la política en los años treinta. Era tal su gracía que sugería la idea de crear una especie de comisión municipal llamada la "Euforia Pública", es decir, una representación popular para hacer la estancia grata y divertida a los forateros que tengan la suerte de visitar nuestra ciudad.


La gracia rapajolera
de Miguelito del Río
animaba las tertulias
con discursos humorísticos.


Contaba los devaneos
de maricas y políticos
sin andarse con rodeos
ni amordazando su pico.


  • Ramón Montoya dijo de Miguelito de Río:
Señores, yo que he recorrido medio mundo y he conocido a infinidad de humoristas, les puedo asegurar que ninguno supera en ingenio y repentización a este gran Miguelito que es una gloria de esta tierra cordobesa.


Era un personaje conocidísimo, de arrolladora simpatía, dicharachero, gracioso y bromista empedernido cuya acción solía encubrirla con asombrosa seriedad. Llevaba en su haber un venero de jugosas anécdotas. Algunas eran resultado de una cuidadosa elaboración; pero otras surgían como consecuencia del chispazo de su pensamiento y la consiguiente rapidez verbal.

Anécdotas

  • La primera anécdota que se conoce de Miguelito data de cuando tenía tenía once años:
Trabajaba como meritorio en los famosos almacenes de tejidos Mercet y Armet. Uno de los dueños le dijo: -Miguelito coge el gato que rompe las piezas de tela y vas a tirarlo al río. Este recado fue dado a las nueve de la mañana. Cogió Miguelito al referido gato y se lo llevó. Era la una de tarde y todavía no había regresado. Cuando llegó la jornada de la tarde el jefe le preguntó: -Oye Miguetito , ¿porque has tardado tanto?. A lo que contestó ocurrentemente: -¡Si usted supiera la "cola" que había en la Ribera para tirar gatos!


  • Íntimo amigo y seguidor de Manolete se comentaba la siguiente anécdota al respecto:
Estando actuando Manolete en una plaza donde había un individuo que continuamente decía improperios en contra del maestro, Miguelito pensó: -Ese tío me lo callo en un momento. Se puso de pie en el tendío y dijo en voz alta: -No hacer caso a ese "cara dura", "malasombra" y "esaborio", que tiene "telarañas" en el estómago del hambre que acarrea, y vomitar por arriba y por abajo el aire que le sobran las "tripas". Estuvo toda la corrida con sus dichos ganándose al público, y así consiguió que los desabruptos del fulano cayeran en vacío entre la afición, debido al ambiente gracioso que produjo.


  • A principios de los años cincuenta cuando se inició la Guerra de Corea, Miguelito contaba el siguiente hecho que presenció o se inventó como chiste.
Un cateto lleva un reloj de pulsera a la Relojería Suiza para que se lo arreglaran. Al ver el reloj el suizo, le dijo en un mal hablado español:-“L´oiga” la “corea” está muy mal”. A lo que contestó el cateto: -¿A mí que me “carajo” me importa que Corea esté bien o mal?. Yo lo que quiero es que me arregle mi reloj, y allá ellos con su guerra.


  • Se cuenta la siguiente anécdota descrita por Salcedo Hierro en el libro antes mencionado, con algunos matices resumidos y también completados con datos independientes, recopilados de una forma verbal:
Miguelito del Río volvía con su charpa -entre los que se encontraba su compadre el Marqués del Cucharón- de Málaga en uno de aquellos trenes botijo, donde los departamentos eran de 10 personas, dichos compartimentos eran independientes y por lo tanto no había servicios. El grupo lo componían 8 personas, más un matrimonio independiente de ellos que ocupó los dos asientos libres.
Observaron que el marido se le puso la cara amarilla y se echaba mano al vientre. Miguelito todo educado le pregunto: -Le pasa algo, y la esposa dijo: -Es que se ha tomado seis espetos de sardinas y la verdad que está a punto de reventar por el trasero. Miguelito con esa gracia y viveza habitual le dijo:-¡Acabemos mujer!, el problema está resuelto, y se le puede dar inmediata solución. Nosotros nos volvemos de espaldas a dónde están ustedes; su doliente esposo extiende sobre ese rincón este periódico que le doy; se descubre totalmente de cintura para abajo; se agacha lo más posible para evitar que el posible trompetazo con salpicaduras llene el departamento, y así alivia sus males evacuando lo que tan inoportunamente le oprime su dilataba barriga, y cuando haya concluido a gusto con la operación, usted misma hace un paquete con el contenido soluble y oloroso, lo envuelve cuidadosamente con el propio diario y a continuación, sin parase un instante, tira el paquetón por la ventanilla y así su marido se queda tranquilo, y nosotros respiramos tranquilos.
La iniciativa fue inmediatamente aceptada y puesta en práctica. Todos los tramites fueron cumplidos por el atribulado matrimonio y cuando ya estuvo confeccionado el improvisado recipiente y el esposo se terminaba de ajustar su ropa, la mujer tomó en su mano derecha el pesado envoltorio obtenido y lo lazó con todas sus fuerzas de que fue capaz hacía la luminosa ventanilla, pero la mala fortuna hizo que el cristal de la misma estuviera cerrado para evitar los humos del tren que anteriormente había paso de los túneles del Chorro. Así que por esa sencilla razón el engrosado papelón reventó violentamente sobre el cristal, se deshizo, y como consecuencia, el viscoso y maloliente contenido fue a parar –convenientemente repartido- sobre todos y cada uno de los ocupantes del compartimento. La proyección llegó al colgado y clásico botijo, que por supuesto, inmediatamente se vio punteado de color marrón en su blancura.
Miguelito le dijo al Marqués del Cucharón: -Vaya punto fino que tiene ese tío y vaya trabucazo que su mujer ha dado con el papelón del elemento mal digerido. A lo que el Marqués le respondió: “Compare” nos ha “llegaó” el contenido hasta el sobaquillo.
Todo se pudo medio arreglar cuando el tren entró en la estación Bobadilla, y allí, a base de cubetazos de agua pudieron limpiar del fecal elemento el departamento e infectados ocupantes.
Posteriormente contando el hecho Migelito dijo: -Si yo antes hubiera sabido del incidente y sus consecuencias, llamo a un notario para que hubiera tomado acta de lo ocurrido, para elevarlo al Director General de Ferrocarriles y así en España entera los trenes lleven retretes donde los "trompetazos" queden controlados y reducidos.


  • A Miguelito no le faltó el humor incluso en vísperas de su muerte.
Estaba con motivo de su enfermedad en una finca situada detrás de las Ermitas en un entorno sano y tranquilo. Cierto día cuando fue visitado por su familia, el simpático hombre dijo: -¡Yo me voy de aquí ahora mismo! En este lugar no se oyen nada más que los lobos, no se ve ni se puede hablar con nadie, ya que tan sólo pasa por este sitio un piconero y le digo: “Buenas días” o “Buenas tarde” y no me contesta, yo me decía: -será este “tío malasombra”, y para colmo cual fue mi sorpresa cuando me entero que el “fulano” es sordo. Y terminó con la frase preferida de sus famosos discursos: -Agua, agua, agua...

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