Sepulcro de los Santos Mártires

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Sarcófago de los Santos Mártires de Córdoba
El Sarcófago de los Santos Mártires


Hay varias interpretaciones arqueológicas sobre el mismo, recogidas por los padres jesuitas Manuel de Sotomayo y Agustín Lara Leña, especialista en arqueología cristiana.

Uno sitúa su tallado en el siglo III y otro a principios del siglo IV de nuestra era, parece más factible esta segunda opinión. Fabricado en Roma fue traído a la Hispania Ulterior por encargo de una familia pudiente.

La tradición cordobesa pretende que este sepulcro, adornado con figuras talladas en mármol sea el que contuvo los restos de del mártir San Acisclo que junto a Santa Victoria que son los Patronos de Córdoba.

Según el padre Sotomayor, la escena central representa a Cristo y San Pedro con un gallo al pie, la cual, ofrece el simbolismo del perdón de los pecados, y la otra escena lateral representa al mismo San Pedro golpeando la roca con una vara taumaturga para que beban del agua milagrosa unos soldados, lo define como símbolo del bautismo. Falta una tercera parte en el sarcófago, que pudo ser aserrada en época indeterminada, se supone tuvo que ser también una escena petrina.

El padre Lara Leña discrepa con respecto a Sotomayor sobre la interpretación de los símbolo, pues lo ve así: “La posición de golpear una peña no se hace con el puño cerrado, y cualquiera que observe verá calmadamente que no es una vara la que tiene en la mano la supuesta figura de Pedro, golpeando la peña con la vara taumaturga para que beban unos soldados”. Las pinturas de Moisés representadas por los grandes maestros se ve golpeando con una vara a la roca de Hored, y se representan con la mano levantada en alto. El mismo padre Lara Leña opinaba que la figura que aparece arrodillada es la de San Acisclo, y no es San Pedro, sino el verdugo del pretor romano Dión Casio, en el momento de empuñar la espada para descargarla sobre el cuello del Santo Mártir. Y que el soldado romano que le empuja a dicho verdugo, representa la figura de la violencia de la persecución del Imperio Romano contra los cristianos.

En cuanto a la cronología del sepulcro la sitúan posterior al martirio d San Acisclo, permitiendo afirmar que no pertenece al Santo, pues este debió ser enterrado en tierra, según era costumbre de la época. Ahora bien, la tradición dice que sobre esta sepultura se construyó posteriormente la basílica.

La conclusión del padre Sotomayor respecto a la relación del sepulcro greco-romano de San Acisclo no es afirmativa, ya que no encuentra motivos para ratificarlo. El cree que la atribución es posterior, concretamente en siglos posteriores. Arqueólogos del siglo XX dan la razón al padre Sotomayor, como fue el caso de Rafael Castejón.

La pieza es bella por sus figuras talladas en la piedra, aunque en muy mal estado de conservación al estar mutiladas. Estuvo en el Monasterio de los Santos Mártires hasta el año de 1856 que fue vendido como material derribo. Se descubrió 1928 en un lavadero de la casa nº 113 de la calle Cardenal González. Fue fundamenta las gestiones que realizó Enrique Romero de Torres para ser comprado por Cándida Cortuoy Carbonell, devota de los Patronos de Córdoba. De esa forma pudo ser recuperado para la veneración de los fieles en la Ermita de los Santos Mártires en la Ribera.

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