Cañete de las Torres

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Bandera de Cañete de las Torres Escudo de Cañete de las Torres
Término municipal
Municipio de Cañete de las Torres
Código postal 14660
Coordenadas
 - Latitud:
 - Longitud:

37°53' N
04º19' 0
Superficie 104 km²
Altitud 320 m
Población (2005) 3.210 hab.
Gentilicio Cañetense y cañetero/a
Ríos
Alcalde Diego Hita Borrego (PA)
Comarca Alto Guadalquivir
Partido Judicial Córdoba
Pirámide de población
Grupos quinquenales.
Cohortes plantilla h.png Cohortes plantilla m.png
Fuente INE, censo 2001.
Vista aérea.

Geografía

- Ubicación: Municipio de la provincia de Córdoba, situado en el valle del Guadalquivir, a 47 km. de la capital de la provincia en dirección este. Forma parte de la Mancomunidad del Alto Guadalquivir cordobés.

- Vías de acceso: A-306, A-3125 y A-3127

- Clima:

- Flora y fauna:

Población

- Centros educativos:

C.E.I.P. Ramón Hernández Martínez I.E.S. Virgen del Campo S.E.P. Cañete de las Torres

- Medios de comunicación

- Datos poblacionales

Economía

Historia

Las primeras noticias sobre la actividad humana en el término de esta villa coinciden con la revolución neolítica, cuya economía estaba representada por agricultores, agrupados en poblados. Bastante significativos de la Edad del Bronce son los hallazgos obtenidos en superficie en Puentes Viejos, El Vilano, El Hornillo, Cabeza Lavada y, sobre todo, en el rico yacimiento de la Haza de la Virgen. Por su proximidad a Obulco (actual Porcuna), la civilización ibérica ha dejado constancia de su paso por Cañete.

Aquí se encontraron animales esculpidos en piedra, monedas y cerámicas típicas de esta cultura, e incluso un recinto fortificado, el Cortijo Real. Poblada en la época romana, y anteriormente por los iberos, se cree que se trata de Calpurniana, ciudad fundada por Calpurnio Pisón, aunque no hay certeza clara de ello. Otras teorías aseguran que fue fundada por Cesar en el 45 aC, aunque tampoco hay certeza de ello.

Aquí se preparó la batalla de Munda contra los hijos de Pompeyo. Una buena muestra de la etapa romana de Cañete de las Torres se encuentra en La Haza de la Virgen, donde, según los más viejos del lugar, estuvo la ciudad antes mencionada de Calpurriana, en el Callejón de los Moros, en la que varias esculturas talladas en la roca quedaron sepultadas con materiales de relleno arrojados por los vecinos, y en el Cortijo El Alamillo, que proporcionó una tabla de bronce con inscripciones en latín.

En otros lugares aparecen restos de tuberías de plomo, vestigios de construcciones, tumbas, monedas, molinos, útiles de labranza y cerámicas comunes y de lujo, tanto hispánicas como de importación, decoradas a molde y lisas.

La presencia visigoda en Cañete de las Torres se constata por la presencia de ladrillos con relieves de rosetas o inscripciones en los bordes, mientras que del tiempo de los musulmanes, que es cuando afloran los documentos de este pueblo con mayor profusión, sobre todo a partir del siglo X, quedan restos repartidos por distintas zonas del término municipal.

Durante la reconquista fue perdida y recuperada varias veces por los cristianos debido a su situación fronteriza. Finalmente la conquistó Fernando III dejándola bajo la jurisdicción de la ciudad de Córdoba; en 1293 el rey Sancho IV el bravo la cedió al señorío a don Alfonso Fernández de Córdoba. Cambió de manos hasta llegar al ducado de Medinaceli, que ostentó el marquesado hasta la extinción de los señoríos en el siglo XIX.

- Heráldica:

- Lugareños ilustres

Cultura

- Tradiciones: se ha convirtido en tradición el condecorar todos los años el dia de Andalucía a todos los jovenes que año cumplan la mayoría de edad.

- Gastronomía:

Turismo

Monumentos y lugares de interés

- Hostelería:

Entre los muchos establecimientos de Hostelería del municipio cabe destacar por su singular cocina de tapas y raciones:

  • La Alcazaba de las Torres
  • Bar Parras
  • Bar Al-andalus
  • Meson El Obrero

Fiestas locales

Direcciones de Internet

Fuentes bibliográficas

Galería


El contenido de este artículo incorpora material de una entrada de la Enciclopedia Libre Universal, publicada en castellano bajo la licencia GFDL.


Alrededor de la iglesia parroquial

Cañete de las Torres en Rincones de Córdoba con encanto[1]

Bajo la sacristía de la iglesia parroquial de la Asunción, un túnel al que llaman arco horada la blanca mansedumbre del edificio para comunicar la calle de Jaén con la de Jacinto Benavente, cuyo tránsito, quince pasos, “se hace en un suspiro”, como escribió el periodista Eusebio Borrajo. La piedad popular aprovechó su recogimiento para abrir una hornacina con la imagen del Ecce Homo, ante el que se santiguaban los cañeteros con atávica espontaneidad. Pero desde que hace unos años gentes indeseables sustrajeran la imagen, la hornacina permanece tristemente vacía, aunque pervive junto a ella la inscripción en azulejo, ya sin demasiado sentido: “Tras los hierros de esta reja / mira a tu Cristo doliente; / salúdale reverente / y escucha su amarga queja”.

Pese a esta nota negativa –si bien nunca es tarde para reponer la imagen devocional– el arco configura un típico rincón con encanto. Inmediatamente encima se abre el balcón de la sacristía, protegido por tejadillo, y ya en la cubierta se alza una barroca espadaña de moldurado ladrillo y un solo vano, rematada por frontón curvo.

Completando la escenografía forma ángulo con el arco una casa señorial vinculada en su origen a la orden de Calatrava, como revela la cruz que decora el dintel. En su fachada de toscos sillares –reclama el enfoscado, como lo tuvo antaño– se abre la adintelada puerta, y sobre ella un balcón con floridas macetas, rematado por un frontón triangular en el que se inscribe la tierna figura de un infante.

Conviene traspasar el arco y asomarse a la recoleta placita que se extiende al otro lado, a lo largo de la fachada de la epístola. Su pavimento de ladrillo, protegido por poyos, se eleva sobre el nivel de la calle Santiago, horadado por alcorques en los que crecen añosos naranjos, limoneros y una palmera. En el blanco paramento del templo destaca la portada, fechada en 1697, un arco de medio punto rematado por frontón partido y hornacina. Si el viajero busca el ángulo adecuado, verá elevarse sobre ella el airoso campanario de ladrillo rematado por chapitel de tejas vidriadas. En medio de la placita, una austera cruz de piedra acentúa la espiritualidad del lugar. Para atesorar las sensaciones que, amenizadas por el canto de los pájaros, emanan del lugar, conviene sentarse en los poyos y olvidarse del reloj.

Pero no se agotan aquí las sorpresas artísticas, pues si el viajero dirige la mirada hacia la calle dedicada a Jacinto Benavente, llamará su atención la elegante fachada de sillería –ésta sí se construyó para que la piedra quedase a la vista– que despliega la casa número 3. De otras nobles mansiones desaparecidas conserva el Museo Histórico, instalado en la Casa de la Cultura, el testimonio de sus blasones labrados en piedra.

Completando la vuelta alrededor del templo, no conviene marcharse sin admirar la belleza de la artística portada renacentista que se abre a los pies, fechada en 1578 –como se certifica en el dintel–, que Rivas Carmona aprecia diseñada “a manera de arco de triunfo”, rematado por un segundo cuerpo en el que se abren tres nichos, hoy sin imágenes. Sorprenderá al viajero sensible encontrar en este enclave de modestas calles tan espléndida muestra de arquitectura renacentista, con sus columnas dóricas sobre pedestales flanqueando el arco de medio punto, en cuyas enjutas se inscriben unas delicadas figuras recostadas que simbolizan la Fe y la Caridad. Todo el conjunto desprende el rojizo destello de la piedra molinaza, tan persistente en los monumentos del Alto Guadalquivir cordobés.

No conviene marcharse de Cañete sin asomarse a la plaza de España, no lejos de la parroquia, un espacioso y remozado jardín dominado por la presencia imponente de la torre del castillo matriz, erigido en el siglo XIV por Alfonso Fernández de Córdoba, señor de la villa, que es como un viaje a la Baja Edad Media. Construida en piedra, salvo el tercio superior que es de ladrillo, llamarán la atención del viajero el blanco arco de herradura que sirve de acceso y los mudéjares arquillos lobulados que se abren en el cuerpo superior. Desde la vertiente lateral de la plaza, contrasta con tan añejas piedras la armoniosa fachada del Ayuntamiento, proyectado por Rafael de la Hoz Arderius.

Referencia

  1. MÁRQUEZ, F.S.. Rincones de Córdoba con encanto. 2003. Diario Córdoba

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