José Marín Alcázar

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José Marín Alcázar

José Marín Alcázar fue Gobernador Civil de la provincia de Córdoba desde la noche del 18 de julio de 1936, tras el Alzamiento militar que dio origen a la Guerra Civil.

Biografía

Capitán de Caballería, primer Gobernador Civil de los sublevados en Córdoba desde el 18 de julio de 1936,[1] su nombramiento se gestó en la tarde-noche del golpe de Estado. Fue nombrado por el coronel Ciriaco Cascajo, siendo la primera autoridad rebelde elegida después de que el levantamiento militar triunfara a primeras horas de la noche de aquel día. Esa misma noche Marín Alcázar y su secretario particular Delgado Gallego, un conocido derechista de Belalcázar quien había ejercido como tal con el gobernador Eduardo Valera Valverde durante el periodo republicano. Ambos desplegaron una tarea frenética e infatigable por medio del teléfono, llamando a todos los pueblos de la provincia, ordenando a los cuarteles de la Guardia Civil la inmediata insurrección. Igualmente con la toma de Correos por los sediciosos se cursaron telegramas en todas las direcciones, instando y mandando unirse a la sublevación. En consecuencia, la insurrección se extendió a la mayoría de los pueblos de la provincia cordobesa desde el amanecer del 19 de julio.

La mayor preocupación de Marín Alcázar y de su jefe superior el coronel Cascajo en los primeros días del levantamiento contra la Segunda República fue abortar la huelga general anunciada, cortado por lo sano, al tomar medidas represivas sumarísimas, e ir por la “caza del huelguita”. En esta caza y captura participaron los grupos de voluntarios, especialmente los falangistas ya uniformados y las fuerzas de orden. El saldo fue la captura y detención de 1.500 prisioneros de Córdoba y sus alrededores, de los que en su mayoría nada se supo de su final, pues fueron las primeras víctimas de los fusilamientos.

Marín Alcázar imitó rápidamente a su comandante en jefe Queipo de Llano, arengando por Radio Córdoba a los ciudadanos de Córdoba para que acataran el "nuevo orden". Se recoge parte de los siguientes discurso en los días posteriores al 18 de julio:

Los cordobeses atentos al movimiento actual, van viendo cómo la verdadera España está al lado de la justicia, derrotando en esta batalla definitiva a la AntiEspaña, influida por la masonería….”

O aquella otra pronunciada el 25 de julio de 1936 y publicada en el Diario Córdoba el 26 de julio de 1936:

“… ¡Santiago! Cierra España contra fariseos, contra francmasones, contra marxistas. ¡Santiago!, Tu España eleva a ti su corazón…”

Su principal gestión como Gobernador Civil está estrechamente relacionada con los primeros días de guerra, momentos en los que la capital cordobesa se encontraba en una precaria situación desde el punto de vista estratégico. Para ello, contó con el apoyo de su primo, José María Echevarría, militar destinado en el Cuartel General de Franco, quien hacía llegar a éste los ruegos del gobernador con el propósito de que el frente no quedase desguarnecido. Todo el mérito de que Córdoba no fuera tomada por los republicanos el 20 de agosto de 1936 se le debe él, por los contactos que tuvo con su primo mandándole refuerzos y bombardeando las líneas que avanzan hacia la capital cordobesa. Oficialmente se lo atribuyeron a su jefe superior Cascajo, el cual permaneció toda la guerra con una pura labor burocrática más pendiente de reprimir a los que habían defendido la República.

Cesó de su cargo el 28 de enero de 1937 al ser sustituido por el nuevo teniente coronel Bruno Ibáñez Gálvez para ocupar dicho cargo.[2] Como capitán de caballería, pasó a desempeñar el cargo de jefe accidental del Batallón de Voluntarios.


Predecesor:
Antonio Rodríguez de León (Unión Republicana)
Gobernadores Civiles en la Zona Nacional(Militar)
1936 - 1937
Sucesor:
Don Bruno Ibánez Gálvez(Militar)


Referencias

  1. El cumplimiento de la ley, en El Defensor de Córdoba, 1 de octubre de 1936. En la web Prensahistorica.mcu.es.
  2. Ha cesado en su cargo de Gobernador Civil de Córdoba el señor Marín Alcázar, y le sustituye el teniente coronel don Bruno Ibáñez, en el diario Azul, 28 de enero de 1937, número 100, pág. 10.

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