Montoro

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Bandera de Montoro Escudo de Montoro
Término municipal
Municipio de Montoro
Código postal 14600
Coordenadas
 - Latitud:
 - Longitud:

38°01' N
04º27' 0
Superficie 586 km²
Altitud 195 m
Población (2005) 9.583 hab.
Gentilicio Montoreño/a
Ríos Guadalquivir
Alcalde Antonio Sánchez Villaverde (PSOE)
Comarca Alto Guadalquivir
Partido Judicial Montoro
Pirámide de población
Grupos quinquenales.
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Fuente INE, censo 2001.


Geografía

- Ubicación: Ciudad y municipio de la provincia de Córdoba situada a 45 km. de la capital aproximadamente, en dirección este-noreste, junto a la autovía de Andalucía que lleva hasta Madrid. El casco urbano se ubica a 195 metros sobre el nivel del mar, en la zona de contacto de Sierra Morena con la campiña, emplazado sobre un promontorio en el interior del meandro encajado que aquí forma el río Guadalquivir, el cual ciñe su caserío.

- Vías de acceso: A-4, N-420, A-309, A-3000, A-3102 CP-106 y CP-196

- Clima:

- Flora y fauna:

Población

- Pedanías:

Campiña Casillas de Velasco Charco del Novillo La Estación Huertos Familiares de San Fernando
Madroñal Nava Santa Brígida Torrecilla

- Centros educativos:

C.E.I.P. Épora C.E.I.P. Ntra. Sra. del Rosario C.E.I.P. San Francisco Solano C.E.I.P. Santo Tomás de Aquino
C.E.M. Montoro I.E.S. Antonio Galán Acosta I.E.S. Santos Isasa S.E.P. Montoro

- Medios de comunicación

- Datos poblacionales

Economía

Su base económica es el cultivo del olivar, con varias almazaras que producen un aceite de alta calidad. También se dan otros cultivos en su zona de campiña como los cereales. Otras industrias de menor dimensión pero de raigambre e incluso fama, son la fabricación de mazapanes, la artesanía en cuero y la forja artística.

Su riqueza histórico-artística, con un trazado urbano formado por bellas y empinadas calles, así como su ubicación en las proximidades del parque natural, pueden impulsar un sector turístico de interior que ha empezado a dar síntomas de desarrollo.

Historia

La presencia de asentamientos humanos en Montoro está atestiguada mediante restos arqueológicos desde época prehistórica.

Como núcleo urbano se especula con la posibilidad de que fuese una fundación de los colonizadores griegos, quienes la habrían denominado Aypora o Eipora, aunque esto no se ha podido demostrar fehacientemente. Si que está plenamente demostrada la existencia de un núcleo ibérico en el Llanete de los Moros, donde las excavaciones arqueológicas han sacado a la luz estructuras arquitectónicas y ajuares funerarios, actualmente expuestos en el Museo Arqueológico Provincial, con sede en la capital.

En época romana fue una importante ciudad, denominada Epora, hasta el punto de figurar como una de las pocas ciudades federadas de la Bética. De este periodo destaca una escultura thoracata expuesta en el museo local, así como varias inscripciones.

Tras el periodo visigodo y musulmán, la ciudad es conquistada definitivamente por el rey cristiano Fernando III el Santo el día de San Bartolomé (24 de agosto) de 1238, según unos autores, o de 1240 según otros. De ahí que este santo fuese nombrado patrón de la ciudad y titular de su iglesia parroquial.

Perteneció al Concejo de Córdoba hasta que a mediados del siglo XVII pasó a manos del marqués de El Carpio, Luis Méndez de Haro y Sotomayor, a cuya casa nobiliaria perteneció hasta que en el siglo XIX se abolieron los derechos señoriales.

El comportamiento de sus vecinos durante la invasión napoleónica le valió el título de “Ciudad Leal, Noble y Patriótica”.

En noviembre de 1842 era alcalde Pedro Medina. La Corporación publicó un comunicado de apoyo a la Reina y a su madre, la Regente, en la Gaceta de Madrid, que iba firmado por el alcalde primero, Pedro Medina; el alcalde segundo, Francisco Avilés; el regidor segundo , Pedro Morales; el regidor tercero, Manuel Piedrahita; el regidor cuarto, Pedro A. de Pablo; el regidor quinto, Diego Madueño; el regidor sexto, Manuel Garijo; el síndico primero, Juan Rafael de Béjar; el síndico segundo, Juan Serrano y el secretario, Ildefonso Medina.[1]

- Heráldica:

- Lugareños ilustres

Cultura

Turismo

Puntos de interés

*Conjunto Histórico de Montoro (Bien de Interés Cultural, año 1969): La ciudad de Montoro se singulariza en su configuración por su adaptación al terreno donde se asienta y que condiciona su estructura y expansión. Su perfil más característico es su bella silueta sobre el río, con el puente y Barrio de Retamar en la otra margen y la torre de la Iglesia de San Bartolomé, emergiendo del conjunto, constituyendo un punto de referencia constante en todas las vistas de la ciudad. Encuadrada en la Campiña cordobesa, se eleva sobre un promontorio abrazado por un amplio meandro del Guadalquivir, hasta una altura de casi 60 metros sobre el nivel del puente.

*Museo Arqueológico Municipal: El Museo Municipal de Montoro fue inaugurado el día 28 de febrero de 1992 y ubicado en la Iglesia de Santa María del Castillo o de la Mota. Cuenta con dos secciones, de las que las piezas que las componen pueden ordenarse según una secuencia de tiempo; desde las rocas y minerales formadas en tiempos en que la tierra carecía de vida, hasta la dominación árabe, pasando por fósiles de las diversas eras geológicas y los restos de la Prehistoria, y de las civilizaciones ibérica, griega y romana. El Museo tiene básicamente carácter didáctico, considerándose éste como el principal objetivo al que debe tender la conservación del patrimonio.

*Museo Antonio Rodríguez Luna: El museo Antonio Rodríguez Luna está situado en una de las plazas más céntricas de esta villa, muy cercano a la iglesia del Carmen de esta localidad. Se trata de una antigua edificación religiosa, la ermita de San Jacinto, pequeño inmueble barroco fechado según su portada en el año 1778. Está dedicado a Antonio Rodríguez Luna, pintor vanguardista nacido en Montoro el 22 de junio de 1910, y fallecido en su misma ciudad el 12 de septiembre de 1985.

Paisaje Aldea de El Cerezo (Cardeña-Córcoba)

*Parque Natural Sierra de Cardeña y Montoro: El Parque Natural Sierra de Cardeña y Montoro se sitúa en el extremo nororiental de la provincia de Córdoba (limitando con Jaén y Ciudad Real) y tiene 38.449 hectáreas repartidas en dos municipios: Cardeña y Montoro.


Edificios y monumentos

Arquitectura civil

*Torre de Villaverde (Bien de Interés Cultural, año 1985): También conocida como Torre vigía de Fernán Martínez, fue construida en el año 1472 por Diego de Aguayo, quedando reemplazada la torre anterior de época musulmana, cuya misión era la de velar por la seguridad del poblamiento de Villaverde, hoy desaparecido. Interiormente la torre se organiza a partir de sótano, tres plantas con salas y una azotea. Según algunos autores, el sótano pudo servir de calabozo o mazmorra -como en los castillos-, a donde se haría descender al prisionero mediante una cuerda. Del resto de plantas destaca la sala principal del piso segundo, cubierta con elegante bóveda de crucería ojival de cuatro nervios.

En primer plano, el Puente sobre el Guadalquivir.

*Puente sobre el Guadalquivir: Puente que se encuentra situado sobre el río Guadalquivir, enlazando el núcleo principal de la población con el barrio "El Retamar" y con los caminos que parten hacia la Sierra. Es éste uno de los puentes más bellos de la provincia de Córdoba. Se comenzó a construir en el año 1498 con trazas que se atribuyen al Enrique Egas, aunque fue un alarife local, Pedro Fernández, quien dirigido las obras. Sus gastos fueron sufragados por el Consejo de la Villa y por los propios vecinos que se vieron exentos del pago de algunos impuestos. Las mujeres donaron también joyas y enseres para su construcción, por lo que se le conoce además como el Puente de las Donadas o Puente de las doncellas.

*Hospital de Jesús Nazareno: Se crea en el siglo XVII bajo la advocación de "Jesús Nazareno", aunque sus obras continuaron hasta 1778. Sus trazas se atribuyen a Francisco Hurtado Izquierdo, siguiendo las líneas de su iglesia de San Juan de Dios de Priego. Dentro del complejo conjunto de edificaciones y patios, resalta su glesia de una sola nave. Hoy, en este edificio singular se encuentra ubicada la Residencia de Ancianos de Montoro.

*Edificio de las Tercias: Fue construido en el año 1784 como almacén para los productos procedentes de los diezmos eclesiásticos. Es un edificio que cuenta con tres naves y se organiza en dos plantas de altura, con una portada principal que es de corte neoclásico y da paso a un pequeño patio de entrada. En la actualidad es sede del Museo del Olivo.


Arquitectura religiosa

*Iglesia de San Bartolomé (Bien Cultural, año 2002): Ubicada en la plaza mayor de la ciudad creando un espacio de gran monumentalidad, la iglesia comenzó a edificarse a principios del siglo XV, bajo el episcopado de Iñigo de Manrique, quien, en 1439 trasladó a esta iglesia la de Santa María de la Mota, primera parroquia de Montoro, ubicada junto al Castillo y quedó pequeña, convirtiendo la nueva plaza en el centro neurálgico de la ciudad. De planta basilical de tradición gótico-mudéjar, se levanta casi entera con la característica piedra molinaza. De tres naves, su cabecera es triple, cubierta con bóvedas de terceletes con ligaduras. Destaca su portada principal, fusión del gótico tardío con el renacimiento y su poderosa torre.

*Iglesia del Carmen: Formó parte en su día del desaparecido convento de Carmelitas Descalzas fundado en Montoro en 1697 bajo la advocación de San Juan de la Cruz. Su construcción se desarrolló entre 1701 y 1748 cuando, acabada la decoración interior se bendijo el templo. En 1835 el convento fue desamortizado pasando a ser usado como cárcel desde 1843, sede del Círculo Primitivo de Montoro, e Instituto Libre de Enseñanza entre 1873 y 1874, lo que provocó numerosas transformaciones en sus dependencias, excepto en el claustro y la iglesia. Ésta se mantuvo con culto en el siglo XIX hasta convertirse en parroquia en 1890, con la nueva advocación de Nuestra Señora del Carmen.

*Iglesia de Santa María de la Mota: Sede del Museo Municipal, su origen estuvo vinculado al desaparecido castillo del siglo X. Es la iglesia más antigua de la localidad y quizás una de las más tempranas de la provincia, junto a la parroquial de Castro del Río y la conventual de San Pablo de Córdoba. Fue la primera parroquia construida en la ciudad durante la Edad media, con la advocación de Santa María y a partir del siglo XVI como Santa María del Castillo, popularmente denominada Santa maría de la Mota. La iglesia, de estilo gótico-mudéjar, tiene planta rectangular con tres naves y cabecera plana a la que se añadió en el siglo XVIII un camarín para alojar a la Virgen de la Aurora.

*Iglesia de Santiago: Aunque no se tienen datos documentados de su fundación, sus características arquitectónicas responden a las propias de mediados del siglo XVI, tiempo en el que además se atestigua la presencia de la Cofradía de la Vera Cruz en esta iglesia desde 1554. La iglesia consta de una sola nave rectangular y cabecera cuadrada, con presbiterio que se cubre con cúpula sobre pechinas. La portada de los pies es de finales del siglo XVI y otra lateral fechada en 1730. Durante la Guerra Civil la iglesia fue utilizada como polvorín, sufriendo graves desperfectos y destruyéndose la totalidad del mobiliario litúrgico. Sin culto desde 1940, en 1997 el ayuntamiento firmó un acuerdo con el Obispado por el que se cedía su para sede del Museo de Semana Santa, que abrió el 5 de diciembre de 2007.

*Iglesia de San Juan de Letrán: Fundado como Colegio de Niñas Educandas en 1764 por Juan Antonio del Peral y Buenrostro, Vicario de la parroquia de San Bartolomé, a lo largo de su historia ha pasado por varias vicisitudes, siendo atendido en fechas recientes por la Comunidad de Monjas del Patrocinio de María, quienes se vieron obligadas a abandonar la institución en 1990. Por estas fechas el edificio fue adquirido por la administración local, siendo reformado y rehabilitado para albergar dependencias del Ayuntamiento de la localidad. Como tantas otras parroquias de la época, la iglesia y la Cofradía aquí ubicada perdieron la mayoría de sus enseres durante los acontecimientos acaecidos en la Guerra Civil.

*Ermita de Nuestra Señora de Gracia: Se encuentra fuera del casco histórico, concretamente al Sur de éste y próxima a un parque homónimo, en el lugar donde según la tradición acamparon las tropas de Fernando III El Santo, antes de la toma de la ciudad. No se tienen noticias ciertas sobre la fundación de esta ermita, aunque se ha creído que en este lugar pudo existir una construcción religiosa desde el año 1239. Iglesia modesta, de planta rectangular con una sola nave, su fisonomía actual se remonta al siglo XVIII o quizás antes, según la inscripción: "1649" que aparece en la cabecera.


- Tradiciones:

- Gastronomía:

- Productos Típicos:

- Leyendas: existe un libro en la biblioteca municipal de Montoro con una serie de leyendas que al parecer ocurrieron hace años:


- Hostelería: Montoro se caracteriza, aparte de por sus largos desniveles del terreno, por su gran número de bares, en los que se pueden saborear diferentes platos montoreños que se llevan haciendo varias decenas de años. Se pueden degustar platos de carne de monte en sitios como La "Molina Plaza" o El "Jardinito".

En verano la gente local suele disfrutar de su bello parque donde hay tres terrazas entre ellas el Café Bar "Frenazo", con terraza ajardinada, buen ambiente y fama de excelentes caracoles, que como en otros locales se pueden degustar en primavera.

Para jóvenes hay una pequeña variedad de pubs tales como Sarao, Don Vais o Johns Corner. En estos tres locales se disfruta de un ambiente agradable, aparte de una buena música y fiestas.

Fiestas locales:

Direcciones de Internet:

Fuentes bibliográficas:

Galería

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Ciudades hermanadas

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El contenido de este artículo incorpora material de una entrada de la Enciclopedia Libre Universal, publicada en castellano bajo la licencia GFDL.


Montoro en Rincones de Córdoba con encanto[2]

Montoro / Del puente a la plaza

Abundan en Montoro los espacios con encanto. Pero antes de dirigirse a ellos conviene buscar y saborear la vista general del pueblo, que compendia en una sola mirada todas las bellezas que cautivan al viajero. Una de las panorámicas más conocidas es la que brinda el Realejo, estratégico balcón sobre el río y el casco antiguo, que se despliega blancamente sobre monte de oro y se mira, invertido, en el espejo del Guadalquivir. Vista espléndida regala también la carretera vieja de Cardeña, desde la que, al elevarse el punto de vista, se domina el pueblo con mirada más abarcadora, aprisionado por el ceñido meandro fluvial.

Otra perspectiva pintoresca, en fin, la ofrece Montoro desde el Retamar, barrio situado al otro lado del río que da la bienvenida con su iglesita de Santa Ana y se une al casco antiguo a través del hermoso puente sobre el Guadalquivir, concluido en 1550, “uno de los mejores y más bellos de Córdoba” a juicio del profesor Rivas Carmona. Si se baja hasta la orilla sorteando la maleza que ahora en verano invade el soto, el puente ofrece una imagen imponente, mientras se entrevé el blanco caserío de Montoro jugando al escondite por entre sus ojos, tapizados interiormente de nidos de vencejos, que alborotan el entorno con su insistente revoloteo.

Tiene el puente cuatro arcos de medio punto entre tajamares, que recuerdan los del Puente Romano de Córdoba; por el lado de poniente, situado aguas arriba, dos de ellos prolongan su altura hasta formar sendas terrazas, en las que recientemente se instalaron dos modernas esculturas –La temporada y El jornal– realizadas por Martín González Laguna con planchas de hierro, que representan una aceitunera y un vareador, oficios tan ligados a un pueblo que tiene en el olivar su mayor fuente de riqueza.

En el pretil del mismo lado se yergue la vistosa cruz de férrea filigrana, cuyo negro perfil se recorta contra el blanco caserío escalonado del casco antiguo, en el que despunta la roja torre parroquial, que dialoga con el puente en el común lenguaje de la molinaza. “Panorama de Montoro, / contemplado desde el puente, / es como un barco de oro, / que duerme...”, escribió el poeta Jacinto Mañas. Una curiosidad: observe el viajero el desgaste que, cerca del Retamar, muestran los pretiles del puente, originado por la secular costumbre de afilar en ellos navajas y cuchillos.

Desde el puente ya es hora de subir al casco antiguo. La calle Camino Nuevo lleva hasta la explanada del Charco, dominada por la parroquia del Carmen, templo barroco de origen conventual, que sueña todo el año con el Prendimiento del Señor de la Humildad por el popular Imperio Romano la tarde del Jueves Santo.

La calle Corredera, angosta y principal, acerca ahora al viajero a la plaza de España, el corazón monumental de Montoro, a la que confieren singular aspecto la arenisca piedra molinaza, que tiñe de intensa tonalidad rojiza gran parte del perímetro. En el conjunto descuella la iglesia parroquial de San Bartolomé, iniciada a finales del siglo XV en estilo gótico y acabada en el siguiente, ya renacentista. Al viajero sensible le maravillará la delicada labor de la portada, en la que los historiadores de arte ven la mano del primer Hernán Ruiz; una detenida contemplación permitirá apreciar su marco cuadriculado con motivos de galleta, el friso que lo recorre decorado con cuadrilóbulos y guarnecido por hojarasca, y, sobre todo, las góticas esculturas de San Bartolomé –el titular del templo– Santiago y la Virgen María. Pero si se contempla el conjunto desde el lado opuesto de la plaza lo más llamativo al exterior es la soberbia torre, que tardó más de dos siglos y medio en ultimarse, lo que explica que compendie varios estilos artísticos, pues se inició renacentista y se acabó neoclásica.

Tampoco responde a un estilo único el hermoso edificio vecino del Ayuntamiento, cuya planta baja sigue los cánones renacentistas mientras que la superior tiene ya aliento barroco. El escudo de la casa ducal de Alba y Montoro, que pervive sobre el largo balcón corrido, delata el origen del edificio, construido en la segunda mitad del siglo XVI y ampliado en los albores del XVIII. A su lado se abre el Arco, junto al que una inscripción testimonia que “Philipe Tercero deste nonbre Nuestro Señor mandó hazer esta carcel” en 1607. Pero el Arco se asocia sobre todo a la expectante aparición de Jesús Nazareno en la madrugada del Viernes Santo, que en la inmediata placita de San Juan de Letrán tiene su capilla.

Referencia

  1. Comunicado con motivo de los criminales sucesos de la ciudad de Barcelona, en la web del BOE, 2 de diciembre de 1842.
  2. MÁRQUEZ, F.S.. Rincones de Córdoba con encanto. 2003. Diario Córdoba

Montoro 1 en Rincones de Córdoba con encanto[1]

Montoro / A través del quebrado laberinto

Aunque el encanto monumental se concentra en la plaza de España, no debe el viajero abandonar Montoro sin recorrer el intrincado laberinto de sus calles quebradas, angostas y pendientes, herederas del urbanismo hispanomusulmán, que, ceñidas por un meandro del Guadalquivir, se asientan en las rocosas colinas de la vieja Epora romana.

La mejor recomendación posible es callejear sin rumbo por el núcleo matriz, atento a las sorpresas estéticas que surgen a cada paso: la casa blasonada de añeja estirpe, la presencia persistente de la rojiza piedra molinaza en las fachadas, los poyatos que se extienden ante las viviendas para salvar los pronunciados declives, la inesperada contemplación del río o de los cerros olivareros al final de una calle, y así hasta mil detalles,

Uno de los muchos posibles itinerarios parte de la plaza de España y remonta la calle Bartolomé Camacho, que se inicia al pie de la torre. Por la izquierda, la calle del Postigo, agazapada tras la mole parroquial, regala un íntimo rincón enjoyado por una casa blasonada de florido balcón. A medida que se asciende por Bartolomé Camacho conviene volver la vista atrás para contemplar la torre apresada entre fachadas de cal y molinaza. Desemboca la calle en la plaza de Santa María de la Mota, apacible meseta que se extiende en lo que fuera patio de armas del remoto castillo; un lugar donde, al decir del poeta Jacinto Mañas, “se palpa lo inefable, el corazón de Montoro, de su antigua aljama, todo el misterio de la Alta Edad Media”.

En el blanco muro de la izquierda un arco apuntado, cerrado por verja, permite contemplar un recoleto patio de aire conventual; al fondo, la buganvilla acaricia un pedestal romano con inscripción. Sugerente reclamo para anunciar el Museo Municipal, con sus colecciones de minerales, fósiles y arqueología, amorosamente cuidado por Santiago Cano en la antigua iglesia gótico-mudéjar de Santa María de la Mota, que hunde sus raíces en el siglo XIII. En medio de la plaza, rodeada por escalinata semicircular, una moderna escultura de bronce, Epora eterna, labrada por José Manuel Cuevas, devuelve al presente.

Con la calle del Capitán, que baja, quebrada y pendiente, por la derecha, comienza la verdadera ruta por el intrincado laberinto urbano, que exige al viajero cautela y buenos pies. La calle Olivares anuncia en su topónimo el paisaje que mostrará tras quebrarse por la derecha. Llega un momento en que el viajero se pierde desorientado, buscando en las esquinas rótulos que le orienten. Y es que el trazado de este urbanismo anárquico y seductor está reñido con el tiralíneas, llegándose a perder la noción exacta de calles y bocacalles, pura madeja de quebradas aristas, ensanches, angosturas, desniveles y poyatos.

La Coracha desciende hasta el río, que trae color terroso, y en el callejón de la Garriona se enfrenta a los cerros olivareros del Algarrobo, en la otra orilla, por donde también pervive, entre palmeras, La Más Alegre, casa que guarda remotas historias de amor pagado. Sigamos. La calle de las Grajas alude en su topónimo a la remota leyenda de Zoreya, “lucero del alba”. La modestia de estos barrios no está reñida con el respeto a la arquitectura tradicional, y muchas de las casas populares revisten zócalos y dinteles de color rojo almagra para evocar así la piedra molinaza de viviendas más antiguas o acomodadas. Un contraste cromático pintan las cortinas que el viento balancea a la puerta de algunas casas. A menudo, ay, autos aparcados en rincones inverosímiles estropean la magia de este laberinto.

En una plazoleta pintoresca por la que respira la calle Criado surge repentinamente la “casa de las Conchas”, una curiosidad naif anunciada en los indicadores turísticos como si se tratase de un monumento histórico-artístico; su mérito reside en la constancia con que Francisco del Río Cuenca, un noble jornalero, la ha ido revistiendo de conchas marinas por dentro y por fuera durante ¡42 años!

No es fácil guiar al viajero por este laberinto. Si le asalta el cansancio puede tomar la ancha calle Marín, que le devolverá a la plaza mayor. Pero si no le tienta el desaliento, puede proseguir ahora a través de Los Laras, y a su término, torcer a la derecha por Cantones, otro mirador sobre el río, para sorprender desde abajo la calle Concepción, la más pintoresca de esta madeja, que desciende escalonada entre poyatos y cimientos rocosos. Renunciando a otras vías, que alargarían en exceso el itinerario, puede el viajero retornar a la plaza de España remontando por Estrella, Mártires y la plazuela de Jesús, que desemboca en ella por el Arco.

Referencia

  1. MÁRQUEZ, F.S.. Rincones de Córdoba con encanto. 2003. Diario Córdoba

Bibliografía

Guía digital del Patrimonio Cultural de Andalucía. Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico de la Junta de Andalucía.

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