Obejo

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Bandera de Obejo Escudo de Obejo
Término municipal
Municipio de Obejo
Código postal 14350
Coordenadas
 - Latitud:
 - Longitud:

38°08' N
04º48' 0
Superficie 214 km²
Altitud 707 m
Población (2005) 1.502 hab.
Gentilicio Obejeño/a
Ríos
Alcalde María Dolores López Cano (UCMI)
Comarca Valle del Guadiato
Partido Judicial Córdoba
Pirámide de población
Grupos quinquenales.
Cohortes plantilla h.png Cohortes plantilla m.png
Fuente INE, censo 2001.
Vista aérea.

Geografía

- Ubicación:

El término municipal de Obejo se encuentra localizado dentro de la provincia de Córdoba al norte de la capital provincial, concretamente entre los términos municipales de Villaviciosa de Córdoba, al Oeste, y Adamuz, al Este.

- Vías de acceso: A-3176, CO-0081 y CO-284

- Clima:

El clima predomínate de Obejo como en toda la Comarca de Los Pedroches, y al igual que en casi toda Andalucía, es el Mediterráneo.

Este tipo de clima en general se caracteriza por las altas temperaturas, sequedad y las escasas precipitaciones en verano, como consecuencia del dominio de las altas presiones; por el descenso suave de las temperaturas y un aumento de las precipitaciones en invierno, como consecuencia del descenso de las altas presiones subtropicales y la imposición de la dinámica de las zonas templadas; y por la gran variedad existente dentro del mismo.

Dentro de la variedad existente dentro del clima mediterráneo, el ámbito geográfico del municipio de Obejo pertenece al subclima mediterráneo subhúmedo.

Este subtipo se caracteriza por unas temperaturas medias en verano entorno a 27º C y en invierno entorno a los 7º C, siendo esto ultimo resultado del aislamiento que ofrecen las sierras; y su régimen pluviométrico oscilará entre los 500 y 900 mm. anuales.


- Flora y fauna:

Población

- Pedanías:

Cerro Muriano Estación de Obejo

- Centros educativos: Ver categoría Centros de educación de Obejo

- Medios de comunicación

- Datos poblacionales

Economía

Historia

- Heráldica:

- Lugareños ilustres

Cultura

- Tradiciones:

- Gastronomía:

- Productos Típicos:

Turismo

Monumentos y lugares de interés:

Monumentos religiosos:

Fiestas locales:

Patrimonio natural:

Obejo aporta múltiples y diferentes posibilidades para el aficionado a la naturaleza; sólo con seguir el cauce del río Guadalbarbo tendremos ante nosotros un itinerario de indescriptible belleza y riqueza biológica; la diversidad de paisajes que atraviesa es muy variada a lo largo de su recorrido: mientras que en la parte más alta sus riberas se cubre de tamujos y adelfas, y en las arenas de sus orillas podemos descubrir las huellas de ciervos y jabalíes, conforme baja su curso comienzan a aparecer olivares que dominan el paisaje hasta la carretera, donde junto tamujos, sauces y tarajes, aparecer árboles de mayor envergadura como fresnos, álamos blancos y negros, alisos y olmos.

Además, un tramo de 17 kilómetros del río Guadalbarbo está declarado de interés piscícola, con especies como el barbo gitano o la pardilla, así como ranas verdes, sapillos pintirrojos, galápagos leprosos, ratas de agua y nutrias.

Otro paraje de impresionante belleza es el conocido como Los Conventos, enclavado en pleno corazón de Sierra Morena; su marcada personalidad viene determinada por sus impresionantes cabezos rocosos, la extensa nava a sus pies y el inalterado bosque mediterráneo, al que se une el halo de misterio y leyenda que quedó en el lugar al haber sido el emplazamiento elegido por monjes mozárabes como lugar de retiro para aislarse del mundanal ajetreo. A todo esto hay que añadir una gran variedad de avifauna con especies como el águila perdicera, el águila real, el búho y el azor que encuentran en este paraje un lugar ideal para nidificar.

Entre el río Guadalbarbo y Obejo encontramos una serie de caminos y senderos que permiten una gran variedad de recorridos, caracterizados todos ellos por un paisaje en el que se mezclan los olivos, a veces diseminados en laderas con pendientes superiores al 30%, con algunas manchas de encinas.

Además de la riqueza botánica y faunística del entorno, es de destacar el Cerro de la Camorrilla donde, en un escarpe de cuarcitas verticales de unos 8 ó 10 metros, se puede ver aún el arranque de una torre o atalaya, conocida como Castillo de Peñaflor.

Obejo tiene gran atractivo y tradición cinegética. Los 27 cotos existentes, con una superficie total de 13.505 has. Constituyen escenarios inmejorables para el disfrute de los turistas más entusiastas de este deporte. Sin olvidar la excelente pesca de los ríos que atraviesan las sierras de Obejo, así como el embalse del pantano del Guadalmellato, lugares propicios todos ellos para probar fortuna.

Gran éxito tiene entre los vecinos y foráneos de Obejo, la recogida en determinadas épocas del año, de algunos productos que nos ofrece la naturaleza. En nuestros campos se crían numerosas setas comestibles, entre las que destacan las boletas (faisanes), los níscalos y las célebres setas azules. No menos interesante es la recogida de espárragos silvestres, tanto trigueros como amargosos.

Sobresalen en Obejo las fuentes de la Fuenfría y el Pilar; ambas están alimentadas por el venero recogido en alcubas semisubterráneas, situadas en la ladera del terreno, y se componen de pilares de planta rectangular alimentados por un caño de agua. El más notable es el denominado Pilar, que se encuentra adosado a un muro de contención del que sale el caño y tiene junto a él un escalón que facilita la recogida de agua. Servían de abastecimiento de la población y abrevaje de las caballerías en relación con la vía de comunicación donde se sitúan. Están ubicadas en la margen meridional de la carretera de Obejo – El Vacar, a pocos kms. de la población. Otras fuentes son las de la Estación, Honda, del Arroyo del Rodadero, del Hortigal y del Trechado.

Manantaliales y Fuentes:

Rutas de senderismo:

Callejero

“Las calles de Obejo”

Por su formaci6n antigua

de arabe tiene desmanes

con sus calles retorcidas

como hacian los musulmanes

Son sus calles calle Angosta

que sube a San Sebastian

y la calle de la Iglesia

el barrio Bajo al final

Calle del Camino Llano

que sale a la Asomadilla

la calle de la Almocara

también tiene Coronilla

Plazuela de la Solana

en la calle del Castillo

en el centro esta la Plaza

y la calle del Cerrillo

Tambien la Coperativa

en la calle de Eugenio Barroso

que sale la Carretera

y desde aquí se ve el Peñoso

Tiene calle del Calvario

calle Córdoba a la entrada

calle de Francisco Amian

y arriba la Encrucijada.

Eugenio Herraiz

Revistas

Direcciones de Internet

Fuentes bibliográficas

Galería

El contenido de este artículo incorpora material de una entrada de la Enciclopedia Libre Universal, publicada en castellano bajo la licencia GFDL.



Obejo en Rincones de Córdoba con encanto[1]

El primer encanto que Obejo reserva al viajero que tenga la audacia de adentrarse en Sierra Morena para buscar esta escondida población de origen medieval, es el paisaje del valle del Guadalbarbo, de impresionante grandeza. Luego, tras el saludo blanco de la Fuenfría, que mana al pie de los almendros, aparece al fin Obejo, con las casas del Barrio Bajo deslizándose, entre tejados y corralillos, por la falda de la alargada loma. Los encantos del pueblo se concentran en los extremos del caserío, sus puntos más altos.

Nada más llegar, conviene remontar la calle Calvario, pendiente y con forma de embudo, que se ensancha a medida que asciende. Blancos muros escalonados rematados por floridos arriates la atraviesan transversalmente. Tras las últimas casas amarillea un pastizal que escala la Loma. Es aquí donde surge, arropada por lirios, la cruz del Calvario, instalada en 1965, que, aunque carece de interés artístico, constituye un atrayente reclamo para subir al cerro y contemplar la mejor vista de Obejo, que semeja un barco navegando en un mar de sierras. Al otro extremo despunta sobre los anárquicos tejados el campanario de la parroquia, sobrepasado, ay, por el depósito del agua, que parece un hongo blanco fuera de lugar.

Si al viajero no le pesan los pies, desde el Calvario debe dirigirse al otro extremo de la población. El camino más corto pasa por las calles Cerrillo e Iglesia, que, como su nombre insinúa, conduce a la parroquia de San Antonio Abad, un templo antiguo, humilde y bello que hunde sus raíces en el siglo XIII y fue reformado en el XVII, época en que se amplió por la cabecera y la torre adquirió su aspecto actual. Al exterior es la torre lo que más destaca, con un sólido cuerpo de rojo ladrillo y mampostería, coronado por balaustrada de arquillos, tras la que se alza el modesto campanario.

Surge la torre a los pies del templo, junto a la modesta fachada del lado de la epístola, que se abre por un arco de medio punto cerrado por verja. Ante ella se extiende una recoleta y acogedora placita, elevada sobre el nivel de las calles, que por su intimismo parece un patio. Al pie de la torre, sombreada por un par de frondosas palmeras, pervive la antigua cruz de los caídos.

Si encuentra abierto el templo –que por sus dimensiones más parece ermita que parroquia– porque sea hora de culto, debe el viajero asomarse al interior, que le fascinará por el recogimiento de sus tres pequeñas naves, separadas por blancos arcos peraltados apoyados en columnas antiguas con capiteles de acarreo visigodos y califales, una grata sorpresa arqueológica. Debieron abundar aquí estos capiteles de tanto mérito, pues también se emplearon, invertidos, como basas de las columnas, y ahora aparecen descubiertos.

A los pies de la iglesia surge una placita sombreada por naranjos, palmeras y una mimosa; también despunta un ciprés en el centro de un arriate de diseño. A poniente, un barandal de perfil curvo constituye el mejor mirador sobre la envolvente paisaje de olivares marginales, que revelan el tesón de los agricultores para sacar provecho a una tierra tan accidentada. Desde el mirador casi se toca un muñón de aspecto terroso, resto sobreviviente de la antigua fortaleza.

Pasear sin rumbo por las quebradas calles de Obejo –algunas de ellas con topónimos inspirados en la propia realidad urbana, como Cerrillo, Angosta o Corralillo– depara emociones estéticas inesperadas, como el blanco pozo que surge al inicio de San Antonio Abad. O le permite sorprender conversaciones cotidianas reveladoras de lo que aprecian los vecinos este apartado rincón. “A mí me han echado de Córdoba los coches y la calor”, comenta una mujer entrada en años que acaba de retornar a su antigua casa, “así que lo que me quede de vida, aquí lo pasaré”, añade. “Sí, aquí se está bien; por lo menos estamos tranquilos”, pondera su vecina.

Las casas habitadas relucen como el sol, y el viajero se tropezará con más de una mujer sacándole lustre a su fachada; las deshabitadas, por el contrario, dibujan desolación y abandono, algunas de ellas a la espera de compradores que aprecien la tranquilidad de tan apartado paraíso oculto en Sierra Morena.


Referencia

  1. MÁRQUEZ, F.S.. Rincones de Córdoba con encanto. 2003. Diario Córdoba

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