Patios

De Cordobapedia
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Descripción

El patio cordobés es una forma ancestral de combatir los calores de verano en el Valle del Guadalquivir. Es la manera natural de vivir del cordobés de los últimos siglos. Escondidos en un laberinto de más de 600 calles y callejas, hay mil y un patio, unos privados, otros no tanto y otros abiertos de par en par. Enormes y monumentales como el Patio de los Naranjos o íntimos y recoletos como los cientos de patios en uno de los cascos históricos más grandes de Europa.

Patio cordobes.jpg

El patio tiene orígenes griegos, desarrollado en edificaciones etruscas varios siglos antes de Cristo, cuando se abre en el centro de la vivienda un espacio que recoge el agua que cae de la techumbre inclinada hacia adentro. Esta funcionalidad genera a su vez que las habitaciones o salas que dan hacia ese patio reciban luz exterior, sin necesidad de tener ventanas al exterior. Esto colabora a la conformación de urbes al poder unir edificios unos al lado del otro sin perder luminosidad.

La influencia romana llega a la península ibérica, especialmente a la Bética, siendo Córdoba por su importancia romana y por su ubicación geográfico un lugar en dónde se desarrolle en todos los órdenes: desde casas palaciegas hasta casas humildes como lo demuestran los restos que se hallan en diferentes puntos en la ciudad.

La gran cantidad de arroyos que abastecen de agua a Córdoba, que mediante acueductos hábilmente traídos a las diferentes partes de la ciudad, permiten que las casas más adineradas dispongan de agua corriente, las algo más humildes pozo y las más pobres fuentes públicas. Así, los patios tienen una importancia en el día a día de los habitantes de Córdoba en aquella época y posteriores. Cuando los árabes llegan a nuestra ciudad se encuentran una urbe de grandes dimensiones, con una fuerte cultura del agua que coincide con la imagen del paraíso musulmán. Se asientan en las casas y transforman el patio en un lugar socializador, haciendo pocos cambios. Quizás uno de ellos es la prolongación del pasillo de entrada que oculta en parte la visión del patio. Por la cultura musulmana en dónde las mujeres no pueden salir sin el velo, el patio representa la libertad de poder hablar con sus familiares y vecinas al aire libre, disfrutando del buen tiempo. Los hispanoárabes más ricos introducen en sus casas patios de mayores dimensiones para disfrutar de jardines, los más humildes se conforman con algún árbol que dé sombra y frutos, así como hierbas aromáticas y flores.

Con la llegada de Fernando III que exige la salida de todos los habitantes de Córdoba para no arrasarla, se encuentran los cristianos una ciudad con abundancia de viviendas pero escasez de habitantes, repartiéndose la ciudad entre los caballeros vencedores. La tradición del norte de la península de tener edificios de dos plantas, introduce un elemento innovador a los patios: la vivienda en la planta baja y en la alta. Esta última queda como dormitorios de los señores, quedando la parte baja para la servidumbre así como para los animales.

La evolución de la historia económica tiene su reflejo también en los patios. el nacimiento de una rica burguesía genera edificios de materiales nobles, con influencia italiana en algunos casos, con grandes patios de mármol y fuentes bellamente talladas en el centro, y también casas de vecinos que acogían la inmigración de la gente del campo en las duras épocas, apareciendo así las casas de vecinos en los que se compartía la cocina, las letrinas.

Hasta la fecha, el patio ha evolucionado poco pero se distingue por su variedad: patios con galería de barandillas de madera y techumbre y vigas también de madera, plantas superiores en dónde dichas galerías han sido cegadas y se encuentran ventanas o balcones, con y sin rejas, patios con pozos en el centro, o en un lateral, suelos de chino cordobés o enlosado, patios señoriales procedentes de antiguos palacios, patios populares y patios de nuevos edificios que conservan la cultura y la misión del patio.

Festival de los patios

Una de las razones de la fama que tienen los patios cordobeses, ha sido el Festival de los Patios que se celebra en la segunda semana de mayo, tiene su origen en el primer cuarto de siglo, concrétamente en 1921, institucionalizándose en 1933. Está amparado por la Asociación de Amigos de los Patios Cordobeses que tiene su sede en el patio de la Calle San Basilio, número 50, por la Asociación de Propietarios y Vecinos de Patios "Claveles y Gitanillas" y por el Ayuntamiento de Córdoba. Estas entidades organizan cada año un concurso para elegir los patios más bellos, frondosos e interesantes de la ciudad otorgando premios en distintas modalidades. Durante diez días se pueden visitar en horario de mañana y tarde-noche.

Es conjuntamente con las Cruces de Mayo y los Rejas y Balcones uno de los eventos que engrandecen y embellecen al mayo cordobés, haciendo que los paseantes callejeros disfruten visualmente de tan agradables entornos.

Testimonios

Libro 5 escrito de Lucas León Simón

Un recinto amplio, rectangular, rodeado de dos galerías cubiertas en su parte inferior y una balconada de madera en la superior. En un ángulo de la parte baja había una columna de hierro forjado que sostenía una construcción de la planta superior que se usaba como cocina.

La columna era el eje de nuestros juegos y disputas. Todos queríamos girar sobre ella a la vez o gatear hacía arriba como si fuera una cucaña, pero el ánima real del patio eran las macetas.

Cubrían paredes y rincones en un mágico desorden: geranios, pilistras, esparragueras, clavellinas, madreselvas, dompedros, jazmines, dama de noche, albahaca, hierbabuena…y en un arríate un rosal que se extendía sobre uno de los arcos y que florecía como un regalo primaveral a finales de abril, llenando de perfume, de rosas rojas y blancas, todo el aire y toda la cal, como una fresca pedrería vegetal.

El patio era el centro. En el se tendía la ropa, se tomaba el sol en invierno en sillas bajas de enea, o el fresco las noches tórridas de verano, se jugaba al parchís o a las damas y, esporádicamente, se convertía en foro de las riñas vecinales, además de balneario infantil en julio y agosto y verbena florida en mayo.

Se organizaron bailes, caracoladas y bautizos y la albahaca fue testigo de noches de amor furtivo. Con las lluvias torrenciales de noviembre nos nacía el peligro de creer que se desbordaría y que el desagüe central no iba a poder absorber toda el agua caída, pero en las noches ya cálidas de marzo oíamos ecos de trompetas y tambores, y, a veces, un breve e intenso olor a incienso. Entonces, se nos enjoyaba el alma de ancestros de primavera y sin quererlo, dentro del aquel rectángulo vegetal, los ojos buscaban el cielo azul. Su asombrada calma de astros.

Bajo sus arcos, tumbados en hamacas y mecedoras, vimos el paso del tiempo y de las golondrinas, de los chirriantes vencejos y, quizá, nuestro recuerdo quiso omitir las sombras de los mendigos tristes, lánguidos, que con gesto tembloroso y la mano extendida fueron una constante bajo su arco de entrada…

Siempre he pensado que toda mi infancia se reflejaba en aquel patio y, desde el claroscuro de los años, mi mente aun acaricia su columna de hierro, sus balcones de madera apolillada y transito, gozoso, por su sagrado rectángulo de rosas y geranios". </div>



Manuel Medina González. Artículo publicado 25 de mayo de 1957 por el Diario Córdoba

"El patio cordobés que tiene más belleza y evoca tiempos perdidos es el que solemos ver en las barriadas populares, donde la vecindad habita estrechamente y tiene el patio como respiradero y cuba de luz. Es en esa clase de patio donde hallamos ese "tipismo" y presencia de los popular, tan buscado por el turista. Dentro de una imponente modestia podemos admirar el patio como jardín público, en el que los vecinos de la casa tienen su recreo. Allí, entre macetas de flores y los arriates que en algunos casa suelen ocupar todo el cuadro del patio, descansa, en su silla o mecedora, la abuela, lee el papá, la mamá hace puntos o repasa medias y calcetines, la mocita "pela pava" o el muchacho ensaya una nueva canción de Ramón Medina a la guitarra o bandurria.

Hay patios como de la calle Enmedio 5; Paseo de la Ribera 3, Fernández Ruano 9, Cristo 4; Tafures 10 y Polacas 2 ofrecen a los ojos una perspectiva de conjunto admirable. Más que su arquitectura es la ornamentación de los patios, los manchones de flores, lo que nos gusta, la colocación de las macetas y disposición de las plantas, especialmente de las enredaderas y parras. Los colores de las flores juegan asimismo un papel importante en los patios, lo mismo que la cal y los zócalos, siendo de entre estos, los pintados de azul, los más tradicionales y típicos.

Como se da la preferencia a la humildad, son los patios humildes de las barriadas los que están en concurso. Es este concurso popular, casi folklore, y es para esa parte del pueblo trabajador que vive humildemente, para la que se crean unos premios y para la que cogemos la pluma para escribir" </div>



Justo Urrutia. publicado el 26 de mayo de 1959 en Diario Córdoba, reportaje entrevista que define lo que es un patio cordobés y sus vecinos:

"Fue concedido el primer premio a un patio de gran solera y al que hemos escogido como símbolo de todos esos ricos vergeles que constituyen estos patios, atracción de propios y extraños.

Se trata del enclavado en la calle Badanas 15, que ya en otras ocasiones obtuvo también el galardón que ahora renueva.

Es un típico caserón de anárquica pero clásica arquitectura. Hasta tres patios constituyen el rincón, si bien el principal, el del centro, es la causa de nuestro reportaje. Suelo empedrado, blancura restallante de la cal y un bosque de fragantes y diversas plantas y flores hacen del patio poco menos que una fantasía vaciada a la realidad. Entre tanta flor, semejante a la cara de una moza guapa, el patio queda rematado por una torre cubierta, plagada de macetas, que vienen a ser como la peineta de ese rostro singular.

Entre tanto derroche de alegría y colorido hablamos con Elisa Lorente Vilchez, mujer de 72 años, es la "casera", a cuyo nombre se inscribió el patio... Mucha historia en esta venerable y castiza mujer, patrona de esa nave que habitan 19 familias con más del medio centenar de componentes. Nada menos que 52 años viviendo en la misma "sala" de la misma casa:

-Este patio que usted ve – me dice Elisa-, está ya habituado a ganar distinciones. Desde mis tiempos mozos, en que se instalaban los altares caseros, hasta la actualidad pasando por las cruces de Mayo, han sido tantos los premios ganados, que ya perdí la cuenta. Siempre lo mantuvimos así de bonito, así lleno de flores.

-¿Cuántas macetas calcula que tendrá ahora?

-Puedo decir que son más de dos mil las que tendrá repartidas por sus tres patios, ventanas, balcones y terrazas, aparte de los arriates.

-¿Qué plantas dominan más?

-Quizás sean las gitanillas. Pero hay geranios, rosales, jazmines, claveles, azucenas, esparragueras… Y esa parra tan grande que rodea al poza.

-¿Cómo puede cuidar tanta maceta?

-Con paciencia y con cariño. Y ya ve, a la mayor parte hay que regarlas con la caña, trabajoso momento, que hacemos con constancia……

-¿Muchos Visitantes?

-Una barbaridad. Durante todo el año desfilan gentes de toda condición. Pero en estas fechas es algo tremendo. Personajes nos honran con sus visitas y con sus elogios. Es curioso ver sus exclamaciones de asombro. Y ese es nuestro mejor premio, créame, señor.

Y allí, junto al Pozo, Elisa y sus vecinos manifiestan el orgullo de su obra y quieren hacer público su cálido elogio y su rendido homenaje a nuestro alcalde don Antonio Cruz Conde. Incansable mantenedor de todo lo tradicional y todo lo típico de esta Córdoba tan profunda y tan bella". </div>

Relación histórica de Patios

Ver Festival de los Patios


Galería de Imágenes

Ver Festival de los Patios

El reino de la maceta en Rincones de Córdoba con encanto [1]

El patio señorial, con sus fuentes, pórticos y mármoles, es una herencia de los romanos, fundadores de Córdoba, mientras que el patio popular, encalado, umbroso y de planta más irregular, tiene reminiscencias árabes. Ambos modelos perviven en el casco antiguo de Córdoba, y propician la vida hacia dentro, especialmente cuando constituyen un acogedor refugio contra el calor, gracias al agradable microclima que proporcionan las plantas y la humedad. Son los patios como salones de estar al aire libre propicios para la tertulia, arropada por el aroma de sus plantas bienolientes.

Pero el patio popular de casa de vecinos ha ido a menos en las últimas décadas. Así, de los 250 patios populares participantes en el concurso municipal a lo largo del último medio siglo perviven menos de la mitad. La mayoría de ellos han sucumbido a la piqueta para dar paso a nuevas viviendas con mejores condiciones de habitabilidad; una indudable conquista social. No hay que perder de vista que el patio popular de casa de vecinos, tan promocionado por los concursos y las postales turísticas, encubría unas condiciones de vida tercermundistas bajo su oropel de cal y flores, y que el tipismo esplendoroso que mostraba por mayo ocultaba una pobreza menestral de habitación húmeda, cocina común y wáter compartido. Nada parecido al encanto, que sólo pervive en las pintorescas descripciones de los viajeros románticos.

Algunos de ellos han salvado, no obstante, su esencia y su apariencia, reconvertidos en patios de casas ya unifamiliares con mejores condiciones de habitabilidad, y dan vida a muchas de sus abnegadas cuidadoras, que no los cambiarían por un piso confortable. Otros se aferran al modelo en nuevas construcciones, aun a costa de perder algunos rasgos tradicionales, como cambiar el incómodo empedrado por el pavimento de gres, suplantar el pozo comunal por el surtidor de piedra artificial o sustituir el engorroso riego manual por el goteo.

Mientras el concurso de patios aguante, adaptándose a los nuevos tiempos y costumbres, siempre constituirá una ocasión propicia para, desmarcándose de la invasión turística, buscar en el listado los patios populares genuinos que aún mantienen el tipo en barrios de tradición como San Lorenzo, San Agustín o el Alcázar Viejo.

En la profundidad de San Lorenzo, calle San Juan de Palomares 11, pervive el patio más premiado del concurso, que en la vecindad se conoce como “el patio de Josefita”, por Josefa González, que con más de ochenta años cuidaba las flores ayudada por su nuera, Josefa Gómez Tirado, que habita en la casa desde que en 1943 contrajese matrimonio con Antonio Amo, hijo de Josefita. Y de su suegra heredó el amor a las flores y el gusto por vivir en un patio.

El patio más premiado es hondo y rectangular. Tres alcorques se abren en el suelo empedrado de cantos rodados, desgastados por las pisadas de cuatro generaciones; uno acoge el pacífico de vistosas flores rojas y amarillas, en otro verdea un bonetero, y en el tercero crece la robusta palmera, cuya copa regala acogedora sombra. La austera tapia medianera está punteada de macetas y arropada por plantas trepadoras que crecen en los arriates como el jazmín, la gardenia, la dama de noche, el joven laurel y las buganvillas, que despliegan su gama tricolor de rosa, fucsia y salmón. Al fondo del patio se abren las habitaciones de la casa, una de ellas la salita, con sus muros forrados de placas y diplomas que testimonian la cosecha de premios obtenidos.

Pero el rincón más hermoso y fotografiado es el que surge a la izquierda de la entrada: el porche, la escueta escalera que sube a la galería cubierta, y el ángulo que cobija la vieja pila y el pozo, que aún sigue abasteciendo de agua para el riego. El azul añil que reviste macetas, canalones y balaustrada forma un armonioso contraste con la cal y las plantas. Nadie se ha parado a contar las macetas del patio, entre las que predominan los geranios y las gitanillas, pero su riego lleva tres horas. Cuando en 1943 Josefa Gómez se instaló en la casa la compartían cuatro familias emparentadas. Hoy vive sola, con la fiel compañía de su pero Loby y las frecuentes visitas de sus hijos, feliz en su patio, conjunción de luz, agua y flora jardinera. “En los días de calor te sientas en tu hamaca y estás en la gloria”, confiesa Josefa, que no cambia su casa por nada.

El alcalde Antonio Cruz Conde, que en los años cincuenta recuperó el Concurso Popular de Patios Cordobeses y creó el Festival de los Patios, pretendió convertirlos en el eje genuino de las fiestas. “A mi juicio –confiesa en el libro Memorias de Córdoba–, irse a las afueras a montar unas casetas donde bailar y tomar copas me parecía un poco disparatado teniendo los patios (...) Yo pensaba que lo lógico era que fuese en los patios donde se divirtiese la gente, así que quise potenciar aquello, pero he de confesar que no cuajó, en gran parte porque han ido desapareciendo”. </div>

Referencia

  1. MÁRQUEZ, F.S.. Rincones de Córdoba con encanto. 2003. Diario Córdoba

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