Salvador Puertas Gómez

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Salvador Puertas Gómez
S.Puertas.JPG

Sacerdote

Nacimiento: 9 de enero de 1933
Peñarroya
Destacado: Denuncia la identificación de la Iglesia con el poder

Contexto histórico

Décadas: 1950 - 1960 - 1970 - 1980 - 1990 - 2000 - 2010

Salvador Puertas Gómez

Sacerdote nacido en Peñarroya-Pueblo Nuevo el 9 de enero de 1933.

Datos biográficos

Ordenado sacerdote el 22 de junio de 1958 inicia su labor pastoral en Rute como coadjutor en Santa Catalina donde publicó, en una revista eclesiástica que se editaba en la parroquia, alguna idea "de las suyas" que provocó su deportación a las aldeas de Fuenteovejuna, San José de la Cañada del Gamo y su anexo Ojuelos Bajos donde permaneció 4 años.

Tras tres años destinado en Villanueva del Rey recibió la propuesta de su buen amigo el sacerdote Domingo García para participar en una experiencia pionera de vida comunitaria en Bujalance, donde inician una peculiar pastoral que organizan "encarnándose, del todo, en el mundo obrero" .

Bujalance vivió el testimonio de tres curas obreros que recogían aceitunas y oficiaban la liturgia esperanzados en lograr la conversión del pueblo partiendo de su compromiso radical.

Trasladado a Córdoba es nombrado párroco de Nuestra Señora del Rosario en la barriada de la Electro Mecánicas donde permanece entre huelgas y conflictos laborales durante veinte años.  Desarrolla una labor pastoral cercana al pueblo llano  siendo animador en la creación del famoso Club de Matrimonios la Unión y atendiendo al barrio obrero de El Higuerón.

La época de la llegada de la democracia y el resurgir de los movimientos vecinales son vividos por Salvador Puertas en coherente compromiso y al verse materialmente desalojado, por la jerarquía, de la parroquia decide personalmente pensar "lo que hacer con su vida" y, tras tomarse un año sabático, vuelve al seno eclesial.

Su comprometida trayectoria incluye su nombramiento como  conciliario de Caritas diocesana de Córdoba, labor  que realiza con  la colaboración de un grupo de seglares  que se  hacen cercanos a  aquellas personas más defavorecidas de la sociedad, teniendo como objetivo prioritario la promoción humana de las mismas. El desarrollo de esta labor,  bien vista por  el pueblo llano, resulta discutida por algunos estamentos elesiásticos, produciendo su libre salida del cargo.

Un segundo destino, es esta nueva etapa de su vida eclesial,  es como capellán del Hospital de la Cruz Roja, donde ejerció durante trece años desarrollando una pastoral cercana a los enfermos y dejando un grato recuerdo en cuantos lo trataron en dicho centro hospitalario.

Estudia Graduado Social y como tal trabaja durante veinte años por las mañanas.  Siempre ha pensado que para ser "libre de ciertas presiones jerárquicas  es necesario tener un trabajo remunerado independiente que cubra las necesidades materiales primarias."

Capellán del Monasterio de la Purísima Concepción del Cister y Consiliario del Movimiento Laico Sopeña, aún  vive comprometido -pese a sus años- asistiendo a grupos matrimoniales de Comunidades de Base y  grupos de  Oración en Silencio, entre los que Salvador Puertas es todo un referente, un maestro de oración. 

Destaca este sencillo presbítero cordobés por su continuada postura expresamente contraria a la identificación de la Iglesia con todo poder y  en especial con el del mundo de las finanzas.

Se trata de una vida seriamente comprometida con la utopía de los principios cristianos en el seguimiento de Jesús de Nazaret. Compromisos que lo condenaron a aislamientos y soledades, aunque también a sentirse más libre que nunca, alejado del poder y nada apenado por los  pocos vínculos con la iglesia oficial.

La ausencia generalizada, en Córdoba, de la "evangélica denuncia profética" tiene su excepción en Salvador Puertas, como conocen en su entorno y demuestran algunos de sus escritos:

Una Iglesia sin bancos ni cajas de ahorros.

Nadie nos impide soñar, aunque bien sabemos que los sueños pocas veces se convierten en realidad.

Hace días, asistiendo como espectador a la lucha de intereses y de poder que se está organizando en torno a Cajasur, he echado mi imaginación a volar. La imaginación, como sabemos, con frecuencia roza la utopía y la sobrepasa. Pero es hermoso soñar y soñar con utopías. He soñado con una iglesia muy sencilla... Una iglesia sin bancos y cajas de ahorro. Una iglesia libre para andar por el mundo, libre para orientar y denunciar. Sin miedo a perder nada, porque no hay nada que perder. Una iglesia con todos sus inmensos bienes patrimoniales abiertos gratuitamente a la humanidad, sin distinción de razas. Una iglesia sin títulos aparatosos, sin dignidades y ropajes trasnochados. Una iglesia sin grandes ceremonias que deslumbran. Una iglesia cerca del hombre que sufre; con todos sus recursos económicos y de personal puestos a disposición de las grandes lacras de la humanidad: el hambre, la marginación a todos los niveles, el paro... Una iglesia servidora, sin imposiciones y dogmatismos, abierta al diálogo, a la escucha, sabedora de que la verdad no es patrimonio de nadie.

Finalmente, he soñado con una iglesia pobre. Y me he preguntado, ¿es posible que algún día la iglesia sea pobre? ¿Es posible que, algún día, la iglesia esté al nivel de las clases más populares? Es bonito soñar. Jesús fue un soñador, un hombre lleno de proyectos utópicos. Él creyó que el hombre podía llegar a dominar su afán de riqueza, de poder, de ser más... Él creyó que el hombre puede alcanzar su plenitud de ser humano cuando sea capaz de amar, de servir, de olvidarse de si...

Todo esto vino a mi cabeza con motivo de la solemne ceremonia celebrada, en fecha no muy lejana, en la Catedral de Sevilla, con motivo de las bodas de oro sacerdotales de Miguel Castillejo Gorráiz, presidente del consejo de administración de Cajasur. Era todo tan distinto, tan opuesto a la utopía de Jesús. Allí la opción por el poder, por el dinero, por la imagen..., estaban patentes. La iglesia que allí aparecía era una iglesia rica, del lado de los poderosos de este mundo. Una iglesia sin libertad para gritar el Evangelio. Una iglesia esclava, vieja, anquilosada en el tiempo... Una iglesia sin nada nuevo que aportar a este mundo. Sus proyectos y motivaciones eran muy parecidos a los que se estilan por el mundo.

¡Ojalá que este espectáculo de poder y fuerza sea el último! ¡Ojalá y vuelva a nosotros la frescura del Evangelio! ¡Ojalá que Jesús comience a ser alguien más que un bello recuerdo! ¡Ojalá y se vuelva a la sencillez de los primeros tiempos!

Nuestro mundo necesita para seguir viviendo otros valores: la misericordia, la honestidad, la solidaridad, la gratuidad, el amor... Y, aunque no lo parezca, necesita personas que aún crean en la utopía. Jesús soñó con la utopía. *

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