Montilla

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Contenido

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Bandera de Montilla Escudo de Montilla
Término municipal
Municipio de Montilla
Código postal 14550
Coordenadas
 - Latitud:
 - Longitud:

37°35' N
04º38' 0
Superficie 170 km²
Altitud 371 m
Población (2004) 22.973 hab.
Gentilicio Montillano/a
Ríos
Alcalde Rosa Lucía Polonio Contreras (PSOE)
Comarca Campiña Sur
Partido Judicial Montilla
Pirámide de población
Grupos quinquenales.
Cohortes plantilla h.png Cohortes plantilla m.png
Fuente INE, censo 2001.
Vista de Montilla

Geografía

- Ubicación: Comarca de la Campiña Sur de Córdoba.

- Vías de acceso:

- Clima:

- Flora y fauna:

Flor del Jardín Botánico de Córdoba

Población

- Pedanías:

Buenavista Cerro del Humo Cortijo Blanco Jarata Llano del Mesto
La Magdalena y Tintín Riofrío La Salud San Francisco La Zarza

- Centros educativos:

C.D.P. Chiquitín C.D.P. El Molinillo C.D.P. La Asunción C.D.P. San Luis y San Ildefonso C.E.I.P. Beato Juan de Ávila
C.E.I.P. Gran Capitán C.E.I.P. San Francisco Solano C.E.I.P. San José C.E.I.P. Vicente Aleixandre C.E.M. Montilla
C.E.PR. Montilla I.E.S. Emilio Canalejo Olmeda I.E.S. Inca Garcilaso

- Centros sanitarios:

Hospital de Montilla Hospital de San Juan de Dios

- Medios de comunicación

- Datos poblacionales

Economía

Historia

- Heráldica:

- Lugareños ilustres

Cultura

- Tradiciones:

- Gastronomía:

- Productos Típicos:

Turismo

Vista oriental de la ciudad de Montilla. Juan Fernando Palomino. Lámina 5 del T. XI del Atlante Español o Descripción Geográfica, Cronológica e Histórica de España.... de Bernardo Espinalt y García. 1778-1795

Monumentos y lugares de interés:

- Hostelería:

Fiestas locales:

Direcciones de Internet:

Galería

Montilla. Andalucía es de cine

Ciudades hermanadas

Sant Joan Despí Barcelona (España) Archivo:Bandera de España.png

Boucau Francia Bandera de Francia.png

Certaldo Italia Bandera de Italia.png

Montilla en el mundo

FilipinasBandera de Filipinas.png

Bacong-Montilla Pedanía rural de la ciudad de Bago City, provincia de Negros Occidental, isla de Negros
Montilla Pedanía rural del municipio de Moisés Padilla, provincia de Negros Occidental, isla de Negros
Panamá Bandera de Panamá.png

Alto Montilla Provincia de Los Santos
Montilla Provincia de Chiquirí
Venezuela Bandera de Venezuela.png

La Montilla Estado de Falcón
Montilla Estado de Aragua


El contenido de este artículo incorpora material de una entrada de la Enciclopedia Libre Universal, publicada en castellano bajo la licencia GFDL.


Fuente

El contenido de este artículo incorpora material de una entrada de Wikipedia, publicada en castellano bajo la licencia GFDL.


De Cervantes a San Juan de Ávila, Montilla en Rincones de Córdoba con encanto [1]

Entre templos, conventos y bodegas, abundan en Montilla los espacios con encanto histórico, artístico y sentimental.

Uno de los muchos posibles arranca en el paseo de Cervantes, un parque cuidado y acogedor que guarda el eco de las antiguas ferias. Cuando en los años noventa el recinto ferial se trasladó a poniente, el paseo recobró un placentero sosiego que sólo se quiebra las mañanas del Viernes Santo, cuando la imagen de Jesús Nazareno se asoma a esta explanada para bendecir los campos. Como un monumento recordatorio de aquellas ferias pervive la metálica estructura de la caseta del Casino Montillano, que ostenta en la cubierta el año de su construcción, 1922. Frente a ella también pervive el antiguo quiosco de la música, un podio octogonal con balaustrada de hierro fundido fechado en 1904.

En un extremo del paseo central, ante la proporcionada escalinata que conecta el parque con la calle del Coto, los fastos del 92 dejaron una fuente monumental, obra del artista Rafael Rodríguez, que constituye el “homenaje del pueblo de Montilla al encuentro de dos culturas (...) simbolizado en la figura del Inca Garcilaso de la Vega, de sangre española y peruana”, que vivió en Montilla. (Para comprender mejor al Inca y casi respirar el aire que respiró, el viajero deberá asomarse a la casa que habitó entre 1561 y 1591, en la calle del Capitán Alonso de Vargas, donde escribió sus celebrados Comentarios reales).

Una verja de hierro separa el paseo del Llano de Palacio, así llamado por el palacio de los Duques de Medinaceli, hoy derrotado por el tiempo y el parcial abandono, que ennobleció el lugar en vecindad con famosas bodegas y almazaras. El llano era un terrizo espacio donde cada feria, por mayo y por julio, las atracciones –caballitos, barquillas, voladoras, las delicias, el carrusel– levantaban su efímero reino de fantasía; hoy descansa de aquel fragor y es un recinto arbolado en el que verdean los plátanos de sombra.

Bajo la noble fachada manierista del viejo palacio se abre el Arco de Santa Clara, una angosta garganta desconsideradamente castigada por el tráfico que, continuamente, lo cruza en ambas direcciones. Está el palacio muy ligado al contiguo convento de Santa Clara, fundado en 1517 por el primer Marqués de Priego, Pedro Fernández de Córdoba para cenobio de Franciscanos, pero al profesar como monja en 1525 su hija María Jesús de Luna, el nuevo convento se dedicó a las Clarisas; y años después ingresaría en él la propia viuda del fundador, la venerable Ana de la Cruz Ponce de León, Condesa de Feria.

Traspasado el arco, un portalón permite asomarse al compás del convento, recoleto patio en el que maravillará al viajero la portada gótico-renacentista de la iglesia conventual, atribuida al primer Hernán Ruiz. Un azulejo efigia en el patio a Nuestro Padre de Familias, milagroso crucificado venerado en el interior del convento, que según la tradición presidió el concilio de Trento. Asombra la concentración de bien conservadas obras artísticas que reúne la iglesia, entre las que sobresale el churrigueresco retablo mayor. La menguada comunidad mantiene el templo hecho un primor y sostiene el obrador de pastelería, que oferta los miércoles –día en que la gente acude para pedirle salud y trabajo a San Pancracio– sus especialidades dulceras. Por dentro, el convento es un museo inédito de arte religioso.

Subiendo por San Luis puede el viajero asomarse a la angosta calle San Juan de Dios, en la que pervive la casa de San Juan de Ávila, centro de espiritualidad en el Siglo de Oro, cuando santos fundadores –como Santa Teresa de Jesús, San Juan de Dios o San Ignacio de Loyola– acudían a pedirle orientación y consejo. “Esta casa sirvió de morada al beato Juan de Ávila y en ella murió el día 10 de mayo de 1569”, afirma la lápida colocada en 1894 sobre la adintelada puerta de la casa “para perpetuo recuerdo de tan preclaro varón conocido por el Apóstol de Andalucía”. El maestro fue canonizado en 1970, y sus restos reposan, dentro de una urna de plata, en la iglesia jesuita de la Encarnación, que atrae, con tal motivo, frecuentes peregrinaciones.

La casa es un venerado oasis de espiritualidad, que desde hace medio siglo viene conservando amorosamente el sacerdote Cristóbal Gómez. El viajero que tenga el privilegio de traspasar su umbral y recorra las recoletas dependencias –el oratorio, el escritorio, el comedor, la cocina, el dormitorio, el patio, con su pozo y su parra– se sentirá flotar en una isla silenciosa, donde las obras artísticas, los muebles, las reliquias, los olores sedimentados y hasta la atmósfera trasladan al místico recogimiento del siglo XVI.

Referencia

  1. MÁRQUEZ, F.S.. Rincones de Córdoba con encanto. 2003. Diario Córdoba

Alrededor de la parroquia mayor, Montilla en Rincones de Córdoba con encanto[1]

La imponente torre de ladrillo de la parroquia mayor de Santiago domina, como una esbelta atalaya, las vistas de Montilla. No solamente por su considerable altura, sino por asentarse sobre el espolón septentrional del casco antiguo, que confiere a la ciudad ese aspecto de barco invertido sobre un verde mar de viñedos con que tan acertadamente la comparase el poeta Antonio Morilla de la Torre.

Terminada en 1789, tras su aspecto barroco oculta la torre un templo gótico-mudéjar más antiguo, iniciado a principios del siglo XVI aprovechando la abundancia de piedra procedente del castillo de los señores de Aguilar, que Fernando el Católico había derribado en 1508 para apagar los humos de Pedro Fernández de Córdoba, primer Marqués de Priego. En consonancia con su época de construcción, tuvo aquella iglesia una torre proyectada por Hernán Ruiz III, pero no soportó la sacudida del famoso terremoto de Lisboa, de 1755, y fue sustituida por la actual.

La torre de Santiago domina las vistas de Montilla; especialmente si el viajero se acerca por la carretera de Espejo, la verá despuntar sobre la robusta cabecera del templo. Pero las mejores perspectivas las regala callejeando por el casco antiguo. Ya desde el paseo de Cervantes se la ve asomar sobre los tejados de la gran colina oriental, aunque es en calles aledañas y angostas como la Yedra y la Escuchuela donde se la aprecia soberbia y cautiva entre las casas. Para mirarla cara a cara y apreciar sus altivas proporciones hay que situarse en la calle de la Iglesia, frente a la que despliega sus cuerpos de ladrillo rematados por el campanario, que empequeñecen la portada coetánea.

Interiormente, el templo mayor de Montilla acusa las reformas emprendidas a lo largo de los siglos XVII y XVIII, y bajo la cúpula elíptica del crucero pende, como suspendido de la eternidad, el Cristo de Zacatecas, exótico crucificado hecho de cañaheja que vino de México en 1576, lleno de oro según la leyenda.

A la sombra de la parroquia mayor se extiende la Escuchuela, barrio cuyo topónimo deriva de Escucha, el nombre de una de las torres del antiguo castillo. Sus calles limpias y quebradas, flanqueadas de impolutas casas blancas, ponen de manifiesto cómo el esfuerzo del Ayuntamiento y la colaboración de los vecinos pueden transformar un barrio suburbial en ese urbanismo popular que tanto complace a los viajeros. Junto a la parroquia arranca la calle que da nombre al barrio, que termina en un agradable balcón mirador sobre la ondulada campiña, un minifundio de viñedos y olivares surcado por sinuosos caminillos y moteado de blancos caseríos, en cuyo horizonte blanquean pueblos limítrofes, como Montemayor y Espejo, a la sombra protectora de sus castillos.

A la derecha de la calle principal se van abriendo otras, quebradas y pendientes, con nombres de tanta prosapia como Puerta del Sol, Condesa de Feria y Cronista Pérez del Pulgar, de casas modestas y relucientes, asentadas sobre la ladera. Merece la pena bajar por la primera para apreciar la soberbia cabecera del templo parroquial, de robustos y bien cortados sillares, que permiten imaginar cómo sería el castillo.

Encanto y emoción histórica guarda la meseta de la colina, asentamiento de la antigua fortaleza medieval, cuyos escasos restos almenados aparecen integrados en los graneros que en 1723 mandó construir Nicolás Fernández de Córdoba, duque de Medinaceli, un sólido edificio que tras su adecuada restauración y acondicionamiento acogerá un museo dedicado a la viña y el vino. Junto a la verja del recinto, que ostenta la fecha de 1871, las palmeras arropan un monumento al Corazón de Jesús erigido en 1945. En esta enclave, la Cuesta del Silencio, que baja del santuario salesiano de María Auxiliadora, evoca en su topónimo la procesión del Cristo del Amor, que cada Miércoles Santo, cuando dan las once de la noche, pone en la calle su silenciosa y enlutada estela de nazarenos.

No lejos del lugar donde nació, baja desde aquí la calle dedicada a Gonzalo Fernández de Córdoba, El Gran Capitán, mientras que la calle del Arcipreste Fernández Casado, un sacerdote ejemplar, desciende a la plaza de la Rosa, desnaturalizada por una fría remodelación que esfumó parte de sus antiguos encantos; pese a ello, aún perviven edificios tan consustanciales con su ambiente de plaza provinciana como la barroca ermita de la Rosa, el recuperado teatro Garnelo, de 1917, y el edificio de La Tercia, construcción terminada en 1925 por el séptimo Conde de la Cortina, Francisco de Alvear, generoso prócer que sembró Montilla de obras piadosas y sociales.

Referencia

  1. MÁRQUEZ, F.S.. Rincones de Córdoba con encanto. 2003. Diario Córdoba

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