Montilla

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110px Escudo de Montilla.svg.png
Bandera de Montilla Escudo de Montilla
Término municipal
Municipio de Montilla
Código postal 14550
Coordenadas
 - Latitud:
 - Longitud:

37°35' N
04º38' 0
Superficie 170 km²
Altitud 371 m
Población (2004) 22.973 hab.
Gentilicio Montillano/a
Ríos
Alcalde Rafael Llamas Salas (PSOE)
Comarca Campiña Sur
Partido Judicial Montilla
Pirámide de población
Grupos quinquenales.
Cohortes plantilla h.png Cohortes plantilla m.png
Fuente INE, censo 2001.


Montilla es una ciudad y municipio español de la provincia de Córdoba, en la comunidad autónoma de Andalucía. Se sitúa como cabecera natural de la comarca de la Campiña Sur Cordobesa, siendo capital de esta junto con Puente Genil y es cabeza de partido judicial.1 2 Sus coordenadas geográficas son 37° 35′ N 4° 38′ O y se levanta a una altitud de 371 msnm, en pleno centro geográfico de Andalucía y a unos 45 km al sur de Córdoba, 115 al norte de Málaga y 130 al oeste de Sevilla.3 4 Su extensión es de 168,2 km² y en el año 2009 contaba con 23 840 habitantes, lo que supone una densidad de población de 141,73 hab/km².4 5

El origen de su topónimo es ambiguo. De la época musulmana proviene el nombre de Montiya, anterior a la castellanización de la terminación -iya del árabe, que denomina a grupos humanos en toda su extensión, como agrupación, barrio, pueblo, ciudad... De esta época data el nombre Montulia, dado a la región. Otros autores defienden que su raíz es castellana, apareciendo en la segunda mitad del siglo XIV en el Libro de la montería del rey Alfonso XI como Montiella (del topónimo árabe Mondelia). Sin embargo, en el siglo XVIII se atribuía su nombre a la contracción de monte-villa. Otros estudiosos trataron de obtenerlo de Monte Ulía. Con certeza, fue la Montilyana de los Anales Palatinos de Alhakan II citada entre el recorrido desde Atana y Wacita Milihah (Cabra).

Históricamente destaca por ser cuna de Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, nacido en 1453 en el castillo cuyas ruinas presiden la ciudad, propiedad de su padre, Pedro Fernández de Córdoba, Señor de Aguilar. En 1630, el Rey Felipe IV de España le concedió el título de ciudad a la localidad.

Es famosa por la calidad de su uva Pedro Ximénez, de la que se elaboran los acreditados vinos de Montilla, y junto con la cercana Moriles y otras localidades cordobesas integra la comarca vitivinícola con Denominación de Origen Montilla-Moriles. La ciudad es capital de dos denominaciones de origen amparadas por la Unión Europea: Vinos de Montilla-Moriles y Vinagres de Montilla-Moriles.

Actualmente forma parte del triángulo de ciudades considerado motor de la economía cordobesa, lo que, junto con su posición en el centro de Andalucía, le ha conferido un importante nudo de carreteras y comunicaciones.

Vista de Montilla

Historia

Antigüedad y Edad Media

Desde el Paleolítico Inferior se conocen restos de ocupación humana en Montilla, al igual que en toda la Campiña, como lo atestiguan los útiles sobre lasca y los bifaces encontrados. Posteriormente han aparecido raederas, raspadores y buriles, del Paleolítico Inferior y del Paleolítico Medio y sepulturas del Campaniforme. El Epipaleolítico dejó huella en el término de Montilla, siendo el municipio uno de los escasos puntos geográficos cordobeses donde se han documentado yacimientos de la época, como el de Fuente de Pez, interesante yacimiento de piezas microlíticas. y del Neolítico del cual encontramos abundantes restos desde el Calcolítico, periodo en el que son más numerosos los yacimientos de cerámica, útiles de silex, puntas de flechas, etc..

En las inmediaciones del Castillo de Montilla, tras diversas excavaciones arqueológicas desarrolladas en el Cerro donde se asienta el alhorí, se ha constatado la existencia de un antiguo poblado prerromano en sus laderas.

La presencia de restos arqueológicos, como una estatua de Diana cazadora o de vías romanas, hacen pensar en que hubiera un núcleo hispano-romano; sin embargo, aún no se han encontrado restos que permitan hablar de una ciudad romana a pesar de la abundancia de restos. Cerca de Montilla, en la zona de Llanos de Vanda se suele ubicar la Munda, librada en el año 45 a.C, en la cual se enfrentaron Julio César frente a Cneo y Sexto Pompeyo, hijos de Pompeyo el Grande. Tras la victoria de Julio César, este volvió a Roma para ser nombrado dictador. Sin embargo, los historiadores y estudiosos aún no están seguros de esta localización, ya que nunca ha aparecido ninguna prueba definitiva que confirme la relación de Montilla con Munda. Su proximidad a la vía de Corduba a Malaca y otras secundarias dan testimonios de que el lugar estaba habitado y había una intensa actividad agrícola. De fecha anterior a éstos, son los restos de poblamientos tartésicos e iberos hallados en el recinto del castillo.

De la época musulmana proviene el nombre de Montiya, anterior a la castellanización de la terminación -iya del árabe, que denomina a grupos humanos en toda su extensión, como agrupación, barrio, pueblo, ciudad, etc. Aparentemente, la zona, a la que se denominó Mondelia estuvo poco poblada y lindaba con las coras de Cabra y Córdoba-

Poco se conoce de Montilla durante la primera época de la Edad Media, incluyendo su propio origen, hasta su incorporación a la corona castellano-leonesa entre febrero de 1240 y marzo de 1241, durante la segunda estancia de Fernando III de Castilla en Córdoba. En estos años comenzó el repoblamiento con familias provenientes de León. En 1257 pasó a depender de Gonzalo Yáñez Dovinal, a quien Alfonso X el Sabio concedió en señorío la villa y castillo de Aguilar, del que dependería Montilla hasta 1343, fecha en que se extinguió el linaje de la Casa de Aguilar.

La titularidad de estas tierras cambiaría en varias ocasiones, hasta que en 1371, Enrique II de Castilla la concede a Lope Gutiérrez, alcalde mayor de Córdoba, segregándola de la Casa de Aguilar, junto con la independencia jurisdiccional y el título de villa. Fue en esta fecha cuando sustituyó a Aguilar de la Frontera como sede del señorío de ese nombre. Lope Gutiérrez, por su parte, la entregó en 1375 a Gonzalo Fernández de Córdoba, a cambio de sus diversos bienes en Guadalcázar. A partir de ese momento, Montilla, sin dar nombre al señorío, se convirtió en centro, sede y núcleo del mismo, situación que se mantendrá incluso cuando los Reyes Católicos otorguen a los señores de Aguilar el título de Marqueses de Priego.

La noticia más antigua que aparece de Montilla es en 1333, y hace referencia al castillo y a su nombre. Diez años después se menciona la población, consolidada totalmente, pero hasta 1371 no adquiere término municipal independiente de Aguilar y obtener el título de villa, reforzando su población y configurando su territorio a lo largo del siglo XV mediante pleitos por los límites con los concejos colindantes de Cabra, La Rambla, Castro del Río, Montemayor y Espejo. Sobre el Gran Capitán ha habido siempre una discusión sobre su nacimiento entre que era de Aguilar o de Montilla, ya que aunque nació en Montilla, en aquel momento pertenecía al Señorío de Aguilar, del cual era su padre titular.

Es, a partir de este momento, cuando comienza, sin lugar a dudas, la centuria más importante de la historia de Montilla, aunque con uno de sus mayores traumas: la destrucción de su Castillo.

Siglos XVI, XVII y XVIII

Bajo los Fernández de Córdoba, Montilla se convertirá en el centro del señorío de Aguilar, suplantando incluso a esta villa, y se preparará para su desarrollo económico del siglo XVI. Durante la segunda mitad del siglo XV experimentó un importante crecimiento demográfico, alcanzando los 1.166 vecinos en 1530, por lo que, después de Priego, a la que termina por suplantar, era la villa más poblada del marquesado de este nombre. Existen testimonios de aquella época sobre el castillo, cuyo origen parece remontarse a épocas anteriores a la Baja Edad Media, y aunque apenas se conservan restos, ya que fue demolido por orden Fernando el Católico en 1508 como ejemplar castigo impuesto al titular de la Casa de Aguilar (ya entonces primer marqués de Priego) y aviso al resto de la nobleza andaluza. Las noticias antiguas nos informan acerca de su suntuosidad y celebridad.

En el siglo XVI el fuerte crecimiento demográfico y el auge económico influyen en la ampliación del perímetro urbano y en la remodelación arquitectónica de la parroquia de Santiago y creación de la totalidad de fundaciones conventuales: franciscanos en 1512, agustinos en 1519, clarisas en 1525, jesuitas en 1558, y concepcionistas en 1594. La ciudad siguió forjando el primitivo casco urbano que hoy se conserva, y se expande hacia el camino de Córdoba gracias al barrio de las Tenerías o hacia el Sur. La práctica totalidad del centro histórico de Montilla tiene su origen y desarrollo en estos siglos XV y XVI.

En 1630, Felipe IV de España le concede el título de ciudad. Por aquella época los derechos señoriales suponen grandes beneficios para éstos y no pocos conflictos para con los vasallos. Hasta 1711 no se reconoce el derecho de los vecinos para erigir libremente hornos y molinos. Dentro de aquel marco, el concejo municipal cumple funciones de gobierno, justicia y regimiento de la villa, para lo que dispone de ingresos devengados por el arrendamiento de sus propios.

El siglo XVII está ligado a un estancamiento y regresión de la economía, epidemia de peste, falta de cosechas y hambre. Esto no frena el vigor religioso, sino que se intensifica con la fundación del hospital de San Juan de Dios en 1664 y el reconocimiento público del patronazgo de San Francisco Solano en 1647, casi ochenta años antes de su canonización en 1726. Cabe destacar en este siglo la importancia que el teatro adquirió en la localidad, ligado a la festividad de Corpus y al amparo del Marquesado de Priego. Las referencias históricas indican que la importancia del teatro fue tal en la ciudad, que Montilla contó con un corral de comedias a principios del siglo XVII, antes incluso que otras grandes ciudades andaluzas.

Ciudad de Montilla a mediados del siglo XVII.jpg

El siglo XVIII supone una recuperación demográfica, sin cambios sustanciales en la estructura social, encabezada por los marqueses de Priego (duques de Medinaceli desde 1711), seguida de algunas familias nobles, clero, campesinos y artesanos de los más variados gremios. En 1726 fue canonizado el montillano San Francisco Solano, importante evangelizador en América del Sur. El 1 de abril de 1767 se expulsa a los jesuitas y el 24 de agosto de 1779 se funda la primera Sociedad Económica de Amigos del País.

El siglo XIX fue tumultuoso. Se vivieron diversos enfrentamientos, ya fuera contra los franceses en la Guerra de Independencia o entre absolutistas y liberales, a lo que se deben añadir la grave epidemia de 1855 y las revueltas contra Isabel II de España.

La revolución de 1868 representó un etapa de gran agitación política, puesto que en Montilla existían grupos de demócratas organizados. El amaño de las elecciones por parte de la burguesía local creó un ambiente de gran tensión social que dieron lugar a los graves sucesos de 1873, al conocerse la proclamación de la I República, en que estalló un motín popular, asalto e incendio de casas de varias autoridades municipales, con el asesinato de uno de los hombres más ricos al intentar huir. Desde este momento Montilla fue un importante núcleo republicano, con un claro reflejo de esta tendencia en las elecciones municipales. Siglos XIX, XX y XXI

En el siglo XIX, Montilla tenía 13 224 habitantes, por lo que se la consideraba una ciudad de tamaño medio; había 1840 casas en 84 calles, anchas, limpias y muy bien empedradas, como describen varios tratados, destacando las calles Corredera, Sotollón, Ancha, Enfermería, Torrecilla, San Fernando, Santa Brígida y Puerta de Aguilar y tres plazas: Constitución, Palacio y Sileras, así como el Llano de San Agustín. La ciudad contaba en este siglo con el Ayuntamiento, el palacio de Medinaceli, escuelas, hospital, la parroquia de Santiago, la iglesia de San Francisco Solano, así como siete ermitas en la ciudad y cuatro en las afueras, tres conventos de frailes y dos de monjas. También se ha hecho referencia al castillo, calificado por varios autores como «el más hermoso de Andalucía» y una serie de baños por el término atribuidos a los romanos[cita requerida]. En este siglo, la economía se basaba en el sector primario: las producciones más importantes eran aceite (80.000 arrobas con ventas que se distribuían a Málaga, Sevilla y Madrid), vino (exportado a Córdoba capital, la provincia y Écija, con pedidos incluso para Inglaterra), trigo (50 000 fanegas) y otros cereales, leguminosas, hortalizas y frutas. En cuanto a industria, destacaba el sector agroalimentario, los telares de lino y lana y alfarerías y tejares[cita requerida].

Los principios del siglo XX se caracterizaron por la enraización de estas ideas republicanas y socialistas, éstas de la mano de las doctrinas difundidas por el médico Francisco Palop Segovia, así como por la multiplicación de las organizaciones obreras y el anticlericalismo. Este siglo fue tumultuoso: Se vivieron diversos enfrentamientos, contra los franceses en la Guerra de Independencia española o entre absolutistas y liberales. Además de la grave epidemia de cólera de 1855 y las revueltas contra Isabel II de España. La revolución de 1868 representó un etapa de gran agitación política, puesto que en Montilla existían grupos de demócratas organizados. El amaño de las elecciones por parte de la burguesía local creó un ambiente de gran tensión social que provocaron los graves sucesos de 1873, al conocerse la proclamación de la I República, que estalló un motín popular, con asaltos e incendios de casas de varias autoridades municipales y con el asesinato de uno de los hombres más ricos de la localidad, el cacique, al intentar huir. Cabe destacar en este siglo las medidas desamortizadoras del ministro Mendizábal (1835), la presencia de la expedición de los generales carlistas Gómez y Cabrera (1836) y la llegada del ferrocarril (1865)

Desde este momento Montilla fue un importante núcleo republicano, con un claro reflejo de esta tendencia en las elecciones municipales. Tras el triunfo de la Revolución Rusa se inició en Montilla, como en otros lugares de España, un período de agitación social. En mayo de 1917 una manifestación de protesta fue disuelta a tiros por la fuerza pública cuando marchaba por la calle El Santo. En aquel verano hubo varias huelgas y amenazas de atentados contra personas y propiedades, el portavoz del partido republicano en el Ayuntamiento fue detenido y la sesión municipal del 1 de agosto se celebró con la presencia de la Guardia Civil en la sala capitular. Los socialistas obtuvieron la mayoría en las elecciones de 1920, en continuo enfrentamiento con el sindicato católico, que estaba dirigido por el conde de la Cortina. Durante los años de la dictadura de Primo de Rivera (1923-1930), maduró y se expandió enormemente la industria vitivinícola de la ciudad. En el entorno socio-cultural destaca la figura de Don Francisco de Alvear, Conde de la Cortina, que impulsa en la llegada de las Esclavas del Divino Corazón y la Congregación Salesiana, ambas consagradas a la docencia, y el regreso de la Compañía de Jesús. Además, el Conde de la Cortina, adquiere la Casa del Inca Garcilaso de la Vega para donarla al pueblo de Montilla con el fin de ubicar allí la biblioteca pública. Con la expansión del sector vitivinícola y bodeguero, los gremios artesanales quedarán a la sombra y la ciudad alcanzará fama universal con la elaboración de excelentes vinos, convirtiéndose desde 1944 en el núcleo más significativo de la Denominación de Origen Montilla-Moriles.

En las elecciones generales de 1931 y 1933, los socialistas obtuvieron una mayoría aplastante y en 1936 el Frente Popular duplicó el número de votos de la derecha. Más tarde, la Guerra Civil Española no pasó de puntillas por el pueblo, el caso de Montilla fue especialmente sangrante, ya que nadie intentó poner freno a la violencia, como en otras localidades: La Iglesia jaleó el golpe y no dio ninguna muestra de piedad ni de caridad. Tanto párrocos como arciprestes casaron y bautizaron a la fuerza a personas que iban a ser fusiladas el día siguiente, sin hacer nada por evitar la barbarie. Los militares estaban al mando de Montilla desde el 19 de julio. Hay constatados, entre 1936 y 1939, 114 fusilamientos en una población de 20.000 habitantes, posteriormente, se contabilizarían 16 más; sin embargo, los historiadores no están conformes con esta cifra: la mayoría de las ejecuciones no se inscribía en el Registro Civil, y más del 30% de estas ejecuciones se recogió a través de testimonios orales, por lo que se piensa que hubo muchas más de las recogidas. La única opción que le quedó a la población fue la huida: varios miles de personas huyeron a Espejo, un municipio vecino a 12 kilómetros de Montilla al día siguiente del triunfo del golpe. Cuando este cayó en septiembre, huyeron a Bujalance, más al Norte de la provincia, del cual huyeron hacia Jaén cuando cayó en manos rebeldes. De estos exiliados, ocho acabaron recluidos en campos de concentración nazis, al salir en 1939 de España y fueron encarcelados en los campos de concentración del sur de Francia, en Argelès-sur-Mer y a Barcarès. Cuando Francia cayó en manos de los los alemanes, algunos de los presos montillanos fueron capturados y enviados a otros campos, como Mauthausen, mientras que otros lograron volver a España.

La posguerra fue especialmente dura, se estima que en el año 1939 había alrededor de 400 montillanos en distintos penales. A partir de 1941, se indultó a muchos por falta de espacio. En las prisiones no había sitio para tantos reclusos, ni medios para mantenerlos en los años del hambruna. Sin embargo, la salida de la cárcel no era fácil: los republicanos encontraban, en la mayoría de casos, sus casas saqueadas, únicamente con las paredes. Muchos tuvieron que enfrentarse a los tribunales de responsabilidades políticas, castigándolos con cuantiosas multas y sometiéndolos a un control constante. Sin embargo, en los años 60 se entró de lleno en el desarrollismo de la mano de la industria vitivinícola, que situó a Montilla en los primeros lugares de la provincia. No obstante, la localidad no se libró de la fiebre migratoria, siendo el principal destino de la inmigración Cataluña (San Juan Despí) y Alemania. Hoy día forma parte del triángulo de ciudades considerado motor de la economía cordobesa.

- Lugareños ilustres

Geografía

- Ubicación: Comarca de la Campiña Sur de Córdob, la localidad se asienta en un terreno llano, al sur de la provincia de Córdoba, en pleno centro geográfico de Andalucía, con elevaciones suaves, propias de la campiña, con una altitud media de 372 metros sobre el nivel del mar. Destaca entre estas elevaciones el Cerro del Macho, con 700 metros de altitud. En la zona también se encuentra la llamada Sierra de Montilla, al este de la ciudad, formada por una serie de altas colinas. En la Sierra, destaca el Cerro de Don Juan, con multitud de especies autóctonas. En la Sierra se encuentran numerosos lagares, lugares de elaboración de vinos y aceites.

- Vías de acceso:

- Clima: Montilla se caracteriza por tener un clima semicontinental mediterráneo, con veranos cálidos, largos y secos e inviernos cortos. La temperatura media mínima se encuentra en los 12,2 grados centígrados, y la temperatura media máxima, en los 25,7 grados centígrados. Las horas de sol efectivo oscilan entre las 2800 y las 3000 anuales.

Población

- Pedanías:

Buenavista Cerro del Humo Cortijo Blanco Jarata Llano del Mesto
La Magdalena y Tintín Riofrío La Salud San Francisco La Zarza

- Centros educativos:

C.D.P. Chiquitín C.D.P. El Molinillo C.D.P. La Asunción C.D.P. San Luis y San Ildefonso C.E.I.P. Beato Juan de Ávila
C.E.I.P. Gran Capitán C.E.I.P. San Francisco Solano C.E.I.P. San José C.E.I.P. Vicente Aleixandre C.E.M. Montilla
C.E.PR. Montilla I.E.S. Emilio Canalejo Olmeda I.E.S. Inca Garcilaso

- Centros sanitarios:

Hospital de Montilla Hospital de San Juan de Dios

- Medios de comunicación

- Datos poblacionales

Economía

Historia

- Heráldica:

- Lugareños ilustres

Cultura

- Tradiciones:

- Gastronomía:

- Productos Típicos:

Turismo

Vista oriental de la ciudad de Montilla. Juan Fernando Palomino. Lámina 5 del T. XI del Atlante Español o Descripción Geográfica, Cronológica e Histórica de España.... de Bernardo Espinalt y García. 1778-1795

Monumentos y lugares de interés:

- Hostelería:

Fiestas locales:

Direcciones de Internet:

Galería

Montilla. Andalucía es de cine

Ciudades hermanadas

Sant Joan Despí Barcelona (España) Archivo:Bandera de España.png

Boucau Francia Bandera de Francia.png

Certaldo Italia Bandera de Italia.png

Montilla en el mundo

FilipinasBandera de Filipinas.png

Bacong-Montilla Pedanía rural de la ciudad de Bago City, provincia de Negros Occidental, isla de Negros
Montilla Pedanía rural del municipio de Moisés Padilla, provincia de Negros Occidental, isla de Negros
Panamá Bandera de Panamá.png

Alto Montilla Provincia de Los Santos
Montilla Provincia de Chiquirí
Venezuela Bandera de Venezuela.png

La Montilla Estado de Falcón
Montilla Estado de Aragua


El contenido de este artículo incorpora material de una entrada de la Enciclopedia Libre Universal, publicada en castellano bajo la licencia GFDL.


Fuente

El contenido de este artículo incorpora material de una entrada de Wikipedia, publicada en castellano bajo la licencia GFDL.


De Cervantes a San Juan de Ávila, Montilla en Rincones de Córdoba con encanto [1]

Entre templos, conventos y bodegas, abundan en Montilla los espacios con encanto histórico, artístico y sentimental.

Uno de los muchos posibles arranca en el paseo de Cervantes, un parque cuidado y acogedor que guarda el eco de las antiguas ferias. Cuando en los años noventa el recinto ferial se trasladó a poniente, el paseo recobró un placentero sosiego que sólo se quiebra las mañanas del Viernes Santo, cuando la imagen de Jesús Nazareno se asoma a esta explanada para bendecir los campos. Como un monumento recordatorio de aquellas ferias pervive la metálica estructura de la caseta del Casino Montillano, que ostenta en la cubierta el año de su construcción, 1922. Frente a ella también pervive el antiguo quiosco de la música, un podio octogonal con balaustrada de hierro fundido fechado en 1904.

En un extremo del paseo central, ante la proporcionada escalinata que conecta el parque con la calle del Coto, los fastos del 92 dejaron una fuente monumental, obra del artista Rafael Rodríguez, que constituye el “homenaje del pueblo de Montilla al encuentro de dos culturas (...) simbolizado en la figura del Inca Garcilaso de la Vega, de sangre española y peruana”, que vivió en Montilla. (Para comprender mejor al Inca y casi respirar el aire que respiró, el viajero deberá asomarse a la casa que habitó entre 1561 y 1591, en la calle del Capitán Alonso de Vargas, donde escribió sus celebrados Comentarios reales).

Una verja de hierro separa el paseo del Llano de Palacio, así llamado por el palacio de los Duques de Medinaceli, hoy derrotado por el tiempo y el parcial abandono, que ennobleció el lugar en vecindad con famosas bodegas y almazaras. El llano era un terrizo espacio donde cada feria, por mayo y por julio, las atracciones –caballitos, barquillas, voladoras, las delicias, el carrusel– levantaban su efímero reino de fantasía; hoy descansa de aquel fragor y es un recinto arbolado en el que verdean los plátanos de sombra.

Bajo la noble fachada manierista del viejo palacio se abre el Arco de Santa Clara, una angosta garganta desconsideradamente castigada por el tráfico que, continuamente, lo cruza en ambas direcciones. Está el palacio muy ligado al contiguo convento de Santa Clara, fundado en 1517 por el primer Marqués de Priego, Pedro Fernández de Córdoba para cenobio de Franciscanos, pero al profesar como monja en 1525 su hija María Jesús de Luna, el nuevo convento se dedicó a las Clarisas; y años después ingresaría en él la propia viuda del fundador, la venerable Ana de la Cruz Ponce de León, Condesa de Feria.

Traspasado el arco, un portalón permite asomarse al compás del convento, recoleto patio en el que maravillará al viajero la portada gótico-renacentista de la iglesia conventual, atribuida al primer Hernán Ruiz. Un azulejo efigia en el patio a Nuestro Padre de Familias, milagroso crucificado venerado en el interior del convento, que según la tradición presidió el concilio de Trento. Asombra la concentración de bien conservadas obras artísticas que reúne la iglesia, entre las que sobresale el churrigueresco retablo mayor. La menguada comunidad mantiene el templo hecho un primor y sostiene el obrador de pastelería, que oferta los miércoles –día en que la gente acude para pedirle salud y trabajo a San Pancracio– sus especialidades dulceras. Por dentro, el convento es un museo inédito de arte religioso.

Subiendo por San Luis puede el viajero asomarse a la angosta calle San Juan de Dios, en la que pervive la casa de San Juan de Ávila, centro de espiritualidad en el Siglo de Oro, cuando santos fundadores –como Santa Teresa de Jesús, San Juan de Dios o San Ignacio de Loyola– acudían a pedirle orientación y consejo. “Esta casa sirvió de morada al beato Juan de Ávila y en ella murió el día 10 de mayo de 1569”, afirma la lápida colocada en 1894 sobre la adintelada puerta de la casa “para perpetuo recuerdo de tan preclaro varón conocido por el Apóstol de Andalucía”. El maestro fue canonizado en 1970, y sus restos reposan, dentro de una urna de plata, en la iglesia jesuita de la Encarnación, que atrae, con tal motivo, frecuentes peregrinaciones.

La casa es un venerado oasis de espiritualidad, que desde hace medio siglo viene conservando amorosamente el sacerdote Cristóbal Gómez. El viajero que tenga el privilegio de traspasar su umbral y recorra las recoletas dependencias –el oratorio, el escritorio, el comedor, la cocina, el dormitorio, el patio, con su pozo y su parra– se sentirá flotar en una isla silenciosa, donde las obras artísticas, los muebles, las reliquias, los olores sedimentados y hasta la atmósfera trasladan al místico recogimiento del siglo XVI.

Referencia

  1. MÁRQUEZ, F.S.. Rincones de Córdoba con encanto. 2003. Diario Córdoba

Alrededor de la parroquia mayor, Montilla en Rincones de Córdoba con encanto[1]

La imponente torre de ladrillo de la parroquia mayor de Santiago domina, como una esbelta atalaya, las vistas de Montilla. No solamente por su considerable altura, sino por asentarse sobre el espolón septentrional del casco antiguo, que confiere a la ciudad ese aspecto de barco invertido sobre un verde mar de viñedos con que tan acertadamente la comparase el poeta Antonio Morilla de la Torre.

Terminada en 1789, tras su aspecto barroco oculta la torre un templo gótico-mudéjar más antiguo, iniciado a principios del siglo XVI aprovechando la abundancia de piedra procedente del castillo de los señores de Aguilar, que Fernando el Católico había derribado en 1508 para apagar los humos de Pedro Fernández de Córdoba, primer Marqués de Priego. En consonancia con su época de construcción, tuvo aquella iglesia una torre proyectada por Hernán Ruiz III, pero no soportó la sacudida del famoso terremoto de Lisboa, de 1755, y fue sustituida por la actual.

La torre de Santiago domina las vistas de Montilla; especialmente si el viajero se acerca por la carretera de Espejo, la verá despuntar sobre la robusta cabecera del templo. Pero las mejores perspectivas las regala callejeando por el casco antiguo. Ya desde el paseo de Cervantes se la ve asomar sobre los tejados de la gran colina oriental, aunque es en calles aledañas y angostas como la Yedra y la Escuchuela donde se la aprecia soberbia y cautiva entre las casas. Para mirarla cara a cara y apreciar sus altivas proporciones hay que situarse en la calle de la Iglesia, frente a la que despliega sus cuerpos de ladrillo rematados por el campanario, que empequeñecen la portada coetánea.

Interiormente, el templo mayor de Montilla acusa las reformas emprendidas a lo largo de los siglos XVII y XVIII, y bajo la cúpula elíptica del crucero pende, como suspendido de la eternidad, el Cristo de Zacatecas, exótico crucificado hecho de cañaheja que vino de México en 1576, lleno de oro según la leyenda.

A la sombra de la parroquia mayor se extiende la Escuchuela, barrio cuyo topónimo deriva de Escucha, el nombre de una de las torres del antiguo castillo. Sus calles limpias y quebradas, flanqueadas de impolutas casas blancas, ponen de manifiesto cómo el esfuerzo del Ayuntamiento y la colaboración de los vecinos pueden transformar un barrio suburbial en ese urbanismo popular que tanto complace a los viajeros. Junto a la parroquia arranca la calle que da nombre al barrio, que termina en un agradable balcón mirador sobre la ondulada campiña, un minifundio de viñedos y olivares surcado por sinuosos caminillos y moteado de blancos caseríos, en cuyo horizonte blanquean pueblos limítrofes, como Montemayor y Espejo, a la sombra protectora de sus castillos.

A la derecha de la calle principal se van abriendo otras, quebradas y pendientes, con nombres de tanta prosapia como Puerta del Sol, Condesa de Feria y Cronista Pérez del Pulgar, de casas modestas y relucientes, asentadas sobre la ladera. Merece la pena bajar por la primera para apreciar la soberbia cabecera del templo parroquial, de robustos y bien cortados sillares, que permiten imaginar cómo sería el castillo.

Encanto y emoción histórica guarda la meseta de la colina, asentamiento de la antigua fortaleza medieval, cuyos escasos restos almenados aparecen integrados en los graneros que en 1723 mandó construir Nicolás Fernández de Córdoba, duque de Medinaceli, un sólido edificio que tras su adecuada restauración y acondicionamiento acogerá un museo dedicado a la viña y el vino. Junto a la verja del recinto, que ostenta la fecha de 1871, las palmeras arropan un monumento al Corazón de Jesús erigido en 1945. En esta enclave, la Cuesta del Silencio, que baja del santuario salesiano de María Auxiliadora, evoca en su topónimo la procesión del Cristo del Amor, que cada Miércoles Santo, cuando dan las once de la noche, pone en la calle su silenciosa y enlutada estela de nazarenos.

No lejos del lugar donde nació, baja desde aquí la calle dedicada a Gonzalo Fernández de Córdoba, El Gran Capitán, mientras que la calle del Arcipreste Fernández Casado, un sacerdote ejemplar, desciende a la plaza de la Rosa, desnaturalizada por una fría remodelación que esfumó parte de sus antiguos encantos; pese a ello, aún perviven edificios tan consustanciales con su ambiente de plaza provinciana como la barroca ermita de la Rosa, el recuperado teatro Garnelo, de 1917, y el edificio de La Tercia, construcción terminada en 1925 por el séptimo Conde de la Cortina, Francisco de Alvear, generoso prócer que sembró Montilla de obras piadosas y sociales.

Referencia

  1. MÁRQUEZ, F.S.. Rincones de Córdoba con encanto. 2003. Diario Córdoba

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