Espejo

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Bandera de Espejo Escudo de Espejo
Término municipal
Municipio de Espejo
Código postal 14830
Coordenadas
 - Latitud:
 - Longitud:

37°41' N
04º33' 0
Superficie 57 km²
Altitud 423 m
Población (2005) 3.797 hab.
Gentilicio Espejeño/a
Ríos
Alcalde Francisco Antonio Medina Raso (IU)
Comarca Campiña Este - Guadajoz
Partido Judicial Córdoba
Pirámide de población
Grupos quinquenales.
Cohortes plantilla h.png Cohortes plantilla m.png
Fuente INE, censo 2001.

Geografía

- Ubicación:

- Vías de acceso: N-432, A-307 y CO-4205

- Clima

- Flora y fauna:

Población

- Centros educativos: Ver categoría Centros de educación de Espejo

- Medios de comunicación

- Datos poblacionales

Economía

El pilar fundamental de la economía de Espejo es la agricultura, donde el cultivo del olivar se ha erigido en motor fundamental de la misma. Es una agricultura en la que predomina la pequeña propiedad, aunque de todas maneras aún permanece vestigios del viejo latifundismo representado por restos de la propiedad nobiliaria así como por la presencia de grandes labradores, antiguos arrendatarios de tierra ducal.

La actividad industrial, por su parte, se reduce a la de transformación de la aceituna en sus tres fábricas de aceite, pero sobre todo, a la fabricación de chacinas y embutidos, de tradición familiar y artesanal, que en la actualidad, conocida la calidad de estos productos, rebasa en creces el ámbito comarcal, abriéndose incluso a un mercado de carácter nacional.

El sector servicios, por último, está representado básicamente por el funcionamiento local y una muy escasa actividad comercial, frenada por la cercanía de Montila y de la propia capital provincial.

Historia


- Heráldica:

- Lugareños ilustres


Cultura

Turismo

Puntos de interés

Edificios y monumentos

Arquitectura civil
Arquitectura militar

También conocido como "Castillo de Pay Arias", o Castillo Ducal", se halla asentado en un lugar privilegiado, sobre la cota más alta de la Campiña que lo circunda, constituyendo así es el hito más emblemático de este municipio. Fue creado a finales del siglo XIII a partir de las conocidas como "Torres de Pay Arias", aunque lo más antiguo hoy conservado no es anterior al siglo XV. Tras ese siglo sufrió muchas reformas para adaptarlo a las necesidades de sus propietarios, habiendo sido habitado hasta no hace mucho por su propietaria, la duquesa de Osuna.

Arquitectura religiosa
Interior Capilla del Cristo del Amor

Entre 1733 y 1835, los carmelitas descalzos disfrutaron en Espejo de una casa conventual con una iglesia aneja al mismo, bajo la advocación de Santa Teresa. La desamortización eclesiástica puso punto final a esta fundación, cuyos miembros se distinguieron por haber tenido una presencia activa a lo largo de una centuria en el ámbito religioso local. Se trata de una iglesia sencilla de gran sobriedad, su fábrica era de yeso, piedra y ladrillo (actualmente solo la sacristía se conserva así). Se estructura en torno a una sola nave, con una sola puerta de acceso.

La capilla o iglesia de San Miguel es un edificio construido en 1757, de estilo barroco. Por su situación céntrica, en el actual Paseo de Andalucía, la capilla tuvo desde su inicio gran afluencia de parroquianos, siendo ampliada entre 1785 y 1790. De planta octogonal y ábside cuadrado, se cubre en su totalidad por una gran cúpula decorada con dos fajas que se cruzan en el centro. En la fachada sobresale una elegante espadaña que se hunde profundamente entre los arranques de un frontón curvo.

Ermita erigida en el siglo XVI y reconstruida a principios del siglo XIX. Consta de una sola nave, y su capilla mayor se halla cubierta por una cúpula rebajada sobre pechinas, y arco toral de medio punto. Su sobria fachada, blanca de cal, tocada de una ennegrecida cruz de hierro, forma parte indisoluble del popular "Paseo de las Calleras".

Se trata de un edificio de una sola nave, hoy en día cerrado al culto, con cúpula rebajada, sobre pechinas, en la capilla Mayor. Erigida en el siglo XVII, fue ampliada en 1784 gracias a don Manuel de Gracia que costeó su ampliación por medio de una capilla lateral de grandes dimensiones donde estaba entronizada la imagen de santa Rita.

Retablo de San Andrés,

Iglesia situada en la cota más elevada de la villa, junto al castillo, constituye un notable ejemplo de arquitectura gótica, cuya construcción data del año 1483, aunque se ha visto sometida a muchas reformas y adiciones. En su interior conserva importantes obras de arte como el retablo de San Andrés, con pinturas de los primeros años del siglo XVI, así vomo una interesante colección de platería. Consta de tres naves, la central más ancha que las laterales, con cinco tramos y coro alto a los pies. Las naves terminan en la cabecera en sendas capillas, comunicadas entre sí por arcos ojivales y cubiertas por bóvedas estrelladas.


Fiestas locales

Espejo sigue teniendo una identidad especial en algunas de sus fiestas, por ejemplo, Feria Real en honor a San Bartolomé, patrón de esta localidad, Semana Santa, etc. Actualmente, muchas de sus fietas se han perdido y han ido naciendo otras nuevas, como también algunas han perdido gran parte de su importancia. Hemos cambiado nuestros hábitos, costumbres, etc, de ahí que nuestras fiestas hayan ido evolucionando, adaptándolas en sus fechas de origen, etc.

Fiestas extinguidas de Espejo:

Fiestas de Espejo en la actualidad:

Direcciones de Internet

  • www.ucubi.com

Fuentes bibliográficas

Galería

Vídeo de Espejo en Youtube


El contenido de este artículo incorpora material de una entrada de la Enciclopedia Libre Universal, publicada en castellano bajo la licencia GFDL.


Espejo / En la cima del galeón en Rincones de Córdoba con encanto [1]

Lo primero que cautiva de Espejo –topónimo que deriva del latín Speculum, traducido como atalaya– es su airosa silueta, comparable a una nave que surcara las onduladas tierras campiñesas, mar de olivos y cereal. Ya lo imaginó así la telúrica pluma de Juan Bernier: “Espejo es la atalaya de los trigos, el galeón gigante entre olas de mieses” (hoy diríamos entre olivares). De modo que antes de adentrarse en las empinadas y quebradas calles de la villa conviene que el viajero goce de Espejo en la distancia, con su blanco caserío derramado sobre las faldas del cerro bajo el dominio vigilante del castillo fundacional.

Entre los espacios con encanto que atesora Espejo, es el más singular sin duda el que, en la cúspide del cerro, anuda la parroquia y el castillo. Ya en la falda de la colina, el hermoso Paseo de Andalucía –las Calleras en el decir popular, deformación de calle Eras–, festoneado de naranjos, anticipa sobre los tejados el campanario y las torres almenadas. A través de la calle dedicada al Doctor Fernández Carrillo y el Carril Alto –una quebrada cuesta tan pendiente que tiene pasamanos en el último tramo– el viajero enseguida desemboca en una acogedora explanada, premio a su esfuerzo. Es una plaza elevada y triangular, protegida por un robusto poyo y dominada por la fachada lateral de la parroquia de San Bartolomé, de blancura tan intensa que deslumbra. Sobresale al exterior la antigua capilla de Jesús Nazareno, convertida en entrada principal tras incorporarle, en la posguerra, la portada barroca de una antigua ermita, fechada en 1679. Con la blancura de la cal contrasta el proporcionado campanario de ladrillo, que surge sobre el tejado, con sus vanos protegidos por balconcillos semicirculares. Junto al campanario se aprecia un almenado torreón exento llamado del Caballero, anticipo del cercano castillo.

Como en todos los espacios que infunden sosiego, el viajero debe olvidarse del reloj y tomar asiento en los bancos o en el robusto poyo perimetral, predispuesto a compartir la serenidad que desprende el lugar. Cuadrículas enchinadas cubren el pavimento, en el que verdea media docena de naranjos. En el ángulo de la explanada donde el poyo, adornado con bolas, se convierte en balcón sobre la calle San Bartolomé, una cruz de piedra subraya la espiritualidad del lugar.

Tras su apariencia barroca la parroquia esconde un templo gótico-mudéjar, erigido en 1483 y ampliado un siglo más tarde. Debe el viajero entrar en la iglesia para hacerse una idea cabal de su grandeza; pues si fuera deslumbra la luminosa cal, dentro maravillan sus tres naves de arcos apuntados apoyados en pilastras cruciformes, su valiosa orfebrería reunida en una capilla –en la que descuella la barroca custodia procesional labrada por Bernabé García de los Reyes–, la antigua capilla de la Fuensanta, hoy dedicada a Jesús Nazareno, que por su mérito y dimensiones parece una iglesia dentro de la parroquia, y, sobre todo, el retablo mayor, que, procedente de la capilla de San Andrés, sustituyó al destruido en la guerra incivil, “pieza señera del gótico cordobés” para el profesor Aroca Lara, con sus cinco tablas pintadas por el artista cordobés Pedro Romana. Único.

A la vera de la iglesia arranca una estrecha calle de extraño topónimo, Alfolíes –“era el nombre que daban los árabes a los graneros”, apunta Justo Muñoz desde su sabiduría popular–, que conduce al castillo, origen de la villa.

Construido en el siglo XIV sobre una fortaleza árabe por Pay Arias de Castro, el fundador de Espejo, es un recinto cuadrangular protegido por torres en sus esquinas, sobre las que descuella la del Homenaje, el mejor mirador sobre la Campiña. En la fortaleza reside por temporadas su propietaria, Ángela Téllez Girón, duquesa de Osuna, que en 2001 tuvo el gesto de abrirla restringidamente a las visitas. Al término de la calle Alfolíes una rampa empedrada asciende hasta la puerta de la fortaleza, cuyas almenadas torres y murallas trasladan a la Baja Edad Media. En la Navidad de 1997 el castillo estrenó iluminación y se convirtió así en un dorado faro que orienta al caminante. “Ha recibido en la noche el beso fecundo de la luz, estampado ardorosamente en los muros centenarios”, escribió con alborozo Miguel Ventura, el erudito y afable cronista local.

A los pies del castillo se asientan en la ladera que mira a poniente dos espléndidos miradores escalonados: el superior se extiende sobre los depósitos del agua, y el inferior es fruto de un eficiente taller de empleo. Sobre ambos se alza la fortaleza, altanera e imponente en la cercanía, pero si el viajero vuelve la vista y otea la campiña apreciará el pueblo escalonado sobre la cinta gris de la carretera y, más allá, fértiles ondulaciones donde el olivar va ganando terreno al cereal.

Referencia

  1. MÁRQUEZ, F.S.. Rincones de Córdoba con encanto. 2003. Diario Córdoba

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