Turdetania

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Como Turdetania , nombre tomado del antiguo pueblo ibero de los turdetanos, se denominó la logia masónica cuyo local de Córdoba fue incendiado por las autoridades rebeldes surgidas del 18 de julio de 1936.

La desinformación de la opinión pública y la alarma social creada durante la época del franquismo hicieron que la masonería se convirtiera en una palabra casi prohibida, asociada a escenas diabólicas y satánicas, algo muy alejado de la realidad, como se pone de manifiesto en la propia historia de esta institución que ha contado entre sus miembros con nombres ilustres en la cultura y la ciencia como Santiago Ramón y Cajal, Voltaire o Mozart.

Pertenecieron a la logia Turdetanía de Córdoba prestigiosos ciudadanos cordobeses como:

Alejandro Lerroux, Eloy Vaquero, Antonio Jaén Morente, Manuel Ruiz Maya, José Guerra Lozano, Pablo Troyano Moraga, Francisco Azorín Izquierdo, Juan Peinado Reyes, Rafael Castiñeira, Garrido de los Reyes etc.

Según un estudio de la Fraternidad Masónica sobre la represión a la masonería en Córdoba:


En el verano de 1936 fueron fusilados en la capital destacadas personalidades, que se habían distinguido a la vez por su pertenencia a la Masonería y por su relevancia en la política republicana.

El 28 de julio mataron al ex diputado de las Cortes Constituyentes Joaquín García Hidalgo, miembro de la logia Turdetania. En agosto sufrieron el mismo trágico fin el eminente médico Manuel Ruiz Maya, de la misma logia, al igual que José Guerra Lozano, que había sido presidente de la Diputación. En septiembre fusilaron al destacado epidemiólogo doctor don Sadí de Buen Lozano, cuyo hermano Demófilo ostentaba cargos directivos en el Gran Oriente Español, hecho que sin duda influyó en la eliminación de Sadí de Buen. Más tarde mataron a otro miembro de Turdetania, Pablo Troyano Moraga, también ex presidente de la Diputación, después que fue denunciado como masón por el cura de su barrio.


Otros masones de la capital se salvaron, porque hubieron de pasar por las horcas caudinas de la retractación, fuertes sanciones económicas y la "conversión" a la Falange. De ello da noticia un informe redactado por el comisario de policía de Córdoba, con destino a las autoridades de Salamanca, que alude a diferentes masones en esta forma:

Fueron detenidos don Bernardo Garrido de los Reyes, e impuesto siete meses de arresto por el Ilmo. señor Jefe de O. Público; don Juan Peinado Reyes, industrial, que le impuso la citada autoridad 15 días de arresto, siete mil pesetas de multa y baja en la Presidencia de la Cámara Urbana. Don Rafael Castiñeira Granados, procurador, puesto en libertad poco después de detenido...


En la localidad cordobesa de La Rambla fusilaron a Antonio Hidalgo Flores por masón, según dice la sentencia: se le aplica el bando de guerra, porque era masón y tenía una taberna en la que se reunían los extremistas.

Con todo, quizá el caso más trágico de la provincia de Córdoba fue el ocurrido en la ciudad de Lucena, donde existía un triángulo masónico con floreciente actividad. Su venerable maestro era Javier Tubío Aranda, a la vez alcalde del Frente Popular, de Izquierda Republicana. Todos los hermanos quedaron detenidos en cuanto se consolidó la sublevación. En la madrugada del 28-29 de septiembre los enviaron a Córdoba capital en un camión, pero en el trayecto dieron "el paseo" al venerable Javier Tubío. A los demás los fusilaron días después en la capital. Eran hombres tachados de liberales y laicos y mirados con gran recelo en una localidad con fuerte definición clerical.

Un caso pintoresco, reflejo de la animosidad antimasónica, ocurrió con un eminente masón cordobés, catedrático de Instituto y diputado del Frente Popular, don Antonio Jaén Morente, que se salvó por hallarse en zona republicana. Pero el Ayuntamiento cordobés se reunió en sesión plenaria y lo declararon hijo maldito de Córdoba.

Por último, para completar el cuadro represivo en Córdoba, que puede presentarse como paradigmático de múltiples holocaustos en toda la zona franquista, conviene referirse a la entrada en Palma del Río de la columna sevillana al mando del teniente coronel Baturone. Rápidamente buscaron al venerable de la importante logia allí instalada (Luz y Prosperidad), don Antonio España Ocaña, pero logró escapar. No así el alcalde republicano José Ruiz Cabrera, que era masón, al que fusilaron públicamente con otros, mientras la prensa sevillana se hacía eco del "nido de masones" desmantelado en Palma del Río.



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