Espiel

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Bandera de Espiel Escudo de Espiel
Término municipal
Municipio de Espiel
Código postal 14220
Coordenadas
 - Latitud:
 - Longitud:

38°11' N
05º01' 0
Superficie 436 km²
Altitud 548 m
Población (2005) 2.386 hab.
Gentilicio Espeleño/a
Ríos Río Guadiato
Alcalde José Antonio Fernández Romero (PP)
Comarca Valle del Guadiato
Partido Judicial Peñarroya-Pueblonuevo
Pirámide de población
Grupos quinquenales.
Cohortes plantilla h.png Cohortes plantilla m.png
Fuente INE, censo 2001.


Espiel es un pueblo de la comarca de Valle del Guadiato, en la zona noroeste de Córdoba.

Geografía

- Ubicación:

- Vías de acceso: N-432, N-432a, N-502 y A-435

- Clima:

- Flora y fauna:

Población

- Pedanías:

La Ballesta Estación de Espiel Fuente Agria Mina de la Concepción Puente Nuevo El Vacar

- Centros educativos: Ver categoría Centros de educación de Espiel

- Medios de comunicación

- Datos poblacionales

Economía

Historia

Heráldica

Escudo de Espiel (Córdoba).svg.png


En campo de gules, un castillo de oro mazonado y aclarado de sable. A sus pies un león rampante de sable.


Lugareños ilustres

Cultura

- Tradiciones:

- Gastronomía:

- Productos Típicos:

Turismo

Monumentos y lugares de interés


- Hostelería:

Fiestas locales

Galería

Espiel en Rincones de Córdoba con encanto[1]

El encanto de Espiel se concentra en su plaza de Andalucía, presidida por la parroquia de San Sebastián, y se prolonga por las escarpadas calles que, sobrepasando la iglesia, escalan la falda del cerro, a cuyos pies se extiende la villa.

La plaza de Andalucía es como un rellano para el respiro, formado por la confluencia de las calles Chaparral y Estrella. Entre sus casas llaman la atención del viajero dos rojizas fachadas de ladrillo con sus vanos decorados con relieves vegetales de raigambre modernista; la de la izquierda, en lamentable ruina, fue levantada en 1910 con arreglo a un proyecto del arquitecto valenciano Manuel Querol, mientras que la de la derecha, bien conservada, es una fiel reproducción de aquélla, construida en los años cincuenta.

La explanada se prolonga luego en empedrada rampa, a cuyo término se alza la parroquia de San Sebastián, construida entre los siglos XV y XVI, al que corresponden la portada de la epístola –que ostenta la fecha de 1592– y la torre. Su interior mueve al recogimiento y responde el modelo frecuente en la Sierra, con nave única sustentada por arcos transversales de ladrillo.

La robusta y severa torre, inscrita en la fachada de los pies, parece más alta si se la contempla desde abajo, favorecida por el pronunciado declive del terreno. A su lado, el blanco testero se adorna con una escueta y negra cruz, que perdió hace años la lápida alusiva a los caídos.

A ambos lados de la rampa empedrada facilitan la subida sendas escaleras. Un jardincillo triangular con su palmera, sus geranios y sus rosas, pinta de color el arranque de la cuesta por la derecha, lo que sienta muy bien a la austeridad de la arquitectura reinante. La palmera parece dialogar con las que sombrean la portada de la epístola.

Pero el encanto de Espiel no se reduce a esta plaza. Si al viajero no le asusta remontar calles empinadas, debe perderse en el dédalo de blancas y quebradas callejas que escalan la ladera por encima de la iglesia, como Viento, Calvario, Herradura, Arroyo, Serranas, Buena Vista o Amargura, la más pendiente, que salva el desnivel con calzás, especie de poyos o rellanos que facilitan el acceso a las casas. Bajo los muros de algunas casas aflora la roca, como en la calle Herradura. Antaño muchas de estas calles de pronunciadas pendientes estaban escalonadas, lo que aumentaba sus rasgos pintorescos, pero la mecanización obligó a asfaltarlas con cemento para facilitar el desplazamiento de los vehículos. Hoy sólo pervive escalonada la calle dedicada al pintor Julio Romero de Torres, que parte de la placita de San Sebastián, junto a la iglesia, y enmarca una bella perspectiva de su torre.

El esfuerzo que exige subir al barrio alto de Espiel merece la pena, no sólo por los pintorescos rincones que regala sino también por el vasto paisaje que se divisa desde su altura. Un mirador, entre muchos posibles, es el egido que se extiende al término de la calle Amargura, desde el que se contempla el pueblo dócilmente asentado en la ladera, con la torre parroquial despuntando entre los tejados rojizos. Si se alza la vista, se recorta en el horizonte la característica silueta de la Sierra del Castillo –un imponente afloramiento calizo frecuentado por los escaladores–, mientras que por la derecha se extiende el valle del Guadiato, embozado en una tenue bruma.

Hasta esta altura llegan los sonidos del pueblo tamizados por la distancia; las esquilas, los gallos de corral, el canto de los pájaros, los niños, las campanadas horarias del reloj municipal, el tenue gemido del viento, que agita los molinillos de los huertos... Un mundo de sensaciones placenteras que reconcilia al viajero con la sencilla vida rural, milagroso bálsamo para combatir el estrés y las prisas. </div>

Referencia

  1. MÁRQUEZ, F.S.. Rincones de Córdoba con encanto. 2003. Diario Córdoba

Localización

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Fuentes bibliográficas

Direcciones de Internet


Fuente

El contenido de este artículo incorpora material de una entrada de Wikipedia, publicada en castellano bajo la licencia GFDL.


El contenido de este artículo incorpora material de una entrada de la Enciclopedia Libre Universal, publicada en castellano bajo la licencia GFDL.

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